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A la Fuerza — capítulo 6

Capitulo 6

Ron se inclinó sobre la vasija donde el contenido de los frascos se arremolinaba. La superficie se agitó como el agua bajo el viento, para luego separarse formando nubecillas que se arremolinaban. Daba la sensación de ser viento solidificado. Ron tocó la superficie con su varita yla superficie empezó a girar muy rápido, la sustancia se había vuelto transparente y era como mirar a través de una claraboya.

Ron se inclinó un poco más sobre el pensadero y de repente, el despacho de Malfoy se sacudió terriblemente y el pelirrojo fue propulsado hacia el interior de la vasija. Aterrizó suavemente en lo que le pareció la Sala Común de Gryffindor. Había pocos alumnos en la sala, pero en el fondo vio a una Hermione más joven acompañada de otras estudiantes de su curso, entre ellas su hermana Ginny.

Ron dio unos pasos hacia ella, cuando de pronto sintió la presencia de Malfoy a sus espaldas. El Slytherin se colocó a su lado y lo vio más serio de lo que había estado en presencia de Harry.

—¿Dónde se supone que estamos?— preguntó Draco mirando a su alrededor.

—Estamos en la Sala Común de Gryffindor ¿Por qué estamos aquí?

—No lo sé, son los recuerdos de Hermione y creo que nos han llevado hasta poco antes del baile de Navidad.

Ron miró a su alrededor y efectivamente, la sala estaba llena de adornos navideños. Los alfeizares de las ventanas estaban cubiertos de nieve mágica, encima de la chimenea había un montón de calcetines que se llenaban de golosinas cuando un alumno pasaba cerca de él, había espumillón por todas partes y a cada pocos metros aparecían suspendidos sobre las cabezas de los alumnos ramilletes de muérdago.

—Vayamos a escuchar qué dicen las chicas— propuso Draco, mientras echaba a andar hacia el grupo de chicas, seguido por el pelirrojo. Se situaron al lado de la castaña y escucharon lo que estaban hablando.

—Ginny ¿Tú con quien vas al baile?— preguntó una Parvati Patil bastante joven.

—A mí me lo ha pedido Neville. Él no ha tenido valor para pedírselo a Hanna Abbott. Le he dicho que sí, pero haré lo que sea para que este par acaben juntos.

—Pero si Hanna no hace más que suspirar por él— dijo Parvati.

—Ya lo sé— dijo una risueña Hermione— pero Hanna, como Prefecta, tiene que ir con su homónimo masculino de su casa. Nada más y nada menos que Cameron Morrison.

—Pobre Hanna— dijo Ginny horrorizada.

—¿Y tú, Hermione, vas a ir con Draco Malfoy?— preguntó Parvati.

—No me toca otra, es obligatorio. He intentado hablar y razonar con McGonagall, pero ha sido inútil.

—Al menos tu pareja no será tan pulpo como Cameron. No creo que Malfoy se atreva a ponerte una mano encima.— dijo Ginny.

—Y hay que reconocer que es uno de los chicos más guapos del colegio.— dijo Parvati.

—Sí, al menos es guapo. — dijo Ginny con una sonrisa— Vas a ser la envidia de muchas chicas, Hermione.

—No me hace mucha gracia bailar con un Mortífago, pero como dice Ginny, no creo que se atreva a tocarme. Además, hemos sido enemigos durante siete años, no creo que de la noche a la mañana haya cambiado de parecer sobre los Sangre Sucia.

—No hables así, Hermione— le dijo Ginny— eres una de las brujas más inteligentes y poderosas del mundo mágico, ningún mago de Sangre Limpia va a superarte jamás.

—Bueno, chicas. Será mejor que empiece a subir a la torre, para arreglarme para el baile— les dijo la castaña para zanjar la conversación.

Hermione se levantó de la silla y se despidió de sus amigas. La castaña pasó a través de Draco, que no había tenido tiempo de apartarse y la vieron caminar hacia el hueco del retrato. Los dos hombres la siguieron por los pasillos del castillo y llegaron hasta el ala Este, donde ella se paró ante una gárgola de piedra que le preguntó la contraseña.

