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Un bebé detiene la guerra — capítulo 8
Hermione sonrió suavemente y con una expresión que no supo definir si se trataba de diversión, felicidad, una sonrisa, se dejó caer en la cama. Pensando en las posibilidades que esa respuesta le había dado. Muchas. — Dijiste lo que dijiste, Severus Snape— se dijo a sí mismo, mientras trataba de dormir. Dando vueltas en la cama.— le diste la razón a tu madre. Debes estar loco. Que has hecho lo que hiciste. Ella apenas pudo dormir sin dejar de pensar en el asunto. De la forma más seria que se le pasó por la mente. No tenía sentido. ¿Desde cuándo, ese hombre había comenzado a amarla? Porque no había escogido a Nymphadora. A ninguna. Solo a ella. Solo a ella. El amanecer de nuevo, había resultado algo menos simple de lo que esperaba. No había podido salir de la habitación, con el temor de que encontrarse, significaría levantar la mirada y verse el uno al otro. Con una sonrisa, bajó las escaleras hacia la cocina. No tenía que fingir; pero al menos podía intentar no parecer confusa. — Buenos días, Hermione— de la forma más política posible. Ella hizo igual, con una pequeña reverencia y un murmullo.— el desayuno está sobre la mesa. Antes de que Hermione se ocupara de su comida, Severus caminó hasta acercarse a ella, en la mesa. Suspiró. — Acerca del beso... — ¿Los besos necesitan explicaciones? No creo, señor. Severus no contestó de inmediato, mientras ella lo miraba con una sonrisa y sostenía su cucharilla con un poco de huevo en ella. Comida al estilo francesa. — No pensaba explicar— dijo, apoyándose en la mesa. Sus codos sobre ella y admirándola fijamente— pensaba más bien, aclarar ciertas cosas que espero. Una vez que tengamos al bebé, claro. Hermione colocó la cucharilla sobre su plato y giró su pequeño banquillo,para mirarlo fijamente. — No puedo creer que diga algo como esto, pero es mucho mejor que mentir.— dijo y Hermione asintió— Mi madre ya lo sabía. Sabía que yo...amaba a una mujer. Pudo haber opinado, pero tal vez no era ella de quién hablaba. Tal vez se trataba de una persona diferente a ella. — Pero hay algo que nunca le aclaré a ella. Jamás le dije, confesé, que había una mujer a la que amaba más que a nada.— djo, mientras se erguía de nuevo. Y allí sí podía decir que quizá hablaba de ella, pero no quería sonar muy creída. Intuía, hablaba de ella, pero no podía precisarlo tampoco. No al comienzo de una relación. Que se lo dijera él. — Llámelo golpe de suerte, pero esta situación me ha acercado mucho más a la mujer que amo. Y lo había dicho de una forma muy sencilla. Muy poco Snape. Pero estaba bien. Asintió y bien, si quería que la misión... No. Él sentía cosas reales. No podía decirle que sí lo amaba, solo para salir de una situación. No era de esa forma. No ella. — Puedo entender que usted no me ame.— dijo, mientras disimuladamente, tomaba un tenedor y probaba los huevos en el plato.— pero una confesión podría mejorar las cosas. Si es que hay algo que rescatar. Sobretodo porque... Perdió el equilibrio. Hermione se había puesto de pie, separándose del banquillo y había dispuesto una de sus manos sobre la que él apoyaba sobre la mesa y la otra, alrededor de su cintura. Sintió un beso suave. — Es, sinceramente, la forma más dulce en la que me han hablado nunca. — dijo, entre sus labios y Snape abrió los ojos, sin haber notado desde un principio, que los había cerrado. — No tiene por qué agradecerlo. Sí. Aquellas palabras habían hecho un barrido emocional en ella y había cometido un acto impropio de su persona. La amaba. Aquel hombre amaba todo su ser. Y pese a que nunca se lo había dicho antes, se sentía como una adolescente otra vez. — Compartido, el desayuno sabe mejor— le recordó, que ambos estaban comiendo lo mismo. — Su madre también dejó algo muy claro.— dijo, mientras soltaba su mano y tomaba su cucharilla, un poco de huevo.— Que ha recuperado el "brillo" en sus ojos, gracias a mí. ¿Será todo eso, algo cierto?— dijo mientras masticaba. Severus ladeó la cabeza hacia otro lado y no pudo evitar sonreír. — Una vieja creencia de las madres, cuando tienes un hijo único. Quieres que se casen, que tengan hijos. Y dado todo lo que para ella represento, creerá que esto es lo mejor que me ha pasado. Hermione torció el gesto. — Acaba de decirme que... — Luego de todo en lo que me he metido. A la fuerza y voluntariamente, es lo mejor que me ha sucedido en mi vida. Hermione sonrió ligeramente. Sonrojada. Al principio quería escapar, esconder sus lágrimas. En ese preciso momento, sentía que su corazón se movía en otra dirección. Eso era parte de todo lo que había dicho y oído. De él y sobre él. — Entonces me temo, que usted también me ama de alguna forma. ¿O tiene sentimientos encontrados hacia mi persona? Si los besos no tienen explicaciones, este no debe tenerlo o yo no debo preguntarlo. Sino, interpretarlo a mi manera. Se echó a reír. — Muy listo. Pero no hay explicaciones, sí razones. — Es lo mismo. — Entonces no se lo diré, señor. Se separó de él y antes de poder terminar su desayuno, sintió una mano que la regresaba a su posición original. — ¿Qué efecto tienen las cenas de mi madre, que consiguen lo que proponen? — Las madres siempre sacan lo mejor de sus hijos. Aunque de personas como Quien tú sabes, dudo que sea posible. — ¿Y de usted? Que la ha llevado a besarme. — Por eso le digo que los besos a veces no tienen explicación. No sé por qué lo he hecho. Y continuaría sin saberlo. ¿O tal vez era eso que llamaban amor?