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Historia 67888 — capítulo 39

A la mañana siguiente, Lily fue la primera en despertarse y sin consideración alguna entro sigilosamente a la habitación de James para despertarlo con un dulce chorro de agua.

--¡Arriba!

--¿Qué diablos…?—grito James asustado, pero al ver que era Lily sonrió calmadamente--¿Así me castigarás? ¿Por cuánto tiempo?

--Lo que hiciste no se puede comparar con alguna trastada del colegio, James—dijo Lily con voz de acero—quisiste enviarme de vuelta ¿Qué tenías en la cabeza? Realmente lograste decepcionarme…

--Si tan solo me dejaras explicarte…

--Apúrate si quieres desayunar porque de seguro el hechizo nos mueve cuanto antes—lo corto ella y antes de salir de su habitación de lanzo una almohada y James pudo jurar que sonrió un poco.

--Bueno, era lo mínimo…--dijo James parándose de la cama con una mueca de diversión, aunque realmente no estaba divertido; tenía miedo, miedo que Lily no lo fuera a perdonar, miedo que la hubiera desilusionado, miedo del futuro.

--¡Todo por tu culpa!—chillo Remus en voz baja una vez que estuvieron en las cocinas desayunando; fulminaba a James con la mirada que comía cereal de animalitos con una expresión de desconcierto, Sirius maldecía por lo bajo mirando con odio su tazón de cereal integral—deberíamos golpearte, Cornamenta, lo juro…

--¡Perdón!—exclamo James abatido.

--¿De qué hablan?—pregunto Lily mirándolos enfadada; los tres se sobresaltaron y negaron enérgicamente con la cabeza--¡Coman!

--Ya vamos, ya vamos…--decía Sirius asustado, miro a James con los ojos entrecerrados—ya me las pagaras, bambi…

--¡No hice nada malo!

--¿No?—le reprocho Remus enfadado—Tú fuiste el que quiso mandarla aun cuando hasta Sirius te dijo que no lo hicieras pero, tenías hacerlo y ahora comemos cereal integral por tu culpa.

--Yo…

--¡Nos vamos!—ordeno Lily con decisión a lo que los chicos se pusieron de pie de un salto--¡Ahora!

--¡No, aún no he terminado!—espeto Sirius pero al acto se quedó callado, Lily le daba más miedo del que quería aceptar.

--Eso creí…

--No, en serio Lily—tercio Remus tragando con dificultad y llevándose la mirada sorprendida de la pelirroja; James y Sirius veían todo muy atentos—Sirius y yo no tenemos la culpa de lo que hizo James, ya te dijimos que se lo advertimos, y si quieres desquitarte con alguien, pues con todo el respeto que me merece, desquítate con James, somos inocentes en este caso y… ¡odiamos el cereal integral!

--Bien, bien…--iba diciendo Lily con los labios fruncidos.

Esperaban que la chica sacara su varita y antes de que pudieran hacer algo ella estaría hechizándolos, pero gracias a Merlín el hechizo los movió justo a tiempo dejándolos en lo que parecía ser un bosque…

--¿Dónde…?

—Cógela tú. Tú mereces ganar: me has salvado la vida dos veces.

—No es así el Torneo —replicó Harry.

--¿Qué?—salto Sirius mirando alrededor--¿Esta es la tercera prueba?

--¡La copa, es la copa!—chillaba Lily señalando hacia al frente--¡Lo logro, lo logro!

--¿Qué esperas, Harry?—grito James contento--¡Cógela, cógela!

—El primero que llega a la Copa gana. Y el primero has sido tú. Te lo estoy diciendo: yo no puedo ganar ninguna competición con esta pierna.

--¡Está herido!—dijo Lily acercándose a Harry y tratando de examinar su pierna; pero sofoco un gritito cuando vio los jalones en su ropa, los arañazos en sus brazos y cara--¿Qué están locos?

--Ni siquiera sabemos de qué se trató esta prueba—habló Sirius mirando la araña desmayada que yacía a su izquierda—pero esto es como… un laberinto gigantesco.

--¿Era solo buscar la copa y ya?—se extrañó Remus.

--Y esquivar los obstáculos—razonó James señalando la araña—ahora, el punto es ¿Qué hace Diggory aquí? Y lo más importante ¿Por qué demonios no coge la copa y ya este Harry?

--Si, él, gracias a Merlín, no es como tú—dijo Lily enojada—él si piensa en algo más que no gire a su alrededor.

--Lily, si tan solo…

— ¡Deja de hacer alardes de nobleza! —exclamó Harry irritado—. No tienes más que cogerla, y podremos salir de aquí.

--¿Tocando la copa saldrán de aquí?—pregunto Sirius al aire—wow, pues que lo hagan rápido, así podré respirar tranquilo.

—Tú me dijiste lo de los dragones —recordó Cedric—. Yo habría caído en la primera prueba si no me lo hubieras dicho.

--¿Qué demonios?—grito James frustrado por la gentileza de su hijo, de vez en vez debería ser un poco más como él; algo que sin duda cambiaria al volver--¿A que juega? ¡Que la tome ya!

--¿Qué tiene que ver eso de los dragones?—pregunto Remus un tanto desesperado, al igual que sus amigos, quería que todo eso acabara de una bendita vez--¿Qué cosa le dijo?

--Si me dicen que Harry ayudo a Diggory…--Sirius dejo la frase al aire, miraba incrédulo a su ahijado.

—A mí también me lo dijeron —espetó Harry, tratando de limpiarse con la túnica la sangre de la pierna—. Y luego tú me ayudaste con el huevo: estamos en paz.

—También a mí me ayudaron con el huevo.

--¡Está herido!—grito Lily frustrada--¿Por qué ustedes los hombres se complican la vida? ¿No pueden coger la copa juntos? ¡Campeones de Hogwarts! ¿Hola?—ironizo la pelirroja.

--Es solo que somos muy dramáticos—comento James en broma pero su esposa ni siquiera lo miro, seguía demasiado enfadada.

--No ayudas, Cornamenta—dijo Remus.

—Seguimos estando en paz —repuso Harry, probando con cautela la pierna, que tembló violentamente al apoyar el peso sobre ella.

--¿Cómo lo sacamos de aquí?—inquirió Lily con los ojos llorosos, temía por la integridad de la pierna de su hijo, que cada vez se veía peor; miro a Remus en busca de ayuda, hasta a Sirius pero ninguno de los dos sabían que hacer. Después de todo, las cosas no se veían tan mal como se habían temido que sería la última prueba—bien, al parecer ustedes creen que esto es…

Antes de que Lily pudiera decir algo más, el hechizo los cambió…

--¿Qué…?

— ¡Avada Kedavra!

--¡Ah!—el grito que soltó Lily fue tan terrorífico que los chicos se sobresaltaron; miraron a su alrededor y fue cuando el alma se le fue a los pies--¡CEDRIC, CEDRIC! ¡AYUDA, AYUDA!—chillaba Lily como una loca.

--¡Lo ha matado, lo ha matado!—gritaba Sirius señalando el cuerpo inerte del joven Diggory con una expresión de horror--¡Lo mato!

--¡TENEMOS QUE AYUDARLO, TENEMOS QUE AYUDARLO!—vociferaba Lily con lágrimas corriéndole por el rostro, cuando de repente recordó--¡Harry! ¿Dónde está Harry? ¡HARRY!

--¡Ahí, ahí está!—señaló Remus a un lado del cuerpo de Cedric; él también estaba consternado, no se lo podía creer ¿Cómo había pasado? Sirius se tapaba la cara con las manos, James estaba más pálido que un fantasma y no le quitaba los ojos de encima al cadáver y Lily seguía llorando mientras repetía una y otra y vez el nombre de Cedric, se acercó para abrazarla—hay que calmarnos, hay que ver que paso ¿Por qué nos movió el hechizo? ¿Dónde rayos estamos? ¿En qué tiempo?

--¡¡¡TRAIDOR!!!—grito Sirius viendo algo que Remus no había visto; el asesino, el que había movido su varita para atrapar a Harry con cuerdas, el que ahora le daba una bofetada: Colagusano, el traidor.

— ¡Tú! —dijo Harry jadeando.

Pero Colagusano, que había terminado de sujetarlo, no contestó: estaba demasiado ocupado comprobando la firmeza de las cuerdas, y sus dedos temblaban incontrolablemente hurgando en los nudos. Cuando estuvo seguro de que Harry había quedado tan firmemente atado a la lápida que no podía moverse ni un centímetro, Colagusano sacó de la capa una tira larga de tela negra y se la metió a Harry en la boca. Luego, sin decir una palabra, le dio la espalda y se marchó a toda prisa.

James se dejó caer al suelo pasándose una mano por el cabello, frustrado; era demasiado, durante el viaje se había imaginado tener frente a frente a Peter y había pensado un millón de formas de castigarlo, de torturarlo, de hacerle pagar por el daño que había causado; había pensado en una lista inmensa de insultos que fueran lo suficientemente hirientes para esa rata. Pero ahora… ahora no podía ni siquiera mantenerse en pie, ahora no se le venía a la cabeza ninguna maldición, a su boca no llegaba ningún insulto…

--¡NO!—grito Lily asustada cuando vio que Colagusano no iba solo--¡NO, POR FAVOR!

--¿Qué… quién es?—farfulló Remus tratando de enfocar mejor la vista—no… imposible…

El cuerpo de Cedric yacía a unos seis metros de distancia. Un poco más allá, brillando a la luz de las estrellas, estaba la Copa de los tres magos. La varita de Harry se encontraba en el suelo, a sus pies.

--Maldito, asqueroso hijo de perra, mal nacido…--recitaba Sirius loco de la ira; sujetaba con fuerza la varita y hacía gestos propios de cuando trataba de calmarse, cosa que Remus pensó que no iba a lograr si sucedían cosas peores—yo… juro que… con mis propias manos ¡Lo sabía! ¡Era él! ¡Todo el tiempo fue él! ¡Él tramo lo del Torneo! ¡Asqueroso hijo de…!

