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Un bebé detiene la guerra — capítulo 19

Se quedó sentado en la cama, mirándola dormir. Sonrió apartando un par de cabellos sueltos, rebeldes, que se escapaban hasta su rostro. De su larga coleta de caballo. Se abrazó a sí mismo, ante el frío glacial que entraba por la ventana. Se levantó a correrla y luego, regresó a la cama, para cobijarla. Tenía que hacerlo. Decírselo tan pronto como pudiera. Sustrajo su varita de su túnica que colgaba junto a la puerta, en un viejo perchero y se arremangó la camisa hasta el codo. Su brazo izquierdo. Lo apuntó con su varita. Tragó con fuerza y ladeó la cabeza hacia Hermione. Desapareció en un santiamén, con una sensación en su piel, que no le apetecía reconocer. Caminó a través de la fría caminería de piedra, que tenía bajo sus pies. El viento helado, congelando sus manos y sus articulaciones, a cada paso. Por fortuna estaba solo. Bellatrix debía estar ocupada matando a alguien. — Mi señor— dijo en voz suave, hincándose a sus pies y sin levantar la vista en ningún momento.— le he traído un mensaje personal. Sabe perfectamente que le debo mi vida y por ende, no tomo ninguna decisión sin compartírsela. Aquel "hombre" de cabeza blanca, piel pálida como cera y ojos rojizos, y vidriosos, caminó hasta detenerse frente a él y con una sonrisa suave, movió su varita haciendo círculos en el aire. Una enorme silla vino a detenerse tras él y allí se dejó caer, mirándolo fijamente. — Levántate y háblame mirándome a la cara, Severus. Sabes perfectamente que te tengo la suficiente estima, como para no tener que oír tu voz en murmullos. Contra el suelo. Snape asintió y lentamente, se levantó del suelo. Posó su vista sobre la varita de Voldemort, mientras meditaba las palabras correctas. Sabía que él podía determinar sus pensamientos, así que trataba de pensar lo menos posible. Pero la imagen de Hermione, seguía flotando en su cabeza. — Se trata de su acuerdo con Dumbledore. Sobre el bebé. — Prosigue, Severus. ¿Qué quiere Albus esta vez? — Me temo que nada.— inspiró y continuó. Tratando de no desperdiciar espacio para defenderse, para replicar si todo salía mal— solo he venido a informarle que dos parejas se han conformado. Un auror y un mortífago. Voldemort torció el gesto y su varita volvió a cortar el aire. Severus sintió su corazón sobresaltado, pero no se movió. No dijo nada. — ¿¡Quién ha sido!? ¿Bellatrix? ¿Dolohov? ¿Amycus? ¿Alecto? Severus negó con la cabeza, casi de forma imperceptible. Voldemort sabía que Lucius no podía ser. Entonces alzó la mirada, que la había posado sobre una de las manos de Snape, donde reposaba la vieja cicatriz, y lo miró fijamente. — Fuiste tú. Severus asintió una vez más. Su rostro había perdido todo el color que podría decirse "una vez tuvo" y bajo la luz de las velas, parecía una larga sábana blanca, con un cubrecama negro encima. Voldemort se levantó de la silla y Snape retrocedió. — ¿Qué tienes que decir en tu defensa, Severus? ¿Acaso violaste a la mujer con quien te acostaste? Sería la única forma quizá, en la que podría perdonarte una osadía como esta. ¿Acaso ella te rogó? ¿Acaso te imploró que la tomaras? Su varita estaba encima de su cabeza y aquel conjuro, ardía como los miles de demonios. Negó varias veces, dejándose caer sobre sus rodillas. El peso ya no lo sostenía y el dolor era insoportable. Retumbaba su pulso en su oído, mientras sus manos trataban de abrazar lo que dolía. Todo. Absolutamente. — Dumbledore...—alcanzó a murmurar. A gemir— ¡él me obligó a tener hijos! Lo sabe, señor. Sabe que él quiere vencerlo...¡tenga piedad, por favor! Jamás se había visto en la necesidad de rogar. Pero por Hermione, podría pedir que su vida quedase en estado vegetativo, solo para que ella no lo perdiera. Para que pudiera abrazarlo. — ¿¡Piedad!? Piedad. ¡Si me conocieras como "crees" que me conoces, sabrías que no tengo piedad con nadie! Y dime, querido Severus, ¿con quién te acostaste? ¿A quién tengo el privilegio de llamar "la señora Snape"? "No lo digas" Di cualquier nombre menos ese". Pero no. Él la mataría. Él los mataría a ambos. — Hermione...Hermione Granger, señor.— dijo, mientras intentaba respirar. Jadeaba, se babeaba como si su mandíbula inferior se hubiese resquebrajado. Voldemort sonrió, rió, mientras Snape se pasaba una de las mangas de su túnica, por la boca. — Entonces estoy seguro de que fue un sexo maravilloso.  Dime qué tal ha sido. ¿Te ha gustado? Seguramente sí. Ella es mucho menor que tú. ¿No es así, Severus? Snape asintió, en suelo, como un bebé. Arrodillado, como si fuese a gatear. Voldemort se sentó en la silla. — ¡Entonces tendrás un hijo con ella! Dime, ¿ya salió embarazada? Asintió y Voldemort sonrió suavemente. — Bien. Te propongo un trato. En cuanto ella de a luz, tu traerás al bebé hasta mis manos. Quizá Bellatrix quiera cuidarlo. Tenerlo como su hijo. Su mascota. Severus bien pudo especificar: *No. Es mi hijo.*Nadie le hará daño, nadie pondrá sus manos sobre él. Pero eso era imposible. La visita como siempre; resultaba poco fructífera. Y allí apareció. Con las fuerzas que le quedaban. Su varita cayó al suelo, haciendo el único sonido de aquel lugar. Se dejó caer en el sofá. Su garganta estaba por matarlo. Tenía una fea herida allí, que palpitaba sin cesar. Potter. Potter debía estar haciendo algo. Pero era mejor así. Que no lo viera. Que no dijera nada. Que no alarmara a Hermione. — ¿Severus? Demasiado tarde. — Severus. ¿¡Qué sucedió!? Se parecía a su sueño. Caminó hasta la cocina. Toallas de papel no bastarían, pero estaba abrumada como para hacer magia. Las colocó sobre su cuello y allí trató de restañar la herida. — No es nada. No quisiera que Potter comenzara a quejarse. Alarmarse y a rodearme con miles de protecciones y encantamientos. Hermione se limpió las manos con las toallas. La herida no resultaba profunda, pero borbotaba una cantidad de sangre, bastante grotesca. — Pues ese es su trabajo y tiene que hacerlo. Se lo dijo. Le dijo a quién tu sabes, que estoy aquí. — Sí. Se lo dije. Y no lo tomó muy bien. Pero era de esperarse. ¿Y qué pedía a cambio? — Significa que entonces; él quiere algo con el bebé. ¿No es así? — Que se lo entreguemos. Bellatrix lo cuidaría en mi lugar. Aún así, sin embargo, no pensaba entregárselo. Ponérselo en bandeja de oro. Snape. Siempre, Severus Snape.