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Historia 67888 — capítulo 11
Los cuatro chicos se volvieron para ver la desagradable cara de triunfo que tenía Snape. Sirius apretaba con fuerza los puños y James temblaba ligeramente, Lily estaba segura que estaban controlándose para no lanzarle una sarta de hechizos a Severus.
—Seguidme —dijo Snape.
Sin atreverse a mirarse el uno al otro, Harry y Ron, Remus, Lily, James y Sirius siguieron a Snape escaleras arriba hasta el gran vestíbulo iluminado con antorchas, donde las palabras producían eco. Un delicioso olor de comida flotaba en el Gran Comedor, pero Snape los alejó de la calidez y la luz y los condujo abajo por la estrecha escalera de piedra que llevaba a las mazmorras.
--¿Qué se cree que hace este murciélago?—mascullo Sirius con la voz cargada de odio—debe llevarlos con McGonagall.
--¿Y si le avisamos?—pregunto Lily.
--Se supone que estamos muertos—tercio James--¿alguna idea?
--Solo una—murmuro Remus para sorpresa de todos.
— ¡Adentro! —dijo, abriendo una puerta que se encontraba a mitad del frío corredor, y señalando su interior.
Entraron detrás de Harry y Ron que temblaban ligeramente. James y Sirius pusieron cara de asco cuando vieron el despacho de Snape. Los sombríos muros estaban cubiertos por estantes con grandes tarros de cristal, dentro de los cuales flotaban cosas verdaderamente asquerosas, Lily recorrió con la mirada el lugar; era muy sombrío y frio, como había sido siempre la vida de Severus, la pelirroja negó con la cabeza. Remus se apresuró a tomar un pedazo de pergamino y con una pluma muggle comenzó a escribir rápidamente.
La chimenea estaba apagada y vacía. Snape cerró la puerta y se volvió hacia ellos.
—Así que —dijo con voz melosa— el tren no es un medio de transporte digno para el famoso Harry Potter y su fiel compañero Weasley. Queríais hacer una llegada a lo grande, ¿eh, muchachos?
--Ese imbécil—bufo James—me las va a pagar, algo se me tiene que ocurrir…
--Tienes todo mi apoyo Cornamenta—Sirius le sonrió con complicidad.
—No, señor, fue la barrera en la estación de Kings Cross lo que...
--¿La barrera?—se extrañó Lily--¿Qué hay con ella? ¿Creen que no los haya dejado pasar?
--Imposible—murmuro Remus que estaba hincado cerca de la puerta, se puso de pie y les sonrió a sus amigos—la barrera nunca se cierra.
--¿Qué hiciste Lunático?—inquirió James haciendo caso omiso de la explicación de su amigo.
--Digamos que McGonagall estará aquí pronto—contesto Remus sonrojándose.
--Vaya—soltó Sirius radiante—hemos corrompido al perfecto prefecto.
Los cuatro soltaron una débil carcajada, luego se volvieron para mirar la cara de Snape que seguía echando humo.
— ¡Silencio! —dijo Snape con frialdad—. ¿Qué habéis hecho con el coche?
--¿Lo quiere para pasear?—Sirius sonrió burlonamente.
Ron tragó saliva. Lily miro sin entender a Snape fue hasta que él desplegó un ejemplar de El Profeta Vespertino de aquel mismo día.
—Os han visto —les dijo enfadado, enseñándoles el titular.
--¡Demonios!—James se dio un golpe en la cabeza.
--¡Tan mala suerte tienen!—exclamo Sirius.
--Podrían expulsarlos—mascullo Remus preocupado.
--Ni Morgana lo quiera—dijo Lily asustada.
«MUGGLES» DESCONCERTADOS
POR UN FORD ANGLIA VOLADOR
Y comenzó a leer en voz alta:
—«En Londres, dos muggles están convencidos de haber visto un coche viejo sobrevolando la torre del edificio de Correos (...) al mediodía en Norfolk, la señora Hetty Bayliss, al tender la ropa (...) y el señor Angus Fleet, de Peebles, informaron a la policía, etcétera.» En total, seis o siete muggles. Tengo entendido que tu padre trabaja en el Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles —dijo, mirando a Ron y sonriendo de manera aún más desagradable—. Vaya, vaya..., su propio hijo...
--¡No se va a atrever!—Remus miraba indignado a Snape.
--El muy cobarde—tercio Sirius.
--Si se enteran que Arthur ha encantado el auto…--murmuro Lily apenada--¡pueden despedirlo!
--Tranquila Lils—James le apretó la mano—no lo vamos a permitir.
—He percibido, en mi examen del parque, que un ejemplar muy valioso de sauce boxeador parece haber sufrido daños considerables —prosiguió Snape.
--¡Le importa más el árbol que los niños!—se escandalizo Lily, ahora sí que quería darle un buen golpe a Snape--¡Debería llevarlos a la enfermería!
--No sé qué te sorprende pelirroja—dijo Sirius encogiéndose de hombros—es típico de Quejicus
—Ese árbol nos ha hecho más daño a nosotros que nosotros a... —se le escapó a Ron.
--Pobres—Remus miraba con pena a los dos niños que parecían realmente asustados.
--Creo que no le vendrá mal una nueva broma ¿no creen?—James miraba a Remus y Sirius con una sonrisa.
--Puedo ponerme a ello de una vez—dijo Sirius sonriendo.
— ¡Silencio! —interrumpió de nuevo Snape—. Por desgracia, vosotros no pertenecéis a mi casa, y la decisión de expulsaros no me corresponde a mí. Voy a buscar a las personas a quienes compete esa grata decisión. Esperad aquí.
Ron y Harry se miraron, palideciendo. Lily miro con impotencia a su hijo a Ron, no sabia si era mejor que McGonagall fuera o no pero no tuvo tiempo de seguir pensando porque antes de que Snape se fuera la puerta se abrió y apareció la profesora.
--Creo que está en el nivel tres—dijo Sirius inspeccionando a McGonagall que encendió la chimenea--¿Ustedes que dicen?
--Yo creo que está en el dos—afirmo Remus pensativo.
--No, coincido con Canuto, está en el tres—aseguro James.
--¿A qué se refieren?—pregunto Lily curiosa.
--Mira pelirroja—explico Sirius—como bien sabes muchas veces hicimos ciertas bromitas que hicieron que McGonagall se enfadara, solo un poco…
--¿Solo un poco?—Lily lo miraba severa.
--Bueno—como siempre Remus salió a ayudar a Sirius cuando Lily lo dejaba sin habla—lo que Sirius quiere decir es que de tantas veces que estuvimos en su despacho y que la vimos molesta le pusimos niveles a su enojo.
--¿Qué hicieron qué?—la chica miro a su esposo que sonreía con cara de angelito.
--Pues tienes que admitir que es divertido—James sonreía más ampliamente—cuando está en el nivel uno hasta sonríe, el nivel dos es cuando pone un simple castigo, el nivel tres es cuando de verdad se enfada pero no llega a mayores, el nivel cuatro…
--Vale, vale—lo interrumpió Lily reprimiendo una sonrisa—ahora averigüemos en que nivel esta.
