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Navidad élfica — capítulo 2
—E… es ella, señor—respondió Dobby.La oscuridad del lugar contrastaba con el brillo de los ojos verdes de Dobby, que parecía estar muy emocionado; sin embargo, Winky miraba con extrañeza al muchacho de ojos castaños y cabellos alborotados de color marrón que estaba frente a ella. El niño se acercó un poco más hacia la elfina, haciendo que la cama rechinara por el cambio de posición. Winky dio un ligero respingo cuando escuchó el sonido que ésta produjo.—Hola—se limitó a decir el pequeño con una amable voz.Winky lucía confundida. Se volteó hacia Dobby y lo miró, pero el pequeño elfo no le dijo nada, así que volvió a mirar al niño de primer año, miembro de la casa de Slytherin.—Mucho gusto en conocerte—volvió a hablar el muchacho y le dedicó una tímida sonrisa a Winky.—Nunca nadie le había dicho eso a Winky, señor—habló por fin la elfina.—Así que te llamas Winky, ¿no?—Sí, señor. Winky—se presentó e hizo una exagerada reverencia, tan exagerada que su puntiaguda nariz tocó el suelo que se confundía con la oscuridad de la habitación.—Me llamo Albert, Albert Crouch.La elfina, que se había distraído, se giró bruscamente hacia el muchacho cuando escuchó que éste pronunció su nombre. Los ojos de Winky contemplaron el inocente rostro del niño y éste vio en ella la perplejidad que su expresión mostraba por la revelación que le había hecho. Parecía que hubiese pasado mucho, mucho tiempo, cuando los ojos de la elfina se empezaron a humedecer y una lágrima resbaló por su rostro.—¿Estás bien?—le preguntó Albert y se levantó de la cama para ponerse en cuclillas junto a Winky.La elfina llevó sus largos dedos a su rostro y se quitó las lágrimas, luego se acercó al niño y le preguntó.—¿U… usted es… es de la familia Crouch?Albert asintió con la cabeza.De repente, todo lo que la elfina veía empezó a tornarse borroso hasta que se quedó atrapada en la absoluta oscuridad.
—¡Oh, miren, está despertando!—murmuró una voz chillona proveniente de un larguirucho elfo doméstico de orejas cortas.Los enormes ojos marrones de Winky empezaron a abrirse y luego pestañearon seguidamente, para acostumbrarse a la luz de la iluminada habitación. La pequeña elfina se despertó y con sumo cuidado fue componiéndose en la butaca donde estaba sentada, rodeada por varios elfos domésticos que habían estado en vela por ella.—Winky se desmayó—le informó una vocecilla que la elfina reconoció enseguida—. Dobby estaba muy preocupado por Winky. ¡Dobby pensó que Winky había muerto de felicidad!—dijo el elfo angustiado y se llevó las manos a la cabeza.—Es un alivio que esté nuevamente con nosotros—confesó una voz amigable que no era de ninguno de los elfos, sino de una persona que se encontraba a unos metros de la butaca donde Winky estaba sentada.Era Albus Dumbledore, el alto director de Hogwarts, de barba larga y blanca, con una nariz ligeramente desviada sobre la que reposaba unos lentes de media luna que dejaban ver sus ojos azules. Vestía una túnica granate y unas botas oscuras de hebillas plateadas. El anciano director rodeó la habitación y se dirigió hacia su escritorio.—Por favor Winky, desearía que nos acompañases—le dijo a la elfina y luego se dirigió hacia la persona que yacía sentada en la butaca que tenía frente a él en su escritorio—: Tenemos muchas cosas de las que hablar, ¿no es así?—dijo y guiñó un ojo.Los elfos se apartaron y dejaron el camino libre para que Winky se acercara al director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Y así fue, la elfina bajó de la butaca con un leve saltito y se encaminó hacia el asiento que el profesor le ofrecía. Cuando estuvo a punto de llegar, observó que al lado de la butaca libre estaba sentado Albert Crouch. La elfina contempló por un momento al niño, aunque con cierta duda, y luego caminó apresurada hacia el asiento y se subió a la butaca como lo haría un niño pequeño.—Espero que no sea un inconveniente para ti, Albert, contarle a Winky lo que me has dicho sobre tu familia—empezó a decir el anciano profesor.—Claro que no—indicó el niño y se volvió hacia Winky, quien miraba recelosamente a Albert—. Soy Albert—dijo el niño y se señaló a sí mismo con sus manos—, Albert Crouch, hijo de Thomas Crouch, quien es hijo de Abraham Crouch, hermano de Bartemius Crouch, quien vendría a ser mi tío abuelo.