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Aprendiendo a amarte — capítulo 25

-¡ESO NO PUEDE SER CIERTO!, ¡Y SI LO ES, DEBE HABER UNA EXPLICACION! -gritó la chica horrorizada y con lágrimas en sus ojos.

Ginny había dejado solos a sus amigos para que conversaran más cómodamente. Harry acababa de contarle a Hermione que Draco Malfoy llevaba la marca tenebrosa grabada en su antebrazo izquierdo, y por supuesto ella no lo había tomado nada bien.

-¡Es verdad, Hermione! -aseguró Harry-. Yo vi cuando le mostraba su marca al profesor Snape.

-¿Dices que Snape lo sabe? -susurró la castaña con extrañeza en el rostro.

-¡Si!, ¡Siempre lo supo! 

-No puede ser... Entonces, si Draco se alejó por tanto tiempo de mí... fue porque... -la castaña dejó la oración sin concluir, porque se acababa de dar cuenta de que Draco había dejado el castillo por amenazas de su amigo; sin embargo, no podía enojarse con él, porque Harry sólo trataba de protegerla.

-Lo siento, Hermione -se disculpó Harry adivinando los pensamientos de su amiga-. Creí que te estaba protegiendo manteniendo a ese monstruo lejos de ti, pero de haber sabido que eso te causaría tanto daño... Jamás lo habría hecho.

-No te preocupes, Harry. Entiendo tu dilema -contestó sin ánimos Hermione-. Pero... ¿No has considerado que tal vez Draco pensaba contármelo él mismo?

-Siento decirte que no es así... -confesó el joven- Yo escuché cómo le decía a Snape que no debías saberlo nunca y que ya le había dicho que no planeaba que te enteraras.

-¡Pero no puede ser! -discutía ella entre lloriqueos histéricos.

-Siento que todo tenga que ser así -trató de consolarla Harry.

-Es que... No tiene sentido, ¿Porqué sí siempre tuvo la marca nunca se supo? -se preguntaba ella-. Me refiero a que todos sabemos que en el último momento él y su familia pelearon en nuestro bando... Pero, su padre fue un mortífago, tu nos advertiste y nadie te creyó... Eso debió saberse.

-No lo sé, Hermione -respondió Harry pensativo- Sólo sé lo que vi, y que hice lo que hice para protegerte de él.

-Tiene que haber una explicación -dijo la chica con las mejillas cubiertas de lágrimas-. No puede ser, él no pudo ser un mortífago.

(DESDE LA VISTA DE HERMIONE)

Enterarme de que había hablado con Draco y que él había fingido ser Blaise, era una cosa; pero que Draco fuera un ex-mortífago... No podía creerlo. Era imposible. Tenía que haber alguna explicación.

¿Por eso se había alejado?... ¿POR MIEDO A MI DESPRECIO?... ¿A MI RECHAZO?

¿Porqué no me lo había contado antes?... ¿Es que acaso no confiaba en mí?

Yo lo amaba, pero... ¿Sería igual sabiendo su oscuro pasado?

De repente la respuesta apareció en mi mente. 

Tenía que ver al profesor Snape, él era el padrino de Draco, sabía su secreto... Ahora yo también lo sabía, así que tendría que decírmelo todo.

Me levanté inmediatamente, pues no iba a permitir que las miles de dudas que tenían me siguieran rondando en la cabeza.

-Nos vemos en un rato, Harry -dije apresurándome a la salida-. Y... Gracias... Creo.

Harry no me contestó.

Me dediqué a correr por los pasillos, tratando de contener el llanto ante la situación en la que me encontraba.

Al llegar a las mazmorras me puse a buscar al profesor como loca, pero él apareció ante mis ojos cuando doblaba la esquina de un pasillo.

-¡Profesor Snape! -le grité corriendo hacia él- ¡Necesito hablar con usted urgentemente!

-¿De qué se trata, Señorita Granger? -preguntó con su tono de formalidad.

-Es... Es sobre Draco -respondí nerviosa.

Misteriosamente volteó de un lado a otro, y al comprobar que no había nadie más por ahí, abrió la puerta del salón más cercano a nosotros y muy caballerosamente me indicó que entrara. Cerró la puerta y se dirigió a mi.

