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Amor al caer el crepúsculo — capítulo 4
AMOR AL CAER EL CREPÚSCULO
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen; son de la autoría de J. K. Rowling. Yo solamente cree la historia.
CAPITULO III
PATE DE UNA HISTORIA
Después del incidente, Narcissa le ofreció a Hermione quedarse en su casa y, aunque ella lo había rechazado en primer momento termino por aceptar quedarse allí.
En realidad, acepto por unos ojitos grises y un pequeño puchero que simplemente le pareció adorable.
Flashback
Hola. Soy Scorpius, perdón por entrar así, pero ya quería que despertaras, ¿estás bien? Mi abuelita y yo nos asustamos mucho en el supermercado cuando te cortaste y te desmayaste y no pudimos utilizar magia para curarte.
¿Sabes?, me agrada que estés aquí, a mis abuelos también. Pero tengo que irme, -respondió la castaña. Debo regresar a mi casa. Entonces, -pregunto el pequeñito, no quieres quedarte aunque sea un ratito a mi lado. Me gusta que estés aquí. ¿Me dejaras como…?
Y, entonces, aparecieron, unas ligeras gotitas cristalinas surcaron los hermosos ojos grises del pequeño que estaba a su lado, aunque instantes después entro Narcissa, no permitiéndole terminar la frase. Esta, al verla recuperada le ofreció quedarse, sin embargo ella rechazo la invitación arguyendo no querer causar molestias. Entonces cometió el error de voltear y al ver las ligeras lagrimillas acuosas que se asomaban en los ojitos grises y como temblaba levemente el labio inferior de la pequeña copia de Malfoy, por lo que, no pudo rechazar la invitación. Y acepto gustosa. Su recompensa: la hermosa sonrisa que le regalo el pequeño Scorpius.
Fin del flashback
Aunque Hermione había aceptado quedarse en ese lugar, claro, todo por no ver llorar a ese pequeño, se sintió un poco incomoda al recordar que era la mansión Malfoy y que Lucius Malfoy no le agradaban en lo más mínimo los muggles. Aunado a ese pequeño detalle, debía estar la esposa de Malfoy, la madre del pequeño e incluso el mismo Malfoy. Estaba segura que por lo menos a los dos últimos no les haría mucha gracia el que ella estuviera allí, una cosa era que ese pequeñito fuera muy sociable, y otra muy diferente eran sus padres. Fueron pequeños detalles como ese y el sentirse de repente mimada por Narcissa y los elfos, pues estaba acostumbrada a ser una mujer realmente independiente, los que la hacían arrepentirse de haber aceptado quedarse en la mansión.
Sin embargo, Hermione se sintió feliz (era absurdo) sin embargo esos mismos mimos que le daba Narcissa la hacían sentir especial, por un instante, incluso llego a sentirse como su hija y a sentir envidia de la madre de Scorpius, ya que, si a ella, una extraña, la trataba con tanto cariño, lo más probable es que el trato con la esposa de Draco fuera mucho mejor.
Por la noche, había decidido volver a su hogar, sin embargo esta vez fue Lucius quien no le permitió alejarse, detalle que le sorprendió de sobremanera ya que, según le había dicho, tanto Narcissa como Lucius no debería irse, ya que por la madrugada podría tener algún malestar y no era conveniente que ella estuviera sola. Le dijeron que probablemente era necesario que tuviera al alcance un medimago cerca.
Con esas sencillas palabras la habían convencido nuevamente para quedarse, así que, por la mañana Hermione se había despertado debido a un beso en la mejilla que le había dado el pequeño Scorpius. Fue hasta ese instante en que reparo en lo enorme de la gran casa, ella se encontraba en una enorme habitación verde, con cenefas plata, con enormes ventanas de cristal, al ver el exterior se había percatado que estaba muy cerca del bosque, a su mente acudieron imágenes de su propio hogar, al divisar desde el ventanal un amplio porche, desde el cual podría observar el crepúsculo.