Ron y Draco entraron tras ella y subieron por una angosta escalera de caracol, hasta que llegaron a una amplia sala común. Vieron como ella miraba a su alrededor y se detenía junto a una túnica que estaba sobre el respaldo de una silla. Draco reconoció aquella prenda, era suya y ahora sabría qué le había pasado. Hermione la cogió y se la llevó al rostro para olerla, pero de pronto exclamó:

—¡Qué estoy haciendo! ¡Maldito seas Malfoy!— la tiró al suelo y se alejó de ella unos pasos— Me está volviendo loca. ¿Por qué cada vez que lo miro lo sorprendo mirándome de una manera que me hace hervir la sangre? Esto no es normal, no se puede comparar a lo que siento por Ron, es… una estupidez— Hermione volvió a coger la túnica del suelo y la volvió a acercar a su rostro— ¿Qué me estás haciendo, Draco?

Los dos hombres vieron como la castaña subía hacia su habitación con la túnica entre sus brazos. De repente, la imagen se desdibujó y cuando volvieron a ver bien se encontraban en lo alto de las escaleras del vestíbulo. Ante ellos estaba una chica vestida con un elegante traje de noche plateado. Llevaba el cabello recogido en lo alto de la cabeza con unos mechones le enmarcaban el rostro.

Hermione miraba nerviosa hacia el final del pasillo, era como si estuviera esperando a alguien. Ron se situó a su lado y la contempló largamente, hasta que miró a Draco directamente a los ojos.

—Te amaba. Ella te amaba, lo noto en sus ojos. Ella nunca me miró de esta manera.

—Siempre supe que me amaba.— le dijo Draco sinceramente.

En ese momento, desde el final del pasillo, se escucharon pasos que se acercaban donde ella estaba esperando. De entre las sombras, apareció un Draco Malfoy más joven y desgarbado. Llevaba una túnica de terciopelo verde esmeralda y debajo llevaba un elegante traje negro. Se acercó sonriendo hacia ella y le tendió el brazo derecho haciendo una leve reverencia.

—Estás muy hermosa Granger. Creo que sin ponernos de acuerdo vamos conjuntados. Tú de plata y yo de verde, como Slytherin.

—Bajemos ya de una buena vez, Malfoy.— le dijo ella cortante.

La pareja empezóbajar las escaleras hacia el vestíbulo cogidos del brazo. Cuando la gente se dio cuenta de quienes eran empezaron a murmurar entre ellos. Las chicas le lanzaban miradas asesinas a la castaña mientras que a Draco le hacían coquetas caídas de ojos y le saludaban tontamente con la mano mientras eran presa de una risita nerviosa. De igual forma reaccionaban los chicos, a Hermione le lanzaban miradas ardientes y lascivas, mientras que al Slytherin lo habrían maldecido en el acto de haber podido.

Draco y Ron siguieron a la pareja por entre toda la gente, al final las puertas del Gran Comedor se abrieron y la profesora McGonagall anunció:

—Todos los alumnos pueden entrar ya en el salón de Baile. Los Prefectos y Premios Anuales, esperad aquí hasta que sea vuestro turno.

—Espera, Weasley.— dijo Draco cogiendo del brazo al pelirrojo— Entraremos cuando lo hagan ellos.

Los dos se quedaron al lado de la pareja y esperaron largo rato en el que tanto Draco como Hermione se echaban miradas significativas cuando el otro no lo estaba mirando, hasta que en uno de esos momentos sus miradas se cruzaron.

—Hay algo que quiero decirte, Hermione— le dijo el joven Malfoy a la castaña.

—¿Qué pasa ahora, Malfoy?—dijo Hermione intentando parecer algo enfadada.

—Últimamente he estado observándote y me he dado cuenta de que eres una de las chicas más atractivas del colegio y me preguntaba si...

En ese momento las puertas del Gran Comedor se volvieron a abrir y la profesora McGonagall los hizo entrar en la sala. Así que Ron se quedó sin saber qué era lo que le quería decir Malfoy. Miró a Draco que se había situado a su lado y le preguntó:

—¿Qué le ibas a decir?

—Le iba a pedir que saliese conmigo.

—Me hubiera gustado que se lo hubieses pedido porque seguramente te habría mandado a la porra. Empiezo a tener mis dudas sobre si realmente os liasteis.