-Señorita Granger, creí haberle dicho en varias ocasiones qué no podía darle información sobre donde se encuentra el Joven Malfoy... -iba diciéndome cuando lo interrumpí.

-No necesito saber dónde está él, profesor -comencé a decir con nerviosismo-. Sé que ha estado en la mansión Malfoy todo este tiempo, sé que allá se oculta con su madre, sé que el día de hoy él estuvo en el castillo.

-¿Cómo sabe todo eso? -preguntó confundido-. De acuerdo... Entonces si usted ya lo sabe, ¿Para qué quiere hablar conmigo?

-Necesito saber cuando vendrá -dije con tranquilidad-. Escuche profesor, sé que se ha negado a contestarme esta pregunta antes, pero es urgente que lo sepa, necesito hablar con él.

-Entiendo sus incontenibles... Deseos de hablar con el joven Malfoy, pero le repito que no puede darle ese tipo de información.

-Mire... Yo ya hablé con él, lo hice hoy -confesé algo incomoda-. Sólo que cuando hablamos yo no sabía que era él, porque lucía como Blaise... Creo que debió usar algún hechizo o probablemente poción multijugos.

-Y en eso es usted experta, ¿Verdad? -preguntó irónicamente haciéndome sonrojar.

-Sé más de lo que usted cree profesor, necesito hablar con Draco -comenté tranquila.

-Muy bien, si se considera usted lo suficientemente fuerte para conocer toda la verdad... -advirtió con seriedad- Draco estará aquí mañana como a esta hora.

-¿Mañana? -murmuré llena de confusión.

-Si, vendrá todos los días a practicar Quidditch por las tardes, el equipo es un desastre sin él y la profesora McGonagall habló con el ministro para que se le permitiera practicar -confesó.

-Oh. Ya veo -dije pensativa-. Muchas gracias, Profesor Snape.

-De nada, Señorita Granger -contestó cordialmente.

-Ahora si me lo permite debo retirarme.

Estaba... Confundida ¿Porqué Draco no había confiado en mí?.

Estaba enojada y triste... Lo amaba, así que... No le sería tan fácil alejarse de mí. Me tendría que decir toda la verdad... Absolutamente toda


El rubio no había podido dormir bien, estaba algo emocionado de regresar al campo de Quidditch, algo nervioso por haber visto a su amada, y muy confundido sobre lo que debería hacer; sin embargo, apareció en la chimenea de la profesora McGonagall, le dio las buenas tardes y se apresuró a su primera practica después de tanto tiempo.

El campo seguía siendo el mismo, pero los jugadores no.

En cuanto Draco entró al campo lo miraron como si hubieran visto a la persona más horrible de todas, menos Blaise, que hasta fue y le dio un abrazo formal.

-¡Bienvenido, capitán! -dijo sonriendo.

Pero Blaise fue el único en darle la bienvenida de buena gana, algunos de los presentes hasta retrocedieron al verlo.

Fue una practica tranquila, pero con miles de comentarios sarcásticos por la aparición de Draco, pero a pesar de todo sus compañeros no pudieron negar que con la aparición del rubio la practica era mil veces mejor.

No hubo un solo momento en que el rubio no estuviera pensando en su enamorada, los demás jugadores se dedicaron a hacerle preguntas incomodas que él trataba de no contestar.

-De acuerdo, pues... La practica terminó -gritó el chico desde su escoba, después de dos horas de un arduo entrenamiento- Podemos pasar a vestidores.

Ya en los vestidores, los Slytherins se fueron retirando uno a uno, hasta que sólo quedaron Blaise y Draco.

-Al fin -dijo Draco aliviado de poder quitarse la camisa.

-Lo sé, Hermano -comentó Blaise-. No imagino lo difícil que ha de ser para ti tener que ocultar tu brazo todo el tiempo.

-Nadie lo imagina, Blaise. Y lo cierto es que muy pocos saben lo que es -contestó con rencor.

Sin que ninguno de los dos amigos se lo esperara, por la entrada de los vestidores entró Hermione con paso decidido, se veía enojada y estaba llorando.

