Mi pequeño Severus II — capítulo 5
Verdades que reaparecenSeverus apareció en la casa de los Potters. O al menos en la casa de James Sirius Potter. Rose era su esposa y tenían dos pequeños hijos. Catherine de dos años y Remus de cuatro años. Lo habían nombrado en honor de Remus Lupin, ya que había nacido el mismo día de su muerte. En la misma fecha. Miró a su alrededor y la calma no le traía buenas noticias. Bajó la vista mientras estaba detenido en medio del salón y con suspiro, observó un pequeño zapato bajo el sofá. Se inclinó para tomarlo y se percató de que era más duro de lo que creía. ¿Por qué cuando lo tocaba parecía...? ¡Piel! Se arrodilló rápidamente y colocó sus manos bajo el sofá para moverlo. Debajo de este, estaba la pequeña niña de dos años. Parecía estar inconsciente a causa del humo y el fuego dentro de aquella casa. ¿Quién podría haberle olvidado? A no ser que... No...sus padres no podían estar muertos. ¿O sí? La sostuvo entre sus brazos, mientras cubría su cabeza con una de las largas mangas de su túnica. Ella parecía estar ahogada y respiraba lentamente. Caminó lo más aprisa que pudo, buscando algún lugar con aire fresco, que pudiera alimentar a sus pulmones y así, al menos, devolverle los latidos a su moribundo corazón. Mientras andaba, parecía no haber nadie más en aquella casa. Terminó en el patio trasero, mientras limpiaba su rostro lleno de polvo y de cenizas, y soplaba en su rostro para intentar reanimarla. Brindarle un poco de aire. Era solo una niña y Lilyan había pasado por la misma etapa. Simplemente no podía... La escuchó gimotear y sintió que movía la cabeza entre sus brazos. Bien, viva estaba, pero y su familia ¿dónde estaba más bien? Mientras pensaba en ello, un enorme rayo verdusco brillante, cruzó el cielo y pensó que lo mejor era desaparecer. Esperaba que el otro hijo de la familia no estuviera dentro. Desapareció en poco tiempo y se reagrupó en la madriguera, apartando los cojines del sofá y colocando a la pequeña sobre este. Colocó un cojín bajo su cabeza y otro bajo sus pies, para que los mantuviera en alto. La contempló mientras podía ver sus pequeños ojos color caramelo, bajo enormes manchas negras de ceniza y otros detalles. Con su varita, se dedicó a limpiar sus manos y su rostro. Aunque ella parecía aprehensiva ante las varitas. — Solo estoy limpiándote...espera un momento— dijo, ante su batalla que no podría ganar a su edad. Al terminar, ella se había quedado quieta. Lo miraba con mucho detalle y respiraba agitadamente a causa del susto. Pensaba decir algo, pero la puerta se había abierto de par en par y alguien había gemido. No tuvo tiempo de observar. Una mota de cabellos rojizos, corrió hasta el sofá y levantó a la pequeña niña sobre este. — Catherine...¡Oh my Catherine! ¡Oh...no sabía qué habían hecho de ti...dónde te habían llevado!— gruesas lágrimas brotaban del rostro pálido de Rosie, mientras su hija parecía reconocerla y se aferraba a sus hombros, como si tratara de escalarla.— lo sé mi amor, ha sido terrible. Pero el profesor Snape te ha salvado. ¡Oh qué maravilla! En verdad, no tengo cómo pagárselo profesor Snape. ¡Oh, mi bebita! — ¿Dónde está James y el resto? — Está con su padre en San Mungo. Resultó herido. Yo regresé porque...¡había perdido a mi pequeña y...si algo le sucediera, moriría! — ¿Albus...? — Se refiere a mi cuñado ¿cierto? Están bien. Está con su hermano y sus hijos. Charlotte de igual forma. Snape asintió con un suspiro. Pensaba hablar, pero la pequeña había soltado una especie de gimoteo y lo miraba atentamente. — Ma..i — Sí. Mami está bien. Todos estamos bien. Frunció el ceño. Estaba bien, él sí. Pero...