—Sentaos —dijo ella, y los dos se retiraron a dos sillas que había al lado del fuego—. Explicaos--añadió.
Sus gafas brillaban inquietantemente. Ron comenzó a narrar toda la historia, empezando por la barrera de la estación, que no les había dejado pasar. Los cuatro pusieron mucha atención, cada palabra que decía el pelirrojo parecía de vital importancia para su misión.
—... así que no teníamos otra opción, profesora, no pudimos coger el tren.
— ¿Y por qué no enviasteis una carta por medio de una lechuza? Imagino que tenéis alguna lechuza —dijo fríamente la profesora McGonagall a Harry.
--Eso pensé yo—intervino Lily—hubiera sido más fácil.
--Pues si Evans…
--Potter, soy Potter.
--La costumbre—dijo Sirius—bueno lo que te iba a decir, tal vez si hubiera sido más fácil pero ¿qué quieres? Es el hijo de un Merodeador.
--Sirius tiene razón—corroboro Remus.
James sonrió y Lily puso los ojos en blanco.
—No-no lo pensé...
--Que no exagere—bufo Sirius llevándose el cabello hacia atrás.
—Eso —observó la profesora McGonagall— es evidente.
--Rectifico, está en el cuatro—intervino James moviendo sus manos.
--¿10 galeones?—pregunto Sirius mirando a sus amigos con un brillo en los ojos.
--Hecho—aceptaron los dos alegremente.
Llamaron a la puerta del despacho y Snape la abrió, más contento que unas pascuas. Era el director, el profesor Dumbledore.
--Oh Oh—dijo Lily, miro a los tres chicos que sonreían tristemente--¿Qué pasa?
--Dumbledore—explico Remus—cuando él se encarga de estar en los regaños es peor.
--¿Por qué?
--Ya lo veras—susurro James en su oído.
Hubo un prolongado silencio, tras el cual Dumbledore dijo:
—Por favor, explicadme por qué lo habéis hecho.
Y fue cuando Lily lo entendió todo, por la cara de Harry él también habría preferido que el anciano director les gritara, y es que el tono decepcionado que teñía la voz de Dumbledore. Era penoso, a la pelirroja por lo menos le animo ver que su hijo realmente estaba muy arrepentido porque no se atrevía a ver al director a los ojos.
--¿Lo ves?—pregunto Sirius, Lily asintió y sonrió satisfecha al darse cuenta que ese efecto causaba la misma reacción en el chico.
Mientras relataba de nuevo la historia el chico tenía clavada su mirada en el suelo.
--Creo que evita el tema del auto—afirmo Remus.
--No quiero que despidan a Arthur—dijo Lily apenada.
Cuando Harry acabó, el director simplemente siguió mirándolos a través de sus gafas.
—Iremos a recoger nuestras cosas —dijo Ron en un tono de voz desesperado.
--No pueden expulsarlos—gimió Lily.
--Tranquila pelirroja—Sirius la miro totalmente relajado—no cuentes tus lechuzas antes de verlas llegar.
La chica lo miro sin entender y para su sorpresa James y Remus también sonreían.
— ¿Qué quieres decir, Weasley? —bramó la profesora McGonagall.
—Bueno, nos van a expulsar, ¿no? —dijo Ron.
Harry miró a Dumbledore. Y no fue el único, Lily lo miraba expectante.
—Hoy no, señor Weasley —dijo Dumbledore—. Pero quiero dejar claro que lo que habéis hecho es muy grave. Esta noche escribiré a vuestras familias. He de advertiros también que si volvéis a hacer algo parecido, no tendré más remedio que expulsaros.
--¡Ja!—soltó James triunfal--¡Os lo dije!
Sirius sonrió negando con la cabeza y Remus sonrió resignado, Lily suspiro aliviada. No podían pedir mejor regalo al ver la cara de Snape que se aclaró la garganta y dijo:
—Profesor Dumbledore, estos muchachos han transgredido el decreto para la restricción de la magia en menores de edad, han causado daños graves a un árbol muy antiguo y valioso... Creo que actos de esta naturaleza...
--¡Oh cállate grandísimo animal!—dijo Sirius con desdén.
--¿El sauce boxeador es un árbol valioso?—se extrañó James—vaya, de haberlo sabido habría plantado uno en mi casa.
Eso arranco las risas de sus dos amigos y de su esposa.
—Corresponderá a la profesora McGonagall imponer el castigo a estos muchachos, Severus —dijo Dumbledore con tranquilidad—. Pertenecen a su casa y están por tanto bajo su responsabilidad. —Se volvió hacia la profesora McGonagall—. Tengo que regresar al banquete, Minerva, he de comunicarles unas cuantas cosas. Vamos, Severus, hay una tarta de crema que tiene muy buena pinta y quiero probarla.
--Siempre tan chiflado—murmuro Sirius.
--¿Los murciélagos comen tarta?—bromeo James.
--No creo—dijo Remus siguiéndole la corriente.
Al salir del despacho, Snape dirigió a Ron y Harry una mirada envenenada. Y aunque él no pudo darse cuenta los tres Merodeadores lo querían matarlo con la mirada. Se quedaron con la profesora McGonagall, que todavía los miraba como un águila enfurecida.
--Ya gane—aseguro Sirius.
--Espera Canuto—murmuro James esperanzado.
—Lo mejor será que vayas a la enfermería, Weasley, estás sangrando.
—No es nada —dijo Ron, frotándose enseguida con la manga la herida que tenía en la ceja—. Profesora, quisiera ver la selección de mi hermana.
--¡Es cierto la pequeña pelirroja!—dijo James--¡Y tu hija Sirius!
El chico casi se desmaya al recordar el tema que aún estaba inconcluso: el de la pequeña Lyra, esa niña tenía gran potencial para poder ser la hija de Sirius. Remus se apresuró a sujetar a su amigo que parecía que iba a desmayarse.
--¿Estás bien?—pregunto Lily.
--Sí, sí, estoy perfectamente bien—seguro el chico tratando de sonreír.
--No es para que te pongas así cada que mencionamos a tu hija—aseguro James.
--Aún no sabemos si es su hija—comento Remus.
—La Ceremonia de Selección ya ha concluido —dijo la profesora McGonagall—Tu hermana está también en Gryffindor.
— ¡Bien! —dijo Ron.
--¡Eso es todo!—dijeron los tres chicos a la vez, Sirius ya había recobrado su color habitual.
—Y hablando de Gryffindor... —empezó a decir severamente la profesora McGonagall.
--Que no empiece con sus cosas de quererle quitar puntos—mascullo Sirius.
--Hagamos algo—propuso James sonriendo como niño pequeño, Lily lo miro con ojos de amor; esa era una de las tantas cosas que le encantaban de su esposo—Si le quita más de cien puntos, gano yo, si le quita de cien a cincuenta ganas tu Sirius y si le quita menos de cincuenta ganas tu Lunático.
