Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Un bebé detiene la guerra · de

Un bebé detiene la guerra — capítulo 17

Editados el anterior y el anterior a ese. Saludos. (el anterior contiene una nota al final)

Esa noche, se quedó sola. Nuevamente. Podría estar en casa de su madre. Eso no importaba. No tanto así. — Albus, ya lo decidimos— comentó Snape, mientras acariciaba el viejo escritorio de aquella dirección, con dos de sus dedos. El director le animó a continuar. ¿Qué tan malo podía resultar? Además, si estaba dispuesto a sacrificarse, por amarla, entonces el resto también se sacrificaría. O esperaba. — No entregaremos al bebé. Una vez que nazca, se quedará con su madre.  Albus parpadeó e iba a preguntar cómo había llegado a semejante conclusión, pero era muy obvio. Sonrió y asintió. — Entonces, me gustaría que te entrevistaras con tus futuros "guardaespaldas". Aurores todos y cada uno de ellos. Severus se dio la vuelta con una inspiración profunda. Potter y compañía estaba allí. Ronald Weasley incluso. Aquel viejo amor de Hermione, según sabía. Todos y cada uno, estaban listos para entregar su vida. ¿Por qué ninguno tenía quejas al respecto? — Señor Potter... ¿La vida podía ser tan perfecta que ninguno de sus amigos; era su enemigo? No. No no. Ella lo amaba. Ese era el único tema perfecto. Allí debía estar sucediendo algo. — Profesor Snape. Supongo que ya sabrá, que cada uno de nosotros, es un auror calificado. Ahora. En este preciso momento. Tanto como lo es Hermione. ¿A qué venían esas palabras? — Creo que los dejaré solos— dijo Dumbledore— volveré en unos minutos. — Sí. Lo sé perfectamente, señor Potter. ¿Cuál es su punto? — No importa bajo qué condiciones, Hermione aceptó su propuesta. Nuestro deber es protegerla a toda costa. Protegerlos. Moría por decir: "Porque ella me ama". Moría por restregárselo en la cara y burlarse de su expresión. Pero no. Se mantuvo adusto a la circunstancia.  — ¿Ya ha quedado embarazada?— dijo Ron, pero un silencio incómodo precedió a su pregunta. Snape negó con la cabeza y suspiró, flexionando su brazo izquierdo por inercia. Como lo hacía cuando su marca tenebrosa, comenzaba a doler. — Falta poco tiempo para saberlo. Presumo, dos días a lo sumo. Eso me parece, dado el tiempo que tenemos... Se interrumpió a sí mismo. No se podía explicar. Harry asintió sin preguntar. Para él, tomaba las cosas con mucha calma. Ginny y Luna, de igual forma. ¿A nadie le importaba? ¿Acaso Dumbledore les había pedido que no opinaran? ¿Acaso Hermione no valía lo suficiente, como para preocuparse por ella? Estaba comenzando a darle rienda suelta a su imaginación, cuando Dumbledore regresó con un pedazo de pergamino. En el, había dos líneas. — Le enviaremos esto a Voldemort, Severus. Tu firma en este contrato, donde constatas que tendrás un hijo con Hermione Granger. — Pero no pensaba... — De igual forma, él tiene que saberlo. Antes de que decida arrepentirse. — Sería alta traición. — Los aurores estarán para defenderte. Defenderla. No era un vulgar tonto que no podía defenderse solo. Dumbledore había puesto su mano sobre el pergamino, pero Severus la tomó a último minuto y Albus alzó la mirada con una sonrisa. Conocía ese gesto. Cuando Snape por sobretodas las cosas, conocía cuando podía jugar y cuánto arriesgar, para no perder a sus seres queridos. — Se lo diré yo mismo. Para cuando Hermione despertó, había tenido una horrenda pesadilla. Tenía que ver Snape y torrentes de sangre, que ella no podía restañar con sus manos. Gritaba, pero nadie acudía en su ayuda. Moriría y ella no tenía a quién acudir. Despertó sobresaltada, en el sofá. Quizá había sido aquella lectura pesada. Pero él estaba allí, mirándola desde la mesa en la cocina. La larga mesa junto a la pared. Parecido a un viejo bar. — ¿Está todo bien?— preguntó sin tono específico. Una voz "plana". — Tuve un sueño. Un terrible sueño. — Eso parecía. Te movías mucho. No quise despertarte. Nunca me ha parecido adecuado, despertar a alguien de esa forma. Termina mucho más sobresaltado que antes— comentó, colocando un vaso con agua, entre sus manos.— esto te ayudará. Hermione miró el vaso y negó con la cabeza. No, necesitaba hablar de su sueño. — Moría. Desangrado. — ¿Yo?— bromeó, pero Hermione y su expresión, demostraban seriedad— eso es tan posible, como que Potter reprobara pociones. No me sorprende que... — A mi sí. — le interrumpió Hermione. *A mi...sí.*Severus dejó de hablar y asintió. Hermione no volvió a tomar el vaso con agua y allí se quedó. Hermione no tenía humor para ahogar sus penas con agua. — Severus. Hay algo que debo decirte. Snape asintió suspirando. — Creo que estoy embarazada. Pues, era de esperarse. Bingo. — ¿Lo sentiste? Quiero decir, la molestias características. ¿Hiciste alguna prueba? — Solo lo "sé". Creo que pronto seremos padres. Se lo tenía que esperar. Era bastante predecible. De haber estado en otra situación menos comprometedora, quizá habría dicho algo efusivo. Pero en cambio, se preguntaba cómo lidiaría con cada uno de los problemas que estaban por llegar. Con el bebé, firmaba una sentencia. Y estaba diciéndose a sí mismo, que la situación no podía empeorar. Solo hasta que terminara diciéndoselo él mismo, a su señor. Que terminara contándole la verdad al respecto. Sobre ella. Sobre la traición que acababa de cometer. Quizá solo su madre, sentiría felicidad de oír que esperaba un hijo con Hermione. De resto, comenzaba una guerra para todos. Voldemort no cedería.