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Un bebé detiene la guerra — capítulo 6

Como mujer, quería comprender muchas cosas. Muchas más que como ser pensante. Individual. No quería analizar sus palabras con la cabeza fría. Quería pensar como una mujer con sentimientos, ante una madre que le hacía una confesión como esa. Que le había devuelto el "brillo" a los ojos de su hijo. No podía pensarlo de otra forma, sino como eso que era. Como eso que generaba aquellos comentarios. Y al ver el rostro de escepticismo que tenía, Eileen sonrió suavemente. — No lo comprendo. Creí que Severus ya no podría volver a ser el mismo. Que lo perdería. Y ahora tú. Ahora, tú has devuelto esa imagen de mi viejo hijo. Él no tuvo un pasado muy digno de una infancia normal, sufrió mucho. Gracias por haber aceptado su propuesta. Mucha información. Una buena madre, supuso. Severus ya se había bebido su segunda copa de vino, cuando presintió que estar sola mucho tiempo con su madre, quizá no era precisamente...una buena idea. Se puso en pie, ligeramente mareado por el vino. Caminó hacia la cocina, pero su madre no estaba allí. Tampoco Hermione. — ¿Cómo pueden tener un hijo, sin comprometerlos antes?— Eileen preguntó, mientras paseaban por el largo patio trasero. Matorrales viejos y flores muertas. No parecía cuidarlo mucho. No lo suficiente. Miró con desdén, como un enorme florero, estaba borbotando tierra en una de las ventanas. — No lo sé. Pero aún si tuviésemos que tener alguno; creo que con el bebé bastaría. En realidad, no exijo que alguien como el profesor Snape, cuide de un bebé. — ¡Oh cariño! Él lo hará. Estoy segura de ello. Perfectamente. Cuando creía que sus dudas se respondían; pues empeoraban a cada momento. Asintió, patidifusa. Y antes de siquiera pretender decir lo que pensaba, Severus había hecho acto de presencia. Eileen sonrió como si jamás lo hubiese visto y la conversación inicial, nunca hubiese sucedido. — Severus, creo que ella es una mujer fantástica. Te irá bien. La miró cruzar el patio hasta la cocina y rodó la vista hacia Hermione, poniendo los ojos en blanco. Hermione sonrió a medias. A modo de disculpa. ¿Qué podía decir? A su madre le gustaba indagar y ella quizá no había sido muy acertiva. — Perdónala. Ella suele ser...muy... — ¿Entrometida en sus asuntos personales? Le dio la razón y alzó la mirada al cielo. Estaba oscuro, pero aún podía vislumbrar a la luna y al resto de las estrellas. Hacía mucho que no veía algo como eso. Que no se detenía a pensar en algo. En vaciar su mente y solo mirar. Contemplar algo que él no había creado ni destruido. Hermione se acercó hasta él y se abrazó a sí misma. Hacía un frío terrible. Tembló ligeramente y Snape, bajó la vista hacia ella. Recordaría comprar un vestido con una prenda extra. Un saco o algo que pudiera cubrirla mejor. ¿Por qué no lo había pensado? Deslizó el suyo por sus brazos y lo colocó sobre sus hombros. Su aroma, su calidez, impregnó rápidamente sus sentidos. — Señor...su madre. — Puede si quiere, reservarse lo que le comentó. No necesito saberlo todo. Y hasta puedo imaginármelo. — Esto me gustaría que lo supiera. — dijo, aclarándose la garganta. Severus la miró con mucho detalle.— me preguntó si podíamos tener un hijo, sin comprometernos. Le dije que no era necesario que usted se comprometiera. Puedo tenerlo, cuidarlo. Aunque estoy segura de que no lo tocaré, incluso luego de que nazca. Obviaba esos detalles, al menos en su mente. No sabía si Hermione también lo hacía. — El punto es, que ella contestó que usted lo cuidaría. Que se comprometería. Quisiera que supiera, que no espero que lo haga. Quiero decir...no tiene por qué obligarse a hacerlo. ¿Por qué? ¿Tenía rostro de que estaba obligado? Podía. Sobretodo por tener un hijo con una mujer, que creía conocer en práctica, pero no en teoría. No supo qué decir y Hermione interpretó ese silencio, de forma quizá inequívoca. No iba a cuidar de un bebé. ¿Esperaba que lo hiciera? Regresó de vuelta a la casa y él, permaneció allí. Confundido. Sin darse cuenta del trasfondo de las palabras de Hermione. Solo una cosa: Quizá ella no quería hacer todo eso sola. Al entrar, ya ella estaba sentada en la mesa. Su saco colgaba sobre su silla y la chimenea crepitaba suavemente. Caminó, respirando profundo y preguntándose cómo podría sostener una conversación en una mesa o incluso, como mantener una apariencia cuando en realidad, solo quería abandonarlo todo. Sentía, iba a lastimarla. De una forma u otra. Siempre lo hacía. — Siéntate junto a ella, Severus. Si lo deseas. Se sentó allí, junto a ella y miró su copa de vino. Volvía a estar llena. Y la de Hermione, había estado llena desde mucho antes. Era como interpretar algo. Una oportunidad para beber con calma y para ella. De beber y decidir. — Señor... lamento si mi comentario le pareció mal intencionado. No quise. Eileen regresó a la cocina y fingió que verificaba si la cena estaba " al dente". Severus en realidad, había ignorado las palabras de su madre. Negó con la cabeza y sonrió a medias. — Entendí lo que quiso decir. — No, no entendió. No es que yo quiera atarlo a mí. Con tener que ayudarme a concebir, seguro se acaban sus responsabilidades. Y está bien. Sí. Entendía. Ella no quería estar sola. ¿O no? De vez en cuando; le costaba comprender a las mujeres. — Pues no pienso igual que usted. Creo que con ello, las cosas solo comienzan. Creyó acertar, porque cuando Eileen servía la cena, no se le escapó que Hermione había sonreído por lo bajo. Y su mirada se había distraído intencionalmente con una de las servilletas. — Hermoso candelabro, señora Snape— dijo, sin poder evitar sonreír un poco. Eileen le agradeció el gesto, con una sonrisa y un débil "gracias". Pero ya lo sabía. Hablaba de candelabros, porque por primera vez...estaba sin habla realmente. Hola chicos y chicas. ¿Cómo les va? mañana les respondo los comentarios, puesto que no tengo clases. Lamento no haberlo hecho y bueno. Espero les guste. Se les quiere mucho. Saludos y besos. Se cuidan.