—Tu espera, Weasley, la noche aun no ha terminado, ya lo verás.

La música empezó a sonar y los dos vieron como los ocho prefectos de las casas del colegio bailaban alrededor de otra pareja que estaba situada en el centro de la pista, eran los Premios Anuales. Los bailarines se movían alrededor de la pista al son del vals que estaba tocando una orquesta de magos y brujas con túnicas de gala escarlata.

La imagen se volvió a desdibujar y de repente se encontraron en la galería, justo al lado del vestíbulo, que daba a los jardines tenuemente iluminados por farolillos de seda. Al principio, Ron no veía nada fuera de lugar, pero de pronto vio como Hermione y Draco pasaban por su lado cogidos del brazo y reían alegremente. Ron miró a Malfoy que estaba a su lado y vio que también él sonreía de una manera rara.

—¿Por qué te estás riendo tu?

—Ahora lo sabrás, idiota. Sigámoslos.

Los dos echaron a caminar detrás de la pareja que caminaba a pocos metros por delante de ellos conversando alegremente. Sin darse cuenta se adentraron en los jardines del colegio y acabaron llegando a la orilla del Lago Negro. Allí, la pareja se detuvo y quedaron uno frente al otro sin saber qué decir. De repente la que habló fue Hermione:

—Me lo he pasado muy bien en tu compañía, Malfoy.

—¿Por qué no me llamas por mi nombre? Llámame Draco.

—No sé si debería hacer eso.

—¿Por qué no? Somos compañeros de Torre y siempre estamos llamándonos por nuestros apellidos. Creo que estaría bien llamarnos por nuestros nombres, Hermione.

—Cómo quieras… Draco.— hubo una incómoda pausa en la que los dos siguieron mirándose a los ojos— ¿Qué era lo que me querías pedir antes de entrar en el salón de Baile?

Ron observó, muy tenso, cómo el joven Malfoy se acercaba, a la que por entonces era su prometida, y la rodeaba con sus brazos.

—Me preguntaba si podría besarte como estoy a punto de hacer— le dijo él a escasos centímetros de los labios de la castaña.

—Hazlo… Draco.— fue la sorprendente respuesta de Hermione.

Ron vio, con horror cómo la pareja empezaba a besarse sin ningún tipo de reserva. De repente su vista se nubló a causa de las lágrimas que luchaban por salir al exterior. Al final tuvo que reconocer que ese maldito Mortífago había dicho la verdad y que Hermione lo había engañado con otro hombre. Pero en su mente sólo acudía una pregunta: ¿Por qué?De repente, una voz sonó a su lado, que lo hizo volver en sí.

—¿Me crees ahora, Weasley?— le preguntó Draco, intentando ocultar su satisfacción.

Ron volvió a mirar a la pareja, que seguía besándose y acariciándose entre la penumbra de la noche. Ron vio como Draco le murmuraba algo a la castaña y ella le asentía. Se cogieron de la mano y se encaminaron de nuevo hacia el castillo.

La imagen se volvió a desdibujar de nuevo y cuando volvió a solidificarse se encontraron bañados por las luces de las antorchas de los pasillos del castillo. Ron miró a su alrededor y vio, delante de él, a la pareja que caminaba a pocos metros ante ellos. Los seguían de cerca, y a cada poco se paraban para besarse en algún rincón. A los pocos minutos llegaron a la gárgola que daba paso a la torre de los Premios Anuales.

El pelirrojo no estaba seguro de querer ver qué pasaba a continuación, pero Draco lo cogió del codo y lo arrastró hacia la entrada de la torre diciéndole:

—Quiero que veas lo que ella te ha hecho, Weasley, quiero que sepas que tipo de persona es ella en realidad. Vas a ver la otra cara de la mujer que siempre te ha dicho que te amaba.

Siguieron a la pareja hasta la sala común de la torre, allí se quedaron mirándose el uno al otro sin saber dónde ir, hasta que el Slytherin tomó la iniciativa y la condujo hacia su habitación. Ron observó como el rubio le quitaba la ropa a su prometida, como la besaba y acariciaba por todo el cuerpo haciendo que ella lanzase suspiros y gemidos de puro placer. A los pocos minutos los dos estaban tumbados sobre la cama, dejando que sus cuerpos se fundiesen en uno solo y al llegar al clímax, Ron pudo escuchar cómo la castaña le decía al joven Malfoy que le amaba.

