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Invitado Navideño Inesperado — capítulo 1
Ya habían transcurrido 07 meses desde que la batalla en Hogwarts había sucedido. Las familias habían tomado su vida normal. Los afectados seguían tratando de seguir con sus vidas después de que sus seres amados se fueran durante esa larga noche.
El mes de diciembre tocaba las puertas mágicas de cada hogar para dar paso a cada festividad característica de este mes.
Veía por la ventana de mi habitación, en el jardín, Ron y Harry trataban de atrapar un gnomo que había mordido a Ron, Hermione solo negaba muy divertida. Sonreí cuando mi torpe hermano resbaló en la nieve y el gnomo se alejaba feliz de la vida. Harry alzó la mirada y me dirigió una hermosa sonrisa.
-¡Baja Ginny!- gritó sin dejar de sonreír.
Ahí estaba yo, la más pequeña de la familia Weasley, observando a la persona que mejor me conocía. Desde que "el bien triunfó sobre el mal" Harry me había pedido que volviéramos y yo felizmente había aceptado. Los meses transcurrieron normales, volví a Hogwarts a cursar 07° grado al igual que Hermione, mientras que Harry y Ron habían decidido irse a la academia de aurores.
Bajé las escaleras velozmente y en el camino esquivé a Fleur, ella y Bill pasaban las vacaciones en La Madriguera con nosotros, al igual que Percy y Charlie… solo nos faltaban George… y Fred.
-¿Qué ocurre Ginny?- preguntó Harry cuando me asomé al jardín. Sentía mi rostro helado y no precisamente por la nieve que cubría todo el espacio.
Tomé aire y sonreí.
-Nada, en el camino vi a Fleur- dije mientras me encogía de hombros.
-Está… grande- dijo Harry mientras sonreía también.
Lo abracé y dejé que me rodeara con sus brazos, era cálido aunque el clima fuera frío; me sentía segura y traté de que mis pensamientos se fueran… pero no podía, traté de pensar en cosas diferentes pero era imposible.
-¿Qué ocurre Ginny?- gritó Ron mientras se acercaba tomado de la mano de Hermione- ¿Por qué lloras?
Me separé lentamente de Harry y lo único que pude hacer fue limpiarme el par de lágrimas que corrían por mis mejillas.
-No siempre debes ser tan fuerte- dijo Hermione mientras tomaba mi mano.
-Es solamente que pensé en George… y también en Fred- los tres se miraron alternadamente y después me miraron sin sonreír- será la primera navidad que no está Fred.
-Y George se empeña en quedarse en el cuarto que está sobre Sortilegios- dijo Bill mientras se acercaba- lamento haber escuchado su conversación.
-No debería- dijo Harry, su voz sonaba apagada en comparación a cuando me pidió que bajara- estar solo… aumentará su añoranza a Fred.
-Si… bueno, él no quiere y papá dice que no lo obligará… aunque mamá haya ido esta mañana otra vez a suplicarle que vuelva- dijo Ron mientras suspiraba.
Observé a mis hermanos, en su mirada se leía que también echaban de menos a Fred, igual que yo, igual que Percy y que Charlie, igual que mamá y papá… pero no igual que George.
Al caer la noche, mientras Ron, Fleur, Hermione, Harry y yo decorábamos el árbol de navidad, papá llegó gritándole a mamá que saliera. Nos asomamos por la ventana y vimos a George con una capa llegando por el jardín.
Nos alegramos y salimos a recibirlo, entre abrazos y besos nos dijo que aceptaba quedarse en casa.
-Que emoción que esté aquí tu hegmano Bill- exclamó Fleur.
Los días pasaron, la primera mañana George desayunó con nosotros… pero algunos días después no sabíamos de él hasta que caía la noche. Bajaba siempre con los ojos rojos, señal de haber llorado, pero nadie en la familia le preguntaba, sabíamos que añoraba a Fred.
La víspera de navidad llegó en un abrir y cerrar de ojos, todos llevábamos gorros rojos, ahí estaban mamá y papá tomando cerveza de mantequilla, Hermione y Ron se tomaban fotos junto a Fleur y Bill, Charlie bromeaba con Harry, yo los observaba, igual que Percy, era raro verlo sonreír… pero ahí estaba, mi hermano el mas huraño sonriendo como todos… bueno, tal vez no como todos, George estaba apartado, viendo a través de la ventana, su expresión era ausente como siempre que estaba con nosotros. Fingí no prestarle atención, a las pocas horas se despidió de nosotros y subió rápidamente a su habitación, me separé de Harry con el pretexto de ir al baño.
Seguí a mi hermano, subí sin hacer tanto escándalo y fue una suerte que no cerrara por completo la puerta. Me asomé lo suficiente para oírlo caminar, después el leve crujido de la madera cuando se sentó sobre el suelo y después escuché la voz de Fred.
¿La voz de Fred?
-Deberías bajar hermano, mamá te querría a su lado- dijo Fred, su voz sonaba rara, acostumbrada a 16 años en donde todo era alegría en ellos.
-Y a ti…- George suspiró.
-Pero sabemos que yo no podría estar ahí abajo- continuó Fred- anda, anímate.
Abrí la puerta sin cuidado y George giró su rostro y me vio. Tan solo extendió su mano y me senté junto a él.
-Hola Freddie- saludé intentando sonreír.
Mi hermano pelirrojo, al que habíamos perdido en la batalla de Hogwarts me miraba desde un cuadro, sonriendo. Él estaba pintado en un cuadro, me recordó a los del castillo, a los cuadros de los directores.
La fuerza que tanto tenía se desmoronó al verlo, alterné miradas con George quien me abrazó una vez que estuve sentada a su lado.
No dije nada más, observé a mi hermano toda la noche, a veces bromeaba con George, a veces se burlaba de mi y de Harry, decía que era muy escuálido para una Weasley que se había criado con puros hombres; el amanecer nos tomó por sorpresa y más cuando mamá abrió la puerta de la habitación de George y con una voz casi inaudible pronunció el nombre de Fred.