--¡NO!—volvió a chillar Lily en brazos de Remus que se asustó; bajó la mirada, y vio una serpiente gigante que se deslizaba por la hierba, rodeando la lápida a la que estaba atado. Volvió a oír, cada vez más fuerte, la respiración rápida y dificultosa de Colagusano, que soñaba como si estuviera acarreando algo pesado--¡REMUS…!—seguía lloriqueando la pelirroja que parecía al borde del colapso—ayúdale, ayúdale por favor…

--Lily nosotros no… no podemos—balbuceaba el licántropo con impotencia ante la mirada suplicante de la chica—lo sabes…

Colagusano cargaba un gran caldero de piedra y aparentemente traía agua porque salpicaba… era tan grande que un adulto podría caber ahí sentado. El bulto que Remus había visto en brazos de Colagusano se removía, parecía un bebé… La cosa que había dentro del lío de ropa, en el suelo, se agitaba con más persistencia, como si tratara de liberarse. En aquel momento, Colagusano hacía algo en el fondo del caldero con la varita. De repente brotaron bajo él unas llamas crepitantes. La serpiente se alejó reptando hasta adentrarse en la oscuridad.

--Tenemos que sacarlo de aquí—hablo Sirius con una determinación que rayaba en la incredulidad; Remus y Lily lo miraron como si no lo hubieran entendido--¡AHORA!

--Sí, sí, eso…--dijo Lily echa un caos—sacarlo… sacarlo de aquí…

--¿Cómo?—pregunto Remus tallándose los ojos—es que nosotros…

El líquido que contenía el caldero parecía calentarse muy rápidamente. La superficie comenzó no sólo a borbotear, sino que también lanzaba chispas abrasadoras, como si estuviera ardiendo. El vapor se espesaba emborronando la silueta de Colagusano, que atendía el fuego. El lío de ropa empezó a agitarse más fuerte, y entonces un voz fría, una voz que les erizaba el pelo de la nuca, esa voz que habían oído ya una vez…

— ¡Date prisa!

--¡¡¡NO!!!—ahora no solo Lily grito aterrada sin también Remus, Sirius y James que había salido de su incapacidad; esa voz lo confirmaba todo… amo y sirviente volverán a reunirse y entonces él se alzara de nuevo y con más poder…

La entera superficie del agua relucía por las chispas. Parecía incrustada de brillantes.

—Ya está listo, amo.

—Ahora... —dijo la voz fría.

--¿Qué estamos esperando?—exploto Sirius con el miedo de sus amigos tatuado en su rostro--¡Vamos a sacarlo de aquí de una maldita vez! ¡Es él, es Voldemort!

--Sirius… tú lo oíste… no podemos…--iba diciendo Remus.

--¡No podemos dejarlo aquí!—vocifero Lily más desesperada de lo que la habían visto jamás--¡Hay que buscar la forma!

Colagusano abrió el lío de ropa, que parecía una túnica, revelando lo que había dentro, Lily oculto su rostro en el pecho de Remus que se quedó de piedra la ver el contenido, Sirius soltó una palabrota y James no mudó su expresión.

Era como si Colagusano hubiera levantado una piedra y dejado a la vista algo oculto, horrendo y viscoso... pero cien veces peor de lo que se pueda decir. Lo que Colagusano había llevado con él tenía la forma de un niño agachado, pero no era como lo recordaban, no era como era en su época, no tenía cuerpo: no tenía pelo, y la piel era de aspecto escamoso, de un negro rojizo oscuro, como carne viva; los brazos y las piernas eran muy delgados y débiles; y la cara...

Parecía incapaz de valerse por sí mismo: levantó los brazos delgados, se los echó al cuello a Colagusano, y éste lo levantó. Al hacerlo se le cayó la capucha, y percibieron, a la luz de la fogata, una expresión de asco en el pálido rostro de Colagusano mientras lo llevaba hasta el borde del caldero. Luego vio, por un momento, el rostro plano y malvado iluminado por las chispas que saltaban de la superficie de la poción, y oyó el golpe sordo del frágil cuerpo contra el fondo del caldero.

--¿Qué va a hacer?—pregunto Lily aun escondida en el pecho de Remus--¿Qué está haciendo? Remus… por favor…

--Lily…

--Por favor…

Colagusano habló. La voz le salió temblorosa, y parecía aterrorizado. Levantó la varita, cerró los ojos y habló a la noche:

— ¡Hueso del padre, otorgado sin saberlo, renovarás a tu hijo!

--No…--dijo Sirius aun pálido y asustado—m-magia…

--Negra—completo Remus aterrado viendo como Lily convulsionaba a causa del llanto, como James no reaccionaba, como Sirius no sabía que hacer por primera vez en su vida y ahora ¿Qué haría él si… si le ocurría algo a Harry? ¿Qué se supone que tendría que hacer? ¿Viajarían más al futuro? ¿Es que acaso ese era el futuro? ¿Por eso habían viajado solo para ver el reinado de terror de Voldemort? Miro nuevamente a sus amigos y un valor que creía ajeno se apodero de él y supo que tendría que ser el líder, por primera y única vez, le necesitaban—bien, necesitaremos un plan…

— ¡Carne... del vasallo... voluntariamente ofrecida... revivirás a tu señor!

Extendió su mano derecha, la mano a la que le faltaba un dedo. Agarró la daga muy fuerte con la mano izquierda, y la levantó.

--¡Ah!—volvió a gritar Lily horrorizada cuando Colagusano se cortó la mano; Sirius se alejó dando arcadas y James siguió tal cual estaba, parecía tan minúsculo, tan insignificante…--¿Qué hiciste, que hiciste?

--Esto… no…--decía Sirius a lo lejos, sin duda vomitando.

—Sa... sangre del enemigo... tomada por la fuerza... resucitarás al que odias.

--¡¡¡NO!!!—salto James al darse cuenta de las intenciones de Colagusano, no se habían percatado que estaba justo frente a Harry, James se puso de pie de un brinco y corrió hacia el traidor, se iba a abalanzar sobre él pero…

--¡No somos nada!—chillo Lily vuelta loca cuando James cayo de bruces al suelo traspasando el cuerpo de Colagusano--¡No somos nada, NADA!

Colagusano logro su cometido, aunque Harry trato de resistirse, pero estaba muy bien atado; el traidor se sacó una pequeña botellita de cristal y la coloco de forma que el hilillo de sangre que salía del brazo de Harry cayera a salvo dentro.

Tambaleándose, llevó la sangre de Harry hasta el caldero y la vertió en su interior. Al instante el líquido adquirió un color blanco cegador. Habiendo concluido el trabajo, Colagusano cayó de rodillas al lado del caldero; luego se desplomó de lado y quedó tendido en la hierba, agarrándose el muñón ensangrentado, sollozando y dando gritos ahogados...

--No, no, no, no, no…--decía James una y otra vez sujetándose la cabeza—no, no, no, no…

El caldero hervía a borbotones, salpicando en todas direcciones chispas de un brillo tan cegador que todo lo demás parecía de una negrura aterciopelada. Nada sucedió...

--Por favor que se ahogue, por favor que se ahogue…--decía Lily balanceándose de atrás para adelante con las manos en la cara—por favor que salga mal, por favor…

Y entonces, de repente, se extinguieron las chispas que saltaban del caldero. Una enorme cantidad de vapor blanco surgió formando nubes espesas y lo envolvió todo, de forma que no pudieron verse unos a otros por unos segundos se quedaron callados, a la expectativa de ver que sucedía.

--Ha ido mal…--se oyó que decía Sirius que había vuelto junto a sus amigos una vez que el vapor se disipó—ha ido mal, gracias Merlín, gracias…

--Por favor, por favor que este muerto—hablo Lily con las manos temblorosas.

Esperaban con ansias que algo rompiera el silencio que se había establecido y les dijera que las cosas iban a estar bien, que todo iba a salir bien. Pero entonces, a través de la niebla, vieron, aterrorizados, que del interior del caldero se levantaba lentamente la oscura silueta de un hombre, alto y delgado como un esqueleto.

—Vísteme —dijo por entre el vapor la voz fría y aguda, y Colagusano, sollozando y gimiendo, sin dejar de agarrarse el brazo mutilado, alcanzó con dificultad la túnicanegra del suelo, se puso en pie, se acercó a su señor y se la colocó por encima con una sola mano.

El hombre delgado salió del caldero, mirando a Harry fijamente... Más blanco que una calavera, con ojos de un rojo amoratado, y la nariz tan aplastada como la de una serpiente, con pequeñas rajas en ella en vez de orificios.

Lord Voldemort había vuelto.

--¡¡¡NO!!!—gritó Lily tan desgarradoramente que Sirius corrió para sujetarla--¡¡¡NO!!!

--Cálmate, cálmate Lily…--pedía Sirius sujetando a la esposa de su mejor amigo que emitía tremendos chillidos de desesperación y dolor, sus ojos verdes estaban llenos de pánico, temblaba descontroladamente y chorros de lágrimas corrían por su rostro crispado de horror—cálmate…

--¡No! Por favor—decía Lily jalándolo por el cuello de su camisa—haz algo, por favor hare lo que sea… ¡SAQUENLO DE AQUÍ!

La túnica de Colagusano tenía manchas sanguinolentas, pues éste se había envuelto con ella el muñón del brazo.

—Señor... —rogó con voz ahogada—, señor... me prometisteis... me prometisteis...

--¡ASQUROSO TRAIDOR!—grito Sirius apartando sus ojos de Lily para posarlos en Colagusano que era solo una mancha en el tapiz--¡Yo mismo voy a matarte, con mis propias manos!—manifestó como si la rata pudiera oírlo--¡Te mataré, lo haré!

—Levanta el brazo —dijo Voldemort con desgana.

— ¡Ah, señor... gracias, señor...!

--R-Remus… por favor—hipaba la pelirroja con ojos suplicantes, estaba medio sentada ya que Sirius la había soltado un poco, el licántropo la miraba sin saber que hacer—h-hazlo… por favor…

— ¡El otro brazo, Colagusano!

—Amo, por favor... por favor...

Voldemort se inclinó hacia él y tiró de su brazo izquierdo. Le retiró la manga por encima del codo, la marca tenebrosa llameaba de un rojo intenso.

—Ha retornado —dijo con voz suave—. Todos se habrán dado cuenta... y ahora veremos... ahora sabremos...