La imagen se volvió a desdibujar y se encontraron en la misma habitación, pero ya era de día y la pareja estaba profundamente dormida. Ron se había quedado helado, no sabía que hacer o decir, se sentía como un completo idiota, no quería seguir viendo lo que Hermione le había hecho, ya tenía suficiente con lo que acababa de ver. Miró a Draco y lo vio que estaba pensativo.

—No quiero ver más de todo esto. Quiero salir del pensadero.

—Vas a hacer lo que yo te diga. Vas a aguantar hasta el final, quiero que lo veas todo.

Draco se calló y se quedó otra vez pensando en lo que acababa de escuchar. Se había dado cuenta de las palabras que le había dicho ella cuando llegó al orgasmo. Le había dicho que lo amaba. Él no lo había oído en aquel momento, pero si hubiese sido así, las cosas habrían ido muy diferentes. Ella no lo habría dejado, la habría retenido a su lado y la habría amado para siempre.

Si en ese momento le había confesado que lo amaba, aun cabía la posibilidad de que en el fondo de su corazón, ése sentimiento estuviese latente, esperando que alguien lo sacase de nuevo a la luz. Quería creer que así sería, porque necesitaba salir del infierno en el que se había metido por culpa del dolor y la pérdida de las dos mujeres que lo habían amado.

Súbitamente, algo se movió en la cama que tenían enfrente. Hermione levantó la cabeza de la almohada y miró a Draco por un rato con una sonrisa tonta en los labios. Sacó una de sus blancas manos de entre las sábanas y acarició el dorado cabello del chico que tenía a su lado. Se quedó así durante un buen rato y a Ron se le rompieron las entrañas.

Se acercó a la cama y la miró a los ojos más de cerca. Pudo ver algo más que lujuria en aquellos ojos castaños que tanto conocía y que lo habían vuelto loco. En ellos vio amor y ternura, pero en cantidades superiores a las que ella destilaba por él, no podían compararse a los que él contemplaba cada mañana al despertar, éstos brillaban con una luz distinta, una luz abrasadora que lo llenaba de celos.

—Ella nunca me ha mirado de esta manera, Malfoy. Espero que estés satisfecho con lo que ves, porque estoy planteándome matarte ahora mismo.

Draco se rió de él con una carcajada.

—En verdad, sabes que no tienes ninguna posibilidad de matarme, Weasley. Al contrario, yo voy a acabar contigo, cuando tenga la oportunidad.

Los dos observaron como el joven Malfoy se despertaba y abrazaba a Hermione y volvían a hacer el amor. Las imágenes que siguieron fueron similares. Estuvieron en distintas partes del colegio, todas ellas en las que los dos se encontraban a solas.A veces se besaban y se tocaban y otras acababan haciendo el amor en diferentes sitios.

Ron pensó que esto no tendría fin, que se pasarían todo el día viendo como su esposa se retozaba con su peor enemigo y lo disfrutaba, pero pronto llegó el momento en el que los dos se encontraron en una de las salidas a Hogsmeade, pero el ambiente estaba cargado de tensión.

—Hermione, quiero que dejes a Weasley, quiero que estemos juntos para siempre.— le decía el joven Malfoy.

—Sabes que no puedo hacer eso, Draco. Estoy comprometida con él.

—¿Y si estás esperando un hijo mío en estos momentos?

—Eso es imposible, me he cuidado de que eso no pase.

—Hermione, yo te amo.— dijo el rubio con tono suplicante.

—Lo que ha pasado entre nosotros, Malfoy, no ha sido más que un error. Lo que sentimos el uno por el otro no es más que deseo, atracción y sexo. Somos incompatibles.

—Eso no es verdad y lo sabes, Hermione. Yo te amo y tú sientes lo mismo por mí— le dijo él— Quiero estar contigo.

—Yo no quiero estar contigo, Malfoy. Esto no tendría que haber pasado nunca. Yo amo a Ron Weasley, él lo es todo para mí. Olvídame, Malfoy. Olvida esta aventura.

—¿Aventura? ¿Eso es lo que ha sido para ti todo lo que hemos vivido? ¿Una aventura?