--Estoy de acuerdo—dijeron los dos chicos sonriendo.
Pero Harry la interrumpió.
—Profesora, cuando nosotros cogimos el coche, el curso aún no había comenzado, así que, en realidad, a Gryffindor no habría que quitarle puntos, ¿no? —dijo, mirándola con temor.
--¡No Harry!—exclamo James, su esposa lo miro severamente—amor, va a hacerme perder 10 galeones.
--Shhhh Cornamenta—tercio Sirius—quiero oír cuantos puntos va a quitarle.
--¿Puedo entrar en la apuesta?—pidió Lily.
--Claro, ¿Qué nivel?—inquirió Sirius.
--El uno.
--¿El uno?—se extrañaron los tres.
--Si el uno—afirmo ella con una sonrisa--¿Se echan para atrás?
--No.
--Entonces pongan atención.
Miraron a McGonagall que les dirigió una mirada penetrante a ambos chicos, pero Harry estaba seguro de que había estado a punto de sonreír (de hecho los cuatro chicos se dieron cuenta). Tenía los labios menos tensos, eso era evidente.
—No quitaremos puntos a Gryffindor —dijo ella, y Harry se sintió muy aliviado—Pero vosotros dos seréis castigados.
--¡Ja!—exclamo Lily— ¡les gane!
Los tres chicos se miraron sorprendidos, negaron con la cabeza sonriendo sacaron de sus pantalones el dinero.
--No se vale—dijo Sirius tendiéndole los galeones.
--Pensándolo mejor prefiero que se queden con su dinero pero cuando volvamos y Harry nazca cada uno le cambiara el pañal un mes.
--¿QUÉ?—los tres tenían cara de asco--¿UN MES?
--Trato hecho—la chica les sonrió radiantemente y dio por terminada la discusión.
La profesora McGonagall volvió a levantar su varita y apuntó con ella al escritorio de Snape. Sonó un ¡plop! y apareció un gran plato de emparedados, dos copas de plata y una jarra de zumo frío de calabaza. Se oyó el gruñido de los estómagos de Remus, Sirius y James.
—Comeréis aquí y luego os iréis directamente al dormitorio —indicó—. Yo también tengo que volver al banquete.
--¿Podemos ir…?
--Sí, pero en cuanto Harry se vaya a dormir—tercio Lily mirando a su marido amablemente
Cuando la puerta se cerró detrás de ella, Ron profirió un silbido bajo y prolongado.
—Creí que no nos salvábamos —dijo, cogiendo un emparedado.
Sin que Lily se diera cuenta Sirius se acercó sigilosamente a la bandeja de sándwiches. Le tendió uno a Remus que no se negó y se metió otro a la boca, James lo miro incrédulo.
--*Ella va a enojarse—*Sirius no hablo solo articulo las palabras—está junto a ti, lo siento compañero.
James asintió tristemente pero se animó un poco al oír la conversación de su hijo ysu amigo.
—Y yo también —contestó Harry, haciendo lo mismo.
--¿Lily?
--¿Hum?
--Podría tomar…
--Ni se te ocurra James Potter.
—Pero ¿cómo es posible que tengamos tan mala suerte? —dijo Ron con la boca llena de jamón y pollo—Fred y George deben de haber volado en ese coche cinco o seis veces y nunca los ha visto ningún muggle —Tragó y volvió a dar otro bocado— ¿Y por qué no pudimos atravesar la barrera?
--Eso está muy raro—acepto la pelirroja--¿Remus?
--Si, si está muy raro—contesto el chico apresurándose a tragar lo que tenía en la boca para que Lily no se diera cuenta—hay que añadirlo al pergamino y lo averiguaremos.
Harry se encogió de hombros.
—Tendremos que andarnos con mucho cuidado de ahora en adelante —dijo, tomando un refrescante trago de zumo de calabaza—. Si al menos hubiéramos podido subir al banquete...
--¡Lily!
--No James, esos emparedados son para tu hijo, espérate, mira hasta Sirius se contiene…--miro al chico que en ese momento estiraba una mano para tomar más sándwiches--¡Sirius Black no te atrevas a robarle comida a mi hijo!
--Vamos pelirroja, es lo menos que me debes después de haber tenido que ver como tú y James se daban amor.
Lily se puso más roja que su cabello y de tanta vergüenza ya no dijo nada.
—Ella no quería que hiciéramos ningún alarde —dijo Ron inteligentemente—. No quiere que nadie llegue a pensar que está bien eso de llegar volando en un coche.
--¿Te imaginas a todos llegando en autos voladores?—pregunto Sirius.
--Si todos lo hicieran no sería divertido—mascullo Lily para sorpresa de los chicos.
Cuando hubieron comido todos los emparedados que podían (en el plato iban apareciendo más, conforme los engullían, siendo así Lily permitió que los chicos comieran e incluso ella comió unos cuantos), se levantaron y salieron del despacho, y tomaron el camino que llevaba a la torre de Gryffindor. El castillo estaba en calma, parecía que el banquete había concluido. Pasaron por delante de retratos parlantes y armaduras que chirriaban, y subieron por las escaleras de piedra hasta que llegaron finalmente al corredor donde, oculta detrás de una pintura al óleo que representaba a una mujer gorda vestida con un vestido de seda rosa, estaba la entrada secreta a la torre de Gryffindor. Los chicos se sentían un poco melancólicos recordando su época en aquel colegio tan maravilloso.
—La contraseña —exigió ella, al verlos acercarse.
—Esto... —dijo Harry.
--Ahora vamos a quedarnos aquí—se quejó Sirius y se sentó en el suelo.
Lily estaba pensando que hacer, pero casi al instante les llegó la ayuda; detrás de ellos oyeron unos pasos veloces y al volverse vieron a Hermione que corría a ayudarles.
— ¡Estáis aquí! ¿Dónde os habíais metido? Corren los rumores más absurdos... Alguien decía que os habían expulsado por haber tenido un accidente con un coche volador.
--¿Eso se considera absurdo?—se escandalizo James--¡Si fue toda una proeza!
—Bueno, no nos han expulsado —le garantizó Harry.
Los cuatro rieron, algo debían reconocer; en ciertos momentos Harry tenia muchos rasgos de James y el chico lo sabía, lo que lo hacía sentirse más orgulloso.
— ¿Quieres decir que habéis venido hasta aquí volando? —preguntó Hermione, en un tono de voz casi tan duro como el de la profesora McGonagall.
--¿Sigues estando segura que no es pariente tuya?—inquirió Sirius.
--Cállate—contesto ella sonriendo.
—Ahórrate el sermón —dijo Ron impaciente— y dinos cuál es la nueva contraseña.
--¿Y tú estás seguro que Ron no es de tu familia?—pregunto Lily regresándosela.
--Esa es mi chica—le dijo James besándola.
