← Chicos y Chicas · de
Chicos y Chicas — capítulo 3
Capitulo III: El trayecto hasta la casa...
-**¡NOOOOOOOOOOOO!**Ronald Weasley estaba de rodillas en el suelo y con las manos levantadas. Ya parecía Crabble cuando se enteraba que aún quedaba media hora para la comida.
-¡No puede ser!-gritó Ron, esta vez incorporada y con las manos en la cabeza.
-Sí, Weasley-Mcgonagall miró por encima de sus gafas al pelirrojo-. Vaya ya al coche.
-¡No puede hacerme esto!-gritó de nuevo el pelirrojo, delante de medio Hogwarts.- ¡Haré lo que quieras! ¡Limpiaré Hogwarts! ¡Lavaré los platos! ¡Besaré a Dobby! ¡A Snape si es necesario! Por favor, ¡no me manden con las serpientes!-Ron había cambiado la posición de sus manos. Esta vez, tenia los dedos entrelazados y los tenía rozando sus labios.
-No hay nada de que hablar-respondió la subdirectora.-¡Vallase!
-¡No!
-¡Sí!
-¡No!
-¡Sí!
Mcgonagall hizo una seña y de pronto apareció Hagrid. Cogió al pelirrojo por la cintura y lo cargó a su hombro como una pluma. Dio un giro y se encaminó hacía donde estaban ya todos sus compañeros.
-¡No pueden hacerme esto!-repitió Ron mientras empezaba a pegar puñetazos a la espalda del semigigante.
Ron se cansó de dar puñetazos y al cabo de unos instantes volvió a aterrizar al suelo.
-No es tan malo-dijo Harry, que ya estaba situado al lado del enorme todoterreno, con cavidad de hasta ocho personas, como era el caso.-Al menos estamos nosotros tres, y Neville… y Ginny ¡y Luna!
-¡Pero están ellos!-exclamó Ron refiriéndose a Draco y a Pansy.
-¿Y qué? ¡Sólo son dos, y nosotros cinco, sin contar con Luna!-interrumpió Hermione. No pudo seguir dando su discurso ya que le interrumpió Dumbledore.
-¡Alumnos y alumnas! ¡Dejar de decir pamplinas y meteros ya en los coches!
Los ocho, a paso ligero se encaminaron hacía una estación situada al lado de ellos. Ahí habían cientos de todoterrenos, todos idénticos, que estaban aparcados en distintas plazas.
-Tened-Snape les entregó las llaves
-¿QUÉ?-gritó Pansy.-¡¿Conducimos nosotros?! ¡No sabemos conducir!
-Pensad algo-gruñó el profesor.-Nos vemos en dos semanas.
Los ocho se alejaron y se reunieron.
-¿Quién conduce?-preguntó Luna
-¡Escuchad!-exclamó Neville-. ¡Debemos de solucionar este motivo como los adultos que casi somos!
Todos asintieron con la cabeza.
-¡A sí que lo resolveremos a la manera más adulta posible-continuó Neville.
Todos volvieron a asentir. Se armó el silencio durante unos segundos y por un momento parecieron adultos. Solo durante un momento.
-¡Piedra papel tijeras!-exclamaron todos a coro.
-¡Conduce Harry!-exclamó Draco.
Tenía razón, por alguna misteriosa razón, todos habían sacado papel excepto Harry, que había sacado piedra.
-Bien. A ver si me ha servido de algo los intentos de asesinato con mis tíos con el coche. Harry sonrió al recordar esos buenos momentos. La jirafa de su tía y el cerdo de su tío corriendo por todo el jardín.
Todos se acomodaron en su sitio. Harry iba en el asiento del conductor, Draco de co-piloto. Atrás estaban sentados en la ventanilla derecha Ginny, en el centro Ron y en la ventanilla izquierda Hermione. En los asientos plegables estaban Neville y Luna.
-¡Un momento!-murmuró Pansy-. ¡Yo no quepo!
A todos se le iluminó la cara de una manera algo aterradora.
Segundos después Pansy trataba de huir del maletero en el que le habían encerrado el loco de su novio y sus enemigos.
-¡Partamos! Por cierto, si pasamos por la casa del ministro en contra de las actividades homosexuales, me ha pedido Dumbledore que le lancemos a la ventana de su casa esto-Harry levantó una piedra más grande que la cabeza de Malfoy. Se habían molestado en comprobarlo.-No sé por qué será, pero Filtch estaba muy de acuerdo y miraba un poco raro al profesor.
Harry metió la llave en una especie de "cerradura" según lo llamaba Ron. El motor se encendió y partieron.
Después de atropellar a un perro, una viejecita, un niño de tercero de Gryffindor, saltarse ocho direcciones prohibidas, provocar siete accidentes de tráfico, ser buscados por la policía, y activar las alarmas de la casa del ministro en contra de actividades homosexuales, se podía decir que habían hecho muchos "amigos"
-Bien. Estamos a punto de llegar-exclamó Harry tras dar esquinazo a la policía.- Nos quedan veinte minutos.
Harry podía respirar tranquilo. Su co-piloto Malfoy había dejado ya de toquitear cosas. Que si el mega GPS ultimo modelo, que sí la ventanita, que si el parasol del coche, que si abrir la puerta de su lado en plena autopista… Sólo le quedaba por toquitear el cambio de marchas y el freno de mano, pero Harry le había estado controlando todo ese rato pasándole revistas de "Interviu" para que no se acordara de tocar esa ultima aplicación del coche. Sin embargo a Draco se le habían acabado todas las revistas, y esperaba impaciente a la mínima distracción para poder mover la palanca, cómo hacía constantemente Harry.
-¡Mirad!-gritó Ron señalando a un perro -muy parecido al animago de Sirius por cierto- y a una gata -muy parecida a la forma animaga de Mcgonagall- ponerse encima de la gata de forma muy inquietante.
Harry ladeó la cabeza y aprovechó Draco para tocar el cambio de marchas.
Todos gritaron por el volantazo de Harry. El coche empezó a girar y Harry perdió el control del coche. Sin quererlo se metieron en un desvío.
-¡Qué has hecho!-le recriminaba Harry a Draco mientras le apretaba el cuello con sus dos manos a Draco, muy al estilo Homer Simpson.
-¡Las manos al volante!-gritó Hermione.
Demasiado tarde. Chocaron contra una vía y dieron un giro de 90 grados.
-¿Estáis todos bien?-preguntó Harry ya fuera del coche.
-Sí…-respondieron todos mirando recelosos a Malfoy-. -
¿Cómo llegamos ahora a la casa?-preguntó Luna.
-No os preocupéis-dijo Malfoy-. Yo tengo una idea para recompensar mi "curiosidad"
Segundos más tarde se encontraban robando un barco muggle aparcado en la costa.
-No os preocupeís-gritó Harry manejando el timón-. Yo sé manejar barcos, he practicado mucho con mi primo Dudley.
Harry no pudo emitir otra sonrisa al recordar como corría su primo agarrado a un flotador mientras Harry trataba de ahogarlo con el barco, y cómo gritaba de desesperación al comprobar cómo su flotador le arrastraba mar adentro.
Por fin llegaron a la casa. Y se apresuraron a entrar.
-No sé…-gruñó Ginny-. Creo tener la impresión de olvidar algo… Relacionado con el maletero.
En ese mismo instante salía Pansy en la otra punta de la costa al conseguir abrir el maletero.
-No debe de ser nada importante-la consoló Luna.
-Tienes razón-dijo Ginny con una sonrisa.