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Mi pequeño Severus II — capítulo 4

Planes que fallanLily respiraba pesadamente, mientras Lilyan la miraba en silencio. Su madre continuaba con los ojos abiertos y mirándola. Con una sonrisa vacía, una mirada tiesa. Su mano estaba sobre su cabeza, pero solo estaba posada allí. Severus en cambio, había arribado a la mansión sin mayores problemas. Draco estaba en la puerta. Tenía el antebrazo lastimado mientras que Scorpius, trataba de proteger a su hermana menor. Ya tenía veintidos años de edad. — Hora de irnos antes de que... ¿dónde está Narcisa? — Está dentro.....intenté buscarla, pero... Severus caminó dentro de la mansión. Estaba vuelta un desastre. Escombros por todas partes y lugares donde las llamas, alcanzaban el tejado. Se cubrió el rostro con la manga de su túnica, lo mejor que pudo. — ¿Narcisa? Estaba en el suelo del salón. Su pie estaba atrapado en un enorme mueble. Podía estar fracturado. Trató de apartar el sofá, con su varita. Con sus manos. Su pierna sangraba. Tenía una fea herida en su muslo derecho. No podía caminar. Ni apoyarse. Pasó una mano por su hombro y caminó a rastras, con ella. Al salir, Draco parecía no caber en sí del enojo. Habían prometido que tendrían paz, pero era todo lo contrario. — Gracias, Severus....— suspiró Narcisa, tosiendo ante la cantidad de humo que había inhalado. — Tenemos que irnos, cuanto antes. Podrían volver. — ¿¡Qué está pasando papá!? ¿Dónde está mamá? — Ella está a salvo. Con la señora Potter y el resto. Narcisa suspiró, bajo los brazos de su hijo. No podía caminar. Recordaba que tenía que curarse antes. — No puedo caminar, Severus. Y si mis huesos están rotos...aparecerme... Severus bajó la vista hacia la hermana menor de Scorpius. Temblaba y empalidecía a cada segundo. Se inclinó un poco para tomar su quijada con una de sus manos. Ella era considerablemente más baja que él.  Era una adolescente aún. — Está poco consciente de lo que pasa. No tenemos opción, Narcisa. Tendremos que aparecernos. Dudo que hayan inconvenientes con tu herida. No creo que dejes tu pierna en otro lugar. Draco sostuvo la mano de su madre, mientras Scorpius sostenía la mano de su cansada hermana. No había dicho nada desde que había aparecido. Severus mencionó el lugar tres veces, en voz alta y clara. Pronto desaparecieron. Esperando que no faltase nada por recaudar. Aún teniendo que asistir a Potter con sus dos hijos y sus respectivas parejas. Estaba seguro de que Ron estaba bien. Y al igual que Luna. Aparecer en la madriguera, fue una experiencia ligeramente escabrosa. Narcisa resbaló ante el dolor de aparecer. De perder masa y reagruparse en otro lugar, con una pierna herida. La pequeña hermana de Scorpius, perdió fuerzas de igual forma. Albus ya estaba allí. Y Hermione no encontraba forma de agradecer su ayuda. — Oh profesor...qué ¡bueno que están todos bien! ¿Hay heridos? — Draco. Narcisa. Sus hijos están bien, Hermione. No importaba cómo la llamara. Alzó la mirada, pensando en su propia esposa. Hermione le leyó la mente, como si hubiese estado mirando dentro de sus ojos. — Está despierta. No ha mejorado mucho. Pero está más consciente. Lilyan está con ella. Severus está con Ginny. — Yo... Pero no había tiempo. Debía reunirse con Potter. Se lo había prometido a Lily. Que salvaría a sus hermanos, sin importar su condición. Aunque ansiase subir las escaleras a trote, detenerse a su lado y besarla como nunca antes había intentado hacerlo. No podía perderla. No podía perder a Lily, dos veces en su vida.