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Un bebé detiene la guerra — capítulo 41

Era la forma más educada de Bellatrix, para entrar en un lugar, sin derribar la puerta. Severus la miró en silencio, mientras ella se habría paso con su varita en mano y admirando el lugar. Estaba...diferente, era cierto. — Qué pintoresca está tu casa ahora, Snape. ¡Muy pintoresca! Casi parece que ya no viven ratas aquí. ¿O me equivoco? Guardó silencio. Que su madre y su "pareja", fuesen llamadas ratas...imperdonable. Pero debía mantener la compostura. — Me es claro que pareces aburrida y buscas entretención que quizá, lamentablemente, yo no pueda darte. No tengo ánimos de conversar y mantener una cháchara estúpida y sin sentido, contigo. Lestrange. Bellatrix suspiró hondamente, lanzándose al sofá y colocando los pies sobre la mesa. Snape la observó con un gesto desdeñoso, mientras ella se acomodaba a su antojo. — Pues lo lamento, pero el señor tenebroso me ha dado estrictas órdenes de venir. Vigilar el embarazo de esa sangre sucia y comprobar— dijo, mientras miraba su varita y jugaba con ella.— cómo está resultando todo. Severus miró hacia el suelo y luego, alzó la mirada de regreso a Bellatrix, dejando escapar un hondo suspiro mientras la mujer se encogía de hombros y negaba con la cabeza. — Órdenes son órdenes. Tráeme a la chica ante mi presencia. ¡En este instante, Snape! Sabes perfectamente, que no me gusta esperar. El hombre no dijo nada y el librero se abrió solo. Pudo haber pensado que se lo esperaba, pero la verdad era que una parte de sí se lo esperaba y la otra... Quizá también. Hermione salía por su propia cuenta. Seis meses de embarazo y contando. ¡Por supuesto que podía notarlo! — ¡Ah, pero si es cierto! ¡Qué bueno! ¿Cómo puedes caminar con algo tan grande, Granger? Seguro ha de costarte horrores. Debes tener gemelos o trillizos allí dentro. ¿Uno solo, Severus? ¿Estás seguro? Veo que aún, la sangre de algunos, se transmite muy bien. Instintivamente y bajo discreción, Hermione había colocado uno de sus brazos tras Snape, en su espalda. Afianzándose allí. ¿Estaba aterrada? Tal vez. Severus no contestó, pero había hecho igual que ella. Bajo su largo y rizado cabello, no se notaba su mano en su cuello. — ¡Me encantará cuidarlos cuando nazcan. Ah hermosos bebitos, ¿sí?!— dijo aquella mujer mientras se acercaba silenciosamente hacia Hermione y la joven, había retrocedido por inercia. La mujer había colocado una mano sobre el vientre de Hermione y ésta, podía sentir el frío de un dementor, helar su cuerpo y alma. Su corazón. Se afianzó más en Snape, que mantenía su mano ahora cerca de su cintura.— Porque presiento que es más que uno. ¡Con ese tamaño! Será algo muy entretenido. ¡Y más si son tuyos, Severus! Se mordió el labio inferior. ¡Quería decir tantas cosas, pero prefería guardar silencio! ¡Esa mujer era capaz de tantas cosas! Inspiró pesadamente y observó como su mano se separaba de ella y se posaba distante, en el aire, como si tratara de capturar algo invisible que volaba a su alrededor. — Dos hermosas mariposas que moldearemos a nuestro antojo y tan serviciales se convertirán que estarán orgullosos de ellos. Su risa demoníaca, hacía helar el cuerpo de Snape, de pies a cabeza. Bajó la vista seriamente, hacia el vientre de Hermione, luego de reírse a su suerte. — Me avisarán con antelación, sobre el parto. ¡No quiero perderme el nacimiento de mis hijos! ¿¡Y cómo podría!? Ah y Severus... no quiero sorpresitas. ¡Ya sabes lo que te espera si te la pasas de listo! ¿Verdad? Snape no contestó y Bellatrix había hecho una reverencia con la cabeza, dando por terminada aquella conversación. Inspiró y ladeó la cabeza mientras caminaba hacia la puerta. Observó a Hermione con una sonrisa. — No ha de faltarte mucho. Nos vemos pronto querida. En cuanto la puerta se había cerrado, Hermione a su vez, había cerrado sus ojos y se había apoyado en el pecho de Snape, mientras respiraba pesadamente. Mientras dejaba escapar un gemido lastimero y el hombre la rodeaba con sus brazos. Arpía, esa mujer buitre se quedaría con su familia. Bueno una familia ficticia en dado caso de que se trataba de una misión. Pero ella se quedaría con su familia y la partiría en pedazos. Acabaría con una frágil mujer, que no tenía la culpa de su estúpida decisión. Estaba hablando de Hermione. Esa mujer frágil a la que había comenzado a amar y por la que en sus sueños, imaginaba abrazando en el suelo con esa fea herida sobre su cuello, con la que ella imaginaba que él tendría en un futuro no muy distante. — No llores.— fue lo que dijo. Lo podía sentir en sus manos. En sus dedos caían las gruesas lágrimas.— Ya encontraremos una forma de solucionarlo. Y se seguía mintiendo a sí mismo. Esas clásicas palabras vacías y sin sentido que solía decir cuando estaba acorralado y sin salida. Hermione había asentido en su pecho y con un suspirar prolongado, Severus había bajado la vista para observarla. Solo podía ver su cabeza, no podía ver sus ojos, no podía ver sus labios. No podía hacer otra cosa que esperar por ella. Que dijera algo, que se separara de él y alzara la mirada. Pero eso no parecía suceder. Ella parecía querer permanecer allí abrazada. Bien, no se movería hasta que ella quisiera. No hablaría hasta que ella necesitara escucharlo y no la miraría hasta que ella no hiciera contacto visual con él. — Severus... — ¿Sí? — Hay algo que tengo que decirte sobre...tu propuesta. Movió su cabeza hacia atrás, ligeramente sorprendido. ¿Más palabras que terminaran con su aliento que ya estaba seco, a causa de la visita de Bellatrix? Ella se había separado de él y había alzado la cabeza con una sonrisa suave. ¿Venían buenas o malas noticias? La "familia entera" había resurgido de sus escondites y les miraban atentamente, mientras Hermione parecía continuar sonriendo. Para él eso significaba que estaba en buen camino. Para Harry Potter era una condena. Para Eileen era algo emocionante y tan alentador en aquellos tiempos. Hermione. Para ella había significado algo duro y costoso de finiquitar. Pero estaba bastante contenta con su decisión. O eso creía sentir dentro de su corazón, cuando miraba aquellos ojos negros como pequeños faroles en la oscuridad.