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Historia 65232 — capítulo 20
Severus trataba de dormir, pero Hermione iba de aquí para allá. Entrando y saliendo de la habitación. Eran las seis en punto. ¿Qué esa condenada mujer no dormía? Negó con la cabeza y colocándose almohadas sobre la misma, trató de dormir. Inútil. Miró a Hermione, parecía que se preparaba para salir. Y Kathiana igual. ¿A esa hora? ¿A dónde carajo iban sin su permiso? Se levantó de la cama y Kathiana se cubrió el rostro con una mano. — Papá...sé que usas bóxer, ropa interior. Pero por dios...no quiero verte. — Tu papá no tiene nada de malo, de hecho...— dijo Hermione, relamiéndose el labio inferior— Y sin embargo. — Dejarás de verme cuando me expliquen qué carajo están haciendo. ¡Son las seis en punto y se visten como si fueran a caminar con este invierno! Hermione se dio la vuelta hacia su esposo, mientras buscaba algo en el clóset. Severus parecía molesto y bueno, tenía razón en estarlo. Respiró con calma y sonrió ligeramente. Cuando ella sonreía, él se molestaba. Porque le iba a decir algo que seguramente no le gustaba. — Vamos a caminar. El doctor dijo que eso ayudaría a nuestros bebés. Caminaremos un poco. — ¿Y dejar que les ocurra algo mientras caminan? Las acompañaré en sus necedades de mujeres parturientas. Kathiana negó con la cabeza y en poco tiempo, Severus estaba listo para una caminata. No estaba usando nada deportivo, aunque Hermione se lo había aconsejado. Kathiana decía que podías llevar la ropa al hombre, pero no al hombre a la ropa. Como fuera, Snape lo había ignorado. Caminaban alrededor de un gran parque, junto a la casa. Por donde quiera que pasaba y las personas que aquel día se despertaban temprano, lo veían con una expresión de curiosidad. Una mujer y una joven, embarazadas. ¿Y quién era él? ¿El padre de ambos embarazos? Inspiró, sintiendo la pesadez en su aliento, mientras su traje sofocaba un poco. Respiró por unos minutos, mientras Kathiana se detenía en una estación de "desayuno". O más bien; una especie de café. Tenía mucho apetito esa mañana. Y Hermione no dudó en secundarle la moción. Con una sonrisa suave, ambas miraban el enorme omelette en sus platos. Snape las miraba ligeramente asombrado. ¿Cómo les podía caber algo así, con tantos hijos dentro? Meditó, mirando su simple desayuno y agradeció no tener kilos extras y poder pedir cuánto se le antojara. Luego del desayuno, las energías estaban renovadas. Con otra sonrisa, Hermione emprendía su caminar a trote lento. Ella tenía que ayudar a que el embarazo fluyera ligero, sin complicaciones futuras. Estando en ello, se detuvo sosteniéndose el vientre y tanto Snape como Kathiana, caminaron hacia ella. Preocupados. Nerviosos. — Tú y tus caminatas. Mira, ya te hiciste daño. Hermione. Ella suspiró, caminando encorvada hasta una banqueta en aquel parque. Se sentó cuidadosamente mientras Kathiana se sentaba a su lado. — Podrías ayudar, papá. Son tus hijos también. Son mis hermanos. — Les advertí que no era buena idea. — Sí. Te estuviste quejando durante todo el camino. No pudimos evitar escucharte, sin duda alguna. Espero que estén realmente bien. Porque si algo malo le pasa a mis hermanos, tú tendrás la culpa. — ¿Yo? ¿Por qué yo, Kathiana? Ustedes son las locas. Kathiana pensaba discutir, pero Hermione respiraba rápidamente y se sostenía el vientre con una mano. Inspiró nerviosa y trató de encontrar ayuda que pudiera serles de utilidad. Snape con un solo movimiento de su varita, ya pensaba desaparecer. — Severus, quiero ir a casa. Quiero recostarme un rato. Creo que no tengo aliento para caminar. Ya era hora de que se cansara y de que quisiera ir a dormir. Un amable hombre les había prestado sus servicios y un auto los había dejado en casa, pese a que Snape murmuraba con rabia, que podía haberlas hecho desaparecer en dos segundos. Kathiana no había querido arriesgarse. — Comieron demasiado y les ha causado malestar. Eso es todo.— dijo Snape con una sonrisa suave, mientras acariciaba la cabeza de Hermione, con "dulzura". Hermione no contestó y se había acomodado para dormir. Kathiana sonreía, mirando a su madre y luego a su padre. — ¿Y por qué no me pasó a mí, papá? — Porque tú eres más joven. Tu metabolismo es distinto. Tu madre a su edad, teniendo hijos. No es que sea vieja, pero las cosas cambian. — Te oí, Severus Snape.— dijo, con los ojos cerrados. — Dije que no eras vieja, después de decir todo lo que dije. ¿No te conformas con nada, mujer? No. No con que le dijeran vieja.