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Un bebé detiene la guerra — capítulo 10

Severus miraba a Eileen mientras hacía un típico y acostumbrado trabajo de jardinería en su viejo patio. Estaba decidida a que cuando su pequeño nieto o nieta, naciera, correría alrededor de aquel campo. Pero no estaba seguro él, de que siquiera pudiera ser posible. — Y te dijo todo eso. Además de usar el viejo truco de te doy un premio para que hagas algo que no te gusta hacer. Como abrirte, por ejemplo— dijo, mientras sostenía un enorme florero. Severus se encogió de hombros, mientras empujaba la puerta para que ella pudiera pasar.— Severus, las cosas no son tan malas como tu cabeza quiere proyectarte. Tienes que tener paciencia. Ya sé que estás bajo mucha presión, amenazas. Sé que si Quien tú Sabes se enterara de lo que estás por hacer, de seguro no lo tomaría muy bien. Y sin embargo, tienes que verle el lado bonito a todo lo que te pasa. Estás con la mujer que amas.  Pero ¿por cuánto? ¿Ese tipo de cosas tenían sentido buenas? — Estoy creyendo que lo dice por compromiso. ¿Qué va a quedar luego de que todo acabe? — El amor, Severus. ¿Crees que vas y solo te acuestas con una mujer? Habrán muchos que sienten eso. Pero la vi a los ojos y sé que ella no es de ese tipo. Que ella es una mujer que no sería capaz de jugar con los sentimientos de alguien. Mucho menos con los tuyos. Está confundida, está algo temerosa. Todas las mujeres que empezamos algo, tenemos ese mismo miedo. Por eso somos más "sensibles" que ustedes. Nos da miedo pensar qué creerá el hombre en cuanto despierte en la cama al día siguiente. Si seguirá creyendo en lo que "creía" el día anterior. Si seguirá amándonos en cuanto despierte. ¿Crees que solo tú tienes diatribas? Snape se quedó quieto, mientras su madre colocaba el florero sobre la mesa y Caminaba hacia su hijo, limpiándose las manos. Acarició su largo y grasoso cabello. Lo miró, apartándolo de su rostro para mirarlo mejor. — Hijo, tienes que hacer algo con tu aspecto. Ese estilo es tan viejo ya. — Ya pensaré en eso. Ya pensaré en todas esas cosas. Iba a regresar tarde, por lo que veía. Su madre ya había preparado el almuerzo y en realidad; ya estaba pensando en la calidad del tiempo que pasaba con Hermione. No mucho en realidad. Necesitaba entonces, mejorar su comunicación. Irse. Si su madre tenía razón, entonces tenía que abrirse más. No tenía ni idea de cómo hacer algo de ese estilo. Negó con la cabeza, cuando su madre colocaba los platos sobre la mesa. — No. Tengo que irme. Eileen se cruzó de brazos y Severus suspiró pesadamente. Puso los ojos en blanco y su madre se inclinó de puntas para sostener su rostro con sus dos manos. — Deja de pelear contigo mismo y comienza a disfrutar lo que te han puesto casi, aunque suene terrible, en bandeja de oro. Por favor. Y cuídate. Pero por sobretodo, cuida mucho de ella. ¿De acuerdo? Besó su frente con suavidad y sonrió, apartando el cabello de su rostro. — Y has algo con tu cabello. Por amor a Merlín. No contestó y desapareció tan pronto como pudo. Apenas se materializaron sus pies y tocaron el suelo, corrió escaleras arriba. El almuerzo al menos ya estaba preparado y esperaba almorzar con ella. Se detuvo en la puerta de su habitación, para respirar e iba a decir algo, pero observó dentro. Hermione estaba dormida y sobre un pequeño banco, reposaba un plato vacío. A muchas cosas llegaba tarde. Sonrió sarcásticamente. Escucharía luego como ella confesaba que no importaba. Que todo estaba bien. Caminó dentro de la habitación, hasta acercarse a la cama. La miró mientras ella dormía tan pacíficamente, que parecía que no