Apretó con su largo índice blanco la marca del brazo de Colagusano. Miraban todo con los ojos como platos, sin creérselo aun Sirius y Remus, Peter, su amigo, con quien habían pasado un sinfín de cosas, su amigo un traidor…

--Remus…--le llamo Sirius mirándolo.

--No, no se puede hacer nada—confirmo el licántropo—el hechizo nos lo advirtió, tiempos oscuros…

--¡Cállate!—ordeno Lily con los ojos llameantes, Remus intento disculparse--¡Es mi hijo de quien estás hablando! ¡Tenemos… podemos!—pero su determinación cayó en picada cuando Remus bajo la vista al suelo--¡Intentémoslo! ¡Hay que sacarle de aquí!

—Al notarlo, ¿cuántos tendrán el valor de regresar? —susurró Voldemort, fijando en las estrellas sus brillantes ojos rojos—. ¿Y cuántos serán lo bastante locos para no hacerlo?

--Idiota, idiota…--maldecía Sirius cogiendo con más fuerza a Lily para que se pusiera de pie—asqueroso hijo de…

Comenzó a pasear de un lado a otro ante Harry y Colagusano, barriendo el cementerio con los ojos sin cesar. Después de un minuto volvió a mirar a Harry, y una cruel sonrisa torció su rostro de serpiente. Lily cada vez parecía más desesperada, estaba tan asustada como jamás lo había estado en toda su vida y no era para menos, no podía hacer nada… nada…

—Estás sobre los restos de mi difunto padre, Harry —dijo con un suave siseo—. Era muggle y además idiota... como tu querida madre. Pero los dos han tenido su utilidad, ¿no? Tu madre murió para defenderte cuando eras niño... A mi padre lo maté yo, y ya ves lo útil que me ha sido después de muerto.

--¡CIERRA LA BOCA!—bramó James poniéndose de pie de nuevo, al parecer oír de boca del mismísimo Voldemort un insulto hacia Lily le hirvió la sangre, era más de lo que podía soportar; miró a su esposa con dolor y entonces se puso a su lado supliendo a Sirius y ella al instante se colgó de su cuello—nada… nada malo pasara… ya lo verás…

--J-James…--y se aferró más a él.

— ¿Ves la casa de la colina, Potter? En ella vivió mi padre. Mi madre, una bruja que vivía en la aldea, se enamoró de él. Pero mi padre la abandonó cuando supo lo que era ella: no le gustaba la magia.

»La abandonó y se marchó con sus padres muggles antes incluso de que yo naciera, Potter, y ella murió dándome a luz, así que me crié en un orfanato muggle... pero juré encontrarlo... Me vengué de él, de este loco que me dio su nombre, Tom Ryddle.

--Hay que buscar la forma—mascullo Sirius meneando la cabeza, sin duda tratando de pensar las cosas calmadas, aunque dudaba que fuera a lograrlo; James y Lily se mostraron atentos a oír cualquier sugerencia, Remus se limitó a hacerse a un lado, pareciera que ellos habían olvidado que no eran nada—pensemos, se supone que no somos nada…

--No es que no seamos nada—acoto Remus tímidamente—el punto es que no podemos hacer nada, ya lo viste, James lo traspasó… no ocurrió nada; es el quid somos un poco más que nada, algo menos que tangible…

--Si pues más vale que nos hagamos tangibles—siseó Sirius a la desesperada, Remus miró al suelo—oye Remus… discúlpame pero no puedo estar tranquilo cuando Voldemort está aquí con Harry y dentro de poco llegaran los mortifagos así que… hay que hallar la forma, si se puede, si podemos…

—Lo que son las cosas: yo reviviendo mi historia familiar... —dijo Voldemort en voz baja—. Vaya, me estoy volviendo sentimental... ¡Pero mira, Harry! Ahí vuelve mi verdadera familia...

--¡Me lleva el diablo!—exploto James apretando los puños que trataba de alejar del cuerpo tembloroso de su esposa--¿Qué podríamos hacer?

--Intentar desaparecernos—aventuro Sirius arrugando la frente—o quizá podríamos con un traslador…

--¡Eso!—saltó Remus sonriente para desconcierto de los otros tres—Si la copa los trajo aquí entonces la copa sacara de aquí a Harry—James sonrió agradecido y Sirius levanto un puño al aire—lo que tenemos que hacer es que llegue a la copa, eso será todo…

--¡Gracias Remus!—chillo Lily con los ojos anegados en lágrimas de gratitud—te lo agradezco infinitamente…

--Agradéceme cuando salgamos de aquí—murmuro Remus a lo que Sirius le dio un codazo, no debían desalentar a Lily, debían estar preparados para cualquier cosa que se presentara—estate atento…

--Lo estoy.

El aire se llenó repentinamente de ruido de capas. Por entre las tumbas, detrás del tejo, en cada rincón umbrío, se aparecían magos, todos encapuchados y con máscara. Y uno a uno se iban acercando lenta, cautamente, como si apenas pudieran dar crédito a sus ojos. Voldemort permaneció en silencio, aguardando a que llegaran junto a él. Entonces uno de los mortífagos cayó de rodillas, se arrastró hacia Voldemort y le besó el bajo de la negra túnica.

—Señor... señor... —susurró.

--Bastardo, maldito bastardo—decía James enfurecido—no sé cómo me fue a matar el desgraciado pero juro por la no- tumba de mi madre que haré todo lo que este en mi mano para hacerlo caer.

--Noestarás solo, Cornamenta—afirmaron Remus y Sirius sonriendo a su amigo con complicidad que asintió solamente.

Era increíble como aun en esas circunstancias, los tres chicos se demostraran cuán grande era su amistad, aunque bueno, en esos momentos era donde se veía con honestidad. Ellos eran unos ángeles, algo idiotas, pero unos buenos chicos, siempre y hasta el final.

—Bienvenidos, mortífagos —dijo Voldemort en voz baja—. Trece años... trece años han pasado desde la última vez que nos encontramos. Pero seguís acudiendo a mi llamada como si fuera ayer... ¡Eso quiere decir que seguimos unidos por la Marca Tenebrosa!, ¿no es así?

--Malditos cobardes, infelices—hablo Sirius con voz de acero, su voz profesaba tanto odio y repugnancia, solo se temía una cosa, no quería… no quería verle allí… no soportaría…

Echó atrás su terrible cabeza y aspiró, abriendo los agujeros de la nariz, que tenían forma de rendijas.

—Huelo a culpa —dijo—. Hay un hedor a culpa en el ambiente.

Un temblor recorrió el círculo, como si cada uno de sus integrantes sintiera la tentación de retroceder pero no se atreviera.

--Bien, ahora que esta distraído podemos acercarle el traslador…--musito James recuperando su fuerza de voluntad—habrá que hacerlo con muchísimo cuidado porque no…

—Os veo a todos sanos y salvos, con vuestros poderes intactos... ¡qué apariciones tan rápidas!... y me pregunto: ¿por qué este grupo de magos no vino en ayuda de su señor, al que juraron lealtad eterna?

--¡Eso!—grito Sirius con burla y haciendo gestos obscenos con la mano--¡Jodetelos a todos, a todos y cada uno!

--¿Realmente cree que le tiene lealtad?—escupió Lily con un odio que nunca le habíanoído--¿Realmente cree que están con él por gusto?

--Es más idiota de lo que parece, lo sé—dijo James con burla—solo él tiene el ego tan grande como para no ver que tiene a su alrededor seguidores llenos de miedo.

—Y me respondo —susurró Voldemort—: debieron de pensar que yo estaría acabado, que me había ido. Volvieron ante mis enemigos, adujeron que habían actuado por inocencia, por ignorancia, por encantamiento...

»Y entonces me pregunto a mí mismo: ¿cómo pudieron creer que no volvería? ¿Cómo pudieron creerlo ellos, que sabían las precauciones que yo había tomado, tiempo atrás, para preservarme de la muerte? ¿Cómo pudieron creerlo ellos, que habían sido testigos de mi poder, en los tiempos en que era más poderoso que ningún otro mago vivo?

--¿Precauciones que tomo?—se extrañó Remus y sintió una punzada de pánico--¿Precauciones para qué? ¿Para no… para no morir?

--¿Cuáles?—secundo James sintiendo lo mismo que Remus, aquello estaba mal.

»Y me respondo: quizá creyeron que existía alguien aún más fuerte, alguien capaz de derrotar incluso a lord Voldemort. Tal vez ahora son fieles a ese alguien... ¿tal vez a ese paladín de la gente común, de los sangre sucia y de los muggles, Albus Dumbledore?

--¿Miedo, quizá?—aventuro Sirius—sabe que Dumbledore puede acabarlo en un cerrar de ojos.

--Él lo sabe—atajo Remus—solo quiere intimidarlos, quiere darles un escarmiento…

—Me resulta decepcionante. Lo confieso, me siento decepcionado...

--Este sobre pasa lo que yo llamo un hijo de puta—aseguro Sirius haciendo reír un poco a sus dos amigos

Uno de los hombres avanzó hacia Voldemort, rompiendo el círculo. Temblando de pies a cabeza, cayó a sus pies.

— ¡Amo! —gritó—. ¡Perdonadme, señor! ¡Perdonadnos a todos!

Voldemort rompió a reír. Levantó la varita.

— ¡Crucio!

Sirius estallo en una sonora carcajada de burla, era más bien de nervios, pero solo él lo sabía. Lily se agarró de la mano de James la cual apretó con mucha fuerza, Remus miraba todo atónito ¿Cómo era posible que los mortifagos fueran tan tontos como para serle "fiel" a alguien como Voldemort que los trataba así? ¿Qué tanto influía en ellos? ¿Cómo le hacía?

Voldemort levantó la varita. El mortífago torturado yacía en el suelo, jadeando.

—Levántate, Avery —dijo Voldemort con suavidad—. Levántate. ¿Ruegas clemencia? Yo no tengo clemencia. Yo no olvido. Trece largos años... Te exigiré que me pagues por estos trece años antes de perdonarte. Colagusano ya ha pagado parte de su deuda, ¿no es así, Colagusano?