—Sí… No… No lo sé. Necesito pensar en esto, Malfoy.

—¿Qué hay que pensar? ¿ Que me amas?… Asúmelo Hermione, eres mía y nada puede cambiar esto.

—Necesito pensar.

Ron observó como la castaña se alejaba del lugar a grandes zancadas y desaparecía hacia el interior de Las Tres Escobas. Luego la imagen se borró y se encontraron en el interior del local de madame Rosmerta. Estaban en la zona de los lavabos y vieron a una acalorada Hermione que entraba en los lavabos de chicas. Los dos hombres entraron tras ella y la vieron como miraba en todos los cubículos y al comprobar que estaba sola cerraba la puerta mediante magia y silenciaba la estancia. La vieron acercarse a los lavabos y mirarse en el espejo y de pronto la chica se derrumbó llorando con amargura sobre la sucia pila.

—¿Qué hago, Dios mío?… No quiero que esto acabe, pero tampoco puedo dejar a Ron así, sin más.— los sollozos se fueron intensificando a medida que iba hablando— Esto es una locura, los quiero a los dos, cada uno a mi manera, pero si tuviera que elegir con el corazón, me quedaría con Draco… No quiero perderlo, pero tengo que ser realista y sé que … sé que la gente no va a entender por qué estoy con un mortífago y voy a perder la amistad de todos mis amigos. Tengo que sacrificarme y elegir lo correcto… por mucho que… que me duela hacerle esto a Draco.

La imagen se desdibujó de nuevo y se encontraron en la parte de detrás de los invernaderos de la profesora Sprout. Allí vieron a una Hermione con los ojos muy rojos e hinchados que estaba esperando a alguien. De repente de entre las sombras apareció Blaise Zabini, que caminaba hacia ella.

—¿Dónde está Draco, Blaise?

—Él está muy mal, me ha pedido que viniera yo en su lugar.

—No quiere verme.— dijo la castaña que intentaba no llorar de nuevo.

—¿Qué ha pasado, Hermione? Los dos estabais muy enamorados, se os veía felices juntos. ¿Por qué este cambio?

—No puedo hacerle esto a Ron y tampoco quiero perder a mis amigos.

—Esto no es una excusa, Granger. Si son tus amigos de verdad, ellos no van a apartarse de ti. Potter no es así— Blaise la miró a los ojos— En cuanto a Weasley, no estás obligada a seguir con él.

—No puedo hacerle esto, tienes que entenderme…

—¿Entender qué? Piensa en Draco también, Granger. Me da miedo de que haga alguna estupidez.

—Él no es así, es una persona fuerte, tiene que ser fuerte. Sabrá llevarlo bien.

—Te lo advierto, Hermione. Draco es un amigo estupendo, pero no quieras que se convierta en tu enemigo. Eso no es aconsejable, Granger. No quieras a un Malfoy como enemigo.

—No puedo hacerle…

—¡Olvídate de Ron, Granger! Piensa en tu felicidad ¡Sé valiente por una vez y afronta la verdad, Hermione! ¡Amas a Draco Malfoy, y nada va a cambiar eso!

Hubo un prolongado silencio en el que la castaña miró a Blaise con los ojos muy abiertos, pero de pronto apartó la mirada de los ojos pardos del moreno.

—Tengo miedo de lo que pueda pasar. No quiero quedarme sola.

—Pase lo que pase, no te vas a quedar sola, Granger.Draco no lo va a permitir. Piensa en lo que te he dicho, piensa en mi advertencia.

Sin decir nada más, Blaise Zabini la dejó sola detrás de los invernaderos de la profesora Sprout. En cuanto Zabini desapareció entre los árboles, Hermione se dejó caer al suelo y empezó a llorar. La imagen se desdibujó por última vez y aparecieron en la orilla del Lago Negro. Allí vieron al joven Malfoy apoyado en el tronco de un árbol, en la roilla del agua. Tenía la mirada clavada en el horizonte montañoso y de tanto en cuanto miraba hacia el castillo. Entonces, Malfoy le explicó a Ron:

—Este recuerdo es mío. Es posterior a la conversación que mantuvo tu esposa con Blaise.— desde el sendero vieron como Hermione se les acercaba sigilosamente y cada vez que el joven Malfoy miraba hacia el castillo, ella se escondía—. Yo no había quedado con ella, no la quería ver, pero ella me buscó y yo no pude negarme.