—Es «somormujo» —dijo Hermione deprisa—, pero ésa no es la cuestión…
No pudo terminar lo que estaba diciendo, porque el retrato de la señora gorda se abrió y se oyó una repentina salva de aplausos. Al parecer, en la casa de Gryffindor todos estaban despiertos y abarrotaban la sala circular común, de pie sobre las mesas revueltas y las mullidas butacas, esperando a que ellos llegaran. Unos cuantos brazos aparecieron por el hueco de la puerta secreta para tirar de Ron y Harry hacia dentro, y Hermione entró detrás de ellos. Lily y Remus se miraron confundidos mientras que James y Sirius se miraron radiantes, entraron para confirmar sus sospechas.
— ¡Formidable! —gritó Lee Jordan—. ¡Soberbio! ¡Qué llegada! Habéis volado en un coche hasta el sauce boxeador. ¡La gente hablará de esta proeza durante años!
--¡Se los dije!—dijeron James y Sirius a la vez, se veían radiantes.
— ¡Bravo! —dijo un estudiante.
Lily negaba con la cabeza, aquello le recordaba la vez que los Merodeadores habían sacado a la señora Norris del mapa por un largo tiempo.
Alguien le daba palmadas en la espalda a Harry como si acabara de ganar una maratón. Fred y George se abrieron camino hasta la primera fila de la multitud y dijeron al mismo tiempo:
— ¿Por qué no nos llamasteis?
--¡Habría sido fenomenal!—exclamo Sirius orgulloso de su ahijado.
Ron estaba azorado y sonreía sin saber qué decir. Harry y los cuatro chicos se fijaron en alguien que no estaba en absoluto contento. Al otro lado de la multitud de emocionados estudiantes de primero, vio a Percy que trataba de acercarse para reñirles. Harry le dio a Ron con el codo en las costillas y señaló a Percy con la cabeza. Inmediatamente, Ron entendió lo que le quería decir.
—Tenemos que subir..., estamos algo cansados —dijo, y los dos se abrieron paso hacia la puerta que había al otro lado de la estancia, que daba a una escalera de caracol y a los dormitorios.
--¡Claro, siempre tiene que haber un perfecto prefecto!—se quejó Sirius.
Remus y Lily se sonrojaron un poco.
—Buenas noches —dijo Harry a Hermione, volviéndose. Ella tenía la misma cara de enojo que Percy.
--¡Estoy muy orgulloso de mi hijo!—dijo James radiante—por fin lo reconocen por hacer algo digno de un hijo de Merodeador. y no por esa maldita cicatriz.
--Cierto—concedió la pelirroja, James tenía razón y ella tampoco pudo evitar sentir satisfacción por algo que en cierta forma había sido divertido dejando de lado los golpes que les había propinado el árbol.
Consiguieron alcanzar el otro extremo de la sala común, recibiendo palmadas en la espalda, y al fin llegaron a la tranquilidad de la escalera. Los chicos los siguieron con dificultades pues entre la multitud era difícil pasar desapercibidos, un par de veces los estudiantes se preguntaban con que habían chocado pues eran invisibles. La subieron deprisa, derechos hasta el final, hasta la puerta de su antiguo dormitorio, que ahora lucía un letrero que indicaba «Segundo curso». Penetraron en la estancia que ya conocían; tenía forma circular, con sus cinco camas adoseladas con terciopelo rojo y sus ventanas elevadas y estrechas. Les habían subido los baúles y los habían dejado a los pies de sus camas respectivas.
Ron sonrió a Harry con una expresión de culpabilidad.
—Sé que no tendría que haber disfrutado de este recibimiento, pero la verdad es que...
--Si hay porque alegrarse—sentencio Sirius.
--Fue un poco violento—comento Remus—pero tengo que admitir que con esto se han ganado ese recibimiento.
La puerta del dormitorio se abrió y entraron los demás chicos del segundo curso de la casa Gryffindor. Lily sofoco un gritito cuando vio a Neville.
--Me pregunto porque no he visto a Alice—dijo algo desilusionada, los tres chicos intercambiaron una mirada que gracias a Merlín la pelirroja no vio.
— ¡Increíble! —dijo Seamus sonriendo.
— ¡Formidable! —dijo Dean.
— ¡Alucinante! —dijo Neville, sobrecogido.
Harry no pudo evitarlo. Él también sonrió. James no pedía más, estaba verdaderamente orgulloso de su hijo.
Los chicos miraban a Harry cuando sintieron de nuevo como si cayeran de una gran altura, en cuanto abrieron los ojos estaban en el patio del colegio, el sol les daba en plena cara.
--¿Qué demonios paso?—pregunto Sirius poniéndose de pie y verificando que su hechizo desilusionador siguiera funcionando.
--Creo que adelantamos algo de tiempo—contesto Lily mirando alrededor.
--Si pero ¿Cuánto?—inquirió James.
--Y porque—tercio Remus—no hemos dicho el hechizo…
--¡Atiza! ¡Es Harry!—Sirius señalaba hacia la derecha de donde estaban, se acercaron para oír mejor.
— ¿Firmar fotos? ¿Te dedicas a firmar fotos, Potter?
En todo el patio resonó la voz potente y cáustica de Draco Malfoy. Se había puesto detrás de un niño rubio.
--¿Firmar fotos?—se extrañó Remus.
--¡Ja!—soltó James—creo que lo del auto volador ha llegado muy lejos.
— ¡Todo el mundo a la cola! —gritó Malfoy a la multitud—. ¡Harry Potter firma fotos!
—No es verdad —dijo Harry de mal humor, apretando los puños—. ¡Cállate, Malfoy!
--James, yo creo que a Harry no le hace mucho gracias esto—afirmo Lily—si lo conozco un poco creo que todo esto le es muy incómodo.
—Lo que pasa es que le tienes envidia —dijo el niño rubio, cuyo cuerpo entero no era más grueso que el cuello de un grandote que estaba junto a Malfoy.
--Es eso exactamente—corroboro Sirius.
— ¿Envidia? —dijo Malfoy, que ya no necesitaba seguir gritando, porque la mitad del patio lo escuchaba—. ¿De qué? ¿De tener una asquerosa cicatriz en la frente? No, gracias. ¿Desde cuándo uno es más importante por tener la cabeza rajada por una cicatriz?
--¿Qué le pasa a ese mocoso engreído?—se escandalizo la pelirroja--¿Cómo se atreve a decirle así?
--Es un niño malcriado—afirmo James.
—Échate al retrete y tira de la cadena, Malfoy —dijo Ron con cara de malas pulgas.
--Eso es todo Ron—dijo Remus.
—Weasley, ten cuidado —dijo Malfoy con un aire despectivo—. No te metas en problemas o vendrá tu mamá y te sacará del colegio. —Luego imitó un tono de voz chillón y amenazante—. «Si vuelves a hacer otra...»
--Un howler—murmuro Sirius con un nudo en la garganta, los chicos lo miraron—estoy casi seguro que Molly le envió uno de esos por lo del auto, espero que lo haya abierto en privado…
Varios alumnos de quinto curso de la casa de Slytherin que había por allí cerca rieron la gracia a carcajadas.
