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Un bebé detiene la guerra — capítulo 11

Severus respiraba pesadamente, mientras Hermione se mantenía quieta y calculadora. — Podríamos hacerlo ahora. Podría resultar. Es decir; podría resultar embarazada. Mientras más nos demoramos, más nos arrepentimos. O eso percibo. — No creo que pudiera arrepentirme. Solo de tener que someter a un niño, a esas crueldades. Hermione no podía estar más de acuerdo con ello. Severus la miró soltarse de sus brazos y caminar hasta la vieja ventana. La cerró con mucho cuidado y corrió las cortinas con suavidad. Él no dijo nada y permaneció sentado en la cama, preguntándose si tenía que hacer algo extraordinario.  — Creo que ambos sabemos cómo sostener relaciones sexuales. Aún tenemos idea de ello. ¿No es cierto? Lo miró asentir y se sentó en la cama. La observó por un rato, preguntándose si era capaz de "deleitar" a una mujer. ¿Viviría con aquel temor, por siempre? Antes de darse una respuesta, se distrajo con sus acciones. Se había sentado de rodillas en la cama y había deslizado una mano hacia su cinturón, liberándolo. De tal forma que su túnica cayera con ligereza y él pudiera verla. Su expresión estaba lejos de ser sorpresiva. Era una expresión de concentración, en cuanto sus ojos se posaron sobre aquella figura. Perfecta ante sus ojos. Lo miraba fijamente, no tenía miedo de sentirse amenazada, de haber violentado su espacio personal. No dijo nada, se debatía entre las palabras de su madre y sus propias creencias, acerca del amor y un estado donde se encontrara emparejado con alguien y "feliz". Su idea de felicidad era muy distinta a la de su madre, pero le ayudaba a obtener sus propias respuestas. Dejaría entonces, de oír las preguntas equivocadas y los consejos equivocados, de su cabeza. Ante su negativa de tocarla, Hermione tomó la decisión de acercarse por su propia cuenta. Se inclinó hacia adelante, solo un poco. Solo para tomar su mano, mientras él permanecía sentado en una orilla de la cama. La posó sobre su pecho descubierto, entre uno de sus senos. Pudo sentir que su piel era tan suave, como lo eran sus sentimientos. No le sorprendía. Se quedó quieto, mientras ella guiaba su mano a través de su piel. — Señor Snape, profesor. Severus o como quiera que lo relacione de ahora en adelante. ¿Me haría el amor? Nunca sospechó, imaginó de hecho, que una mujer terminaría pidiéndole algo así. Normalmente las mujeres no se lo pedían. O más bien, normalmente no tenía sexo con ellas. Se acercó al centro de la cama y se inclinó sobre ella, suavemente. No quería usar su peso para que jugara en contra. Rompió el silencio, con un beso. Podía buscar inspiración para ello, pero no lo necesitaba. Amaba a la mujer que tenía entre sus brazos, prácticamente desnuda. Y se consideraba afortunado de cierta forma. Egoísta. Su beso no perdió el tiempo, para tornarse fogoso. Como si aquello lo hubiese estado esperando desde el inicio del tiempo y el espacio. Y además, Hermione, no había mostrado signos de sentirse "violada" de alguna forma. De sentirse mal por lo que ocurría. Más bien parecía corresponder a sus labios. Era una sensación placentera que recorría su garganta y formaba un pequeño bulto en ella. Algo que le causaba escozor, algo que literalmente había sentado el "fuego", dentro de su interior. Una llama rojiza que se tornaba intensa, creciendo entre las paredes de su estómago. Deslizó sus labios alrededor de su cuello y de regreso. Alrededor de su mundo y de regreso. Quería más que caminar sobre ella, más que hablar. Más que mirar el mundo a través de sus ojos. Necesitaba aprender a sentir, lo que sus manos jamás le habían enseñado. A una mujer. Hermione acarició los cabellos de su nuca, mientras Severus encontraba nuevas formas de explorarla. Algo en su interior despertaba inevitablemente y su garganta era un raudal de emociones indescriptibles. Gemir, hablar, suspirar. No podía hacer dichas cosas, a la vez. Hermione literalmente se "deshacía" entre sus brazos. No oponía resistencia a la sensación de que hacía el amor con un "desconocido". En términos claros, ambos no se conocían lo suficiente. Regresó de su pecho, dejó de depositar delicados besos sobre ellos y la observó. Ella acariciaba su cabello, con una mano y guardaba silencio. — Siento que me encuentro con un total desconocido, como si mi madre hubiese hecho una cita a ciegas, en mis tiempos adolescentes— susurró y una delgada sonrisa se conformó en los finos labios de Snape. Antes de que hablara, ella continuó— No me pregunte el por qué de todo eso. Mamá quizá creyó que yo estaba muy enamorada de los libros y que ningún noble caballero, lograría sacarme de aquella torre en la que vivía enclaustrada. — continuó acariciando su cabello, con sutileza— pero estoy ahora, justo en la cúspide de mi vida, diciéndolo de una forma justa con todo esto que está por suceder y estoy haciendo el amor con mi ex profesor de pociones. Severus se inclinó para besar sus labios, apenas suavemente. Un roce que dijo miles de cosas. — Imagine entonces, mi sorpresa, que no tuve nada y justo en este preciso momento de mi vida, estoy en la cama con una mujer que habla durante el sexo, sobre su vida. Y es una ex estudiante. ¡Mucho mayor es mi estupefacción! — Sexo no. Hacer el amor. El sexo es para cualquiera. — Tiene mi punto.