En el tiempo en que Draco se explicaba, Hermione había llegado detrás del árbol y se colocó al lado de Malfoy y lo miró a los ojos.

—Me has estado evitando toda la semana, Draco.

—Para qué seguir hablando de lo nuestro si tú ya has decidido lo que vas a hacer.

—Sólo te pedí tiempo para pensar qué hacer, Draco.

—Pero yo sé qué has decidido, Granger. Lo he visto en tu mente— Hermione alzó la mano para descargarla sobre el rostro del rubio, pero él se la cogió antes de que lo golpease.

—No te atrevas a golpearme, Sangre Sucia— le espetó el rubio claramente enfadado.— Déjame tranquilo.

—No, Draco. Quiero explicarte porqué he tomado esta decisión.

—No quiero escuchar lo que ya sé. Has decidido el camino más fácil, no te atreves a enfrentarte al mundo, no quieres saber lo que la gente dirá sobre ti, sobre nosotros. Eres una cobarde.— Draco se quedó frente a ella, escudriñándola con su mirada penetrante. —No queda nada de la chica valiente que vi luchar contra los Mortífagos en este mismo lugar. Nada. Me has decepcionado.

—Siento no ser cómo esperabas, Malfoy— le dijo ella fríamente— De todos modos voy a darte mis explicaciones— Hermione cogió aire y alzó orgullosamente la barbilla— Tengo miedo, Draco. Miedo a tu familia, pero especialmente a tu padre. No quiero luchar por alguien al que me será imposible alcanzar, por eso he decidido seguir con mi vida, con los planes que ya tenía trazados. Quiero a Ron, es un chico cariñoso y me ama con locura. Sé que voy a ser feliz a su lado y que de alguna manera voy a conseguir olvidarme de ti.

—No me has dicho nada nuevo, Granger. Eres una persona predecible. Espero que no te vuelvas a cruzar por mi camino, porque si puedo, lo vas a lamentar.

—¿Me estás amenazando, Malfoy?

—Solo te estoy advirtiendo, Granger. Ahora lárgate y déjame solo.— le dijo él dándose la espalda.

—Yo no quería terminar así, Draco— dijo la castaña en apenas un susurro, mientras abrazaba al rubio por la espalda— Te amo.

Draco se giró bruscamente al escuchar esas palabras, clavó su gélida mirada en la de ella y la rodeó con sus brazos.

—Si me amas, Hermione, entonces ¿por qué me haces esto?

—No lo sé— le dijo ella mientras le acariciaba la mejilla con una temblorosa mano— Déjame besarte por última vez. Así empezamos y de esta manera terminaremos y cada uno seguirá su camino.

Se miraron durante lo que pareció una eternidad y luego dejaron que sus bocas se unieran por última vez. Fue un beso lento y lleno de significado. Gruesas lagrimas se deslizaban por las pálidas mejillas de ambos y cuando se separaron, Hermione echó a correr hacia el castillo, desapareciendo entre los árboles de los jardines del colegio.

—Yo también te amo, mi Sangre Sucia.

En ese momento, Ron sintió como alguien lo cogía del brazo y lo sacaba del pensadero para aparecer de nuevo en el despacho de Draco Malfoy, en el Ministerio de Magia. Se sentó en la silla que tenía detrás de él, algo aturdido.

Lo que sentía por lo que acababa de ver, no lo podía expresar con palabras. Por una parte, quería coger a Malfoy por el cuello y matarlo con sus propias manos, pero por otra, sabía que la culpa también la tenía Hermione, por consentir que Malfoy hubiese llegado tan lejos.

Draco observaba las reacciones del pelirrojo. Veía como su cara cambiaba cada pocos segundos. Estaba disfrutando con su sufrimiento, quería verlo tan hundido como se había sentido él.

Blaise había hecho un gran trabajo, había sabido qué era exactamente lo que quería enseñarle al pobretón Weasley. Sabía que había triunfado en ese primer paso, ahora solo quedaba sembrar la duda en él.

—¿No dices nada, Weasley?

