¿El cuarteto dorado? — capítulo 16
Cuando Ron llegó de cenar se tumbó abatido en la cama que había al lado de Hermione. Ella dormía y profundamente y el pelirrojo pronto la imitaría. Sin duda aquel había sido un día de locos, habían amanecido en el bosque y ahora dormían a salvo en Grimmauld Place, teniendo por fin una noche de tranquilidad en la que uno no tuviese que desvelarse para proteger a los demás.
Ron deseó que esa situación no acabase nunca, pero sabía que dentro de dos o tres días aquello llegaría a su fin y no tendrían otro remedio que volver a buscar los Horrocruxes que aún faltaban.
Estuvo dando durante varias horas vueltas en la cama, estaba cansado, pero aun así le costaba dormirse. Pensó en él y en Hermione, y sonrió al recordar que le había implorado que se quedase junto a ella esa noche. Recordó también que la noche anterior, antes del ataque, Harry le había dicho que si él no le decía sus sentimientos lo haría él. No pensaba dejar que eso ocurriese. Si Hermione se tenía que enterar de sus sentimientos, sería desde su propia boca. Embelesado por todos esos pensamientos, Ron finalmente consiguió dormirse.
La casa estuvo en silencio sepulcral durante toda la noche. Todos habían caído rendido s en brazos de Morfeo y ninguno se había levantado durante las horas de oscuridad para nada. Al clarear, la primera en levantarse (como siempre) fue Molly, la cual no dudó en bajar a la cocina a preparar un buen desayuno para todos. Había estado sufriendo por su hijo, Harry y Hermione, y ahora que los tenía cerca quería disfrutar del poco tiempo que les quedaba con ellos.
Sus pensamientos también fueron desviados hacia los dos Malfoy que ahora también eran aliados. Sintió lástima por ellos, hasta el punto de ponerse en su lugar. Estaba pensando en Narcisa cuando, como si tuviera telepatía, la mujer apareció perfectamente vestida y peinada en la cocina, dispuesta a ayudarla.
-Buenos días, Molly.- dijo para captar su atención mientras se acercaba a ella.
-Hola, Narcisa.- llamarla por su nombre de pila fue un acto reflejo, y por un momento se preocupó por si la había molestado, ya que no estaba segura de si tenía permiso para hacerlo. Al ver que la mujer rubia sonreía se relajó bastante.
-¿Necesitas ayuda?
-Solo me queda servirlo en la mesa y esperar a que bajen. ¿Cómo está Draco?- al nombrarlo, Narcisa sonrió tiernamente.
-Mejor, ahora duerme. No sé si bajará a desayunar. No me esperaba que Ginny estuviese aquí, pensaba que estaría en Hogwarts.
-La saqué de allí por navidades y no dejé que volviese, supongo que estarás al tanto de la situación que hay allí en esos momentos.
-Lo mejor que pudiste hacer es eso, no dejar que volviese.
Mientras hablaban iban y venían a la mesa cogiendo y dejando platos llenos de apetecible comida.
La primera de los jóvenes en bajar fue Luna, la cual no parecía estar demasiado traumatizada por haber estado prisionera con los mortífagos.
-Buenos días.- saludó soñadoramente.
-Buenos días, Luna.- saludó la señora Weasley.- Ven, desayuna, hija, eres la única que se ha levantado.
La rubia comió bastante, disfrutado de la exquisita forma de cocinar de Molly. Al acabar, las mujeres le propusieron ir subiendo platos con el desayuno a los demás, para que Hermione y Draco, que eran los que peor estaban, no tuviesen que salir de la cama tan temprano. La chica aceptó gustosamente.
Primero subió a la habitación donde se encontraban Ron y Hermione. Casi se ríe a carcajadas a ver la postura de Ron: el pelirrojo estaba boca abajo, con las sábanas movidas por toda la cama, un brazo colgando hasta el suelo, la boca abierta, y roncaba sonoramente.
Por otro lado, Hermione no parecía haberse movido en toda la noche de su posición inicial y descansaba con las facciones relajas.
Luna dejó la comida en la mesilla de noche y se dispuso a despertarlos. Hermione abrió los ojos enseguida, mientras que Ron se mostró bastante más perezoso.
-Os he traído el desayuno.- informó amablemente.- Lo ha hecho tu madre, supongo que ya teníais ganas de comer algo decente.
-Pues…- pero Luna, sin dejar ver que los escuchaba los interrumpió.
-Ahora debo seguir repartiendo el desayuno, os dejo solos y así tenéis más intimidad.- los dos se sonrojaron ante el disparo inesperado de Luna.