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Un bebé detiene la guerra — capítulo 15

Severus regresó a su habitación, solo. No pretendía que Hermione lo siguiera ni mucho menos; pretendía perdonar lo que acababa de suceder. Por alguna razón negativa, sentía ira por lo que Hermione había dicho. Inspiró apenas ligeramente y cerró los ojos, abrazando la almohada con sus manos, con mucha fuerza. ¿Cómo osaba decir algo así? ¿Acaso no lo conocía? No, no lo conocía. Pero creía que ya estaba viendo la clase de hombre que era. Se quedó dormido, apretando los dientes. Quejándose en pensamientos. Pero claro que tenía derecho a quejarse. Claro que no era un asesino. Supuso que eso había que explicárselo. A media noche, se había dado la vuelta en la cama. Trataba de no pensar, pero su mente socavaba a sus sentimientos más profundos. Algo en ese momento, había comenzado irremediablemente mal. Parecía no dar vuelta atrás. Pero al momento de dar él su vuelta hacia el otro lado, se encontró con el cuerpo de Hermione. ¿Soñaba? Suspiró, sacando una mano de las cobijas y lentamente acercándola hasta su rostro. Sí, ella era real y estaba allí. Al momento de contacto, ella abrió sus ojos y sonrió. Parecía apenada, respiraba pesadamente. — Lo siento... — No quiero su compasión. — No la tiene. Es solo que desearía que todo lo que vivió fuese diferente. Aún así, no puedo cambiar su pasado, sin pensar en lo triste que sería el futuro, sin muchas cosas. Severus parpadeó, no comprendió el punto. Hermione no esperó para explicárselo detalladamente. Se acercó lentamente, hasta reducir la distancia entre ellos y sonrió dulcemente. — Sino...no tendría al profesor y al Severus Snape, que tengo ahora. Hermione colocó sus brazos sobre su cadera, de la mejor forma que podía abrazarlo. Severus se quedó quieto, como si fuese un hombre herido y no pudiera mover ni una sola extremidad. Quieto, rígido. Tieso. Hermione no desistió de su idea. De abrazarlo. Muy pronto, sintió que su cabeza se apoyaba en su pecho y sus brazos se cerraban fuertemente a su alrededor. — Hermione, nunca quise... — Ya sé, Severus— sonrió ella, acariciándole el cabello con dulzura.— no puedo juzgarte. Lamento tanto si esa fue mi intención. Debí haber escuchado a tu madre. "Los sentimientos sin importar cuanto queramos cerrarnos ante el mundo, siempre seguirán reflejándose a través de nuestros ojos" Y en ti lo he visto. No dijo nada. Apesar se que eso le daba muchas ideas diferentes. Inspiró suavemente sobre su pecho y ella pudo sentir el aire cálido, rozarla. — Hermione... ¿me amas? Eventualmente; llegaría una pregunta como esa. Flexionó los dedos, que mantenía sobre su cabeza y Snape, esperaba pacietemente. Fuera cual fuera su respuesta. Lo iba a entender. — Sí.  Se levantó, apoyándose con sus brazos y la miró fijamente. ¿Soñaba? ¿Ella bromeaba al respecto? — No. Tiene que estar... — ¿Mintiendo, señor? ¿Y me encontraría aquí acostada, esperando a que perdone lo que acabé de hacer antes? Se inclinó para besarla. Algo disimulado, nada exagerado. — Creí por un momento, que para personas como yo, el amor estaba prohibido. — Acaba de encontrar la excepción a la regla.— Le dijo, mientras colocaba sus brazos alrededor de su cuello y le sonreía. La noche más calma que jamás había tenido.  "Arrullado" por el sonido del viento y abrazando su cuerpo en aquella cama. Evidentemente terminaría despertando, terminaría preguntándose si para el amanecer, las cosas serían igual. — Lo siento... su madre, ella fue tan buena conmigo— dijo Hermione, a mitad de la noche. A punto de amanecer. — Ella tiene ese efecto, normalmente, en los demás. — No tengo nada qué perdonar. Supongo que todos cometemos juicios a priori, cuando no conocemos lo que estamos tratando. Hermione se llevó un dedo a los labios sin hablar, los acarició disimuladamente y Snape no pudo hacer mucho más, que desearse allí. — Amanecerá tan pronto, que siento no he dormido nada.— dijo ella y Snape estiró las cobijas sobre ellos, de forma tal que todo quedase perfectamente cubierto.— Mucho pensar y poco tiempo para cerrar los ojos. — Será mejor entonces, que comiences a dormir. Severus se sentó en la cama y ladeó la cabeza hacia la ventana. El sol pronto entraba en la habitación. Brillante. Parecía que ese día iba a resultar distinto. Respiró lentamente y sonrió a medias. Hermione estaba por preguntar qué le hacía tanta gracia. Se levantó y se detuvo junto a la puerta. — Creo que me toca el desayuno. Pues sí, le tocaba prepararlo. Hermione asintió, acomodándose en la cama y tratando de hacer memoria de cómo sus sentimientos habían cambiado tanto. Era Snape. Era esa su mejor respuesta.  La única.