—Winky desconocía que el amo Barty tuviese más familia—admitió la elfina—. Winky pensaba que la familia Crouch era muy pequeña.—Mi madre me contó que ambos hermanos no se llevaban bien y de adultos se distanciaron—le explicó Albert.—Una verdadera lástima—susurró Dumbledore—. La familia es lo más importante que tenemos y los hermanos…—dijo y se detuvo un momento, reflexionando— los hermanos—repitió—, aunque pensemos que son nuestros enemigos, son en realidad nuestros mejores amigos y quienes más se preocupan por nosotros.»Winky, ¿por qué no le cuentas al señor Albert Crouch sobre ti?—comentó el anciano profesor que mantenía la mirada perdida, aún pensando en lo que había dicho, como si recordara algo, algo que le hacía sufrir por dentro.La elfina negó disimuladamente con la cabeza, pero el profesor Dumbledore le sonrió y eso le dio las fuerzas de hablar con el niño.—Wi… Winky trabajó siempre para la familia Crouch. La madre de Winky también lo hizo y los antepasados de Winky también lo hicieron, señor. Siempre servíamos a la honorable familia Crouch, pe… pero…—sollozó—un día el amo Crouch liberó a Winky, señor, porque Winky decepcionó al amo Crouch, pero no fue porque Winky quisiera, señor, Winky lo hizo para cuidar del amo Barty Jr., señor, el amo Barty Jr. fue malo con Winky y por eso, desde ese día, cuando el amo Crouch despidió injustamente a Winky, Winky es una elfina libre—murmuró la elfina ya más calmada.—Dobby también es un elfo libre, señor—gritó alegre para que el resto lo escuchara. Winky se dobló un poco y desde la butaca miró a Dobby, quien estaba atrás de ella, con el resto de elfos que lo miraban como a un bicho raro, y le gritó:—¡Dobby debería de avergonzarse por lo que dice!La elfina miró con un poco de cólera el elfo, pero después pareció arrepentirse y nuevamente comenzó a llorar.»¿Qué te sucede Winky?—preguntó Dumbledore al ver a la elfina cubriéndose el rostro para que no vieran que llorara.—Es usted muy bueno, señor—le dijo a Dumbledore—. Los elfos domésticos prepararon todo esto para Winky por Navidad y Winky está muy agradecida con ellos, señor. Winky jamás pensó que esto sucedería hoy, cuando se despertó en la mañana. Es como si esto fuese un sueño.—No es como si fuese un sueño, Winky, este es un sueño, pero hecho realidad—dijo Dumbledore.La elfina asintió y se limpió las lágrimas del rostro.—Bueno…—Dumbledore comenzó a hablar pero vio que la elfina también lo iba a hacer, así que calló—. Disculpa, ¿qué ibas a decir?—preguntó amablemente el director.Winky se quedó mirando como hipnotizada los azules ojos del profesor Dumbledore y luego empezó a temblar un poco mientras negaba con la cabeza.—No seas tímida, Winky, ¿qué sucede?—Creo que Winky quiere abandonar el colegio e ir a servir a la familia del joven Crouch—dijo Dobby, quien había estado prestando atención a la conversación con el resto de los elfos domésticos.—¡Dobby debe callarse!—le gritó la elfina mirándolo a los ojos y luego se volteó y miró su regazo, como si estuviese avergonzada.—¿Eso es cierto, Winky?Winky asintió tímidamente.—Dobby intuyó el deseo de Winky, señor—confesó la elfina—. Winky pensó que tal vez, solo tal vez, el joven Crouch podría querer que Winky vaya a su casa a servir a su honorable familia, y claro está, con el permiso del profesor Dumbledore, señor.—¡Es una fantástica idea, Winky!—exclamó Dumbledore.—¿E…enserio lo es, señor?—preguntó asombrada la elfina.—¡Por supuesto que lo es! ¿Qué dices, hijo, estarías de acuerdo en que Winky sirviese en tu hogar, para tu familia? Eso le haría muy feliz.—Yo… —empezó a hablar el niño, un poco confundido por la repentina propuesta del director, pero después de un pequeño silencio, el muchacho sonrió y miró con buenos ojos a la elfina y continuó—: yo estaría encantado, señor, enserio, pero yo no puedo decidir eso, tendría que hablar con mis padres, pero estoy seguro de que no se opondrán y que Winky podrá venir a vivir con nosotros.—Muchas gracias, señor, muchas gracias, gracias, señor. Winky está muy agradecida—dijo la elfina y bajó de la butaca para ir a abrazar la pierna derecha de Albert. El muchacho sonrió y miró a la elfina con ternura y le acarició la cabeza.
