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¿El cuarteto dorado? — capítulo 34

-Sí, creo que será lo mejor para mí y para vosotros- dijo Draco, con tono bajo y sereno-Dejar pasar el tiempo y que las cosas sigan su curso tal y como están. No quiero incomodaros, además, creo que necesito estar solo un tiempo y pensar en todo lo que ha pasado. Me vendrá bien algo de paz y tranquilidad, después de todo. -Sabes que nosotros estaremos aquí, y si decides que ya no quieres estar más solo, únicamente tienes que buscarnos- Hermione le colocó la mano en el hombro. Se hallaban en la habitación de él en Grimmauld Place, donde había pasado las dos últimas semanas. Entre ellos dos habían hablado en algunas ocasiones y, aunque no habían nombrado el tema en absoluto, lo que había pasado entre ellos provocaba tensión en el ambiente cuando estaban juntos. A Draco tal vez no le hubiese gustado dejar ese cabo suelto y habría agradecido poder hablarlo largo y tendido con ella, pero en vistas de que Hermione prefería no sacar el tema, lo dejó pasar. De todas formas, y en vistas de que al día siguiente se iría para mucho tiempo de su lado, aún mantenía la esperanza de que Hermione decidiese solucionarlo en ese momento. -Lo sé- asintió Draco, aunque no estaba absolutamente de seguro de volver algún día. A veces la distancia era el mejor remedio para el dolor. Y ahora que su cometido junto al Trío Dorado ya estaba cumplido, nada lo mantenía unido a sus vidas. Y Hermione conocía ese hecho aunque le costase aceptarlo. No querer nada con Draco no significaba que no le fuese a doler su marcha, y mucho menos sin saber cuándo iba a volver a verlo. -Draco- empezó Hermione, y por algún motivo Draco supo que la corazonada que había tenido no le fallaría. Hermione por fin parecía estar dispuesta a hablar del tema- ya te dije que lo sentía, pero aun así creo que la forma en que lo hablamos la última vez no fue suficiente. Teníamos otros problemas más importantes y la idea creo que te cogió un poco por sorpresa. Así que es ahora o nunca. Hermione hizo una pausa para que Draco pudiese hablar y decir lo que pensaba, pero él no sabía qué decir, de modo que simplemente le dio pie a que continuase hablando. -¿Y bien?- Hermione lo miró un momento. Luego comenzó a hablar. -Sé que puedes pensar que he jugado contigo, y lo siento. Hubo un tiempo en el que creí que me gustabas y de verdad sentí algo por ti- tomó aliento con aire trágico y continuó hablando- pero Ron siempre estuvo ahí, de una manera u otra. Aunque pensase que nunca iba a suceder o creyese que él no estaba hecho para mí. Al final, todo lo que durante estos años habíamos estado reprimiendo y ninguno de los dos llegamos a saber por qué, explotó. De verdad, me siento fatal contigo y creo que ya lo sabes pero si me necesitas para algo, me tienes. Draco apartó la vista y la dirigió hacia el suelo. No le había dicho nada que ya no supiera, de modo que tenía la sensación de que aquello que tanto había estado esperando no aportaba nada nuevo. No sabía el por qué había llegado a sentir algo por él, ni cuánto había llegado a sentir, ni si en algún momento había pensado en él como el chico de su vida o había sido algo pasajero desde el principio. Ni sabía nada de lo que deseaba saber, en resumen. De todas formas intentó agradecer que, por poco que hubiese hecho, había tenido la valentía de dar el paso.  -No pienso que hayas jugado conmigo- mintió. No iba a conseguir nada haciendo que se sintiese mal, así que pensó que era mejor mentir y dejar correr ese tema que tanto le dolía. Era paradójica la situación. Años de odio, días de amor y finalmente indiferencia para curar la sensación que tenía en ese momento de angustia- es mejor que lo dejemos pasar y lo olvidemos. De verdad. -Lo siento mucho- se reiteró ella, afligida y sabiendo que el bienestar de Draco solo era una fachada.  -No importa. En el amor estas cosas pasan. No te preocupes- Draco se levantó lentamente de la cama y apretó con cuidado el hombro de Hermione a modo de despedida. Sabía que si no salía de la habitación en ese mismo momento, acabaría por derrumbarse a causa de la presión.  Draco cogió la bolsa de mano que tenía con las pocas pertenencias que tenía es ese momento y salió por la puerta de madera. Bajó las escaleras lentamente y se despidió de la señora Weasley y Harry, los únicos que andaban por la cocina en esos momentos.  Pensaba que ya estaba todo hecho cuando, al salir al exterior con el sol del mediodía, encontró a Luna esperándolo.  -Creía que te ibas a despedir de mí- comentó ligeramente afligida. -No te he visto en toda la mañana- se excusó Draco- de haberlo sabido te hubiese buscado. Creía que no estabas. -¿Dónde iba a estar sino? -Pues no sé...- Draco se sintió algo incómodo por la situación, pero Luna no se mostró mucho más molesta y le dio un abrazo de despedida. Él se lo devolvió, agradecido, aunque con la conversación de Hermione todavía taladrando su mente. No sabía por qué, pero parecía que Luna sabía cuando le hacían daño y estaba en el lugar y momento indicados para consolarlo. -Que tengas suerte- deseó ella al separarse- Vuelve algún día. -Lo haré- prometió. Antes había pensado en que tal vez no volvería nunca, sin embargo en ese momento supo que sí que iba a hacerlo, y tal vez no tan tarde como había planeado minutos atrás. Draco respiró hondo y se desapareció. Pronto sus pies tocaron hierba blanda y recién regada, la cual sentía aplastarse bajo sus zapatos. Había llegado el momento de hacerlo. De enfrentarse a todos esos fantasmas a los que había temido durante casi un año entero. La Mansión Malfoy se alzaba más clara que nunca hacia el cielo azul de verano. Las plantaciones que su madre solía cuidar con esmero abrían un sinfín de perfectas flores al calor del verano, otorgando al paisaje un ambiente colorido y alegre. Los árboles lucían sus mejores trajes de hojas verdes, cada cual de un tono diferente.  Draco avanzó por el camino de piedras hasta llegar al timbre. Lo tocó al modo muggle, esperando que algún elfo doméstico abriese. Grande fue su sorpresa cuando la puerta se abrió sola.  La casa, aunque por fuera parecía un paraíso, por dentro prestaba una imagen desoladora. Una fina capa de polvo lo cubría todo y hacía que brillase de forma sucia bajo la luz del día. No había un solo elfo, de modo que pensó que habían huido o que durante la guerra se había deshecho de ellos. Avanzó por el vestíbulo y se paró justo en el umbral de la puerta que daba al salón, donde su padre se hallaba sentado en el sofá. Lucius llevaba el pelo muy largo, y algunas canas comenzaban a hacerse de notar entre el rubio platino. La barba le había crecido y a Draco se le antojó que parecía un indigente de no ser por la carísima capa verde esmeralda que lucía. El bastón donde solía guardar la varita estaba tirado por el suelo, pero la cabeza de serpiente plateada no se encontraba en ningún lugar. Lucius estaba por primera vez en presencia de Draco sin varita y totalmente indefenso. -Pensaba que no ibas a volver jamás- habló Lucius sin mirarlo, con los ojos grises y cansados aún perdidos en el suelo. Su voz había sonado ronca, como si se hallase en una especie de resaca o algo por el estilo.

