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Un bebé detiene la guerra — capítulo 7

La cena estaba maravillosa, casi no tenía palabras para describirla. Su madre cocinaba de una forma tan deliciosa que pese a estar satisfecha, aún deseaba probar el postre. A diferencia de Snape, que apenas había comido. — Hijo, siempre estás así de delgado porque no comes debidamente. Deberías intentarlo. Ya no eres un niño. Ante aquellas palabras, Snape sonrió suavemente. — Siempre he sido así, delgado. Eileen sonrió mientras Snape trataba de ver a Hermione, sin sentirse amenazado por las palabras de su madre. Hermione fingió que la cereza se escapaba de su pastel con crema. — Quizá no quieras comerte mi comida, pero estoy segura de que ella te cocinará algo que te encante. No sabía si tenía aptitudes para la cocina. Severus negó con la cabeza, mientras dejaba la copa de vino sobre la mesa. De forma bastante cuidadosa. Como si la copa también fuese a dirigirse a él y a criticarlo de cierta forma. — Me gusta tu comida, solo que no tengo apetito ahora— dijo mientras se levantaba y Hermione intuitivamente; dejó el pedazo de pastel. — Continúa cariño. Algo debe estarle molestando. Es normal que se comporte de esa forma cuando se siente amenazado. Hermione trató de comer, pero a la mitad del trozo de pastel, sintió la sensación de llenura que antes había dejado de tomar en cuenta. Severus había acabado con sus deseos de seguir comiendo. Se levantó y tomó aquel plato que él no había probado siquiera. — Profesor, ¿dije algo malo? Porque tenía que ser su culpa. Sino, pues entonces ahondaría más en el tema.  — No. Es solo que pensaba. Tenía que pensar en el ahora y en adelante, cuando todo comenzara y tuviésemos que... Pero se silenció a sí mismo de forma precipitada, como si lo que fuera a decir, resultaba indecoroso para los oídos de Hermione. Ella alzó la mirada y suspiró nerviosa. ¿A qué se refería? — Lo siento, no quisiera preocupar con viejas divagaciones que tengo. Hermione no dijo nada y miró el plato con la cena, que estaba sosteniendo. Sonrió suavemente y lo alzó ante la mirada de su ex profesor. Negó desdeñosamente; pero ella insistió en que tenía que comerlo. — Sino, luego se sentirá mal. Por lo menos; solo un poco. Las albóndigas estaban deliciosas. — Lo sé. Mi madre suele tener facilidad para la cocina. Aún negándose a los cumplidos. Aún diciendo que es la peor cocinera del mundo. Ella sonrió ante el tema tan prosaico que estaban discutiendo en ese momento. Recordó que la cena en sus manos; se enfriaba. Tomó el tenedor y picó un poco de albóndiga. Severus la miró atentamente mientras ella estiraba su mano hacia su rostro. — Imagino que si le doy de comer, estaré actuando como su madre. Pero sé que si no lo hago, usted no comerá. — Créame, no se parece en nada a ella. Hermione se sentó en un sofá bajo y Severus se sentó a su lado. Hermione acercó su mano nuevamente, hacia su rostro. Severus comió sin chistar. — ¿Quieres un poco?— le preguntó y Hermione negó con la cabeza.— Compartido, sabe mejor. Asintió entonces y probó un poco más de esa comida. Tenía razón. Estaba deliciosa aunque pasara el tiempo y... Dejó de pensar de inmediato, Severus había acercado sus labios hasta los suyos. Silenciosamente. Como si simplemente hubiese acariciado los mismos, con una servilleta. Para limpiarlos. Había sido tan suave, tan "delicado". Y eso no lo podía categorizar con alguien como Snape. Esas palabras no eran las mejores, para describirlo a él. Tenía razón. Compartidas, las cosas sabían mejor. Aunque no lo esperaba. — ¿Sabe mejor ahora?— preguntó, llevándose uno de los dedos a la barbilla para quitar un poco de salsa. Lo regresó hasta sus labios— lo siento. Acto espontáneo. Y su primer beso, mientras cenaban.  — Sí, sabe mejor— dijo, sin alzar la vista. Sonrojada. Respiró suavemente y miró la última albóndiga en el plato. Jugó con el tenedor y ella, mientras le sonreía al vacío.— ¿Último bocado? Y también, el último beso. De regreso a casa, Hermione estaba muy cansada como para pelear consigo misma, acerca de lo que recién acontecía en su vida. En su vida amorosa. Y Severus consideraba que ya había hecho mucho. — Buenas noches, señor. — Buenas noches. Descansa.  — Usted también... Antes de moverse, mientras le daba la espalda, se dio la vuelta y suspiró. Meditó y se dijo dos cosas. Tenían que hablar de aquel beso. Eran adultos y si iban a relacionarse, pues tenían que hablar de sus sentimientos. — No quisiera interrumpir su sueño, pero tengo algo que preguntarle. Si pudiera responderme sinceramente, se lo agradecería. Sería todo más fácil. Severus asintió, soltando las almohadas que había comenzado a sostener desde un principio de la conversación. — Su madre habla como si tuviese años, enamorado de mí. ¿Ha sentido algo por mí antes, señor? Se mordió el labio. — Señorita Granger, hasta este punto puedo decir que mi madre envía indirectas que no... — No, señor. Usted siente algo y trata de ocultarlo. Su madre fue muy clara. Y una madre jamás mentiría. Solo por ayudar a su familia, supongo. Y en este caso ella dice la verdad para ayudarle. Severus sonrió. — ¿No puede engañarla? O al menos hacerle ver cosas que no son ¿cierto? Hermione negó con la cabeza y Snape; rodó la vista hacia su cama. — Tengo una extraña sensación. Como si apesar de que esto fuera un trabajo, yo podría conseguir algo más que eso. Eso había respondido todos sus dilemas.