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Un bebé detiene la guerra — capítulo 20

Bueno antes de empezar, quisiera agregar que estoy cansada de comentarios así, de ciertas personas. Siempre se ocultan y ni siquiera se registran para que uno se pueda defender. Pero bueno, la cobardía es la mejor arma en algunos casos: " jartada2011-01-31 . chapter 17Este fic es un sin sentido jajaja la verdad es que lo leo al igual que tus otros fics reírme un rato, son tan malos que me entra hasta risa" Fanfiction, deja de quebrarme las bolas que no tengo. Te lo agradeceré. Si sigues jodiendo, no voy a escribir nada más. Punto. Saludos. Las noches sucesivas a esa, Hermione había perdido el gusto por muchas cosas. No cocinaba más, no tenía la fuerza para pararse frente a una tabla llena de vegetales y tratar de fingir que todo estaba bien. Que su vida tenía sentido. Quizá eran las molestias típicas de un embarazo cualquiera, pero nada terminaba motivándola. La cena había corrido un par de veces por cuenta de Snape. Y muchas otras cosas. Terminaba en cama casi siempre, meditando en silencio sepulcral, que no terminaba de convencer a su "pareja". Pero Snape no podía hacer nada para ayudarla. Hermione parecía sumida en un hoyo abismal, del cual no pensaba salir. Comprendía que su relación con Harry Potter, podía estarle afectando. Ninguno se había hablado durante mucho tiempo. Días enteros. Y mucho menos con Ron Weasley. Ginny era la única que parecía tener la cabeza en su lugar. — Es hora de desayunar.— dijo. Pero ella permaneció en cama, sin moverse, acostada en posición fetal. Severus caminó hasta sentarse a un lado y mirar con atención, ante el silencio. Hermione ya casi no hablaba. Ya casi no se comunicaba. Temía que terminara perdiendo la voz entre sus pensamientos.  En cuanto se sentó, ella se levantó de la cama. Se irguió lentamente, como si la mitad de su cuerpo estuviese en estado de parálisis. Permaneció sentada allí, mientras Severus estaba dispuesto a no decir nada. A esperar. — Tengo miedo. Tengo mucho miedo. Estoy muy confundida.  Él estaba confundido de la misma forma. — ¿Qué sucede, Hermione? ¿A qué le temes?— preguntó de la forma más política que pudo adoptar. Hermione tembló de forma inconsciente y Severus tuvo el impulso de abrazarla. De rodearla con sus brazos y brindarle un poco de calor. Pocas veces sentido, algo como eso. — Severus, vamos a morir. Lo sé perfectamente. Lo puedo sentir. Todos estos días he estado soñando con ello. Pero no quisiera...no podría encontrar las palabras para explicar cómo me siento al respecto. Pero él no la estaba oyendo. Estaba mirando a través de sus ojos. Sabía lo que estaba haciendo y no tenía los deseos de detenerlo. Se encontró parado sobre un charco. Podía ver su reflejo sobre él y algo más. Una delgada línea que recorría las paredes y luego, el suelo que pisaba. Se fundía con aquella agua que de pronto, se tornaba de un color rojo escarlata. Y ella estaba allí, al final de una esquina. Sosteniendo algo entre sus brazos y piernas. Estaba completamente revestido de negro y aquellas gotas de líquido rojizo, resbalaban de su cuello hecho pedazos. Trataba de hablar, pero era imposible. Alzaba su temblorosa mano, para acariciar su rostro, mientras ella lloraba y la sostenía contra su mejilla. Rogándole que no la abandonara. Pero solo sonreía y de pronto, su mano resbaló hacia el suelo. Terminó rebotando contra el mismo, un ruido sordo. Sus ojos habían dejado de mirarla. Y él también. Despertó entonces, con el frágil cuerpo de una mujer entre sus brazos, desecha y bañada en lágrimas. Literalmente. Había sentido la desesperación, su desesperación, a flor de piel. — Nada va a ocurrir, nada.— pero se tenía que mentir. De forma inconsciente. Porque de lo contrario, moriría pensando de igual forma que ella. Porque podía sentirse igual, pero para él era ella la que estaba en el suelo y era ella, quién se despedía de él. — No quiero tener este bebé. No quiero concebirlo si eso significaría la muerte de alguno de nosotros. Un tema que se podía dar, claro. ¿Por qué no? Negó con la cabeza y se acomodó en la cama, sentándose frente a ella, tomando sus muñecas, para que prestara atención y no desviara su mirada. — Ya lo tiene. No puede deshacerse de él. — Aún es un feto. Podríamos...podríamos decir que lo perdimos. Que murió...que nuestro. Pero Severus pensaba decir lo mismo. ¿Podía decirle a su señor que su hijo estaba muerto? Era bueno para mentir. Sin embargo, luego de que el niño creciera, que adquiriera responsabilidades, todo podía caerse fácilmente. Como el soplido del viento contra casas de paja. Hermione enmudeció, mientras Snape mantenía sus ojos fijos sobre los suyos.  — Podríamos salvar su vida. — Tener hijos es una bendición que nosotros no podemos darnos el lujo de "sentir".— Hermione continuó con la mirada fija sobre sus ojos. Negros, oscuros, que le recordaban a hileras infinitas en un laberinto.— ser mujer.  — Llevamos la carga pesada, pero eso no significa que no podamos...¡puedo tomar la decisión de perderlo y...! — Shh...no he dicho que no puedan pelear. Que no puedan defenderse. Solo estoy diciendo que es un gran esfuerzo el que haces, con solo sacrificarte. Tener un hijo en estas condiciones tan pobres, con una oportunidad tan pírrica, de poder cambiar el destino. Dicho así, sonaba mucho peor. Pero captó el punto. Entendía el mensaje y no quiso dar una respuesta que la desanimara de peor forma. Solo se quedó allí, rodeándolo con sus brazos. Abrazo; que Snape aceptó de inmediato. Ella lo necesitaba, clamaba por su ayuda. Y aunque se sintiera atado de manos; allí iba a estar.