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Un bebé detiene la guerra — capítulo 40

Severus miraba a Harry con sorpresa mientras se limpiaba la nariz que borbotaba sangre a grandes cantidades. ¿No se suponía que la había perdonado? Eso preguntó. — ¿No se suponía que la había perdonado?— dijo, mientras limpiaba la sangre con la manga de su túnica. Harry había sonreído de forma maliciosa. — A ella sí, pero a usted no. Entonces tenía que encontrar una forma de estar en paz conmigo mismo y ya la he encontrado. Snape no contestó, Hermione despertaba. Trataba de reincorporarse y luego de unos minutos, lo había conseguido. Con una sonrisa suave, ella había mirado a Harry y luego, había girado su rostro para encarar a Snape. Y a la sangre. Eso le produjo arcadas. — ¡Severus! Oh por dios, ¿qué te ha sucedido? Snape miró a Harry que cerraba los ojos y negaba con la cabeza, aún sonriendo suavemente. Como si nada hubiera ocurrido. Se preguntaba si su mentira podría continuar luego de que él le dijera la verdad de lo sucedido. Aunque seguramente, Harry pensaba que no lo haría. Bueno no lo conocía como tal vez pensaba que lo hacía. Aunque no sabía si seguirle causando problemas a Hermione. Harry había dicho la explicación más trillada que Snape esperaba escuchar y Hermione terminó por sobresaltarse pero en aceptación de que al menos aquella "invasión falsa mortífaga" no había terminado en nada grave. Eileen estaba dormida en su habitación y Hermione agradecía que no se hubiera despertado ni hubiera sufrido algún altercado. Harry observaba a Hermione mientras ella estaba sentada en el sofá, curando la nariz rota de Snape. — Sé que te duele, pero si dejaras de moverte...terminaría más rápido. No se movía precisamente porque doliera. Se movía porque quería levantarse e ir tras Harry Potter y matarlo. Hacerle pagar por lo que había hecho. No era amante de los duelos, pero no tenía motivos para acometer un acto tal, que le había partido la nariz. Admitía haber estado descuidado o de lo contrario habría peleado. Habría devuelto el golpe. No. Mejor era evitar las respuestas agresivas, las peleas. Él no se rebajaría a su nivel. No tenía por qué. Era diferente. Era un hombre centrado que no resolvía sus diferencias a golpes. Lo resolvía con palabras. Las palabras herían más que las acciones. Y lo sabía perfectamente de sucesos anteriores. Hermione sonrió satisfecha en su trabajo y Severus dijo un suave gracias. Su rostro estaba como nuevo, considerando de la dolorosa estela del golpe y la sensación interna. Las heridas se curaban rápido, pero no todas. Las más internas casi siempre quedaban resollando y la sal diaria, las palabras echadas sobre ellas, resultaban ser fulminantes. Ambos hombres se vieron por encima de un pedazo de pared. El mostrador que servía como barra en la cocina. El ambiente tenso atrajo la atención de Hermione. — ¿Sucede algo que yo no sepa? ¿Lo decía o eso le haría parecer un cobarde y al final de cuentas, parecer que se quejaba con su madre, de que un niño lo había golpeado? Mejor guardaba silencio y fingía pensar. Mejor fingía que esos detalles nunca habían existido y que simplemente se trataba de un simple momento de silencio para pensar en cómo seguirían las cosas a futuro. Además, a Hermione no le convenía alterarse y mucho menos, saber que ambos habían discutido hasta el rango de los golpes. O Harry. Él no golpeaba a la gente. — No ha ocurrido nada, Hermione...es simplemente que. Pero antes de hablar, una lechuza entraba por la ventana y se posaba sobre el sofá. Hermione había ladeado la cabeza y con una sonrisa, había estirado una mano para acariciarle el lomo al animal, mientras Snape tomaba la carta y miraba las palabras escritas. Por su gesto, Harry había preparado su varita. — Bellatrix. — ¿Qué...? — Se acerca. Es un mensaje de la orden del fénix. Dice que debemos estar preparados. La vieron aparecer en Hogsmade. A las afueras. Dicen se aproxima hasta este lugar. Siguen su magia y la han rastreado hasta aquí. Hermione se cubrió la boca para no gemir. Bueno, aún en ese entonces, esa mujer le causaba un pánico irremediable. Además de recordar la vieja marca que tenía en su brazo y que odiaba mirar. Ya eran solo manchas, pero para ella seguían significando algo. Severus se había levantado del sofá y había mirado a Harry al otro lado. Era ahora o nunca, pero tenían que trabajar juntos. La mujer había comenzado a subir las escaleras y ante la algarabía, Eileen había despertado. Lo último que había escuchado resultaba ser: "Lestrange". Todo lo había comprendido. Guerra. Próxima. Tenían que protegerla a como diera lugar y no había espacio para el arrepentimiento ni para el miedo. Si todo tenía que terminarse, pues ellos saldrían victoriosos. Ellos triunfarían sobre la desesperanza a la que pensaban sumir a Hermione. No más errores. Severus había sacado su varita de los bolsillos de su túnica y Harry se había ocultado tras el viejo librero. La puerta se abría. El pomo se movía de un lado al otro. Fuera cual fuera la misión de Bellatrix, no vencería. Así tuviera que morir en manos de Hermione, como ella había soñado antes.