  • Tenía que volver- habló Draco duramente- a no ser que te hayas deshecho de todo, aquí están todas mis pertenencias. Puede que las necesite ahora que ya se ha calmado todo. -Nunca vas a perdonarme. -Ya te respondí a esa pregunta en su momento- lo interrumpió- por si te interesa saberlo, la tumba de Narcissa es... -Sé cuál es. Yo también he ido a visitarla- Lucius miró a su hijo, quien parecía una estatua de hielo en el umbral de la puerta. Solo hablaba, pero no mostraba a la luz ningún tipo de sentimiento- ¿Vas a quedarte?  -Solo mientras no tenga adónde ir.  -No hay elfos- puntualizó Lucius tristemente. -Lo he notado. Pero tranquilo, puedo valerme por mí mismo. Draco en ese momento se dio la vuelta y subió las enormes escalinatas de mármol hasta su habitación. Todo estaba tal y como lo había dejado, solo que más sucio. La cama estaba perfectamente hecha aún con ropa de invierno. Las estanterías se encontraban llenas de pergaminos y libros como la última vez, y los ventanas estaban cerradas, haciendo que el ambiente fuese espeso. Draco las abrió de par en par, dejando que el ambiente estival bañase la estancia. Derrotado, y sin saber muy bien qué hacer o por qué había ido allí y no a cualquier otro sitio, se sentó en la cama y se llevó las manos a la cabeza.  Allí pasó el resto de la tarde, tumbado y pensando en qué había hecho o debería hacer a partir de ese momento en su vida. Irse de Grimmauld Place había marcado un antes y un después en su trayectoria, y por eso tenía que pensar en lo que debía venir después de eso. Ya se había lamido las heridas bastante, ahora el pasado era pasado y nada podía cambiarlo, de modo que tenía que echar miradas al futuro y ver qué debía hacer a partir de ese momento.  Al caer la noche sintió que el hambre comenzaba a hacer mella en él, de modo que se acercó a la cocina y vio qué quedaba por allí.  Únicamente encontró algunas patatas que todavía estaban comestibles y algunas cortadas de baicon congelado.  Se puso patosamente manos a al obra y finalmente consiguió componer una cena decente. Con un suspiro y pensando si debería hacerlo o no, distribuyó la comida equitativamente en dos platos.  Comenzó a comerse uno de ellos sobre el mismísimo banco de la cocina. No era la comida de la señora Weasley, pero ya estaba acostumbrado a no comer delicadezas debido al viaje que había emprendido. Disfrutó de la comida en soledad y se sintió algo más reconfortado, aunque no supo describir exactamente el motivo. Después, tragándose todo el orgullo que lo caracterizaba, cogió el segundo plato y subió al salón de nuevo, donde su padre se hallaba exactamente igual que esa tarde. Draco no pudo evitar preguntarse cuántos días llevaba en esa situación. Dejó con cuidado el plato de la cena sobre la mesita auxiliar en silencio. Como único contacto, padre e hijo se miraron un instante a los ojos. Draco sintió lástima por Lucius, pero aun así el orgullo le jugó una mala pasada y se marchó sin decir nada de nuevo a su habitación. -Gracias- escuchó de boca de su padre mientras se alejaba de nuevo. No era ni de lejos un buen comienzo para una nueva vida. Pero era un comienzo, al fin y al cabo. 

Espero de verdad que os haya gustado este capítulo. Es el último antes del epílogo y me ha salido más largo de lo normal, pero habían demasiadas cosas que decir y muy poco espacio para ello. Gracias por haber llegado hasta aquí.Muchos besos