A medio día bajo, ofreciéndose a ayudar a Narcissa en la cocina, aunque le extraño que ella cocinara, pues ella había creído que eran los elfos quienes cocinaban, Narcissa le explico que una de sus grandes pasiones era la cocina, por lo que ella cocinaba siempre.
Sin querer parecer indiscreta o grosera, pues se sentía muy agradecida por el trato que estaba recibiendo en aquella mansión Hermione pregunto el motivo de que ellos vivieran en el Londres muggle, si es que acaso no le molestaba su presencia en aquella casa y la razón. Además de preguntar, claro está por los padres del pequeño Scorpius. De ante mano le agradeció el trato y dijo sentirse feliz -detalle que no omitió Narcissa, más no lo menciono, por temor a arruinar el momento- de estar en aquella mansión.
De inusitada forma, Narcissa solo la vio de reojo y le dijo:
-Cielo, no me molesta, ni a Lucius tampoco y mucho menos creo que a los padres de Scor -le llamo tiernamente a su nieto, les moleste. Además de que, tu curiosidad es muy natural y justificada. ¿Por qué no me acompañas a la sala a tomar un té? Y, mientras Scorpius llega y la comida esta lista te contare. ¿Te gustaría escuchar una historia? -Pregunto. Y por favor, llámame Narcissa
-Sí, claro, por supuesto que me gustaría escucharla Narcissa.
-Antes que nada, te contare parte de mi historia con Lucius, te aseguro que es muy relevante para que entiendas el porqué a nadie le molestara tu presencia en esta casa.
Hermione asintió levemente impulsando a Narcissa a continuar con su relato.
Tu sabes -dijo ella que La Mansión Malfoy tiene una gran historia, sin embargo, estoy segura de que desconoces que esta no había sido habitada desde hace mucho tiempo. Puede decirse que Lucius y yo somos los únicos que la han habitado, pues generaciones anteriores de Malfoy vivían en Francia, como debes haber escuchado. En realidad, esa mansión no había sido utilizada más que, para ser una residencia de vacaciones.
Hermione la miro con el seño fruncido, pues no comprendía muy bien, sin embargo no la interrumpió y le permitió continuar.
Todo comenzó hace 29 años. Relato Narcissa. Casi al inicio de curso.
Por aquella época, yo contaba apenas con 15 años, y vivía como bien imaginaras en el Londres mágico, asistía a Hogwarts y estudiaba el 5to. Curso. En aquella época, pese a que Lucius estudiaba en Hogwarts y asistíamos a la misma casa, no teníamos contacto alguno. Yo siempre había observado de lejos a Lucius, había algo, en su mirada y en su porte, que me cortaban la respiración, sin embargo, él jamás había reparado en mi presencia, no le culpo, él era el príncipe de Slytherin y tenía a todas las chicas que quisiera prestándole atención, por aquella época, aunque no lo creas, yo era una chica muy tímida y no me atrevía siquiera a hablarle. Sin embargo, un día mi suerte cambio.
Tenía una amiga, Atenea Zabbini, esa tarde, habíamos estado retándonos mutuamente, y yo había ganado la mayoría de los retos. Los retos habían pasado de los simples hasta los muy complicados. Unos iban acerca de quién era la mejor redactando el ensayo para pociones, o acerca de quién era capaz de acercarse más a un hipogrifo, o quien era capaz de obtener más puntos en el día para Slytherin, hasta que, ella me propuso un reto en la escoba. Lo cierto es que yo odiaba volar, a diferencia de ella, que era realmente buena. Por orgullo acepte la carrera que me propuso, sin embargo, a medida que nos íbamos elevando e íbamos más rápido, comencé a marearme, por lo que inevitablemente caí desde una altura muy considerable.
Atenea se asusto mucho y aplicándome un hechizo de levitacorpius me llevo a la enfermería, en donde me atendió madame Pomfrey, ella me dijo que me había roto un hueso, por lo que tendría que permanecer en la enfermería hasta que la poción restauradora de hueso hiciera efecto en el mío.
