¿El cuarteto dorado? — capítulo 15
Cayeron los tres magos y el elfo con gran estrépito al suelo, justo enfrente de todos los que estaban en la casa. La señora Weasley corrió hacia su hijo y lo abrazó y besuqueo por un largo rato, luego reparó en Hermione y también comenzó a abrazarla. En cuanto se dio cuenta de su estado le ordenó a Ron que la cogiese en brazos y la subiese a alguna cama donde pudiese descansar más tranquilamente durante un tiempo. Harry y Ginny, mientras Ron cargaba con la chica, también se abalanzaron sobre ellos y se fundieron los cuatro en un alegre abrazo. Los demás observaban conmovidos la hermosa escena, algunos incluso con lágrimas en los ojos. Mientras tanto, sin que nadie se diese cuenta, Narcisa también corrió junto a su hijo, el cual descansaba agotado en el sofá y le dio un beso en la frente, para después estrecharlo entre sus brazos con dulzura. Nadie reparó en ellos hasta que Hermione y Ron no hubieron desaparecido por la puerta. Solo entonces Remus, el cual estaba también allí, corrió hacia la mujer y le apuntó con su varita, asustándola.
-¿Qué haces aquí y cómo has venido?- preguntó sin bajar la varita.
-La señora Malfoy nos sacó de allí, señor.- intervino por primera vez Dobby.- Ella solo quiere estar con su hijo y que no la persiga El Que no Debe Ser Nombrado.- Algo reacio el hombre-lobo bajó su varita, aunque la mueca de odio no se borró de su rostro.
-Gracias, Dobby.- intervino Narcisa.
-Dobby solo ha dicho la verdad.- concluyó el elfo con una reverencia. Desde que había sido liberado por Harry nunca había vuelto a postrarse ante ella.
-Por favor.- esta vez la mujer habló para todos.- No sé qué hacer, ni dónde ir. Para este momento ellos ya se habrán enterado de lo que ha pasado, estoy asustada.- reconoció.
Molly, con una sonrisa de comprensión se acercó a ella y le colocó una mano en el hombro.
-No te preocupes, a partir de ahora estarás aquí, en esta casa ellos no pueden entrar, nadie te hará daño. Draco, hijo, ahora que ya han llegado tú también debes descansar, si queréis ambos os podéis quedar en la habitación que hay en el tercer piso a la derecha.
-Muchas gracias señora Weasley.- agradeció la mujer rubia.
-Lámame solo Molly.
Ron se había girado para no ver el momento en el que Hermione se cambiaba la sucia ropa por un pijama. Estaba agotada y le dolía moverse, pero se obligó a sí misma a no acostarse con aquella ropa. Cuando hubo acabado se tiró en la cama, haciendo tanto ruido que Ron se giró, asustado por si le había pasado algo. Al ver que no era así sonrió y se acercó a ella.
-¿Cómo te encuentras?- le preguntó dulcemente mientras la arropaba con cuidado.
-Viva, gracias a ti.
-Sabes que yo nunca te abandonaría.
-¿Y Draco?- a Ron le sentó como un chorro de agua fría que ese momento quedase estropeado por la mención del rubio, pero luego comprendió su preocupación.
-Igual que tú, hemos conseguido traer a su madre, pero es una larga historia y ahora necesitas descansar, mañana te pondré al día de todo.
-Por favor no me dejes sola.- señaló con la cabeza la cama que había al otro lado de la habitación, cerca de la suya.
-No te preocupes, ceno algo rápidamente y vuelvo.- le dio un beso de despedida en la frente y salió por la puerta.
-Mamá, tranquila.- Draco, reuniendo todas las fuerzas que le quedaban acarició la cara de su madre.
-Hijo mío, ¿Cómo se te ocurrió hacer eso?- no había reproche en su voz, sino profundo dolor y preocupación.
-Debía hacerlo, madre, es la única manera de librarnos a todos.
-No quiero que te pase nada.- Ayudó a su hijo a tumbarse para luego taparlo con la sábanas, como hacía cuando era pequeño. Miles de recuerdos acudieron a la mente de ambos.
-Y no pasará, mamá. Tranquila.
-Te quiero hijo.- le acarició por última vez el pelo y decidió bajar a ver si la Señora Weasley necesitaba su ayuda.