Bajó la vista hacia éste, que seguía sollozando.

--Espero… espero que tenga una muerte lenta y dolorosa—dijo Sirius con odio—ojala que cuando lo mate yo esté allí, mirando y entonces podré estar en paz…

--No, Sirius, no hables así—le regaño Remus—después de todo… después de todo él nos mostró que no somos iguales como creíamos, somos mejores personas… en muchos aspectos.

--Ay Lunático ¿no lo ves?—quiso saber Sirius alzando una ceja—en esta guerra no importa que mostremos que somos buenas personas, tenemos que luchar y tenemos que luchar con las mismas armas que ellos tienen, de lo contrario pereceremos en el intento.

--Quizá tengas razón—concedió Lily limpiándose las lágrimas bruscamente—pero no por ello tenemos que olvidar quienes somos; la violencia solo genera más violencia, pero hay veces que no se puede combatir con otra cosa que no sea eso. Así que siempre hay que pelear a fondo y con lo mejor de uno mismo, siempre con el firme propósito de que defendemos algo por lo que vale la pena morir…

--Todo saldrá bien, Lily—dijeron los tres chicos con amabilidad aunque sabían que lo decían poco convencidos, no podían dar nada por sentado y eso, eso lo sabían perfectamente.

—No volviste a mí por lealtad sino por miedo a tus antiguos amigos. Mereces el dolor, Colagusano. Lo sabes, ¿verdad?

--Lo merece completa y totalmente—dijo Sirius aun convencido de que quería hacer una locura—y me alegra saber que me tiene miedo, me gusta eso.

--Nos tiene miedo—corrigió Remus dándole un codazo—no lo olvides, estamos juntos.

—Sí, señor —gimió Colagusano—. Por favor, señor, por favor...

—Aun así, me ayudaste a recuperar mi cuerpo —dijo fríamente Voldemort, mirándolo sollozar en la hierba—. Aunque eres inútil y traicionero, me ayudaste... y lord Voldemort recompensa a los que lo ayudan.

--¿Cómo piensa ayudarle?—quiso saber James con asco--¿Cambiándolo por otro? Está podrido ¿Cómo no nos dimos cuenta antes? Nos vio la cara de idiotas…

--No por más tiempo—acoto Sirius firmemente—en cuanto volvamos…

--En cuanto volvamos él no ha hecho nada—tercio Lily con decisión—él aun no hace nada, tal vez… podrían hacer algo para que…

--¿Perdonarlo dices?—se escandalizo Sirius llevándose una mano a la cadera, miraba atónito a Lily—él es el culpable de que Remus se quedara solo, por su culpa estuve en Azkaban lejos de la que debería ser mi familia, sin conocimiento de que tenía una hija, una hija que no tiene padre y una mujer que estuvo sola ¿Cómo perdonarlo? ¿Cómo verlo con los mismos ojos cuando por él y su cobardía tú y James están muertos? ¡Estas muerta por su culpa! En serio, Lily, no todos merecen tu gentiliza y mucho menos tu perdón y Colagusano, bueno, lo más que podemos hacer por él cuando volvamos es alejarlo lo más posible antes de que se me caliente la cabeza y entonces si vaya a Azkaban de manera justa…

--Sirius… no hables así.

--Tiene toda la razón—sentenció James amargamente—podría soportar que me traicionara a mí, pero ¿a ti, Lily? ¿A ti, la persona que más quiero en este mundo? La persona por la que daría mi vida entera si fuera necesario, tú… simplemente sin ti yo no existo, sin ti no hay razón para seguir viviendo… yo… la única verdad es que te amo más de lo que yo mismo puedo demostrarte…

--Cariño…--murmuro Lily abrazándolo con fuerza y sin duda olvidándose de que la hubiera querido regresar a su tiempo—nunca me lo habías dicho así…

--Y si quise devolverte fue porque no soporto verte así—siguió hablando el chico, Sirius y Remus se apartaron un poco tratando de darles espacio para sus intimidades, Lily le miraba con amor—juró por lo más sagrado de mi vida que no te creo débil, Merlín y los cielos saben que te tengo en un pedestal, eres más valiente que nosotros tres juntos—un gruñido, Sirius no estaba tan de acuerdo pero Remus asintió enérgicamente—eres fuerte y audaz, pero no me pidas que te vea sufriendo y hacer como que no pasa nada, porque no puedo, qué más quisiera yo que evitarte todo este sufrimiento y perdóname por ser tan estúpido por querer hacerlo de la forma errada, te juro que no volverá a pasar, te amo Lily.

--También te amo—dijo la chica dándole un beso en la mejilla—pero donde vuelvas a querer enviarme yo te juro que…

--Lección aprendida—dijo rápidamente James, abrazo a su esposa y cuando se separaron miraron alrededor recordando que tenían que sacar a Harry de allí—Ok, este será el plan…

--¿Qué demonios…?—le interrumpió Remus mirando a Colagusano con asco--¿Qué cosa…?

--Imposible—dijo Sirius llevándose una mano a la boca--¿Cómo… como lo hizo?

Miraban una mano plateada que ahora pertenecía a la asquerosa humanidad de Colagusano, su amo le había recompensado…

—Señor —susurró—. Señor... es hermosa... Gracias... mil gracias.

Avanzó de rodillas y besó el bajo de la túnica de Voldemort.

—Que tu lealtad no vuelva a flaquear, Colagusano —le advirtió Voldemort.

—No, mi señor... nunca.

--¿Ves?—dijo Sirius dirigiéndose a Lily que seguía mirando a Colagusano y su mano de plata--¡A él le gusta estar allá! ¡Tú lo dijiste! ¡Tomos su camino, nosotros el nuestro! El molde fue vaciado y nuestro futuro decidido, así que, aquí estamos ¿no? No puedes seguir teniendo piedad por alguien que no la tuvo contigo.

--Solo sé que todo se paga en esta vida—murmuro Lily parpadeando varias veces—y también sé que no soy tan miserable como él.

—Lucius, mi escurridizo amigo —susurró, deteniéndose ante él—. Me han dicho que no has renunciado a los viejos modos, aunque ante el mundo presentas un rostro respetable. Tengo entendido que sigues dispuesto a tomar la iniciativa en una sesión de tortura de muggles. Sin embargo, nunca intentaste encontrarme, Lucius. Tu demostración en los Mundiales de Quidditch estuvo bien, divertida, me atrevería a decir... pero ¿no hubieras hecho mejor en emplear tus energías en encontrar y ayudar a tu señor?

--Siempre supe que había sido él—dijo James enfadado—su hijo lo dijo, él armo todo el jaleo en los Mundiales, asquerosa serpiente, como me gustaría ser yo quien lo aprese…

--Tendremos oportunidad—dijo Sirius palmeándole la espalda con complicidad—ya veras, James; todo saldrá tal cual lo tenemos planeado.

Remus contaba mentalmente los mortifagos que allí habían, faltaban varios; los Lestrange, y ellos, esos dos… ¿sería posible…?

—Señor, estuve en constante alerta —dijo con rapidez la voz de Malfoy, desde debajo de la capucha—. Si hubiera visto cualquier señal vuestra, una pista sobre vuestro paradero, habría acudido inmediatamente a vuestro lado. Nada me lo habría impedido...

--Cobarde—dijeron los tres chicos al mismo tiempo.

--Tuvo más de una pista—Lily parecía estar a punto de una crisis de nervios y no la culpaban—si no lo busco fue por miedo.

—Y aun así escapaste de la Marca Tenebrosa cuando un fiel mortífago la proyectó en el aire el verano pasado —lo interrumpió Voldemort con suavidad, y el señor Malfoy dejó bruscamente de hablar—. Sí, lo sé todo, Lucius. Me has decepcionado... Espero un servicio más leal en el futuro.

--¿Un leal mortifago?—pregunto Remus tragando con dificultad--¿Quién está fuera de Azkaban?

--Alguien a quien no tenemos contemplado—razonó James alborotándose el cabello—alguien que pasaría desapercibido ¿Quién no está aquí?

--Snape—dijo Sirius simplemente y con rabia.

--Severus…--musito Lily negando casi imperceptiblemente con la cabeza—oh Severus…

—Por supuesto, señor, por supuesto... Sois misericordioso, gracias.

--¿Si es Snape entonces porque no está aquí?—cuestiono Remus.

--Es obvio, Lunático—respondió James—tiene que seguir con su papel de protegido de Dumbledore ¿no ves que así le sirve más a Voldemort?

--No, no creo que fuera tan estúpido para…

--El que no te haya matado con esas opciones, Remus, no quiere decir que sea una buena persona—afirmo Sirius—déjalo, sabes que fue él.

--No, no lo sabes, solo porque lo supones no quiere decir que…

--No se detendrán, Remus—le callo Lily en un susurro, el licántropo frunció el ceño—buscaran excusas para involucrar a Snape, debemos esperar a que él mismo diga quién es su dichoso aliado.

--Regulus tampoco está—le confeso el chico a Lily que abrió mucho los ojos y busco al menor de los Black con la mirada pero en efecto, ahí no estaba; una de dos, había huido o… ojala Sirius no se diera cuenta—podría ser…

--No digas nada—advirtió Lily mirando a Sirius que miraba con odio a Voldemort.

Voldemort se movió, y se detuvo mirando fijamente al hueco que separaba a Malfoy del siguiente hombre, en el que hubieran cabido bien dos personas.

—Aquí deberían encontrarse los Lestrange —dijo Voldemort en voz baja—. Pero están en Azkaban, sepultados en vida. Fueron fieles, prefirieron Azkaban a renunciar a mí... Cuando asaltemos Azkaban, los Lestrange recibirán más honores de los que puedan imaginarse. Los dementores se unirán a nosotros: son nuestros aliados naturales. Y llamaremos a los gigantes desterrados. Todos mis vasallos devotos volverán a mí, y un ejército de criaturas a quienes todos temen...

--Los Lestrange—se burló Sirius—esos tres…--miro al cielo y elevo las manos—por favor, por lo que más quieras, Merlín, dame la oportunidad de matarla, por favor, juro que seré bueno solo si me cumples eso ¡Por favor!