¿cómo podría estar Lily? Subió las escaleras a trote. Lilyan estaba dormida arrodillada en el suelo, con su cabeza sobre la cama y Tobías hacía lo mismo, mirándola detenidamente. Un día comenzaría a creer que ese animal era un animago. No solo un perro cualquiera. El bebé parecía dormir en una cuna y todo se veía tan pacífico que podía creer que no se trataba de una guerra, sino de un día cualquiera. Caminó hasta detenerse junto a Lilyan y levantarla del suelo. Observó que el sabueso parecía animado de verlo. Se llevó un dedo a los labios, pidiéndole silencio. El can movió la cola en el suelo y se mantuvo quieto, mientras él tendía a su hija sobre la cama. A un lado de Lily. Se sentó cuidadosamente en la cama y contempló a Lily, en silencio. Estiró una de sus manos y sin muchos movimientos, acarició su cabello. Todo lo que amaba, terminaba destruido por su obra. Verdades que reaparecían. Mientras meditaba se había dado cuenta de que Lily comenzaba a abrir sus ojos, intentó retirar su mano de forma rápida, pero ella ya lo había visto. Sonrió y él hizo lo mismo. — Estás sano y salvo. Qué bueno mi amor. — ¿Cómo te sientes, Lily? — Mejor, mucho mejor y...Tobías, deja de lamer mi mano. Llevas largo rato en eso. El can movió la cola en el suelo, de forma ruidosa. Lily Luna volvió a ladear su rostro hacia Snape. — ¿Y...? — Solo James parece estar herido. Aunque nada de gravedad he escuchado. De resto, todos están por regresar. Todo está bien, Lily. Debes recuperarte. Lily sonrió y ladeó la cabeza. Su hija estaba dormida a un lado y Severus parecía hacer lo mismo, en la cuna. — Sí, todo está bien. Tú estás bien, nadie está muerto y mis hijos están juntos. Tobías igual. — Bueno. Catherine Potter casi no vive para contarlo, pero pude encontrarla a tiempo. Todos estamos bien. Lily sonrió suavemente y contempló a su esposo, fijamente. En realidad, ¿cuánto les podía durar esa estabilidad? ¿Cuánto tiempo pasaría, antes de que alguien intentara deshacerse de su esposo? Trataba de no pensarlo. — Te amo tanto, Severus. Tanto como cuando era una niña y me parecías el niño más guapo que jamás había visto. Severus no contestó, mientras Lily se sentaba trabajosamente en la cama y suspiraba melancólica. — Y tú te terminaste enamorando de una fea niña, enferma del corazón. Severus sonrió inclinándose cuidadosamente, hasta estar al palmo de su esposa. Lily lo contempló, mientras posaba una mano sobre su rostro y lo acariciaba suavemente. — Eres la gota de agua de tu abuela Lily Evans. Si ella me pareció la mujer más hermosa que jamás vi en todo el mundo...¿por qué tú ibas a ser distinta? Tú eres la mujer más hermosa del mundo y el universo. — No digas cursilerías, que sabes que no te sientan,— susurró la joven mujer, mientras Severus literalmente, le "arrancaba" un beso. Era imposible decirse: "dos minutos de besarla". Prefería toda la eternidad para ello. Y esperaba tenerla toda su vida. — ¡Papá!— Lilyan había chillado y ambos habían girado el rostro para observarla. No podía contener la emoción y se arrojó rápidamente a sus brazos. — Fuiste muy valiente, Lilyan. Has cuidado bien de tu madre y de tu hermano. Y de Tobías, claro. El perro alzó la vista desde el suelo y una de sus orejas. Los miró y luego, volvió a cerrar los ojos. Parecía roncar. Era un animal mañoso. — ¿Están todos vivos, papá? — Sí. Absolutamente todos y además... Pero antes de hablar, la puerta se abría. Se trataba de Albus Dumbledore. Su rostro de seriedad, parecía que significaba problemas. Severus bajó la vista hacia Lilyan y luego, miró a Lily que asentía. — Ve. Estaremos bien.