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Un bebé detiene la guerra — capítulo 23
Solía mirar los días pasar tranquilamente, sentado en el alfeizar de una de las ventanas de la cocina. Le gustaba sentir el refrescante viento sobre su rostro. Mirar el tiempo correr a su alrededor y estar detenido dentro de sus pensamientos. Estaba sentado en el pasto en ese preciso instante de su vida; mirando al cielo. Hermione hacía de la misma manera, recostada a su lado. — Bonito día.— dijo, para romper el hielo. Snape asintió, mirando una curiosa formación de nubes, sobre su cabeza. Delgadas, apenas visibles. — Hoy es uno de esos días, donde todo parece brillar en el mundo y muy pocas cosas salen mal. Las nubes, el clima, el cielo... Pero un par de cosas sin resolver, solían aparecer en la vida de Hermione. Constantemente. Con una sonrisa suave, se estiró en el césped y se irguió hasta sentarse. Snape continuó distraído en su paisaje, tras su casa. — ¿Se imagina cómo terminará siendo el bebé?— preguntó Hermione distraídamente y Snape negó con la cabeza, dejándose caer en el césped como ella había hecho minutos atrás.— seguramente se terminará pareciendo más a ti, Hermione. Sería una bendición. Entendió el ataque en su contra. En contra de su imagen. Sonrió disimuladamente, mientras fingía que una flor en su mano, era muy entretenida. — Es usted, profesor Snape, un hombre muy guapo. En definitiva pensaba reírse, pero parecía que Hermione hablaba muy enserio. No dijo nada más y continuó deshojando a la florecilla, hasta que se percató de que no tenía nada más que arrancar y tuvo que alzar sus ojos para posarlos sobre los de su contraparte. — Dejando a un lado, el tema de que soy alguien "guapo". Podría parecerse a cualquiera. A sus padres, a mi madre. También había contemplado esa posibilidad. Sonrió asintiendo y sintió la necesidad de decir algo. De hacerle saber ello que pensaba. Se acercó cuidadosamente hacia Snape y posó su cabeza sobre su hombro. Severus no dijo nada y continuó mirando el paisaje. — Severus. Puede que te siga resultando una conclusión muy apresurada. Pero quiero que sepas, que te amo. Sintió en su cuello, un suave beso. Algo modesto. — Como yo a ti, Hermione. Se disponía a levantarse, cuando sintió una punzada en su vientre. Algo parecido a un empujón. Quizá aquel infante, tenía apetito. Trataba de llamar su atención. Sonrió dulcemente y suspirando, ladeó la cabeza hacia Snape, que la miraba. Estaba de pie y observaba su rostro de incertidumbre. Se preguntó si tenía algún problema que él necesitaba saber. Seguía siendo malo para comunicarse. — Creo que la criatura; demanda atención. Quizá tenga hambre y yo también. ¿Quiere comer algo? Puedo cocinar. Negó con la cabeza. Él podía hacerlo. Que ella se relajara. Descansara. Su vientre había ganado tamaño con el correr del tiempo que estaba contemplando y esperaba se detuviera; luego de que aquel bebé naciera. Dos meses y medio. Casi tres. — No. Siéntate y descansa. Yo cocinaré. Supongo que a mi madre no le importará que probemos mi comida, una vez más. Hermione sonrió, caminando hasta el sofá y sentándose allí. No le simpatizaba la idea de quedarse echada allí, sin hacer nada. Pero así lo disponían Snape y su madre, y no tenía deseos de contradecirlos. Mientras estaba sentada en el mueble, Ginny abría la puerta de la cocina y se abría paso entre el profesor y el salón. Era su turno para cuidar de la familia y Hermione; ansiaba poder intercambiar algunas palabras con ella. — Mmm...Ginny.— tanteó el ambiente. Ginny quien estaba sentada en uno de los banquillos de la barra junto a la cocina, con sus brazos sobre aquel muro, ladeó la cabeza para mirarla. En silencio. Sin sonreír.— ¿Cómo se encuentra todo? Severus ladeó la cabeza en dirección al salón. No quería enterarse de más discusiones y rogaba que la menor de la familia Weasley, tuviese algo de inteligencia y tacto, con Hermione. Fingió que estaba ocupado con la preparación del almuerzo. — Todo está muy "bien", Hermione. Cada cuál tiene su rol.Hasta ahora, no hemos tenido altercados de ningún tipo. Pero de eso no se trataba su pregunta. No estaba hablando de eso precisamente. Y sin embargo, no sabía cómo preguntárselo. Se sentía como una niña pequeña, una colegiala, queriendo saber si su mejor amiga la odiaba. — Estás enfadada conmigo, ¿no es así? Tú también. Ginny parpadeó con sorpresa. ¿Hablaba de...? — ¿Enfadarme? ¿Para qué, Hermione? El profesor Snape y tú, son dos adultos conscientes de lo que hacen y como lo hacen. No puedo decir que me alegra, pero tampoco puedo interponerme en un plan. Aunque si me lo preguntas, por más que lo pienso, siento que esto no nos salvará de ninguna ofensiva del señor tenebroso. Y sin embargo; aquí estamos. Intentándolo. Una parte de sí; se sintió aliviada de que Ginny aún fuese su mejor amiga. Snape pensó de igual forma que ella. Al menos dos de ellos, tenían el suficiente cerebro para entender que Hermione no tenía nada que ver con sus decisiones. Él asumía toda responsabilidad. — No sabes cuánto me alegro de que tú y yo...es decir... Pero Ginny había captado el asunto. O eso creía Severus. — No dejaría de ser tu amiga, Hermione. Tu amistad vale mucho más que todo esto. Nuestra amistad ha pasado ya por muchos altibajos. Sería algo injusto de mi parte si quisiera pensar solo en mí y decidiera hacer con ella, lo que me plazca. Harry solo está confundido. Regresará, cuando sepa lo que está perdiéndose. Estoy segura de ello. Hermione asintió y presintió que de sus ojos, brotarían lágrimas que no podría detener. Sentía su corazón, empequeñecido. Estrecho. — Pues, te lo agradezco. Sinceramente te agradezco que no hayas interpuesto tus pensamientos ante nuestra amistad. ¡No tienes idea de cuánto te necesito, Ginny! Y Snape sabía que eso era cierto. Ahora, en ese mismo instante, ella podía hablar de todas esas cosas femeninas que por educación, no hablaba con su madre y que por ser hombre, no hablaría con él tampoco. Eso lo agradecía. Que aún tuviese personas de confianza con quienes charlar a su antojo y de lo que quisiera. Al menos estaba seguro de que sentiría paz en su alma, diciendo aquellas cosas que antes tenía que reservarse. Aunque si bien moría por saber de muchas, sabía respetar los años de antigüedad y el silencio. — No te abandonaría, Hermione. Y ahora quiero que me cuentes, qué perspectivas tienes para este bebé. ¿Niño o niña? Ese era un asunto importante y a la vez tan prosaico, que la hizo reír a carcajadas. Snape sonrió al oír su risa. Le gustaba oírla reír. Estaba feliz. ¡PHEEW! Disculpen la demora, anduve ocupada. Me operé el lunes y recién regreso a casa. he estado muy cansada. He tenido problemas familiares que puede hagan que me retire de la página (tienen que ver con Potterfics) y bueno, heme aquí de nuevo. Espero les guste. Les mando besos y cariños. ¡Estoy feliz porque el lunes es mi cumple y porque he recibido un gran honor! (no debería importarles, lo sé ^^). ¡Saludos!