--Esas malditas serpientes—tercio James con rencor.
—A Weasley le gustaría que le firmaras una foto, Potter —sonrió Malfoy—. Pronto valdrá más que la casa entera de su familia.
--¡Idiota!—dijeron los tres chicos a la vez.
--¡Ese niño es horrible!—exclamo Lily.
Ron sacó su varita reparada con celo, pero Hermione cerró Viajes con los vampiros de un golpe y susurró:
— ¡Cuidado!
--¿Qué le ha pasado a su varita?—quiso saber Remus.
--El sauce—dijeron Lily y James a la vez.
— ¿Qué pasa aquí? ¿Qué es lo que pasa aquí? —Gilderoy Lockhart caminaba hacia ellos a grandes zancadas, y la túnica color turquesa se le arremolinaba por detrás— ¿Quién firma fotos?
Los cuatro chicos miraron a Lockhart, los Merodeadores bufaron ante la sonrisa de Lily.
--¡Lils!—exclamo James.
--¡James!—contesto ella con una sonrisa pícara.
--¿Cómo es posible que lo mires?—el chico se estaba poniendo rojo--¡Estoy yo aquí!
--Ya, ¿y qué tiene de malo?—le mostro la más encantadora de sus sonrisas--¿Celoso?
--¿Celoso? ¿Yo? ¿De él?—el chico rio nerviosamente, Remus y Sirius estaban divertidos con la escena de celos, tenía mucho que no la presenciaban—Por supuesto que no.
--Ah no te creo, pero bueno.
James arqueo las cejas y le puso atención a Harry que quería hablar pero Lockhart lo interrumpió pasándole un brazo por los hombros y diciéndole en voz alta y tono jovial:
— ¡No sé por qué lo he preguntado! ¡Volvemos a las andadas, Harry!
--¿A las andadas? ¿Es que ya le gusta la fama?—Sirius se mostraba ansioso.
--¿Cuánto tiempo adelantamos?—pregunto Remus mirando alrededor.
Sujeto por Lockhart y muerto de vergüenza, Harry vio que Malfoy se mezclaba sonriente con la multitud.
—Vamos, señor Creevey —dijo Lockhart, sonriendo al niño rubio—. Una foto de los dos será mucho mejor. Y te la firmaremos los dos.
--¡Ese creído!—dijo James—ya ni nosotros hacíamos eso. ¿Verdad chicos?
--Es que nosotros firmábamos otras cosas—recordó Sirius con un brillo en los ojos y una sonrisa boba.
--¡Canuto!—James le dio un codazo.
--No te hagas Cornamenta—empezó Sirius--¿es que ya no te acuerdas de…?—pero se dio cuenta que Lily luchaba para no apretar el cuello de su esposo con sus manos—quiero decir, Remus y yo.
--¿Yo?—pregunto Remus poniéndose rojo.
--Si, tu Remus Lupin—sentencio Sirius sonriendo—no me digas que ya te olvidaste de Caty, Marissa, Lizzi…
--¡Basta!—Remus se había puesto más rojo que el cabello de Lily—ya entendimos tu punto Sirius.
James le dio un beso a Lily en la mejilla y se alegró al ver que no lo rechazaba y sonreía. Colin buscó la cámara a tientas y sacó la foto al mismo tiempo que la campana señalaba el inicio de las clases de la tarde.
— ¡Adentro todos, venga, por ahí! —gritó Lockhart a los alumnos, y se dirigió al castillo llevando de los hombros a Harry.
Los chicos siguieron al pequeño Potter que como bien decía Lily, parecía que no quería estar allí.
»Quisiera darte un consejo, Harry —le dijo Lockhart paternalmente al entrar en el edificio por una puerta lateral—. Te he ayudado a pasar desapercibido con el joven Creevey, porque si me fotografiaba también a mí, tus compañeros no pensarían que te querías dar tanta importancia.
--¿Tanta importancia?—a James cada vez le caía peor Lockhart--¿Qué le pasa? Mi hijo no es como él. Siempre dije que es un engreído, presumido…
--¿Alguien como tú?—lo pico Lily.
--¡Yo no soy…! ¡No me compares!
La pelirroja lo beso tiernamente para que se calmara y en efecto así fue. Sirius negaba con la cabeza, había amansado a su mejor amigo, pero bueno después de todo él extrañaba a Hollie…
Sin hacer caso a las protestas de Harry, Lockhart lo llevó por un pasillo lleno de estudiantes que los miraban, y luego subieron por una escalera. Los chicos los siguieron.
—Déjame que te diga que repartir fotos firmadas en este estadio de tu carrera puede que no sea muy sensato. Para serte franco, Harry, parece un poco engreído. Bien puede llegar el día en que necesites llevar un montón de fotos a mano adondequiera que vayas, como me ocurre a mí, pero —rió— no creo que hayas llegado ya a ese punto.
--¡Este imbécil engreído!—los tres chicos miraban divertidos a James.
Habían alcanzado el aula de Lockhart y éste dejó libre por fin a Harry, que se arregló la túnica y buscó un asiento al final del aula, donde se parapetó detrás de los siete libros de Lockhart, de forma que se evitaba la contemplación del Lockhart de carne y hueso. Lily se acercó con disimulo para leer.
--Bueno creo que no es tan imbécil como creíamos—murmuro la chica.
--Vaya—Remus también leía el titulo de los libros.
--Estoy seguro que él no hizo nada de esto—afirmo James.
--Déjalo ya Cornamenta—le aconsejo Sirius radiante.
El resto de la clase entró en el aula ruidosamente, y Ron y Hermione se sentaron a ambos lados de Harry.
—Se podía freír un huevo en tu cara —dijo Ron—. Más te vale que Creevey y Ginny no se conozcan, porque fundarían el club de fans de Harry Potter.
Los cuatro chicos soltaron una débil carcajada, hasta James se olvidó un poco de su odio infantil hacia Lockhart.
—Cállate —le interrumpió Harry-- Lo único que me falta es que a oídos de Lockhart llegaran las palabras «club de fans de Harry Potter».
Sirius murmuro algo parecido a "no estaría mal" ante las miradas severas de Lily y Remus. No tuvieron tiempo de nada más cuando sintieron un tirón en la espalda y aparecieron en el dormitorio de los chicos de segundo.
--¿Y ahora qué pasa?—se quejó Sirius poniéndose de pie, comenzaba a irritarle caer tan bruscamente—Pelirroja ¿crees que tu hechizo este fallando?
--No, creo que intenta mostrarnos más cosas—susurro la chica—siguen activados sus hechizos desilusionadores.
--Bien—James miro alrededor--¿Es Harry?
El chico de doce años dormía apaciblemente, Lily lo miraba con ternura y los chicos con envidia pues ya les hacía falta unas cuantas horas de sueño, se sobresaltaron un poco cuando un chico entro en la habitación y despertó a Harry con un zarandeo.