—¿Qué quieres que te diga, Malfoy? Me lo has demostradoy tenías razón, ella no es como yo pensaba. Pero yo no puedo olvidar los diecisiete años que llevo casado con ella. Me ha demostrado diariamente que me ama y eso no lo puedo pasar por alto.

—¿Estás seguro que ha sido sincera contigo durante estos años? ¿No has prestado atención? Ella me ama, pero se decidió por ti porque era lo correcto. Solo es cuestión de tiempo para que vuelva a decirme que me ama— Draco vio como el rostro del pelirrojo enrojecía de ira y rabia— Ella no te ama. Solo le tengo que refrescar la memoria para que comprenda que nunca me ha olvidado y regrese a mí.

—Eres repugnante, Malfoy.— le escupió Ron.

—No más que tú, Weasley. Eres patético, me extraña que hayas triunfado en esta vida— de pronto, Draco se palmeó la frente y exclamó—: ¡Claro! Has llegado tan lejos porque siempre has estado a la sombra de magos más célebres que tú. Sin la ayuda de Potter nunca habría superado las pruebas de Auror. Y si tu hermano Fred, no hubiera muerto en la Batalla de Hogwarts, nunca hubieses triunfado en Sortilegios Weasley.

—No te atrevas a mencionar a mi hermano, escoria.

—Me das lástima, Weasley.

Ron tenía un hervidero de pensamientos en su cabeza. Una y otra vez pensaba en lo que había visto y cada vez estaba más convencido que Hermione lo había estado engañando durante todos estos años que habían estado juntos. Quería respuestas, quería hablar con ella, que le explicase todo,

—Quiero hablar con Hermione.

—Eso es imposible, Weasley. Ella está en un lugar seguro y no la pienso sacar de allí para que os veáis.

—Necesito hablar con ella, ¿es que no lo entiendes?— le dijo el pelirrojo desesperadamente.

—Sólo hablarás con ella cuando hayas hecho tu demanda de divorcio. Solo entonces te permitiré hablar con ella. Cuando entre vosotros ya no quede ningún vínculo que os una.

Ron enterró su rostro entre sus manos y respiró hondo varias veces. Lo que le pedía Malfoy no podía hacerlo, pero ¿y si él tenía razón? ¿Y si Hermione nunca lo había amado? Pensó en las muchas veces que ella le había dicho que le amaba y llegó a la conclusión de que eran palabras vacías, palabras que nunca había sentido realmente. Recordó el fuego y el amor que había visto en sus ojos, cuando estaba con Malfoy y él nunca se lo había visto cuando lo miraba a él, solo había visto un ligero atisbo de eso, pero nunca la lujuria y el amor que ella sentía hacia Malfoy. De repente, Ron tomó una decisión. Puede que precipitada, pero ya la había tomado.

—Dentro de dos semanas vas a recibir los papeles del divorcio para que ella los firme— Ron se levantó de su silla abatido y se encaminó hacia la puerta.

—¡Weasley!— lo llamó Draco— Dile a Potter que entre.

A los pocos minutos, Harry entró en el despacho, seguido de Ron. Estaban hablando entre ellos en voz baja.

—… ¿Divorcio? Ron, ¿de qué estás hablando? —decía Harry

—No quiero saber nada de ella. Y no voy a hablar de eso ahora— le dijo Ron, zanjando el asunto.

—Esta tarde quiero una reunión a primera hora, con todos los Aurores disponibles, Potter. Me han asignado la investigación de la desaparición de Granger.

—¡NO!— gritó el moreno.

Draco ya se esperaba una reacción parecida y sonrió diabólicamente.

—Te recuerdo, Potter, que estoy por encima de ti. Soy el primer consejero del Ministro de Magia, yo mando sobre ti y vas a hacer lo que yo te ordene, tanto si te gusta como si no.

—Sí… señor— le respondió secamente Harry. En ese momento, él reparó en el pensadero que había sobre la mesa de Malfoy y vio que en su interior se arremolinaban algunos recuerdos— ¿Qué le has enseñado a Ron?

—Eso no es asunto tuyo, Potter. Que te lo cuente él si quiere, pero dudo que quiera compartirlo con nadie— Draco miró a Ron intensamente— Ahora será mejor que salgáis de aquí, tengo trabajo retrasado y quiero terminarlo cuanto antes.

