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Un bebé detiene la guerra — capítulo 35
Noticia abajo, ya me conocen. Besos a mis bellezas :D. Hermione escuchaba la emocionada voz de la madre de Snape, mientras ella hablaba acerca de lo visto y vivido en aquella visita médica. Estaba decepcionada, necesitaba que ambos bebés fuesen del mismo sexo. De ser así, pasarían fácilmente como gemelos. Nadie se daría cuenta. Y aún así, los amaba como si hubiesen sido concebidos con un hombre al que hubiese escogido desde un principio. Severus Snape no era malo, pero tampoco era su primera elección. Aunque para él, ella fuese su primera elección. Esa tarde, su madre había decidido organizar algo que conocía muy bien. Un "babyshower". Severus era quizá, el único nuevo en el tema. Su madre estaba entusiasmada con celebrar, aunque para Hermione no había nada por lo que sonreír. Incluso aunque hubiesen sido gemelos, uno de los dos iba a sufrir en el camino. Se sentó en la cama, a contemplar ese destino. Severus estaba en el salón y presentía que su almuerzo se enfriaría junto al de ella. No bajaría y él no podría comer, pensando en intentar descifrar lo que la mente de ella estaba pensando. Que por mera interpretación de sus gestos en su rostro, podía deducir. — Hermione, el almuerzo se enfría. Supuse que no tendrías apetito, pero quiero determinar si los motivos son los mismos que me quitan el apetito a mí. — No puedo celebrar bebés, teniendo esta inquietud en mi cabeza. Teniendo que pensar en cómo sobrevivirán ambos, ante este peligro inminente. Se preguntaba lo mismo, pero trataba de no darse respuesta. En cambio Hermione, moría por definir el futuro. Por eso estaba comenzando a fallar. — Iremos sobre la marcha. Un problema tras el otro. O de lo contrario, no podremos. Terminaremos ahogados en nuestras pesadillas y prejuicios. Aquellas palabras terminaron por relajar el congestionado cerebro de Hermione. Funcionaba. Apartar de la mente, todo lo malo. — Vamos a almorzar. Y si mi madre pretender hacer ello...como se llame, pues no tendremos otra alternativa que poner un buen rostro. O tú. Hermione se miró en el espejo que Severus tenía, en aquella habitación. Estaba sucediendo como unos días en un mes atrás, anterior. Envejecía de tanto pensar. Su rostro cada vez más; se volvía de una tonalidad pálida y bajo sus ojos, se comenzaban a marcar las negras huellas de sus pensamientos más profundos. Estaba consumiéndose tan lento, que su cuerpo pedía a gritos que parara. Que dejara de pensar unos minutos y que tomara consciencia de lo doloroso que resultaba ser. Severus extendió su mano y ella lo miró de reojo. Una invitación que ansiaba por rechazar, pero que no tenía solución más que esa. Bajó las escaleras y con una sonrisa fingida, le dijo a Eileen, que hiciera aquel babyshower que tanta felicidad le traía. De todas formas, como había dicho Snape, podía fingir. Para eso la habían entrenado. Invitaciones volaban sobre su cabeza, mientras ella las miraba pasar. Ginny había expresado su agrado por el evento. Se había ofrecido para ayudar con la decoración y en un santiamén, el patio trasero en el hogar de Eileen Prince Snape, cuestiones de poco espacio en donde Snape solía vivir, comenzaba a tener un aspecto festivo muy llamativo. Y Hermione permaneció sentada en el verde y brillante pasto, mirando la inmensidad de la nada que cruzaba aquella pequeña casa. No había nada que celebrar, sentía que había fracasado. Y Severus se detuvo junto a ella, mientras suavemente acariciaba su vientre y miraba al aire. Estaba distraída haciéndolo y no se había percatado del mundo a su alrededor, y de lo que contraía consigo. Problemas, felicidad. El cielo resultaba ser tan hipnotizante. — ¿No hay algo que pueda hacer?— preguntó ella con tristeza y Snape, negó con la cabeza desde donde estaba. — No mucho desde donde yo lo veo. Entregar a un bebé. Iba a hacerte una recomendación de entregar al varón. La niña estaría muy susceptible a sufrir mucho más. Aunque qué puedo saber yo de esas cosas. Cualquiera sufriría en este caso. Hermione se levantó lentamente, limpiándose el vestido de la tierra y el césped. Lo observó mientras él, continuaba mirando en dirección al cielo. ¿Estaba diciendo...? — No estoy creativo.— fue lo que escuchó, antes de verlo irse de regreso al salón. Sintió que su corazón se había encogido ante sus palabras y el deseo de echarse a llorar, era cada vez más evidente. Eileen lo presentía. — ¿Están peleándose, Severus?— dijo, pero Snape no comprendía el tópico. ¿Había dado a entender que había discutido con ella? Ladeó la cabeza hacia donde su madre señalaba con la suya y se percató de lo que había hecho. Era mejor discutir, que aquello que había hecho. Caminó hasta ella, en silencio. Se detuvo allí, frente a Hermione y se preguntó lo que debía hacer. Cómo debía proceder. Hizo lo que de haber oído la voz de su madre sobre su cabeza, ella le habría aconsejado hacer. La rodeó con sus brazos y de inmediato, ella se echó a llorar. — No quise decir... Era muy tarde para los "no quise" y los "fue mi culpa". Estaba dicho y aquellas palabras en vez de haber detenido el proceso cognitivo de su cerebro, había acelerado y empeorado. Hasta llevarla al borde de las lágrimas. — Ya no quiero hacerlo, Severus. Que escojan a otra, que digan que el plan ha fracasado. Que yo los he perdido. Que los asesiné porque me arrepentí, porque no quise exponerlos a todo este sufrimiento que han de pasar. "Asesinar" no era una palabra que Hermione soliese decir, que conociese que ella pudiera expresar. No. Ella prefería salvar vidas que asesinar. Así debía sentirse como para llegar a aquellos niveles. — Necesitas descansar, relajarte un poco. Asintió en silencio mientras la guiaban por las escaleras y sin decir mayores cosas. Solo pequeños suspiros, mientras trataba de recuperar su aliento y su voz luego de las lágrimas. Se sentó en la cama y alzó la mirada para verlo. Caminaba hacia la puerta, se alejaba gradualmente. — ¿Puedes quedarte, Severus? — Sí. Por supuesto que podía quedarse dentro.