--¿Por qué lo despierta?—se escandalizo Sirius—A estas horas la gente decente sigue durmiendo.
--Sirius—mascullo Lily mirando el reloj que estaba sobre el buro—son las siete de la mañana.
--Por eso pelirroja, por eso.
— ¿Qué pasa? —preguntó Harry aturdido.
— ¡Entrenamiento de Quidditch! —respondió Wood—. ¡Vamos!
--Entonces si debe levantarse—afirmo James. Lily rodo los ojos, su marido nunca iba a cambiar y en cierta forma le gustaba.
Harry miró por la ventana, entornando los ojos. Una neblina flotaba en el cielo de color rojizo y dorado. Una vez despierto, se preguntó cómo había podido dormir con semejante alboroto de pájaros.
—Oliver —observó Harry con voz ronca—, si todavía está amaneciendo...
—Exacto —respondió Wood. Era un muchacho alto y fornido de sexto curso y, en aquel momento, tenía los ojos brillantes de entusiasmo—. Forma parte de nuestro nuevo programa de entrenamiento. Venga, coge tu escoba y andando —dijo Wood con decisión—. Ningún equipo ha empezado a entrenar todavía. Este año vamos a ser los primeros en empezar...
--Vaya me recuerda a cierto capitán obsesionado—tercio Remus mirando a James, recordaba como el chico se tomaba muy enserio el ser capitán del equipo y es que solo había dos cosas que su amigo tomaba en serio por aquellas épocas: el Quidditch y Lily Evans.
--Ya, pero mis tácticas funcionaban—espeto James orgulloso--¡Por fin vamos a ver a Harry volando!
--Si es hijo tuyo Cornamenta—soltó Sirius—es obvio que vuela a la mar de bien.
Bostezando y un poco tembloroso, Harry saltó de la cama e intentó buscar su túnica de Quidditch.
— ¡Así me gusta! —dijo Wood—. Nos veremos en el campo dentro de quince minutos.
--¡Está loco!—aseguro Remus sonriendo.
Los tres chicos sonrieron, Harry se puso la capa sobre la túnica, escribió una nota seguramente para Ron y tomo su escoba. A James le brillaban los ojos al igual que a Sirius, a pesar de que ninguno de los dos era buscador les encantaba la idea de que Harry lo fuera. Bajando las escaleras se toparon con el niño rubio, Colin, que llevaba su cámara colgada al cuello.
— ¡Oí que alguien pronunciaba tu nombre en las escaleras, Harry! ¡Mira lo que tengo aquí! La he revelado y te la quería enseñar...
Desconcertado, Harry miró la fotografía que Colin sostenía delante de su nariz. Un Lockhart móvil en blanco y negro tiraba de un brazo que Harry reconoció como suyo.
--¡Mira cómo sale en la foto!—James se desternillaba de risa—ese es mi hijo, no podía ser posible que le cayera bien.
Lily sonrió negando con la cabeza.
.
— ¿Me la firmas? —le pidió Colin con fervor.
--A que este chico es muy ensimoso—comento Sirius.
—No —dijo Harry rotundamente, mirando en torno para comprobar que realmente no había nadie en la sala—. Lo siento, Colin, pero tengo prisa. Tengo entrenamiento de Quidditch.
Y salió por el retrato.
— ¡Eh, espérame! ¡Nunca he visto jugar al Quidditch!
--¿Es que no lo va a dejar en paz?—pregunto James a la desesperada.
--Solo quiere ser amable—tercio Lily—y tú no tienes moral para decir nada que os encantaba tener chicas a montones detrás.
James palideció.
--Que conste que solo lo hacía para encelarte, nunca hice nada con ellas—el chico le sonreía para convencerla--¿verdad Lunático?
--Este…sigamos a Harry.
James fulmino con la mirada a su amigo que se encogió de hombros y salieron de la sala común detrás de Harry. Colin se metió apresuradamente por el agujero.
—Será muy aburrido —dijo Harry enseguida, pero Colin no le hizo caso. Los ojos le brillaban de emoción.
--¿Cómo dice eso?—se escandalizo James.
--Solo lo hace para librarse de él—lo tranquilizo Remus.
—Tú has sido el jugador más joven de la casa en los últimos cien años, ¿verdad, Harry? ¿Verdad que sí? —le preguntó Colin, corriendo a su lado—. Tienes que ser estupendo. Yo no he volado nunca. ¿Es fácil? ¿Ésa es tu escoba? ¿Es la mejor que hay?
--Por supuesto que es estupendo—James sacaba el pecho orgulloso.
Parecía que Harry no sabía cómo librarse de él, los tres chicos ya se sentían mareados porque el chico no se callaba hasta Lily se sintió un poco harta.
—No sé cómo es el Quidditch, en realidad —reconoció Colin, sin aliento—. ¿Es verdad que hay cuatro bolas? ¿Y qué dos van por ahí volando, tratando de derribar a los jugadores de sus escobas?
—Si —contestó Harry de mala gana, resignado a explicarle las complicadas reglas del juego del Quidditch—. Se llaman bludgers. Hay dos bateadores en cada equipo, con bates para golpear las bludgers y alejarlas de sus compañeros. Los bateadores de Gryffindor son Fred y George Weasley.
--¿Va a explicarle todo?—Lily hizo una mueca, era bien sabido que no era aficionada al juego.
--Vamos amor—su esposo le dio un beso—creo que hasta te va a gustar porque lo está explicando tu hijo.
--Ya sabía yo que los gemelos debían tener un puesto tan importante como ser golpeador—dijo Sirius radiante, él había sido golpeador en el equipo liderado por James—me gustaría verlos en acción.
— ¿Y para qué sirven las otras pelotas? —preguntó Colin, dando un tropiezo porque iba mirando a Harry con la boca abierta.
—Bueno, la quaffle, que es una pelota grande y roja, es con la que se marcan los goles. Tres cazadores en cada equipo se pasan la quaffle de uno a otro e intentan introducirla por los postes que están en el extremo del campo, tres postes largos con aros al final.
--Y el cazador estrella: James Potter—los chicos rieron al oír a su amigo.
— ¿Y la cuarta bola?
—Es la snitch —dijo Harry—, es dorada, muy pequeña, rápida y difícil de atrapar. Ésa es la misión de los buscadores, porque el juego del Quidditch no finaliza hasta que se atrapa la snitch. Y el equipo cuyo buscador la haya atrapado gana ciento cincuenta puntos.
—Y tú eres el buscador de Gryffindor, ¿verdad? —preguntó Colin emocionado.
—Sí —dijo Harry, mientras dejaban el castillo y pisaban el césped empapado de rocío—. También está el guardián, el que guarda los postes. Prácticamente, en eso consiste el Quidditch.
--Explicado por él es más sencillo—comento la pelirroja, su esposo la miro ceñudo—bueno, corazón tienes que admitir que tú me haces bolas explicándome todo el reglamento—James le dio un beso—ves, tengo razón, siempre la tengo.
