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Un bebé detiene la guerra — capítulo 22

Hermione ya estaba dormida, cuando Eileen recogía los platos de la cena. Severus permanecía en el sofá, mirando un viejo libro que había encontrado en el librero. Su madre sonreía, ante su cobardía de enfrentar la cama. De enfrentar las posibilidades y de enfrentarla a ella. — ¿Tienes miedo de subir y saber qué te está esperando? — No tengo sueño. Es todo. Eileen se echó a reír, mientras Snape trataba de entender qué era lo gracioso, Harry permanecía en la cocina, vigilante. Pero por supuesto que podía escuchar lo que estaban diciendo. Aquella mujer, hablaba de forma muy ruidosa. — Por favor, Severus Snape. Te conozco como a la palma de mi mano y por supuesto, parte de ella, la tuviste que haber heredado. Sube las escaleras y vete a dormir. Con ella. Snape soltó el libro a un lado y ladeó la cabeza hacia las escaleras. Claro, como si fuese a encontrarse con Bellatrix o con una bestia dentro de su cama. Suspiró pesadamente, mientras su madre le seguía su caminar, con la mirada. Sonrió triunfante y regresó a la cocina, mirando al joven enclenque que permanecía sentado junto a la mesa y fingía que no escuchaba nada. — Tú, necesitas un poco de comida. La cena pronto estará para ti. ¿Qué te parece, Harry Potter? Severus subió las escaleras a trote y miró dentro de la habitaciones. Hermione estaba dormida a un lado, profundamente. Inspiró y caminó dentro, cerrando la puerta y colgando su larga gabardina negra, en el perchero junto a ella. Se detuvo junto a una vieja lámpara de noche y la apagó, mientras se desabrochaba los botones del cuello de su camisa. Acostumbrarse a dormir con ella, no era el problema. Luego de la conversación que había visto con Weasley, temía que estuviera haciendo todos los esfuerzos por separar algo que por naturaleza tenía que estar junto. Se tendió en la cama cuidadosamente, por temor a despertarla. Miró el tejado y se dijo que de forma improbable; ella llegaría a sentir lo mismo que sentía por su ex estudiante. Y por mucho que ella se sintiera agradecida por su atención, no iba a alcanzar el escalón donde Ronald Weasley se situaba. La tortura mental comenzaba y muy a tiempo. Cuando creía que todo en su vida estaba bien. Esa era una buena forma de darse cuenta de lo que su madre quería que terminara creyendo y que estaba mal. Que ella podía amarlo. — Te extrañé. ¿Dónde estabas? ¿Extrañar? Hermione se había acostado muy cerca de uno de sus brazos y lo había tomado para rodearse con él. Ante la sorpresa de su "pareja", que no se movía. ¿Por qué había dicho algo semejante? ¿La comida tenía algún aditamento, que perturbaba sus reflejos y escuchaba cualquier cosa? — ¿Me extrañaste, Hermione? — Sí. Pensé que podría dormirme sola, pero me ha costado mucho esfuerzo. Bien, al menos ya estás aquí. La cena estuvo deliciosa. Debo agradecértelo. — ¿Extrañarme? ¿Qué tenía la cena? Hermione alzó la cabeza y parpadeó varias veces. Si ya resultaba difícil decir aquello, resultaba mucho más difícil, que él lo dudara. — Nada. Solo eso. Te extrañé. — Creí que Weasley y tú. Bueno, dada la conversación que sostuvieron en la tarde. Me figuraba que verlo y darle a entender que tu relación con él sería casi nula, debía estarte haciendo sentir muy mal. Sí. No había sido indiferente ante ese suceso. Hermione sonrió y negando con la cabeza, regresó a su posición original. Recostada en su pecho, bajo sus brazos. — Sé que suena muy trillado y puede considerar que miento, pero no podría hacerlo. Usted me dio sus razones por haberme escogido. No tuvo miedo de ser abierto con sus "sentimientos". No quiero decir que esté agradeciéndoselo a la fuerza, pero dado el tiempo que ha pasado y lo que "hemos" pasado juntos, las cosas cambian. No captó el punto. — Quiere decir, que ahora siente amor por mí. ¿Me equivoco? ¿He juzgado mal? — Su madre tiene razón. A veces hay que escarbar las miles de capas, para hallar el tesoro. No solo el oro que lo rodea. Quizá más en el fondo hay algo de real valor. Yo he encontrado su fondo, he apartado cada una de sus capas y encontré lo más importante. Su alma. Sí, no se equivoca. Pudo haberse pellizcado un brazo para saber si soñaba o si todo era verdad. Hermione había alzado su rostro para que sus ojos se encontraran bajo la luz de la oscuridad, en el manto de la luna. Torpemente,  sin saber qué hacer, Severus había colocado su mano sobre el hombro que cubría con su brazo y había comenzado a acariciar dicho hombro, con sus dedos. Sin dejar de mirarla. Su otro brazo vino a reposar alrededor de la cadera de su ex estudiante. — Lleva un poco de tiempo, comprenderlo. — Puedo esperar. Creo que tenemos nueve meses para eso.  Por su expresión, le pareció que Hermione llevaba mucho tiempo meditándolo. Llevaba mucho tiempo pensando en su "relación"con él y cómo iba a terminar. Lo que quería terminar sintiendo al respecto. Pese a sonar un poco irreal, muy en el fondo era lo que más anhelaba. — Buenas noches.— escuchó que ella susurró, inclinándose ligeramente hacia adelante para alcanzar sus labios. Beso suave que dejó fría su mente y cavilaciones — Fue una noche fantástica. Gracias por todo, otra vez. y regresó a su postura inicial. Sintió húmedo su pecho, algunas lágrimas escapaban de sus ojos. Pero otra vez, no sabría por qué lloraba ella. No quería arruinarlo, dudando de sus palabras. No quería hacerse daño, dándole algo que explicar. Solo lo creería. Y desde ese momento, la noche se hizo mucho más liviana. Ligera. El nombre de Ron dejó de flotar en su cabeza y la calma acudió a su llamado. Cualquiera que mirase dentro, solo vería a un hombre y a una mujer, dormir. Acurrucados el uno contra el otro, bajo una fresca brisa. Un sueño perfecto con patas cortas. Todos los sentimientos reunidos en una sola expresión. Un beso y un: "Te extrañé"