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Un bebé detiene la guerra — capítulo 39

Neninos, rellené el anterior :D. Besos y saludos a todos. Bikubikiños. Severus despertó esa mañana, con una extraña sensación. Sentía que tenía algo pesado en uno de sus brazos y por más que lo intentaba, no podía moverlo. Abrió los ojos y buscó la fuente de la opresión.  Tenía un pie de Hermione, sobre un brazo. Ella estaba durmiendo a los "pies" de la cama y parecía que tenía problemas para dormir. Seis meses comenzaban en aquel momento. El tamaño de su vientre, era lo que sobresalía en la imagen. — ¿Problemas para dormir? — No dejaron de moverse en toda la noche. ¡No sé qué hacer! Snape suspiró fuertemente, sentándose en la cama. Ella lo miró. Mantenía sus manos sobre su vientre y parecían engarrotadas por el tiempo allí. — Pudiste haberme dicho. Pudimos encontrar una forma de resolverlo. Hermione se mordió el labio, intentando sentarse. Mientras lo hacía, se dio cuenta de que su vientre había ganado peso, por obvias razones, y le sería imposible levantarse. Severus tomó su mano cuidadosamente y trató de ayudarla. Al segundo intento, lo había conseguido. — Creo que si siguen creciendo más y más, saldrán adultos. Severus sonrió suavemente y Hermione puso los pies fuera de la cama, con un gemido lastimero. Su espalda le dolía horrores. — Deberíamos ir a caminar. Eso alivianaría tu malestar. Hermione asintió con una respiración suave, hasta respirar le dolía. Severus tomó su mano a través de las pesadas escaleras de madera, forradas con una alfombra verde limo. Ya opaca por supuesto, con el paso de los años. Abrió las puertas del patio y vislumbró el brillante día. No llovía desde hacía unos pocos y realmente, estaba comenzando a resultar extraño. Como si el mundo se hubiera tragado las penas, en el agua de lluvia. Se hubieran mágicamente evaporado. Hermione había puesto sus pies descalzos en el verde pasto y con mucho cuidado, había comenzado a caminar, lentamente. Tratando de oxigenar sus pulmones. Mientras caminaba, la madre de Snape estaba en la cocina. El desayuno corría por su cuenta y sin embargo, ella estaba ensimismada en mirar a Hermione, a través de una ventana. — Tus hijos serán hermosos, Severus.— dijo, en cuanto éste había entrado en la cocina. Snape la miró con sorpresa.— quiero decir...mira lo hermosa y radiante que se ve, pese a haber pasado algunas horas sin dormir. Severus iba a contestar, pero divisó que Harry estaba sentado al final del patio. Salió como un rayo hasta la puerta y allí se detuvo. No quería oírla llorar, discutir. — No seas tonto y sobre protector, Severus. Ella debe tomar sus decisiones sola y debe tener sus discusiones, sola.— escuchó que su madre le susurraba a pocos centímetros. ¿Y qué? Hermione pasó un par de veces junto a él y Harry continuó sentado en el pasto, admirando su varita con sumo detalle.  Supuso ella que no le hablaría y trató nuevamente. Volvió a mirarlo, pero Harry tampoco se inmutó ni un ápice. Respiró pesadamente y se cruzó de brazos. — ¿Vas a actuar como un niño toda tu vida y no vas a aceptar, que eres el único al que esto le molesta? — Ese es el problema, que parece que soy el único ser inteligente aquí. ¡Has tenido sexo con Snape! No sé en qué momento, eso se volvió algo bueno. Sintió el peso de las lágrimas sobre sus ojos, pero se dijo que solo estaba al borde de las emociones, por su embarazo. — ¿Por qué no puedes superarlo y ya? Como todos han hecho aquí. — Porque no tienen otra opción más que esa. ¿Crees que todos están felices de eso? Incluso Remus debe pensar como yo. Pero eso no era cierto. — Eres un idiota, ¿lo sabías? Sí, seguro lo sabes. ¡No te das cuenta de lo que dices y sinceramente, esto comienza a...! Se sostuvo el vientre con fuerza, cuando sintió una punzada en la boca de su estómago. Soltó un quejido y cerró los ojos. Para cuando quiso ir con ella, Eileen le detuvo. Harry tenía que darse cuenta por sí mismo. Se levantó del césped y observó a Hermione por un par de segundos. Parecía que algo andaba mal y bien, pese a las diferencias, no podía desasistirla. Abarcó su cuerpo como pudo, con sus brazos. — ¿Estás bien?— le dijo y Hermione, negó con la cabeza.— vamos, te recostaré en el sofá del salón. En cuanto pudo cruzar el patio, Severus le asistió. Hermione se quedó recostada en el sofá, con los ojos cerrados. — Todo es su culpa, Potter. ¡Si se callara un momento y entendiera que...! Pero Harry había movido su mano de forma imperiosa y lo había golpeado. Un puñetazo. — Con esto estamos a mano y puedo hablar con Hermione, sin tener que sentir deseos de pegarle a algo.