Madame Pomfrey me ordeno permanecer en la cama, mientras ella daba aviso al director Dumbledore para que se lo comunicara a mis padres y ellos viniesen a comprobar mi estado de salud.
Lo admito, en un inicio me moleste, sin embargo, ese día término por convertirse en el mejor de mi vida. Aquella tarde, había entrado en la enfermería el mismo príncipe de Slytherin, al parecer, al igual que yo había caído de su escoba, aunque no había sido absolutamente nada de gravedad.
Esa fue la primera vez que se me acerco, la primera vez que hablamos. Lo recuerdo perfectamente. Aun puedo sentir el rubor en mis mejillas.
-Hola. -Fue su simple saludo.
-Hola. -Le respondí apenada.
En cuanto lo vi, me asombre aun más si es que eso era posible. La verdad, el que él me dirigiera un saludo, por leve que este fuera, me hacía sentir especial, lo contemple más detalladamente, era como ver la luz por primera vez, cuando estuvo más cerca pude analizar con mayor detenimiento sus ojos, eran de un color gris acero, parecía mercurio liquido, tenía unas hermosas hebras doradas por cabello, que parecían pedazos de sol y una piel extremadamente blanca. Albino, supuse yo.
Continuó su andar hacia mi cama y, muy educadamente y con la más brillante de sus sonrisas me pregunto:
-¿Por qué una chica tan bonita como tú se encuentra en la enfermería? Prácticamente me quede sin palabras, el príncipe de Slytherin me hablaba a mí, a una muchachita tan simple…
Pues, yo, es decir, y prácticamente cada palabra que salió de mi fue una incoherencia, no era capaz de hilar una sola frase coherente, sin embargo, él se acerco a mí y se dio cuenta de que mi pierna estaba escayolada.
Ah, vaya, te has roto un hueso, lo más seguro es que vayas a estar un par de días en la enfermería, pero no te preocupes, pronto sanara.
Y así, tan rápido como vino, se fue, pues en ese instante llegaron mis padres y el solamente atino a despedirse de mí con un leve gesto. Justo antes de desaparecer por la puerta solo volteo y me dijo soy Lucius Malfoy, y, ¿tú eres? Narcissa Black -le respondí.
Hasta luego, señorita Black, fue un placer conocerla. Y fue así, como con un ligero llámame Cissy, el salió, al tiempo que entraban mis padres acompañados por la Señorita Pomfrey.
Mis padres estuvieron en la habitación alrededor de 30 minutos, y una vez que comprobaron que me encontraba bien, volvieron a casa. Jamás olvide aquel día. Pues fue la primera vez que lo conocí realmente, pues estoy segura que esa sonrisa que él me regalo, nunca nadie la había visto.
Una vez que mis padres se fueron, comencé a idear un plan para poder seguir viéndolo todos los días, sin embargo, fue totalmente innecesaria pues a partir de ese día, el me visito diariamente.
Había pasado varios días desde mi accidente, y poco a poco nuestra relación se fue haciendo más estrecha, por extraño que pareciera, ese accidente en escoba no trajo más que felicidad a mi vida. Recuerdo que las primeras veces el siempre me llamaba Señorita Black, y que yo siempre lo corregía. Cissy, llámame Cissy, por favor.
Cuando volvimos a las mazmorras fuimos prácticamente inseparables, el solía pasar tardes enteras conmigo, platicándome acerca de sus trabajos, sobre el equipo de quiddich y tantas otras cosas.
Fue en el baile de Navidad que se realizaba en el castillo que me hizo tan feliz. Esa noche, el vestía un frac en color blanco, mientras yo llevaba un vestido verde esmeralda, acompañados con unos aretes y un collar que él había insistido en regalarme como regalo de navidad y sucedió que, mientras bailábamos, quedamos bajo el muérdago, motivo por el cual, siguiendo la tradición, el me beso, recuerdo como mi rostro se torno de carmín a escarlata. Inmediatamente después, el me pidió ser su novia.