Draco no reaccionó, no tuvo tiempo de ponerse la camisa.

-Blaise... Déjanos solos -pidió la chica, aunque sonó más como una orden.

-Pero, Hermione. Cálmate, deberías...

-¡Por favor, Blaise! -exclamó.

Blaise se retiró, dejando solos al rubio y a la castaña.

La chica observó el pecho de Draco como nunca lo había visto, observó su hermosa palidez, sus músculos marcados y su hermosura; sin embargo, detuvo su vista en el antebrazo del chico.

-¿Porqué? -susurró ella llena de dolor.

-Hermione, yo...

-¡ERES UN TONTO!...¡DEBISTE CONFIAR EN MI DESDE UN PRINCIPIO! -gritó.

-¡No quería perderte! -gritó el rubio viendola a los ojos, sufriendo igual que ella.

-¡Eres un tonto, Draco Malfoy!, ¿Qué acaso no lo entiendes?... ¡Te amo sin importar las marcas que lleve tu piel! -dijo la chica a gritos, poniendose roja.

Le dio una violenta cachetada... lo miró... y se lanzó a él con la misma violencia con la que unos segundos atrás lo había golpeado... lo tomó de la cara y lo atrajo directo a ella salvajemente... Lo besó como si no hubiera un mañana... De inmediato él comenzó a corresponder con el mismo anhelo que la chica, el beso se suavizó, y era la combinación perfecta de pasión, amor y anhelo. 

Se separaron cuando el oxigeno se hizo estrictamente necesario.

El chico la cargó en sus brazos y tomándola de la cintura giró sobre si mismo varias veces... Observando a la chica en sus brazos. 

Hermione enrolló sus piernas en la desnuda cintura del rubio, él la cargó y la repegaba cada vez más a su cuerpo.

Volvieron a besarse con deseo, la palpitante entrepierna del rubio estaba desatada. Hermione comenzaba a dar pequeños gemiditos de placer, el rubio comenzó a besar su cuello. Con mucho cuidado introdujo sus manos por debajo de la blusa de la chica, recorriendo la piel de la chica, hasta toparse con su sujetador. Muy suavemente metió las manos, dejando que la prenda no estorbara más. Hermione sentía una excitación indescriptible, acariciaba la espalda del rubio mientras el le besaba el cuello, sentía que ardía y daba pequeños jaloncitos al cabello del chico. Ardían de placer, de amor, era algo que nunca había sentido antes.

Entre beso y beso, el ojigris fue recuperando su autocontrol, lo que menos deseaba era lastimar a su amada, y sabía que ella merecía algo mejor que terminar teniendo relaciones en un vestidor.

-Draco -susurraban los labios de la castaña.

El joven acomodó el sujetador de la chica, y suavemente sacó las manos de su blusa, se dejó enfriar por varios minutos y al final besó a la chica con ternura en la frente.

-No quiero lastimarte nunca -susurró él-. Y... Es por eso que no te lo dije, lo siento, pero te prometo que te contaré todo, no fue mi culpa, me obligaron.

-Te quiero Draco -dijo la chica besándolo.

-Yo más Hermione -respondió él- Y a partir de este momento, no puedo vivir sin ti.

Se colocó su camisa rápidamente, y cargó a la chica en su espalda, llevándola de caballito hasta el centro de la cancha.

Una vez ahí, la bajó y sacó su varita.

-¡Accio Escoba! -gritó con energía.

Su hermosa y lujosa escoba no tardó en aparecer, él la montó y besó a su novia.

-Señorita Hermione Granger -susurró de manera galante-. ¿Le gustaría acompañarme a un romántico paseo?

-Estaría encantada Joven Draco -respondió con una sonrisa radiante.

Lo besó, después montó la escoba y sujetó a Draco con fuerza, él despegó y juntos sintieron cómo el viento acariciaba sus rostros... Ahora llenas de felicidad.


Siento la tardanza... Me disculpo infinitamente, tuve algunos problemas, que espero que se resuelvan pronto. Por su espera muchas gracias. 

besos y abrazos ;)