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Apariencia oscura, sentimientos níveos — capítulo 1

La nieve caía suavemente sobre la casa, los árboles, las enredaderas que trepaban torpemente por la fachada y sobre los animales muertos que su hermano había dejado tirados en el patio. Ese paisaje inspiraba tranquilidad, pureza, blancura impoluta. El interior de la casa era todo lo contrario, el ambiente estaba cargado de pobreza, mugre y oscuridad aquí y allá. Todo el que viera el lugar le ahondaría un sentimiento de tristeza y desolación. No había ningún signo ni en el salón, ni en la entrada ni siquiera en la chimenea que mostrara que estaban en festividades, en la víspera de Navidad. Y allí estaba ella, mirando desesperada esa libertad nívea del exterior. Quería estar allí, volar como un pájaro sobre el helado viento, correr como el agua de un río sin que ningún objeto impidiera su recorrido. Quería ser libre. Pero para Mérope eso no era posible, ella estaba enclaustrada, esclavizada tanto por su padre como por su hermano Morfin. El tiempo pasaba sin que se pudiera detener, ni siquiera con magia y hacía que ella envejeciera más y más, sola, sola con sus pensamientos.

El destino quiso que en ese preciso momento sus ojos pudieran deleitarse con la persona más hermosa que en su mísera vida podría ver, aquel a quien todos en el pueblo conocían como Tom Riddle. No era príncipe, no era conde ni siquiera un duque, era el simple hijo del herrero de pequeño Hangleton. Y ella deseaba estar allí fuera con él, pasear en ese espléndido carruaje que llevaba remolcado por dos magníficos percherones mientras la grácil agüilla caída del cielo se colocaba tímidamente sobre su cabello azabache.

Sabía que no podía aspirar a tal hombre y menos desde que su hermano la había acusado ante su padre. Gracias a ello recibió una paliza monumental de la cual aún poseía moratones y algunos rasguños en su cara. Solamente se atrevía a mirar al joven cuando estaba sola y rememorarlo en la intimidad. Su sonrisa, su piel, su cabello…

Pero estaba harta, harta de su precaria situación, de la locura de su hermano y su padre, harta de vivir enclaustrada en esa mohosa y decrépita casa, por lo que ideó un plan mientras veía alejarse al amor de su vida. Corrió hacia su habitación y desempolvó su vieja varita que estaba guardada en una cómoda envejecida y raída. Por primera vez en su vida miraba con ilusión ese objeto, por primera vez quiso que la magia la inundara y la ayudara a llevar a cabo su cometido.

Pasó el día como siempre, entre vejaciones y maltrato aunque nada podía detenerla, un halo de fuerza la escudaba protegiéndola de cualquier tortura. Mañana acabaría todo.

Esa tarde la diosa de la suerte quiso hacerle una visita a Mérope. Un señor procedente del Ministerio de Magia, arrestó a su hermano y su tío por asuntos contra muggles. Ella hizo como siempre, esconderse en un rincón sin hacer nada, sin hablar ni moverse, como si se fundiera con los objetos de la habitación. Una grieta de luz se abría en su corazón, en ese mismo momento entendió la palabra "esperanza", y aún con los gritos ensordecedores de Sorvolo y Morfin de fondo, Mérope sintió un gran alivio en su interior. Libre.

Esa noche Mérope se fue a acostar con la misma ilusión que un niño el día previo a su cumpleaños. Una sonrisa se dibujó en su rostro por primera vez en su vida, haciendo incluso que sus mejillas adquirieran un tono rosado. Su idea tomaría forma y precisión a la mañana siguiente. Deseó que Santa Claus le obsequiara con el regalo que había soñado toda su vida: ser libre, feliz y escapar junto a la persona que más amaba en ese mundo: Tom Riddle. La pequeña mugrienta observó los suaves copos níveos posarse acompasadamente sobre al alféizar de su ventana hasta que Morfeo la llevó a su reino de sueños.

Sueña feo patito negro porque en tus sueños espera con los brazos abiertos el majestuoso cisne blanco en el que te convertir ás .