Hermione, que hasta ese momento no había interrumpido para nada a Narcissa la observo detenidamente, quizás, solo quizás, los Malfoy no mostraban sus sentimientos, pero al escuchar aquella historia cualquiera era capaz de darse cuenta del amor que sentía ella por su esposo, y a su vez, el por ella…
Narcissa tomo un poco de té, e inmediatamente después continuó con su relato.
Una noche, justo una semana antes de las vacaciones de invierno, justo un día después del baile, Lucius entro en mi habitación -La mirada de Narcissa se entristeció, se podía observar el miedo, el dolor y la angustia que reflejaban sus hermosos orbes azules.
-Tengo que irme, -dijo él. Y no necesito ni una palabra más para que yo lo comprendiera. En ese instante sentí como mi corazón se quebraba, como sabrás querida, los matrimonios pactados entre los sangre limpia son muy comunes y cuando Lucius me explico que había recibido una carta de sus padres en la cual le pedían volver a Francia a la brevedad posible, claro está, que ellos no daban explicación alguna a su pedido, en ese instante supe que el único motivo para una partida tan repentina y apresurada era una inminente unión, lo mismo, supuso el, por supuesto.
En ese instante quise llorar y maldecir, no entendía porque la vida estaba siendo tan injusta conmigo, que había hecho yo de malo para que algo así me sucediera.
Lucius me abrazo y me consoló, espero a que pasaran todas mis lágrimas para decirme que me amaba y que no permitiría que nada nos separara.
En ese instante, me arme de valor y le pedí que no se alejara de mi. Le pedí que me dejara disfrutar de unos últimos instantes de felicidad a su lado. En un principio, el se negó, pero, al final lo convencí. El decía que yo no era como las otras chicas, que yo era especial. Sin embargo cuando le dije que solo quería estar con él, abrazarlo y sentirlo a mi lado no se fue. No tenía idea de que esas eran mis últimas horas de felicidad, por lo menos en algún tiempo.
A la mañana siguiente, el me despertó muy temprano, apenas comenzaba a asomarse el alba cuando me moví feliz de sentirme entre sus brazos. Nos dimos un beso de despedida y él se fue, no sin antes prometerme enviar una lechuza diaria para mí, además de darme un pequeño anillo que siempre lo acompañaba. Tiempo después, supe que pertenecía a su padre, Abraxas Malfoy. Y no era otro, que el anillo de una promesa de fidelidad de parte del hombre Malfoy que lo entregaba, a la mujer que amaba. El cual, había pasado de generación en generación, posado en el dedo de cada señora Malfoy. Un anillo mágico, que solo ajustaba a la mano de la verdadera dueña del corazón de cada Malfoy.
Narcissa le mostro el anillo a Hermione y esta se cuestiono, -aunque no pregunto-, el motivo por el cual el anillo no estaba en posesión de la madre de Scorpius -no entendía porque le costaba pronunciar la palabra "esposa" de Draco…
En ese instante, Lucius entro a la pequeña sala de estar con el pequeño Scorpius, el cual vestía un uniforme de algún colegio muggle. Hermione los observo y sintió un poco de envidia al observar a la pareja y ver cómo sin palabras, Lucius era capaz de transmitirle con una sola mirada a Narcissa cuanto la amaba. Inconscientemente, Hermione llevo las manos a su vientre y solo susurro las palabras: "Te amo bebé" al tiempo que Scorpius la abrazaba y le decía te quiero y ella le devolvía el gesto con una gran sonrisa y abrazándolo aun mas fuerte; mientras que con una mirada Narcissa le decía que después continuarían con su conversación.
Creen que merece un review?
Una enorme disculpa por no publicar la semana pasada, pero estuve de vacaciones de fin de año y no tenia mi compu-
Personalmente ame este capítulo.
Lamento no haber puesto absolutamente nada de Draco, sin embargo no quería alargar innecesariamente el capítulo.
Nos leemos el próximo sábado.
Hasta el próximo.
Besos a todos
Serena Princesita Hale