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Apariencia oscura, sentimientos níveos — capítulo 2

El sonido de la nieve al deshacerse bajo las ruedas de un carruaje envolvía a la joven. Ya estaba cerca, ya podía sentirlo, sería suyo. Su cara apareció pausadamente entre la bruma, ella sonrió satisfecha, venía hacia ella, pero la suerte es una amante caprichosa y no siempre te recompensa: otro rostro asomaba poco a poco por la neblina y su sonrisa desapareció de un plumazo…

Mérope despertó sobresaltada, saltó de la cama asustada como si alguien la estuviera llamando hacía rato y fuera en ese momento a por ella. Pero ese día no era un día normal, Sorvolo ya no estaba, ya no la levantaría a gritos o arrastrándola del pelo. Estaba sola en esa gran mansión. Un dilema recorrió su ser: se sentía feliz por estar allí sin su padre o su hermano, pero la soledad le oprimía el corazón. Un lugar tan grande un alma tan pequeña. Deseó con todas sus fuerzas ser amada por alguien, que la levantara con dulces besos y delicadas caricias.

Volvió a la realidad, el destino no se lo traería así porque sí, ella debía construirlo y estaba dispuesta a todo. Tomó la varita que reposaba en la mesita de noche y sintió un escalofrío, la magia la invadía de forma desbocada, hacía tanto que no la utilizaba…

Como todos los días Mérope no desayunó, se sentó en una de las viejas sillas de la cocina a meditar su plan. Debía actuar una tarde con ventisca, eso ayudaría. Su apariencia no podía ser la misma, el joven Riddle no debía reconocerla, necesitaba convertirse en la Reina de las Nieves.

Miró su varita.

— Por favor, por favor, ayúdame a serlo.

Cerró los ojos y dejó que la magia corriera por sus venas. Su mano se movía sola al compás de una música desconocida. Su apariencia fue cambiando: ese cabello negro como el carbón que llevaba largo hasta la cintura comenzó a tornar a blanco reluciente con un poco más de largura; sus tristes ojos negros adquirieron una tonalidad azul cristalino como el agua del rocío; sus vestimentas mugrientas y raídas se engalanaron con borlas y encajes hasta conseguir un vestido níveo majestuoso. El patito feo ahora era un bello cisne.

Pero Mérope no podía saber cómo había quedado, antaño Morfin se había encargado de romper todos los espejos de la mansión Gaunt por el hecho de no querer ver su rostro reflejado en ninguna parte. Intentó conjurar un espejo pero le fue imposible, no siempre iba a acertar con la magia. No le importó, algo en su gélido corazón comenzaba a derramar esperanza.

La primera parte de su plan había terminado, ya solamente podía esperar a que el reloj dejara que las horas se escurrieran como hojas que caen de los árboles en otoño. Observó por la ventana implorando a los dioses que esa tarde hubiera ventisca.

Mérope se olvidó de comer, desatendió sus necesidades más básicas sólo por mirar como el cielo tornaba hacia una gran tormenta. Sonrió por segunda vez consecutiva, se le hacía raro pero era un sentimiento que le agradaba con creces.

Por fin la tan ansiada tarde llegó, ella sabía que él pasaría, siempre lo hacía mientras ella lo observaba enclaustrada en su casa. Salió al vendaval que hizo que su largo cabello se enmarañara dándole un toque místico a la vez. Mérope se situó al borde del camino pedregoso y esperó oír los cascos de los percherones. La varita la llevaba agarrada con tal fuerza que parecía que la vida se le fuera en ello.

Comenzó a escuchar un ruido lejano. Sus piernas temblaban, sus labios se congelaban, la ventisca la envolvía por completo haciéndola medio desaparecer y entonces fue cuando lo vio… igual que en su sueño, él aparecía por entre la bruma, ese rostro por el que Mérope suspiraba todas las noches encerrada en su habitación. El joven Tom Riddle clavó sus hermosos ojos en la joven apeada al borde del camino. Era tal la belleza de la chica que ya no sentía frío, no notaba nada a su alrededor, lo había hipnotizado. Paró en seco el carruaje embobado por la hermosura de la dama que se disponía a regalarle unas palabras.

— Vengo a predecirte el futuro— comenzó a decir Mérope con una voz potente que resonó por todo el valle—, tu destino,joven Tom Riddle, es estar junto a una chica humilde, desolada y que lleva esperando por ti desde hace mucho tiemp…

La pequeña Gaunt cerró la boca por un instante. Al igual que en su sueño otro rostro apareció de entre la niebla: una chica rubia preciosa con mejillas sonrosadas por el frío, que portaba un sombrero el cual agarraba con su delicada mano para que el viento no se lo llevara. A Mérope se le heló el corazón, aquella odiosa niña tenía su mano entrelaza con la de su amado. No había planeado que viniera con alguien. La mala suerte seguía acosándola.

— ¿Quién es esa Tom? — preguntó dulcemente haciendo que el joven la mirara con devoción a ella desatendiendo a la Reina de las Nieves.

— Tu destino es estar con esa chica ¡y no con la que está a tu lado!

Mérope chilló el final de la frase con toda la fuerza y rabia que su alma le proporcionaba en ese momento. Alzó la mano de su varita hacia la chica y un rayo de luz verdosa impactó en el cuerpo de la rubia haciendo que su cuerpo se desplomara en el carruaje, la delicada mano cayó a plomo. Tom agitó la fusta aterrorizado, gritó "arre" con el miedo calado en su voz y los caballos relincharon y salieron corriendo calle abajo derribando a su paso a Mérope. Unos pequeños hilos de agua salada comenzaron a brotar de los ojos de la pequeña Gaunt que acababa de caer en la nieve mullida. Vio impotente como el amor de su vida huía despavorido hacia el pueblo y lo que no podía imaginarse es que pasarían meses hasta que el joven Riddle volviera a recorrer ese camino.

No todas las Navidades son felices, no todo son risas y alegrías, también hay personas que sufren por pérdidas, por desolación y por amor. Pero había algo que Santa Claus quería regalarle a Mérope ese año y era la fuerza para enamorar al joven Riddle intentándolo tantas veces como fuera necesario. Se levantó decidida mientras la magia evaporaba su aspecto de cisne convirtiéndola de nuevo en el pequeño feo patito negro. Ella, en su interior, sabía que algún día lo conseguiría, de un modo u otro.

Nota: Aquí está el final del two-shoot. Espero que haya gustado y haya recompensado vuestras expectativas. Ya sabéis como acabaría el fics en verdad: Tom volvería a pasar por allí un día cualquiera y Mérope le daría el vaso de agua "embrujado". Acabaría concibiendo al hijo de satán jeje. Y por fin la pequeña Gaunt sería "feliz".

La historia la he intentado encuadrar lo más canon posible. Espero haber acertado.

Gracias a todos por los comentarios y las lecturas.