--Tú no eres ningún asesino ¿Cuándo te va a entrar en la cabeza?—pregunto Lily dándole un puñetazo nada amable a lo que Sirius aulló de dolor, sí que tenía la mano pesadita—si a esas vamos, mejor solo captúrala…

--Pues quien sabe—Sirius se encogió de hombros.

Voldemort siguió su recorrido. Pasaba ante algunos mortífagos sin decir nada, pero se detenía ante otros y les hablaba:

—Macnair... Colagusano me ha dicho que ahora te dedicas a destruir bestias peligrosas para el Ministerio de Magia. Pronto dispondrás de mejores víctimas, Macnair. Lord Voldemort te proveerá de ellas.

—Gracias, señor... gracias —musitó Macnair.

--A todos y cada uno los enviare a Azkaban—aseguro James—que gusto me va a dar, ya casi puedo sentirlo…

--Vas mejorando—dijo Lily que no quitaba sus ojos de encima del pobre Harry que parecía buscar la forma de salir de allí con vida, algo que le daba esperanzas.

—Y aquí —Voldemort llegó ante las dos figuras más grandes— tenemos a Crabbe. Esta vez lo harás mejor, ¿no, Crabbe? ¿Y tú, Goyle?

Se inclinaron torpemente, musitando:

—Sí, señor...

—Así será, señor...

--Esos dos no son capaces siquiera de hacer un encantamiento de desarme decente—dijo Remus con suficiencia recordando las clases de DCAO.

--Si tuviera más gente igual de "competente"—Sirius hizo comillas al aire ante la última palabra—todo sería más fácil.

—Te digo lo mismo que a ellos, Nott —dijo Voldemort en voz baja, desplazándose hasta una figura encorvada que estaba a la sombra del señor Goyle.

—Señor, me postro ante vos. Soy vuestro más fiel servidor...

—Eso espero —repuso Voldemort.

--¿Qué les hace falta para darse cuenta?—pregunto Lily hastiada de que solo lo apoyaran por miedo--¿Qué les da?

--¿Agua de calzón?—sugirió Sirius haciéndolos reír un poco. —pero ya en serio, hay quienes si están de su lado por devoción, ahí tienes a… a ella, a Bellatrix.

Lily, Remus y James se quedaron callados, Sirius odiaba todo lo que tenía que ver con su familia y hablar de ello siempre había sido difícil y aceptarlo en voz alta, lo era aún más.

Voldemort llegó ante el hueco más grande de todos, y se quedó mirándolo con sus rojos ojos, inexpresivos, como si pudiera ver a los que faltaban. Sabían casi a la perfección quienes eran esos desaparecidos, casi sin querer miraron a Sirius que apretó con fuerza la mandíbula.

—Y aquí tenemos a seis mortífagos desaparecidos... tres de ellos muertos en mi servicio. Otro, demasiado cobarde para venir, lo pagará. Otro que creo que me ha dejado para siempre... ha de morir, por supuesto. Y otro que sigue siendo mi vasallo más fiel, y que ya se ha reincorporado a mi servicio.

--Tres muertos a su servicio…--repitió Remus mirando, ya sin decoro a Sirius—por lo que sabemos fue Rosier uno de ellos y…

--El otro no sabemos—dijo Lily pasándole una mano a Sirius por la mejilla—y el tercero…

--Regulus—dijo Sirius con amargura, los otros tres se miraron apenados—díganlo, sabíamos que era de ellos y yo, bueno; no tengo nada que decir—termino con voz fría e irguiéndose—él así lo quiso, no hay nada que hacer al respecto.

--¿Estás bien?—pregunto James amablemente.

--Por supuesto—dijo Sirius con decisión—dijo que uno no volvería, ese será Karkarov y otro a quien va a matar ¿Quién será? Es obvio que el que le ayuda es Snape.

--¿No oíste lo que dijo?—le reto Remus—uno que lo abandono para siempre ¿lo dirá porque sabe que Snape está con Dumbledore en Hogwarts? Para mi tiene mucha lógica.

--Sea lo que sea no hay tiempo de pensar en eso ahora—Sirius miro a Harry—hay que sacarle de aquí, es ahora o nunca.

--Sí, claro, vamos a ello—mascullo James mirando a Lily que asintió—habrá que acercarle la copa y tratar de liberarlo de esas malditas sogas.

--Vale, Remus y yo hacemos lo de la copa y Sirius y tú lo de las sogas ¿ok?—dijo Lily sacando a flote su entereza; los tres chicos asintieron—manos a la obra…

—Ese fiel vasallo está en Hogwarts, y gracias a sus esfuerzos ha venido aquí esta noche nuestro joven amigo...

--Ahí lo tienes—casi grito James que estaba, con Sirius, tratando de liberar a Harry, pero en vano porque no podían sujetar las sogas y los hechizos que recitaron no hicieron nada; miraba a Remus—está en Hogwarts ¿Qué más pruebas necesitas?

--Lo que sea—dijo Remus volviéndose hacia Lily—es que… no… puedo… ¡No logro cogerla!—se quejó luego de varios intentos de poner la copa lo más cerca posible de Harry, todo en vano porque sus dedos eran como de fantasmas--¡No puedo!

--Habrá que pensar en otra cosa…

»Sí —continuó Voldemort, y una sonrisa le torció la boca sin labios, mientras los ojos de todos se clavaban en Harry—. Harry Potter ha tenido la bondad de venir a mi fiesta de renacimiento. Me atrevería a decir que es mi invitado de honor.

En cuanto oyeron aquello, el corazón se les paralizo: volvieron a sus reacciones al llegar al cementerio, la respiración de Lily se volvió cortada, flaquearon las piernas por lo que tuvo que sostenerse de nuevo de Remus querespiro una gran bocanada de aire para intentar calmarse pero el pánico se volvía a apoderar de él. Sirius ciño más su varita, en ese estado se le olvidaba que no podía hacer nada, se volvía irracional y solo quería entrar en acción cuanto antes para salvar lo que quería; James se quedó quieto, como si fuera una estatua, parecía de cera y quien lo conociera lo suficiente diría que estaba en shock.

—Amo, nosotros ansiamos saber... Os rogamos que nos digáis... como habéis logrado... este milagro... cómo habéis logrado volver con nosotros...

—Ah, ésa es una historia sorprendente, Lucius —contestó Voldemort—. Una historia que comienza... y termina... con el joven amigo que tenemos aquí.

Ninguno de los cuatro era capaz de emitir sonido alguno, los cuatro estaban paralizados de miedo, los cuatro procesaban la información lentamente, estaban atados de pies y manos y lo único que les quedaba era ver, era esperar que todo saliera bien, aunque en el fondo, muy en el fondo estaban preparándose para lo peor.

Se acercó a Harry con desgana, y ambos fueron entonces el centro de atención. La serpiente seguía dando vueltas alrededor de Harry. Lily cada vez temblaba más y más y las lágrimas corrían por su rostro como agua por un río, el licántropo solo podía sostenerla y quedarse quieto, esperando el tiro de gracia…

—Naturalmente, sabéis que a este muchacho lo han llamado «mi caída» —dijo Voldemort suavemente, clavando sus rojos ojos en Harry—. Todos sabéis que, la noche en que perdí mis poderes y mi cuerpo, había querido matarlo. Su madre murió para salvarlo, y sin saberlo fue para él un escudo que yo no había previsto... No pude tocarlo.

--Eso… eso… Lily—articulo James mirando a su esposa que se consumía por los nervios y el temor a la pérdida de algo tan preciado como su hijo, su único hijo—Lily…

--Magia antigua—murmuro Remus llevando a Lily casi a rastras a donde estaban los otros dos quietos, en cuanto estuvieron a su lado, James se hizo del peso de la pelirroja que parecía inmune a lo que pasara fuera de su campo visual que consistía en Voldemort y Harry—magia muy poderosa—alabo Remus sin pensar.

Voldemort levantó uno de sus largos dedos blancos, y lo puso muy cerca de la mejilla de Harry.

—Su madre dejó en él las huellas de su sacrificio... esto es magia antigua; tendría que haberlo recordado, no me explico cómo lo pasé por alto... Pero no importa: ahora sí que puedo tocarlo.

--No te atrevas…--rugió Sirius en voz baja y con todo el odio que fue capaz de desprender—ni siquiera pienses en tocarlo…

--¡NO!—grito Lily cuando Voldemort puso su dedo en la mejilla de Harry que no le dio la satisfacción de gritar pero por su cara se posó una expresión de dolor—hagamos algo… algo, lo que sea…

—Me equivoqué, amigos, lo admito. Mi maldición fue desviada por el loco sacrificio de la mujer y rebotó contra mí. Aaah... un dolor por encima de lo imaginable, amigos. Nada hubiera podido prepararme para soportarlo. Fui arrancado del cuerpo, quedé convertido en algo que era menos que espíritu, menos que el más sutil de los fantasmas... y, sin embargo, seguía vivo. Lo que fui entonces, ni siquiera yo lo sé... Yo, que he ido más lejos que nadie en el camino hacia la inmortalidad. Vosotros conocéis mi meta: conquistar la muerte. Y entonces fui puesto a prueba, y resultó que alguno de mis experimentos funcionó bien... porque no llegué a morir aunque la maldición debiera haberme matado. No obstante, quedé tan desprovisto de poder como la más débil criatura viva, y sin ningún recurso que me ayudara... porque no tenía cuerpo, y cualquier hechizo que pudiera haberme ayudado requería la utilización de una varita.

Oían todo con asco, repugnancia, temor…¿Conquistar la muerte? ¿Cómo? ¿Cómo que uno de sus experimentos funcionó? ¿De que hablaba? Las cosas estaban peor de lo que se temían ¿Y si aquí acaba con Harry? ¿Qué pasaría después? ¿Qué mierda de futuro era ese?

»Sólo recuerdo que me obligué a mí mismo a existir, sin desfallecer. Me establecí en un lugar alejado, en un bosque, y esperé... Sin duda, alguno de mis fieles mortífagos trataría de encontrarme... alguno de ellos vendría y practicaría la magia que yo no podía, para devolverme a un cuerpo. Pero esperé en vano.