Los dos amigos salieron del despacho sin decir nada. Harry miraba a Ron, que caminaba a su lado cabizbajo y pensativo. Fuera lo que fuese lo que le había enseñado ese mal nacido, había dejado a su amigo peor de lo que estaba antes. Pero ese no era el lugar para hablar de lo que había pasado allí adentro, era mejor esperar a llegar a casa.

Cuando Potter y su amigo abandonaron su despacho, Draco Malfoy se sentía eufórico. Su plan estaba funcionando a la perfección. Ahora solo le faltaba que Granger volviera a ser suya, pero tenía que ser cuidadoso, porque un solo paso en falso podía ser desastroso.

En ese momento, Kathy entró en el despacho. Llevaba unas cuantas carpetas y su bloc de notas, le sonrió tímidamente y se sentó recatadamente delante de él. Definitivamente, ahora veía más claramente lo que iba a hacer con esa joven, la iba a convertir en la amante de Ronald Weasley. La iba a utilizar para hacer más daño a Hermione y así poder acercarse a ella con más facilidad.

—Señor Malfoy, le traigo los informes pendientes de aprobación antes de enviarlos al señor Ministro.

—Déjalos sobre la mesa, los repasaré más tarde— le dijo Draco mientras se levantaba de su asiento y se le acercaba lentamente—. ¿Tienes novio?

—Señor… no creo que sea apropiado que me pregunte este tipo de cosas.— le dijo ella enrojeciendo.

—Simple curiosidad… Puedes confiar en mí, Kathy— le dijo él mientras le acariciaba su rizada melena— Me gusta tu cabello… Me gusta todo de ti.— Draco sonrió al ver como se ruborizaba aun másy siguió acariciando su mejilla para bajar hacia su garganta— Eres hermosa.

—Señor Malfoy… —su respiración se aceleró y su busto subía y bajaba a un ritmo trepidante a medida que el rubio iba bajando su mano hacia su clavícula.— quiero que me contestes a unas preguntas, preciosa. ¿Lo harás?— la joven asintió nerviosamente— Bien… ¿Tienes novio?

—No— respondió ella con voz trémula.

—¿Vives con tu familia?

—No… — la chica ahogó un grito cuando Draco la levantó de la silla y la atrajo hacia él— …mis padres murieron el año pasado en un accidente de coche, eran muggles y no tengo hermanos.

Draco sonrió para sí, era perfecta, Weasley nunca sospecharía de ella.

—¿Estás dispuesta a ayudarme?

—No lo sé.

—Déjame que te ayude— le dijo Draco mientras sacaba su varita y la apuntaba en el costado disimuladamente— ¡Imperio!

Draco vio con satisfacción que la mirada de la muchacha se desenfocaba por unos segundos y después volvía a su estado normal. Se separó de ella y la observó detenidamente. Estaba estática y con la mirada al frente, como si esperase que le diesen alguna orden. Sonrió y le ordenó varias cosas, para comprobar que todo había salido bien y que ella no se resistía en nada. Al final le ordenó que se acercase a él y que lo besase en los labios. Cuando se separó de él, el Slytherin sonrió con satisfacción.

—Funciona a la perfección— miró a su secretaria y le acarició la mejilla— Lo siento Kathy, pero no puedo arriesgarme a que lo estropees todo. A partir de ahora, vas a actuar con normalidad hasta que yo te dé alguna orden. Puedes retirarte.

—Sí, señor Malfoy— dijo la chica y salió del despacho con total normalidad cerrando la puerta a sus espaldas.

—El plan ha sufrido un pequeño cambio, pero creo que de esta manera , las cosas e van a acelerar. En cuanto Hermione vea al estúpido de Weasley con otra, a los pocos días de haber firmado el divorcio, se dará cuenta de lo estúpida que ha sido al casarse con él. Pero ahora tengo que concentrar mis esfuerzos en hacer que Granger vuelva a mí. Espero que sea fácil, no creo tener tanta paciencia como antes— Draco miró su reloj— Creo que me voy a comer, esta tarde va a ser muy larga si tengo que aguantar la presencia de San Potter.

Se levantó del escritorio, recogió su portapapeles y salió de allí en dirección al Caldero Chorreante para comer.