Una pequeña y acogedora estancia era iluminada por el fuego de una chimenea adornada con calcetines anchos de color rojo. También había un gigantesco e imponente árbol de navidad, de hojas verdes y decorado con varias bolas de colores y luces que brillaban como estrellas. En el centro de la sala se había una mesa de madera que estaba cubierta por un mantel que imitaba el color de las perlas. Sobre la mesa se encontraban diferentes cosas para comer, como patatas cocidas y asadas, cuatro soperas llenas de guisantes con mantequilla, dos recipientes de plata con salsa de moras, una jarra de vidrio llena de un líquido amarillo y espumoso, como también una botella oscura que estaba cerrada. Y lo más resaltante era el pavo horneado que estaba en el centro. La familia compuesta por cuatro miembros comía silenciosamente y lo único que se escuchaba era el sonido al momento de masticar los alimentos. —Mamá, ¿mañana iremos a Madame Malkin para que le confeccionen un nuevo atuendo a Winky?—preguntó Albert. Su mamá que estaba masticando asintió y cuando terminó de pasar, respondió: —Sí, mi amor, mañana iremos con Winky, así ella podrá escoger la tela, ¿estás de acuerdo, Winky? La elfina asintió feliz. —¿Y se solucionó el problema que tenías en el Ministerio, amor?—preguntó la mujer que se encontraba al lado de Albert. La señora Crouch era de una estatura promedio, blanca con los pómulos rosáceos y tenía una larga melena ondeante de color marrón. —Sí, felizmente—confesó su esposo, un hombre de cejas pobladas, cabello alborotado y marrón, y una barba rala que se asomaba en su rostro. Después tomó un sorbo de whisky de fuego y cuando terminó de beber, cogió del asa una jarra repleta de cerveza de mantequilla y se sirvió. Disimuladamente vio como la elfina que estaba sentada con ellos miró el líquido espumoso, así que le ofreció un poco de la bebida.—Winky no toma cerveza de mantequilla, señor, muchas gracias, pero Winky prefiere tomar otra cosa. Winky irá a ver si el chocolate ya está listo, ¿de acuerdo señora?La señora Crouch asintió mientras tomaba un sorbo de whisky de fuego.Winky se levantó de la mesa y se enrumbó hacia la cocina. Cuando la elfina estuvo a punto de ingresar, observó la fotografía de su antiguo amo, Bartemius Crouch, que yacía en un mostrador al lado de otras fotografías que se movían. Winky se detuvo un momento y contempló la foto de Barty Crouch y por un momento le pareció ver que el señor Crouch le sonreía y le observaba contento, aliviado, como si estuviese feliz porque ahora su elfina, a quien le había sido tan ingrato, vivía feliz en una familia que no tenía prejuicios a pesar de ser de sangre limpia, y que le daba mucho cariño y la trataba como lo que era, un ser cariñoso, dedicado y con sentimientos.Winky siguió observando la fotografía de Bartemius Crouch, que le había sido obsequiada hace exactamente un año por Dobby y el resto de los elfos domésticos de la cocina de Hogwarts. La elfina suspiró y le dio una última mirada a la fotografía. —Feliz Navidad, amo Barty—le deseó e ingreso a la cocina por la puerta de madera de su nuevo hogar.