Un estremecimiento recorrió de nuevo el círculo de los mortífagos, y no solo a ellos, los cuatro se miraban aterrorizados ¿Cómo era que pudiera existir tanta maldad? Eso debería tener sus límites ¿no? ¿DÓNDE DEMONIOS ESTABAN, ENTONCES? ¿Por qué tenía que haber más maldad que cosas buenas? ¿Por qué todo lo que tocaba Voldemort se podría? Lo único que les quedaba era luchar y luchar hasta conseguir lo que querían y lo que era válido. Voldemort dejó que aquel estremecimiento creciera horriblemente antes de continuar:

—Sólo conservaba uno de mis poderes: el de ocupar los cuerpos de otros. Pero no me atrevía a ir a donde hubiera abundancia de humanos, porque sabía que los aurores seguían buscándome por el extranjero. En ocasiones habité el cuerpo de animales (por supuesto, las serpientes fueron mis preferidos), pero en ellos no estaba mucho mejor que siendo puro espíritu, porque sus cuerpos son poco aptos para realizar magia... y, además, mi posesión de ellos les acortaba la vida. Ninguno duró mucho.

--¿Cómo… como puede hablar así de la vida?—pregunto Lily respirando con dificultad--¿Cómo puede…?

--No lo oigas, Lily, no lo oigas—aconsejo James acunándola en sus brazos y sonriendo débilmente, una sonrisa que se esfumo tan rápido como estallan las pompas de jabón.

»Luego... hace cuatro años... encontré algo que parecía asegurarme el retorno. Un mago joven y confiado vagaba por el camino del bosque que había convertido en mi hogar. Era la oportunidad con la que había estado soñando, pues se trataba de un profesor del colegio de Dumbledore. Fue fácil doblegarlo a mi voluntad... Me trajo de vuelta a este país, y después de un tiempo ocupé su cuerpo para vigilarlo de cerca mientras cumplía mis órdenes. Pero el plan falló: no logré robar la piedra filosofal. Perdí la oportunidad de asegurarme la vida inmortal. Una vez más, Harry Potter frustró mi intento...

Volvió a hacerse el silencio. Nada se movía, ni siquiera las hojas del tejo. Los mortífagos estaban completamente inmóviles, y en las máscaras les brillaban los ojos, fijos en Voldemort y en Harry. Querían hacer algo, de verdad que sí, pero por más que le daban vueltas al asunto simplemente sabían que no debían intervenir, de lo contrario ese simple hecho podría cambiarlo todo y entonces si estarían perdidos; debían aguantar, debían ser fuertes, aun cuando eso significara tener que soportar tanta maldad y tantas muertes.

—Mi vasallo murió cuando dejé su cuerpo, y yo quedé tan debilitado como antes —prosiguió Voldemort—. Volví a mi lejano refugio temiendo que nunca recuperaría mis poderes. Sí, aquéllos fueron mis peores días: no podía esperar encontrarme otro mago cuyo cuerpo pudiera ocupar... y ya había perdido toda esperanza de que mis mortífagos se preocuparan por lo que hubiera sido de mí.

--Podríamos… podríamos intentarlo—musito de repente Sirius señalando a Harry con la cabeza—hay que seguir intentándolo…

--Sirius… ¿estas consiente…?—empezaba Remus con calma, una calma que solo era una fachada porque por dentro estaba hecho un manojo de nervios.

--No podemos—hablo James pausadamente—no me pidas que me quede a ver como… como matan a mi hijo, Remus…

—Y entonces, no hace ni un año, cuando ya había abandonado toda esperanza, sucedió al fin: un vasallo volvió a mí. Colagusano, aquí presente, que había fingido su propia muerte para huir de la justicia, fue descubierto y decidió volver junto a su señor. Me buscó por el país en que se rumoreaba que me había ocultado... ayudado, claro, por las ratas que fue encontrando por el camino. Colagusano tiene una curiosa afinidad con las ratas, ¿no es así? Sus sucios amiguitos le dijeron que, en las profundidades de un bosque albanés, había un lugar que evitaban, en el que animales pequeños como ellas habían encontrado la muerte al quedar poseídos por una sombra oscura.

--Eso es porque es una maldita rata traicionera—sentenció Sirius que buscaba por todo el cementerio quien sabe qué cosa que pudiera ayudarlos a sacar a Harry de allí—les dije, se los dije, les pregunte un millón de veces que porque su forma animaga era la de una rata, una sucia, inmunda y asquerosa rata…

--Remus… tenemos que sacarlo—murmuro Lily saliendo de su trauma.

--Lily ¿a mí que me dicen?—pregunto Remus negando con la cabeza—no está en mis manos el poder hacer magia, el poder intervenir o no… solo… el hechizo nos lo advirtió.

--¡YA LO SÉ!—bramo la pelirroja llorando más desconsoladamente; Remus retrocedió unos cuantos pasos--¡YO CREE ESE HECHIZO! ¡POR MI CULPA NO PODEMOS AYUDAR A MI HIJO!—James la levanto cuando se tropezó en su camino hacia Remus, parecía tan vulnerable…--es mi culpa… todo es mi culpa…

--Busquemos ramas, rocas… lo que sea que nos pueda ayudar a cortar las sogas—dijo James sin dejar de sujetar a la chica, Remus suspiro cansadamente y Sirius era lo que hacía--¡Cualquier cosa!

--Hay que sacarlo, debemos cuidarlo…--decía Lily tanteando entre el suelo para conseguir algo, aunque toda esperanza se desvaneció cuando no pudo coger una piedra filada--¿Por qué? ¿Por qué pasan estas cosas? ¿Por qué las permites?—chilló mirando al cielo, pataleando y gritando.

--¡Lily!—los tres corrieron a su lado--¡Cálmate, debes calmarte!

»Pero su viaje de regreso a mí no careció de tropiezos, ¿verdad, Colagusano? Porque una noche, hambriento, en las lindes del mismo bosque en que esperaba encontrarme, paró imprudentemente en una posada para comer algo... ¿y a quién diríais que halló allí? A la mismísima Bertha Jorkins, una bruja del Ministerio de Magia.

--Pobre… pobre Bertha—susurro Remus negando con la cabeza—pobre mujer…

--Todo el asunto de Harry en el Torneo fue con el propósito de hacerlo ganar y que llegara aquí—dijo Sirius con las manos en la cara, como avergonzado--¿Cómo deje que llegara hasta aquí? ¿Cómo permití que participara? Soy una pésima persona, soy un asco, soy una mierda…

--Sirius, no digas eso—pidió Lily entre sollozos y lo abrazo con fuerza—tú eres… eres tan bueno, esto no es tu culpa, por favor… ya no hables así, Sirius…

»Ahora veréis cómo el hado favorece a lord Voldemort: aquél podría haber sido el final de Colagusano y de mi última esperanza de regeneración, pero Colagusano (demostrando una presencia de ánimo que nunca habría esperado hallar en él) convenció a Bertha Jorkins de que lo acompañara a un paseo a la luz de la luna; la dominó... y la trajo hasta mí. Y Bertha Jorkins, que podría haberlo echado todo a perder, resultó ser un regalo mejor del que hubiera podido soñar... porque, con un poco de persuasión, se convirtió en una verdadera mina de información.

--Le hablo del Torneo, le saco toda la información…--se lamentaba James con frustración—así se enteró, Merlín ayúdanos... ayúdanos…

»Fue ella la que me dijo que el Torneo de los tres magos tendría lugar en Hogwarts durante este curso, y también la que me habló de un fiel mortífago que estaría deseando ayudarme, si conseguía ponerme en contacto con él. Me dijo muchas cosas... pero los medios que utilicé a fin de romper el encantamiento que le habían echado para borrarle la memoria fueron demasiado fuertes, y, cuando le hube sacado toda la información útil, tenía la mente y el cuerpo en tan mal estado que no había arreglo posible. Ya me había servido. No podía encarnarme en su cuerpo, así que me deshice de ella.

--¿CÓMO PUEDE HABLAR ASÍ?—chillo Lily dando de vueltas con las manos en la cabeza; James la miraba sin saber que hacer al igual que Remus y Sirius que la compadecían--¿Cómo es posible…? ¿Cómo lo hace? ¡Maldito!

--Lily…

--¡NO ME DIGAN QUE ME CALME! ¿QUÉ NO VEN QUE ESTA A PUNTO DE MATAR A MI HIJO Y NO PODEMOS HACER NADA? ¿QUÉ NO LO VEN?

--¡Debemos mantener la cabeza fría!—grito Remus al ver que ni James o Sirius dirían algo para tranquilizar a la chica y devolverla a sus cabales, la pelirroja abrió los ojos de par en par—no ganamos nada poniéndonos así…

Voldemort sonrió con su horrenda sonrisa. Sus rojos ojos tenían una mirada cruel y extraviada.

—El cuerpo de Colagusano, por supuesto, era poco adecuado para mi encarnación, puesto que todos lo creían muerto y, de ser visto, atraería demasiado la atención. Sin embargo, él fue el vasallo que yo necesitaba, dotado de un cuerpo que puso a mi servicio. Y, aunque no es un gran mago, pudo seguir las instrucciones que le daba y que me fueron devolviendo a un cuerpo, al mío propio, aunque débil y rudimentario; un cuerpo que podía habitar mientras aguardaba los ingredientes esenciales para el verdadero renacimiento... Uno o dos encantamientos de mi invención, un poco de ayuda de mi querida Nagini... —los ojos de Voldemort se dirigieron a la serpiente, que no dejaba de dar vueltas—, una poción elaborada con sangre de unicornio, y el veneno de reptil que Nagini nos proporcionó... y retomé enseguida una forma casi humana, y me encontré lo bastante fuerte para viajar.

--Qué asco, que…--pero Sirius corrió detrás de una lápida para vomitar sin terminar lo que estaba diciendo.

--¿Sangre de unicornio?—se horrorizo James con una mueca de asco—está loco, ya no sabe ni que hacer o que inventar para seguir vivo…

--Siempre ha estado loco—dijo Remus sosteniendo a Lily que se le estaba resbalando a James.

