¿El cuarteto dorado? — capítulo 3
Harry volvía a hacer guardia esa misma noche, Ron dormía y Hermione se despertó sobresaltada.
Se giró hacia Draco, estaba de espaldas, y temblaba ligeramente.
La castaña se acercó a él poco a poco, sin hacer mucho ruido y se sentó en el borde de la cama. El chico se percató de su presencia, pero no podía moverse a penas.
Los cortes que su tía le había hecho con esa maldita daga y con algunos hechizos de ardían en la piel como quemaduras. La mezcla de locura con alcohol no era buena, él lo acababa de experimentar.
Mientras le hacían daño algunos mortífagos hicieron un corro a su alrededor y observaron excitados. Llegó Voldemort y se convirtió en un show, al ver que su señor se divertía, Lucius, no hizo nada por rescatar a su hijo de las garras de su tía y calló a Narcisa con un simple grito.
La única que lloraba histérica era su madre. Tan solo ella lo quería y lo protegería siempre.
Al recordarlo no pudo evitar soltar algunas lágrimas, sin importarle que Granger lo viese en ese estado.
De repente sintió una mano posarse con delicadeza sobre su hombro, a pesar de darle la espalda, ella había podido sentir que el chico no se encontraba del todo bien.
-Malfoy… ¿Estás bien?
-No…- susurró débilmente.
-Te duele, ¿verdad? Lo mejor será un hechizo refrigerante, tienes la fiebre demasiado alta y mañana no tendremos más remedio que movernos de aquí, no es seguro quedarnos en el mismo sitio más de dos días.
La castaña, mientras hablaba, alcanzó su varita y la colocó con cuidado sobre la pálida piel del chico.
Murmuró unas palabras y, al poco tiempo, una sensación de frío inundó al piel de Draco.
No sabía si la sensación era agradable o desagradable, por una parte le gustaba porque las heridas dolían menos, pero le disgustaba a causa de que en el exterior estaban a menos cero grados.
A los dos minutos Hermione apartó la varita y arropó con la dulzura de una madre al chico. En el fondo le daba muchísima pena.
-¿Mejor?- preguntó dulcemente.
Él asintió simplemente, agradecido.
-Mañana ellos exigirán saber qué es lo que te ha pasado.- la castaña señaló a sus dos amigos con la cabeza.
-Es… demasiado per…sonal…
-¿Quién te ha hecho esto?- cuestionó mientras le depositaba una suave caricia de apoyo en el cuello.
-Mi… tía.- reconoció al fin. A la castaña se le escapó una silenciosa lágrima. ¿Era capaz un solo ser humano de tener tanta maldad y locura dentro sin explotar?
-Es horrible…- más lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.
Sin poder evitarlo se dejó caer suavemente sobre su cuerpo, casi como en un abrazo, pero mucho más suave, para no dañarle.
Draco no opuso ninguna resistencia, al contrario, intentó corresponderlo.
Hermione lo ayudó a ponerse boca arriba en la cama, para que no cargase todo el peso de su dolido cuerpo en el mismo lugar.
En aquellos momentos duros no importaba quien te dotase de demostraciones afectivas, ya que eran demasiado escasas como para denegarlas.