Sirius y Remus rieron a carcajadas ante la cara de su amigo, Harry pudo deshacerse de Colin solo hasta que llegaron al campo, él chico se fue con el equipo y ellos lo siguieron, a James le sudaban las manos.
--Cálmate Cornamenta—dijo Remus—estoy seguro que quedaras encantado.
—Por fin, Harry, ¿por qué te has entretenido? —preguntó Wood enérgicamente—Veamos, quiero deciros unas palabras antes de que saltemos al campo, porque me he pasado el verano diseñando un programa de entrenamiento completamente nuevo, que estoy seguro de que nos hará mejorar.
--¡Es un James Potter!—dijo Lily divertida.
--Totalmente de acuerdo—dijeron Sirius y Remus al mismo tiempo.
--¡Oigan!
Wood sostenía un plano de un campo de Quidditch, lleno de líneas, flechas y cruces en diferentes colores. Sacó la varita mágica, dio con ella un golpe en la tabla y las flechas comenzaron a moverse como orugas. En el momento en que Wood se lanzó a soltar el discurso sobre sus nuevas tácticas, a Fred Weasley se le cayó la cabeza sobre el hombro de una chica y empezó a roncar. Sirius se desternillo de risa ante la escena, y es que era curioso, a él le había sucedido algo parecido. Se identificaba mucho con esos chicos.
Le llevó casi veinte minutos a Wood explicar los esquemas de la primera tabla, pero a continuación hubo otra, y después una tercera. Harry se adormecía mientras el capitán seguía hablando y hablando. Los chicos también se sentaron, James y Sirius oían con atención mientras que Remus y Lily juntaron las cabezas y comenzaban a quedarse dormidos.
—Bueno —dijo Wood al final, sacando a Harry de sus fantasías—¿Ha quedado claro? ¿Alguna pregunta?
—Yo tengo una pregunta, Oliver —dijo George, que acababa de despertar dando un respingo—. ¿Por qué no nos contaste todo esto ayer cuando estábamos despiertos?
A Wood no le hizo gracia. Pero a James y Sirius sí.
—Escuchadme todos —les dijo, con el entrecejo fruncido—, tendríamos que haber ganado la copa de Quidditch el año pasado. Éramos el mejor equipo con diferencia. Pero, por desgracia, y debido a circunstancias que escaparon a nuestro control...
--¿Qué no ganaron?—James dio un respingo despertando a Lily—lo siento mi amor.
--¿Por qué?—se extrañó Sirius.
—De forma que este año entrenaremos más que nunca... ¡Venga, salid y poned en práctica las nuevas teorías! —gritó Wood, cogiendo su escoba y saliendo el primero de los vestuarios. Con las piernas entumecidas y bostezando, le siguió el equipo.
Habían permanecido tanto tiempo en los vestuarios, que el sol ya estaba bastante alto, aunque sobre el estadio quedaban restos de niebla. Lily y Remus bostezaban y se estiraban. Cuando Harry saltó al terreno de juego, vio a Ron y Hermione en las gradas.
— ¿Aún no habéis terminado? —preguntó Ron, perplejo.
—Aún no hemos empezado —respondió Harry, mirando con envidia las tostadas con mermelada que Ron y Hermione se habían traído del Gran Comedor y no era el único, Sirius estaba pensando cómo podría robárselas—Wood nos ha estado enseñando nuevas estrategias.
Montó en la escoba y, dando una patada en el suelo, se elevó en el aire. El frío aire de la mañana le azotaba el rostro, consiguiendo despertarle bastante más que la larga exposición de Wood. Era maravilloso regresar al campo de Quidditch. Dio una vuelta por el estadio a toda velocidad, haciendo una carrera con Fred y George. James miraba embobado como su hijo volaba por todo el campo como un experto, sintió un gran orgullo, siempre había querido tener un hijo tan hábil volando y ahora lo tenía frente a él, era una sensación bastante grata. Lily, Remus y Sirius estaban seguros que al chico se le había escapado una lágrima cuando este se volvió para evitar que mirasen su cara.
— ¿Qué es ese ruido? —preguntó Fred, cuando doblaban la esquina a toda velocidad.
Harry y los cuatro chicos miraron a las gradas. Colin estaba sentado en uno de los asientos superiores, con la cámara levantada, sacando una foto tras otra, y el sonido de la cámara se ampliaba extraordinariamente en el estadio vacío.
— ¡Mira hacia aquí, Harry! ¡Aquí! —chilló.
— ¿Quién es ése? —preguntó Fred.
—Ni idea —mintió Harry, acelerando para alejarse lo más posible de Colin.
Arranco unas sonrisas de sus padres, su padrino y su tío.
— ¿Qué pasa? —dijo Wood frunciendo el entrecejo y volando hacia ellos. ¿Por qué saca fotos aquél? No me gusta. Podría ser un espía de Slytherin que intentara averiguar en qué consiste nuestro programa de entrenamiento.
--¡Qué paranoico!—exclamo Lily mirando de reojo a James que se sonrojaba.
—Es de Gryffindor —dijo rápidamente Harry.
—Y los de Slytherin no necesitan espías, Oliver —observó George.
— ¿Por qué dices eso? —preguntó Wood con irritación.
—Porque están aquí en persona —dijo George, señalando hacia un grupo de personas vestidas con túnicas verdes que se dirigían al campo, con las escobas en la mano.
--¿QUÉ HACEN AQUÍ?—bramaron James y Sirius.
— ¡No puedo creerlo! —dijo Wood indignado—. ¡He reservado el campo para hoy! ¡Veremos qué pasa!
--¡Esas serpientes!—dijo Remus apretando los puños.
Wood se dirigió velozmente hacia el suelo. Debido al enojo aterrizó más bruscamente de lo que habría querido y al desmontar se tambaleó un poco. Harry, Fred y George y los chicos lo siguieron.
—Flint —gritó Wood al capitán del equipo de Slytherin—, es nuestro turno de entrenamiento. Nos hemos levantado a propósito. ¡Así que ya podéis largaros!
--Así se habla—afirmo James.
Marcus Flint aún era más corpulento que Wood. Con una expresión de astucia digna de un trol, replicó:
—Hay bastante sitio para todos, Wood.
Angelina, Alicia y Katie también se habían acercado. No había chicas entre los del equipo de Slytherin, que formaban una piña frente a los de Gryffindor y miraban burlonamente a Wood. Sirius apretó con fuerza su varita.
--Sirius…--la chica le tendió la mano para que le diera su varita y no hiciera una tontería.
--No hare nada—aseguro sonriendo angelicalmente.
— ¡Pero yo he reservado el campo! —dijo Wood, escupiendo la rabia—. ¡Lo he reservado!
— ¡Ah! —dijo Flint—, pero nosotros traemos una hoja firmada por el profesor Snape. «Yo, el profesor S. Snape, concedo permiso al equipo de Slytherin para entrenar hoy en el campo de Quidditch debido a su necesidad de dar entrenamiento al nuevo buscador.»