respiraba. Se aseguró de cubrir bien su cuerpo con las cobijas y de apartar los pocos y alborotados cabellos que podrían incomodar su sueño. La contempló por unos minutos. ¿Qué habría sido de su vida, si Lily se hubiese parecido a ella en lo más mínimo? Hasta en el mínimo detalle. Caminó hasta su propia habitación y se dejó caer en la cama. Exhausto. Haber aparecido de aquella forma, le había quitado el apetito. Sentía que su estómago aún se estaba reagrupando en pequeños trozos. Cerró los ojos y se quedó en silencio. Ya no platicaría consigo mismo o su madre tendría razón. Enloquecería. Trató de dormir una buena siesta. Aunque de no ser por un ruido, habría comenzado a intentarlo. Hermione tenía entre sus manos, una almohada. Se frotaba los ojos con una mano y ahogaba un bostezo. Parecía cansada. No entendía su sugestión. — Mi habitación se puso fría de repente y... bueno, al principio usted no estaba aquí. Ahora está pero si quiere que haga como que no está y continúe durmiendo en su cama. Entonces ella también usaba el chiste cuando intentaba decir algo, que le apenaba. Negó con la cabeza y se apartó, haciéndole un lugar en ella. Hermione caminó hasta la cama y colocó la almohada en la posición que le gustaba. La miró recostarse y ahogar un bostezo, dándose la vuelta. Severus la miró por un rato y se dio la vuelta para intentar dormir. — ¿Sabe una cosa?— dijo Hermione al cabo de un rato y Snape hizo un movimiento con la cabeza. Hermione continuó— su madre me envió una carta diciéndome que estaba con ella, así que almorcé antes de quedarme esperándolo. No tengo problema con algo así. Sin embargo me gustaría preguntarle algo. Severus se dio la vuelta y escuchó atentamente. — ¿Por qué recurre a ella para hablar de sus miedos? Gran parte de la hospitalidad la ha puesto usted. ¿Por qué no me permite retribuírselo, ayudándole a enfrentarlos? Se supone que tenemos que pasar por este proceso, juntos. No niego que pienso que habla de mí con ella y en realidad no me incomoda, pero eso es lo que hace la mujer en la relación. Aparte de otras cosas. Apoyar. La miró en silencio, sin decir nada. Aunque a Hermione le pareció que algo brillaba en su rostro. Algo que a través de la luz en la puesta de sol, por la ventana, se podía ver claramente. Se inclinó ligeramente hacia adelante, luego de volverse a mirarlo y con uno de sus dedos, acarició aquello que brillaba en sus ojos. Pero era más que una sola cosa. Lo que caía de sus ojos. — Si de alguna forma, sus sentimientos han sido violados, lamento no tener la fuerza para ayudarlo a superarlo. A repararlo. Lágrimas. Genuinas lágrimas. Los únicos hombres que no lloraban, eran aquellos que no tenían nada en común con él. Hombres malos. Él solo era un hombre que había atravesado las mil vicisitudes. jamás lo había visto, pero no estaba tan lejos de ser como lo imaginaba. — Yo me apoyo en ti y tú en mí— susurró Hermione con una sonrisa. Sentía que las lágrimas también saltarían a sus ojos. Pero tenía que ser fuerte. Tenía que tener paciencia. Severus asintió y y su rostro volvió a ser el mismo. Sus ojos ligeramente irritados, pasaron a verse como siempre. Oscuros, indefinidos. Serios. Poco podías ver a través de ellos. ¿El motivo de sus lágrimas? Aún era incierto. Se dio la vuelta para dormirse y Hermione se quedó quieta, semi sentada en  la cama, mirándolo. Sonrió suavemente y se dejó caer en la cama. Dejó caer un brazo bajo el que Severus mantenía sobre su cuerpo y sostuvo su mano. Descansó su cabeza sobre su hombro. — Dejar que todo acabe con solo cerrar los ojos. hoy, en este día. Dejemos fuera de nuestras mentes, lo que va a suceder mañana.