»Ya no había esperanza de robar la piedra filosofal, porque sabía que Dumbledore se habría ocupado de destruirla. Pero estaba deseando abrazar de nuevo la vida mortal, antes de buscar la inmortal. Así que me propuse expectativas más modestas: me conformaría con retornar a mi antiguo cuerpo, y a mi antigua fuerza.

--Maldito bastardo—farfullo Sirius regresando a su lado con el semblante pálido y enfermizo—asquerosa serpiente, que ganas de verlo muerto al desgraciado.

--Falta poco, de eso me encargo yo—dijo James dando un puñetazo al aire—ya lo he dicho, acabaremos con él o dejo de llamarme James Potter.

»Sabía que para lograrlo (la poción que me ha revivido esta noche es una vieja joya de la magia oscura) necesitaría tres ingredientes muy poderosos. Bueno, uno de ellos ya a mano, ¿verdad, Colagusano? Carne ofrecida por un vasallo...

--No entiendo cómo es que Colagusano llego hasta este punto—comento Remus con lastima y los ojos hundidos--¿Cuándo dejo de ser el pequeño Peter? ¿Con que corazón los traiciono?

--Es obvio que no conocíamos la otra cara de la moneda—dijo Sirius con bastante resentimiento—es solo eso.

--¿Y si… y si nosotros tuviéramos la culpa?—formulo Remus la pregunta tímidamente a sus dos amigos que se volvieron lentamente hacia él—piénselo, creo que algunas veces; pues bueno nos pasábamos con los comentarios hirientes que nos parecían graciosos pero que al final lo cansaron que lo orillaron a esto.

--Remus…--James puso una mano en su hombro—puede que tengas razón; puede que si hayamos sido malos, insensibles, incluso crueles pero, ¿de verdad crees que todo eso justifica lo que nos hizo? ¿No crees que hicimos muchas cosas buenas por él, también? No voy a cantarle los favores que le hicimos pero tan solo presta atención, no importa que me haya traicionado a mí, yo no importo aquí, soy como un cero a la izquierda pero ¿Lily? ¿A Lily? ¿Qué le hizo ella? ¿Qué le hizo Harry? Le puse en sus manos mi vida entere, a los amores de mi vida y le importo un bledo que Voldemort los matara, dime, Lunático ¿Qué harías si te hubieran traicionado directamente a ti? Si por su culpa hubiera muerto la chica a la que amas, la chica de la que estás enamorado, tu mundo… ¿pensarías igual?

--Yo… tienes razón—dijo finalmente Remus dándose por vencido, James tenía razón; por mucho daño que le hubieran hecho a Peter, ni Lily y mucho menos Harry tenían la culpa de ello—es solo que… es duro, me cuesta creerlo.

--Lo sé, es igual para mí o para Sirius, pero es la cruda realidad—dictamino James con sabiduría—ya verás cómo lo entiendes cuando conozcamos a tu chica misteriosa—y esta vez no había pisca de burla o picardía, era mera sinceridad, que Remus agradeció.

»El hueso de mi padre, naturalmente, nos obligaba a desplazarnos a este lugar, donde está enterrado. Pero la sangre de un enemigo... Si por Colagusano hubiera sido, habría utilizado la de cualquier mago, ¿verdad? Cualquier mago que me odiara... ¡y hay tantos que todavía lo hacen! Pero yo sabía a quién tenía que usar si quería ser aún más fuerte de lo que había sido antes de mi caída: quería la sangre de Harry Potter, quería la sangre del que me había desprovisto de fuerza trece años antes, para que la persistente protección que una vez le dio su madre residiera también en mis venas.

--¡NO!—grito Lily corriendo a donde estaba Harry y sin importarle que pudiera o no sentirla, lo toco; le acaricio la cara, los cabellos despeinados; ninguno se había dado cuenta de ese insignificante detallito—No, no… tranquilo, mi niño, tranquilo que todo saldrá bien…

--La protección…--recito James negando con la cabeza--¿Qué quiere decir? ¿Ahora el sacrificio de Lily también lo protege? ¡No, imposible!

--Ya habrá ocasión de pensar en eso—los calmo Remus—hay que buscar la forma de salir, tenemos que sacarlo… con vida.

»Pero ¿cómo atrapar a Harry Potter? Porque ha estado mejor protegido de lo que incluso él imagina, protegido por medios ingeniados hace tiempo por Dumbledore, cuando se ocupó del futuro del muchacho. Dumbledore invocó magia muy antigua para asegurarse de que el niño no sufría daño mientras se hallaba al cuidado de sus parientes. Ni siquiera yo podía tocarlo allí... Luego, naturalmente, estaban los Mundiales de Quidditch. Pensé que su protección se debilitaría en el estadio, lejos de sus parientes y de Dumbledore, pero yo todavía no me encontraba lo bastante fuerte para intentar secuestrarlo en medio de una horda de magos del Ministerio. Y después el muchacho volvería a Hogwarts, donde desde la mañana a la noche estaría bajo la nariz aguileña de ese loco amigo de los muggles. Así que ¿cómo podía atraparlo?

--No… no puede tocarle en casa de Petunia—dijo James tratando de estar aliviado, pero no podía, eso solo era una nueva revelación—eso sella tu magia, Lily, con tu sangre, sangre que corre por las venas de tu hermana…

--Tuney…

»Pues, por supuesto, aprovechándome de la información de Bertha: usando a mi único mortífago fiel, establecido en Hogwarts, para asegurarme de que el nombre del muchacho entraba en el cáliz de fuego, usándolo para asegurarme de que el muchacho ganaba el Torneo... de que era el primero en tocar la copa, la Copa que mi mortífago habría convertido en un traslador que lo traería aquí, lejos de la protección de Dumbledore, a mis brazos expectantes. Y aquí está... el muchacho que todos vosotros creíais que había sido «mi caída».

--Desgraciado…--balbuceo Lily dejando de mirar a Harry que parecía asustado—maldito… hijo de… asquerosa serpiente, inmundo reptil…

--Todo lo tramo él ¿Cómo no se nos ocurrió?—pregunto Remus--¿Cómo no hicimos algo para detenerlo? ¡Debimos intentar hablar con Dumbledore!

--Él hubiera no existe—dijo James con una mueca, como si hubiera tragado algo asqueroso.

Voldemort avanzó lentamente, y volvió su rostro a Harry. Levantó su varita.

— ¡Crucio!

--¡¡¡¡NO!!!!—los cuatro gritaron, pero el grito de Lily era desgarrador, rompía el corazón, te partía el alma; se tiro al suelo dando un gran puñetazo lastimándose los nudillos de las manos, James corrió hacia ella pero no podía quitarle el ojo de encima a Voldemort, el chillido de dolor de su hijo, y Lily de esa forma… lo mataba, el grito de Harry era horrible, era como si los torturaran a ellos mismos, desearían estar en su lugar--¡Basta, basta!

Las carcajadas de los mortífagos resonaban en la noche.

—Creo que veis lo estúpido que es pensar que este niño haya sido alguna vez más fuerte que yo —dijo Voldemort—. Pero no quiero que queden dudas en la mente de nadie.

--Ya… ya fue suficiente…--hipaba Lily haciéndolos vulnerables a los tres que estaban al pendiente por si se desmayaba o le daba un ataque de nervios—Harry… debemos… sacarlo…

--Harry Potter se libró de mí por pura suerte. Y ahora demostraré mi poder matándolo, aquí y ahora, delante de todos vosotros, sin un Dumbledore que lo ayude ni una madre que muera por él. Le daré una oportunidad. Tendrá que luchar, y no os quedará ninguna duda de quién de nosotros es el más fuerte. Sólo un poquito más, Nagini —susurró, y la serpiente se retiró deslizándose por la hierba hacia los mortífagos—. Ahora, Colagusano, desátalo y devuélvele la varita.

De nuevo, el grito de terror de Lily surco el aire como si un latigazo que les diera en plena cara, como una bofetada; la cara de la pelirroja estaba llena de agonía, de dolor, de impotencia… no podía soportarlo y es que ¿Quién puede soportar ver como torturan a su hijo? Es más de lo que una buena madre puede soportar, estaba a punto de ceder…

--¡Hagamos algo, hagamos algo ya!—grito James fuera de sí--¡Va a matarlo!

--No, cállate, cállate, cállate…--decía Lily balanceándose de adelante hacia atrás con las manos juntas en la boca y las lágrimas brotándole sin poder contenerlas—cállate, cállate, cállate…

Colagusano se acercó a Harry, que intentó sacudirse su aturdimiento y apoyar en los pies el peso del cuerpo antes de que le desataran las cuerdas. Colagusano levantó su nueva mano plateada, le sacó la bola de tela de la boca, y luego, de un solo golpe, cortó todas las ataduras que sujetaban a Harry a la lápida.

--¡Ese hijo de su asquerosa y hedionda madre!—exploto Sirius golpeándose las piernas con los puños cerrados y una cara de loco asesino--¡En serio que si lo voy a matar!

— ¿Te han dado clases de duelo, Harry Potter? —preguntó Voldemort con voz melosa. Sus rojos ojos brillaban a través de la oscuridad.

--No le des el gusto, hijo, no le des el gusto…--repetía James fervientemente—con la cabeza en alto, siempre y hasta el final, vamos Harry.

--Dios, por favor… ten piedad, por favor no lo permitas, por favor…--decía Lily llorándose escandalosamente—por favor… ten piedad de mi hijo, Dios…

—Saludémonos con una inclinación, Harry —dijo Voldemort, agachándose un poco, pero sin dejar de presentar a Harry su cara de serpiente—. Vamos, hay que comportarse como caballeros... A Dumbledore le gustaría que hicieras gala de tus buenos modales. Inclínate ante la muerte, Harry.