--¡Quejicus!—escupió James con odio.
--Creo, que tenías razón compañero—murmuro Sirius, James lo miro sin entender—ya va siendo hora de otra buena bromita.
--Me gusta—James miro a Remus, él asintió tímidamente—esa es la actitud Lunático.
— ¿Tenéis un buscador nuevo? —preguntó Wood, preocupado—. ¿Quién es?
Detrás de seis corpulentos jugadores, apareció un séptimo, más pequeño, que sonreía con su cara pálida y afilada: era Draco Malfoy.
--¿Ese mocoso enclenque?—se burló Sirius.
--Harry puede con él—dijo James seguro.
--No hay duda—dijeron Lily y Remus al unísono.
— ¿No eres tú el hijo de Lucius Malfoy? —preguntó Fred, mirando a Malfoy con desagrado.
—Es curioso que menciones al padre de Malfoy —dijo Flint, mientras el conjunto de Slytherin sonreía aún más—. Déjame que te enseñe el generoso regalo que ha hecho al equipo de Slytherin.
--¡Ha comprado su lugar!—se escandalizo Lily.
--¡Ese imbécil de Lucius!—dijo Sirius con desdén.
Los siete presentaron sus escobas. Siete mangos muy pulidos, completamente nuevos, y siete placas de oro que decían «Nimbus 2.001» brillaron ante las narices de los de Gryffindor al temprano sol de la mañana.
--No me lo puedo creer—soltó James.
—Ultimísimo modelo. Salió el mes pasado —dijo Flint con un ademán de desprecio, quitando una mota de polvo del extremo de la suya—. Creo que deja muy atrás la vieja serie 2.000. En cuanto a las viejas Barredoras —sonrió mirando desdeñosamente a Fred y George, que sujetaban sendas Barredora 5—, mejor que las utilicéis para borrar la pizarra.
--Un solo movimiento—mascullo Sirius molesto.
--No lo hagas—pidió Lily dulcemente.
Durante un momento, a ningún jugador de Gryffindor se le ocurrió qué decir. Malfoy sonreía con tantas ganas que tenía los ojos casi cerrados.
—Mirad —dijo Flint—. Invaden el campo.
Ron y Hermione cruzaban el césped para enterarse de qué pasaba.
— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó Ron a Harry—. ¿Por qué no jugáis? ¿Y qué está haciendo ése aquí?
Miraba a Malfoy, vestido con su túnica del equipo de Quidditch de Slytherin.
—Soy el nuevo buscador de Slytherin, Weasley —dijo Malfoy, con petulancia—Estamos admirando las escobas que mi padre ha comprado para todo el equipo.
--¡Solo así ha logrado que lo acepten!—comento Remus.
Ron miró boquiabierto las siete soberbias escobas que tenía delante.
—Son buenas, ¿eh? —dijo Malfoy con sorna—. Pero quizás el equipo de Gryffindor pueda conseguir oro y comprar también escobas nuevas. Podríais subastar las Barredora 5. Cualquier museo pujaría por ellas.
--Se está pasando—dijo Sirius—por favor pelirroja…
--Espera Sirius—dijo James—solo espera, ellos pueden.
El equipo de Slytherin estalló de risa.
—Pero en el equipo de Gryffindor nadie ha tenido que comprar su acceso —observó Hermione agudamente—Todos entraron por su valía.
--Eso era todo Hermione—dijo Remus sonriendo.
--El mismo estilo que tu pelirroja—Sirius miraba amablemente a su cuñada que le dijo gracias sin pronunciarlo.
Del rostro de Malfoy se borró su mirada petulante.
—Nadie ha pedido tu opinión, asquerosa sangre sucia —espetó él.
Flint tuvo que ponerse rápidamente delante de Malfoy para evitar que Fred y George saltaran sobre él. Alicia gritó « ¡Cómo te atreves!», y Ron se metió la mano en la túnica y, sacando su varita mágica, amenazó « ¡Pagarás por esto, Malfoy!», y sacando la varita por debajo del brazo de Flint, la dirigió al rostro de Malfoy.
--¡Hasta aquí podíamos llegar!—dijo James sacando rápidamente su varita--¡Tarantagella!
Malfoy comenzó a bailar descontroladamente pero al mismo tiempo que el hechizo de James le daba de lleno un estruendo resonó en todo el estadio, y del extremo roto de la varita de Ron surgió un rayo de luz verde que, dándole en el estómago, lo derribó sobre el césped.
— ¡Ron! ¡Ron! ¿Estás bien? —chilló Hermione.
Ron abrió la boca para decir algo, pero no salió ninguna palabra. Por el contrario, emitió un tremendo eructo y le salieron de la boca varias babosas que le cayeron en el regazo. Los Slytherin no pudieron burlarse como les habría gustado porque trataban de ayudar a Malfoy que no dejaba de bailar. Los chicos de Gryffindor buscaban con la mirada al responsable de dejar así a la pequeña serpiente.
--James…--Lily puso su mano sobre la mejilla de su esposo, el hombre estaba rojo del coraje—no tenías por qué hacerlo…
--No podía quedarme ahí viendo cómo te insultaban.
--Pero eso se lo han dicho a Hermione—dijo Remus poniendo una mano sobre el hombro de su amigo.
--No a Lily—tercio Sirius comprensivamente.
James compuso una mueca, sus dos amigos lo comprendieron: acaba de recordar sus años en Hogwarts, las muchas veces que había embrujado a alguien por insultar a su amada pelirroja, ella no lo sabía pero desde que pisaran en el castillo él se había encargado de que nadie se atreviera a insultarla, Lily siempre creyó que James solo hechizaba a las personas por diversión pero la verdad era esa; siempre lo hizo para defenderla. Lily se acero y le dio un tierno beso en la mejilla.
—Lo mejor es que lo llevemos a la cabaña de Hagrid, que está más cerca —dijo Harry a Hermione, quien asintió valerosamente, y entre los dos cogieron a Ron por los brazos.
Pero antes de que pudieran hacer algo mas o decir algo volvieron a ser jalados y cayeron de bruces en el frio suelo. Lily se paró con dificultades.
--¿Y ahora?
--Seguimos en Hogwarts—dijo Remus.
--Y seguimos con el hechizo desilusionador—afirmo Sirius sobando su codo.
--¿Harry?—susurro James.
Pusieron su atención el chico que estaba cerca de ellos, hablando con una niña castaña y un niño pelirrojo, se acercaron para oír mejor porque al parecer no querían que nadie los escuchara…
Otro capitulo n.n espero que sea de su agrado, en el ultimo capitulo no les agradeci ni nada pero es que estuve muy ocupada y solo me dio tiempo de subir el capitulo. Gracias a los chicos que comentaron el capitulo pasado y a los que no comentan, también gracias, miles de gracias por hacer de esta una gran historia y gracias a los 113 chicos y chicas que la tiene como favoritos y con cada capitulo se eleva el numero wow! Gracias. Saludos!
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