— dijo y ella sonrió suavemente. — Este es un buen momento para discutir muchas cosas. Señor. Utilizamos poción multijugos, muchas veces. Yo las preparaba. Yo robé ingredientes de su despacho. No fue Harry, ni fue Ronald. Era yo quien hacía los planes y ellos, quienes hacían la parte práctica. Siempre fue mía, la logística. Aunque muchas veces, seguí sus ideas. ¿No va a enfadarse por ello, ahora que lo sabe? ¿Cierto? Si aquel momento no fuese tan importante, habría reído ante aquel comentario. Se ahogó, quiso reír y en el mismo momento, hablar. — Siempre supuse que usted era el cerebro. Pero me temo que lo he descubierto muy tarde y que usted ha sido sincera, muy tarde. Me habría encantado atraparlos. — Sé que sí. Pero al menos le hace sentir la satisfacción de que no estaba equivocado y que éramos tan malos como nos pintaba. Por una causa buena, quizá todo eso se ve mal igual. — La metieron muchas veces en problemas, señorita Granger. Y estuvo a punto de morir, otras tantas. — Nunca sabes a dónde la vida te va a llevar y luego, a dejar caer. Por ejemplo, hoy, en este momento, estamos dentro de una cama y preguntándonos si nos vamos a vestir, a tomar un café y a hablar de nuestro pasado. Sonrió ante la ironía de aquel comentario tan fuera de lugar. Ella había entablado la conversación primero. Negó con la cabeza. Regla número uno: Darle la razón a las mujeres. Estiró una de sus manos hasta encontrar una de las manos de Hermione y la unió a la suya, fuertemente. Bajó la vista, mientras Hermione se encargaba de sus prendas de vestir. Se separó de ella a último minuto, para dejar caer la camisa en el suelo y regresó a su posición original. La otra mano de Hermione, terminó sobre su espalda. Muy cerca de donde aquella terminología; perdía su valor. — No quiero sonar impertinente, ni mucho menos prosaico. Pero, ¿se encuentra lista? — Hace un par de días que siento estarlo, profesor Snape. Pudo haberle preguntado, pero sentía que eso lo sometería a otra duda existencialmente estúpida. Tomó sus piernas y las dejó reposar a cada lado de sí. Hermione sintió el ligero roce de sus uñas y tembló ligeramente. Su cuerpo entró en un estado casi "comatoso". Reconociendo y adaptándose a las nuevas sensaciones que comenzaban a bullir desde su interior. Aquella llama que Snape había estado sintiendo, pronto tuvo un repunte. En cuanto tocó aquellas delgadas paredes femeninas. Aún sin haberse unido, sin haberse acoplado a ella. Aquel gemido suave que escuchó, bastó para que el límite entre su cordura y su instinto salvaje, seudo animal, terminaran de colisionar. Su corazón gritó de emoción, en cuanto como piezas, se encontraron nuevamente. Hermione dejó caer su cabeza hacia atrás, mientras su nombre reposaba sobre sus labios. Severus hurgó entre las sábanas, por su mano. Al encontrarla, la tomó y lentamente se echó hacia adelante. Dándole la oportunidad de acoplarse, de sentir mientras no se movía. Estaban unidos perfectamente. Como una bailarina y su entrenador. Una figura de porcelana, sostenida por una mano. Quebrarla sería dañar una hermosa obra. Se movió lentamente. Movimiento que asemejaba un suave vaivén del mar reposado. Sentía que su "yo" egocéntrico, reventaría. Tomaría posesión de sí. Quería tenerla, quería explotar todos sus sentidos con ella. Pero un grado de autocontrol, por ser la primera vez. Sostuvo fuertemente su mano, sobre la cama, mientras la otra trataba de mantenerlo en aquella postura. La otra mano de Hermione, continuaba sobre su espalda y de un momento a otro, sus uñas se enterraban en ella. Cuando sentía que Snape, aumentaba su ritmo y luego relajaba sus movimientos. Gimoteó suavemente, ante el sentir de aquel fuego bruto en su interior. La llama roja, enorme, había cambiado de aspecto rápidamente. Sentía que se lo transmitía a ella, en cada pequeño centímetro de piel, que alcanzaba a tocar. Soltó su mano violentamente, buscando sostenerla con su otro brazo. La alzó de la cama y la sostuvo sobre sus muslos. Permaneció arrodillado, besando su cuello. Perdido entre su pecho, mientras continuaba con su danza. Pronto sus sentidos dejaron de funcionar.  Hermione sintió lo mismo. Alzó una mano y acarició su rostro con ella. Severus besó cada dedo, de la forma más delicada que pudo.  Minutos que parecían horas interminables. Horas de charlar sin hablar. Su piel despedía un dulce aroma, que entumecía su respiración. Era una mujer, hermosa. — Hermione... — el nudo en su garganta se liberó por completo, dejando al desnudo, su gran verdad. Exhaló rápidamente y contuvo el aire nuevamente. Ella estaba allí, afianzada y con la vista fija sobre sus ojos. Ni la mejor botella de whisky de fuego, podría mejorar aquella imagen.  Entonces, todo había acabado con un placentero burbujeo en su estómago. Aquella llama, se detuvo. Los sentidos de Hermione despertaron de pronto y una calidez le dio una sensación de llenura. Resbaló en la cama y él; a su lado. La rodeó con sus brazos, mientras trataba de recuperar el aliento. Ya no necesitaba el autocontrol. Ya no sabía cómo obtenerlo. — ¿Cree que con esta intensidad...podría terminar embarazada?— escuchó y respiró para oírse a sí mismo, su voz. Su vieja voz, inanimada y sin emociones. — Es probable... — Que bueno. No quisiera dormir y despertar preguntándome que siente la otra persona que duerme a mi lado, por mí. Si será lo mismo. Concebir así, sería un acto muy difícil. Estaba seguro que sus sentimientos no cambiarían; de la noche a la mañana.