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¿El cuarteto dorado? — capítulo 6

Cada vez Draco estaba mejor, las profundas heridas ya no eran más que pequeños cortes que pronto acabarían por desaparecer completamente de su impolutamente pálida piel.

Hermione siempre estaba a su lado y hacía caso omiso a las continuas quejas y acusaciones de Ron.

"No ha cambiado."

"Es una trampa…"

"Sigue teniendo la Marca Tenebrosa."

"Va a entregarnos."

"Él mismo dejó que lo hiriesen para dar más pena…"

Y así durante todo el día.

Al principio Hermione se había molestado muchísimo con él por ese tipo de cosas, pero ahora ya lo ignoraba, y ese cambio se remontaba a hacía dos noches, cuando Draco dejó que utilizase la Legeremancia con él para que comprobase que no les mentía.

El rubio jamás se había imaginado que le dejaría a alguien penetrar en su mente, dejando a su merced todos sus recuerdos y pensamientos, pero aquellos eran tiempos terribles, y no podía permitirse el lujo de que su única salvación lo tuviese bajo sospecha.

La chica únicamente espió los recuerdos de la noche de la tortura y los que sucedieron después, en los que se mostraba que todo lo que decía era cierto, absolutamente todo. Es cierto que tuvo la horrible tentación de continuar vagando por sus recuerdos, hasta llegar a los relacionados con ella, le mordía la curiosidad de saber qué era lo que pasaba por su cabeza cuando se metía con ella durante los años de colegio, pero finalmente consiguió resistirse, ya que pensó que a ella no le gustaría que penetrasen en el único lugar que los seres vivos tenían para ellos mismos: el templo de su mente.

Después de ese momento su relación se estrechó un poco más, incluso Draco pidió perdón de corazón por todo lo que había hecho, desde las tontas peleas de niños hasta la muerte de Dumbledore. No lo había matado él, pero aun así se sentía terriblemente culpable.

Harry disfrutaba con ver que Hermione había hecho un buen amigo que pudiese dedicarle más tiempo que él o Ron, ya que ambos estaban demasiado inmersos en sus propias preocupaciones y pensamientos como pararse a escuchar más de una hora lo que ella tuviese que decirles.

Únicamente hablaban largo y tendido si el tema de conversación eran los Horrocruxes, y si no cada uno se dedicaba a los suyo.

Ninguno de los dos chicos permitió que Hermione hiciese más guardias frente a la puerta, ya que cuidar de Draco era lo suficientemente agotador como para cargarla con más tareas que no fuesen la misma y cocinar.

Cierta noche, mientras todos dormían y Ron hacía guardia en la puerta, Hermione se despertó sobresaltada, presa de una horrible pesadilla.

Quiso volver a dormirse, pero viéndose incapaz de ello salió con su amigo pelirrojo, bien abrigada.

-Hola.- le saludó sencillamente mientras se sentaba al lado de la hoguera.

-Buenas noches.- respondió él algo sorprendido.- ¿No deberías descansar?

-Es que he tenido una horrible pesadilla y no puedo volver a dormirme… Así que he pensado venir un rato contigo, como hace mucho que no hablamos…

-Es que estás muy ocupada con el Hurón.

-Ron… te ruego que no empieces…- Él relajó su expresión.

-Está bien, lo siento, pero es que esta situación me supera, yo no quiero haceros sentir mal, pero no lo soporto y la única idea de que pueda haceros daño…

-Sé que te preocupas por nosotros.- se acercó a él buscando el calor de su abrazo.- Pero debes entender que él ya no está con ellos, sino con nosotros, y es la única esperanza que tenemos si queremos encontrar los demás Horrocruxes.

Ron guardó silencio y apretó más fuerte a Hermione contra él.