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Un bebé detiene la guerra — capítulo 16
Severus regresó a la habitación, cuando ya Hermione estaba de pie. Se miraba en un viejo tocador y frunció el ceño al mirarse el rostro en él. Severus caminó hasta detenerse tras ella y pareció dudar si rodearla con sus brazos o si simplemente, quedarse allí y preguntarle qué estaba haciendo. Optó por lo primero. La rodeó con sus brazos y miró a través del espejo, su reflejo. Hermione continuó mirándose allí, aunque ahora veía el rostro de su profesor, junto al de ella. — Severus, creo que mi rostro está muy pálido. Dime; ¿tu qué ves? Snape respiró lentamente y sonrió con ironía. Hermione se cruzó de brazos y el profesor, negó lentamente con la cabeza. — Yo no veo ninguna diferencia apreciable. Excepto a una hermosa mujer, que se mira en mi espejo. Imagen que debería traspasarlo y llegar hasta mí. — Es mi reflejo. Hace ya entonces, mucho, que estoy aquí. — Tienes razón. Hermione meditó. ¿Podía ser ese amor, tan perfecto? ¿Podía ser él, el esposo perfecto? Lo había dicho. Lo amaba, sí. Pero no podía decir que deseaba estar casada por siempre. O tal vez, al final de toda esa misión, lo iba a descubrir. No dudaba de que luego de que todo acabara, ambos descubriría lo importante de sus vidas. Si era estar juntos o no. — El desayuno está en la mesa. Mujer del espejo. Hermione se dio la vuelta y se encontró atrapada entre sus brazos y su larga, y gruesa, túnica negra. Parecía un enorme animal negro. Suspiró y asintió lentamente. Severus la liberó y por unos minutos, parecía haberse arrepentido. Hermione se dio la vuelta y caminó hacia la puerta, pero sus pasos no la acompañaban. — ¿Sucede algo, Severus?— preguntó y Snape se mantuvo en su lugar, meditando con cautela. — Lo estuve pensando con detenimiento. Mientras dormía, anoche. Ella le animó a proseguir. — Si terminas embarazada, no quiero que entregues al bebé. Hermione negó con la cabeza y Snape pareció decidido. ¿Estaba hablando enserio? ¿Querría él, cuidar de un bebé? — Sé que no querrás separarte de él, perderlo. Quizá, si convenzo al señor tenebroso de que... Pero no había idea posible para algo así. Hermione se mantuvo en la puerta, mientras pensaba en una forma inteligente de darle rienda suelta a la idea de Snape y no arruinar una perfecta "paz". Sí iba a terminar odiando, entregar al bebé. En eso estaba clara. Sin embargo, no podía arruinar el futuro de muchos, solo por su capricho. O trataba de ser una persona madura en eso. — No sería capaz de hacer lo mismo que sufrió mi madre. Sonará cursi si se lo comento así, pero a ella le arrancaron a su "hijo", de sus manos. Supongo que no querré descubrir; cómo se siente. Cómo se vive. Tenía un buen punto. Y ya Hermione sentía; que sería ella quien no podría comer. Pensando en eso. Precisamente. — No importa si tu hijo es mi hijo. Sé que de igual forma, lo querrás. Y no pienso arrebatártelo. ¿Tan fuertes convicciones, podrían subsistir contra la magia? Los habladores, eran los primeros en morir. Desechó esa idea en cuanto la puso nerviosa. En ese momento no podía decir que no quería formar una familia con él. Pero tampoco podía decir que iba a casarse, ser muy feliz y encontrar todo lo que una vez había estado buscando, con Snape. Todo podía salir mal, en un futuro. Y bueno, lo mejor era no adelantarse a los hechos. No predisponer a su corazón; a ser feliz. — Pero eso solo podría traerte problemas. Es ilógico, a estas alturas...que terminemos, muriendo a causa de un bebé que. — ¿Cómo puedes decir algo así?— escuchó y ella misma se lo preguntó— Entonces, el único asesino no puedo ser yo. Sintió que eso había sido un ataque bastante personal. Asintió suavemente y suspirando, salió de la habitación. — No se trata de asesinar. Se trata de salvar lo que aún nos queda. — Eso ya sería cobardía. Hermione negó con la cabeza y antes de salir, Severus pudo ver sus ojos bajo el reflejo de la luz del sol. Lágrimas. — No soy cobarde. Se tragó sus palabras, cuando recordó que el hombre era él. Ella era la que debía tomar la decisión más grande. Su madre se lo había advertido. Tratar la situación tacto. Esperar al momento adecuado, para hablar. No, lanzarse de buenas a primeras. Se detuvo justo al pie de la escalera, donde ella estaba apoyada y la miró. ¿Qué habría hecho él, en su lugar? Esperar un abrazo. Hermione apoyó sus manos y su cabeza, sobre su hombro, mientras trataba de no pensar. No sería capaz de escuchar una más de sus lágrimas. — Lo comprendo. Lo siento. Severus acarició su cuello con dos de sus dedos. Por largos minutos. — El desayuno se enfría— dijo ella, de forma que pudiera zanjar la conversación. Snape sonrió suavemente. — Ya debe estar incomible. Pero eso no importa mucho. Siempre puedo hacer otro. O puedes hacer otro, si lo prefieres así. — Oh no. Tenía tantos deseos de probar sus habilidades culinarias una vez más. Aquella cena al llegar, no estaba tan mal. Hermione bajó la escaleras y antes de perderse de vista, ladeó la cabeza hacia Snape. — Si nos quedamos con el bebé. ¿Podríamos huir hasta jamás ser encontrados? — Si debiera arrancarme la piel, para deshacerme de la marca tenebrosa... encontraría una forma. Entonces Snape estaba decidido a no fallar con su plan. Sin importar el costo. Solo faltaba que ella se decidiera. Complicado. Pero no imposible. Nada era imposible. Chicas y chicos. Voldemort sí existe, al igual que el resto. Aparecerán ya para el siguiente y...bueno, entiendan a Hermione. Si ustedes amaran a un tipo envuelto en este tipo de conflictos, también se detendrían a pensar: ¿Seré feliz? ¿Me arriesgo? Eso es todo. Gracias por pasarse. Saludos y besos. Los quiero mucho.