--¡No! No, no, no, no…--no paraba de decir Lily que fue abrazada por un Sirius muerto de la impotencia de no poder ayudar—no, no, no, no…

--¡HAY QUE HACER ALGO!—bramo James con voz potente sacando su varita y apuntando a Voldemort--¡Expulso!—nada--¡Expelliarmus!—nada--¡Desmaius!—nada--¡Confringo! ¡Confundus! ¡Sectusempra! ¡Crucio! ¡AVADA KEDAVRA!—por la cara del arrogante y egocéntrico James Potter corrían lágrimas de frustración porque nada pasaba, nada sucedía, ninguno de sus hechizos o maldiciones surtían efecto; solo hasta que Remus se acercó a él y le bajo la varita negando con la cabeza y James resoplando—yo… Remus… es la primera vez… la primera vez que no… no puedo hacer nada… Remus…

--James… debes prepárate, debes… debes cuidar de Lily, debes ser fuerte…

--¡NO! No me pidas que me quede a ver como mata a mi hijo, mi hijo, Remus porque no puedo, no puedo y no quiero…

Los mortífagos volvieron a reírse. La boca sin labios de Voldemort se contorsionó en una sonrisa. Harry no se inclinó. Tal cual había dicho James, con la cabeza en alto, siempre.

—He dicho que te inclines —repitió Voldemort, alzando la varita.

--¡NO LO HAGAS!—grito Sirius que estaba acurrucado junto a Lily que ya no controlaba sus temblores--¡No le des la satisfacción! ¡Sé fuerte!

—He dicho que te inclines —repitió Voldemort, alzando la varita--¡Imperio!

--¡Tú puedes, tú puedes, Harry, vamos!—gritaban los tres chicos con las emociones a flor de piel: James se limpiaba las lágrimas con la manga de la sudadera mientras que Sirius apretaba con fuerza el cuerpo tembloroso de Lily y Remus que se mordía el puño logrando que le sangrara--¡Si puedes!

Harry inclino solo un poco su columna haciendo que los mortifagos se carcajearan logrando que Lily soltase una palabrota del tamaño de Hogwarts.

--¡Cierren la boca asquerosos hijos de su re…!—pero Lily no termino la frase porque Sirius le tapó la boca con su mano y no le importó que ella le diera un buen mordisco; él sabía que se iba a arrepentir muchísimo de lo que dijera.

—Muy bien —dijo Voldemort con voz suave, y, cuando levantó la varita—. Ahora da la cara como un hombre. Tieso y orgulloso, como murió tu padre...

Ante la sola mención de cómo murió James, tieso y orgulloso… Lily se puso de pie de un brinco y haciéndose de todo su coraje y su entereza se puso delante de James y como la leona que era saco su varita apuntando a Voldemort:

--Si y aquí la única que puede tratarlo de estúpido orgulloso, soy yo—rugió la pelirroja haciendo que su esposo llorara aún más y que Remus y Sirius soltaran risitas nerviosas—así que… aquí estamos.

--¡Eso, Lily, así es como te necesitamos!—le felicito Remus abrazándola por los hombros—que empiece el juego.

»Señores, empieza el duelo.

Voldemort levantó la varita una vez más, y, antes de que Harry pudiera hacer nada para defenderse, recibió de nuevo el impacto de la maldición cruciatus. Harry gritó más fuerte de lo que había gritado en su vida. Esta vez Lily no grito, se limitó a soltar un gruñido, un rugido propio de una leona ¿Qué era débil? ¿Quién lo decía? Y aunque le doliera cada fibra de su ser aquel grito de dolor de su hijo estaba dispuesta a soportarlo con tal de saber más y cambiar todos esos horrores, lo iba a hacer porque ella era Lily Potter.

El hecho de que Lily no gritara les infundió valor, James se limpió las lágrimas, sujeto con fuerza su varita y aunque sabía que no podrían hacer nada si algo fatal llegara a suceder, tomo la mano de su esposa y se colocó a su lado, siempre juntos, siempre. Sirius cerró los ojos con fuerza para abrirlos y dar paso a la determinación y valentía que había sacado de quien sabe de dónde; esa valentía que lo hacía merecedor de la casa de Gryffindor, apretó el brazo de James para darle a entender que estaba bien. Remus tomo la otra mano de Lily, ella asintió con la cabeza y entonces el licántropo se mentalizo para tener la cabeza fría y resolver cualquier situación difícil esta vez él tenía que mostrarse fuerte para sus amigos, como ellos habían estado muchas veces para él.

—Un pequeño descanso —dijo Voldemort, dilatando de emoción las alargadas rendijas de la nariz—, una breve pausa... Duele, ¿verdad, Harry? No querrás que lo repita, ¿a qué no?

--Solo hazlo y me darás más motivos—sentenció Sirius con fiereza—hazlo de nuevo y yo te pateare el trasero…

--Necesita que alguien le dé un ajuste de actitud—afirmo James con odio—y estaré encantado de hacerlo yo mismo, lo juro por mi vida.

—Te he preguntado si quieres que lo repita —dijo Voldemort con voz suave— ¡Respóndeme! ¡Imperio!

--¡No lo hagas!—grito Remus apretando con fuerza la mano que no sujetaba la pequeña y delicada de Lily--¡Vamos Harry, ya te resististe una vez, vamos, puedes hacerlo!

--¡Tú puedes, Harry!—lo corearon James y Sirius con los ojos dilatados--¡No lo hagas!

— ¡NO LO HARÉ!

Y estas palabras brotaron de la boca de Harry. Retumbaron en el cementerio, y la somnolencia desapareció tan de repente como si le hubieran echado un jarro de agua fría. Pero Voldemort no estaba jugando y enseguida retomo la tortura hacia el chico que se sacudía y gritaba de dolor; para Lily y James era como si miles de cuchillos les atravesaran, como si les pusieran un hierro al rojo vivo sobre la piel, estaban demostrando toda su valentía y entereza, pero aun precio altísimo: ver a su hijo frente a frente con Voldemort, a punto de morir…

— ¿No lo harás? —dijo Voldemort en voz baja, y los mortífagos no se rieron aquella vez—. ¿No dirás «no, por piedad»? Harry, la obediencia es una virtud que me gustaría enseñarte antes de matarte... ¿tal vez con otra pequeña dosis de dolor?

--Si… si llegara a pasar—hablo James con la voz temblorosa—volveremos en seguida ¿de acuerdo?

--James, no podemos…

--Sabemos lo suficiente para evitar muchas cosas—tercio James decidido.

--Pero no las suficientes—murmuro Remus, Lily lo miro entre extrañada y molesta—escuchen, me puedo imaginar de lejos como se sienten por ver a su hijo… pero si nos vamos, si renunciamos a seguir conociendo las bases para matarlo, entonces estaremos en las mismas y no valdrá de nada…

--Habría que considerarlo—mascullo Sirius lanzándole una mirada muy significativa que Remus entendió a la perfección y por eso ya no dijo nada más—hay que estar listos…

Voldemort levantó la varita, pero aquella vez Harry estaba listo: con los reflejos adquiridos en los entrenamientos de Quidditch, se echó al suelo a un lado. Rodó hasta quedar a cubierto detrás de la lápida de mármol del padre de Voldemort, y la oyó resquebrajarse al recibir la maldición dirigida a él. Los cuatro pudieron tener un segundo de alivió, como amaban el Quidditch…

--Tiene que coger la copa ahora—dijo James acercándose a donde estaba Harry tumbado—es ahora o nunca…

—No vamos a jugar al escondite, Harry —dijo la voz suave y fría de Voldemort, acercándose más entre las risas de los mortífagos—. No puedes esconderte de mí. ¿Es que estás cansado del duelo? ¿Preferirías que terminara ya, Harry? Sal, Harry... sal y da la cara. Será rápido... puede que si quiera sea doloroso, no lo sé... ¡Como nunca me he muerto...!

--Ese infeliz—soltó Remus sin poder contenerse—es un desgraciado, un bastardo…

--Da la cara—susurró Lily aterrada de sus propias palabras pues si Harry salía airoso de aquello sería un milagro pero si, en cambio, daba la cara, sus posibilidades de batirse en duelo contra Voldemort y rodeado de esos mortifagos… pero él no era ningún cobarde, eso lo tenía bien claro—sal y sé valiente, como tu padre…

--Como tu madre—puntualizo James besando su mano—sé valiente, todo saldrá bien.

--De pie como mi padre… aunque no haya defensa posible—oyeron decir a Harry ocasionándole un nudo en la garganta a los cuatro, ese chico era… era un gran chico, valiente.

--Eso, así se hace Harry—dijo Sirius con la voz rota y los ojos vidriosos mirando con orgullo a su ahijado—todo un Gryffindor… eso es.

--Harry…--sollozo Lily pasándole una mano por el cabello despeinado—te amo, hijo… Harry.

--Será rápido—afirmo Remus consternado por lo que verían a continuación.

--Ya casi—dijo James aceptando por fin lo inevitable, miro a Lily y le sonrió—todo estará bien, lo cambiaremos…

--Lo sé—susurro Lily con las lágrimas corriéndole por toda la cara—lo sé.

Antes de que Voldemort asomara la cabeza de serpiente por el otro lado de la lápida, Harry se había levantado; agarraba firmemente la varita con una mano, la blandía ante él, y se abalanzaba al encuentro de Voldemort para enfrentarse con él cara a cara.

Voldemort estaba listo. Al tiempo que Harry gritaba « ¡Expelliarmus!», Voldemort lanzó su «¡Avada Kedavra!».

--¡¡¡NO!!!—grito Lily desgarradoramente, agonizando… se dejó caer al suelo con las manos en la cara y temblando; a su lado los chicos se quedaron de piedra, no sabían que decir o que hacer; era algo que superaba sus fuerzas aun cuando ya habían aceptado que no podrían hacer nada, aun cuando habían aceptado que ese era el final, era una mierda de futuro…

De la varita de Voldemort brotó un chorro de luz verde en el preciso momento en que de la de Harry salía un rayo de luz roja, y ambos rayos se encontraron en medio del aire. Repentinamente, la varita de Harry empezó a vibrar como si la recorriera una descarga eléctrica.

--¿Qué diablos…?—pero ninguno de los tres había visto nada similar, quizá habían oído algo en aquella clase que les parecía nunca haber existido.

--Harry… por Dios… Harry… mi niño, mi bebé…--decía Lily con las manos aun cubriéndole la cara, ella no se había dado cuenta de lo que sucedía—Harry… Harry… oh Harry…

Un estrecho rayo de luz que no era de color rojo ni verde, sino de un dorado intenso y brillante, conectó las dos varitas. Sabían que era eso, lo sabían pero jamás lo habían visto… Voldemort y Harry se estaban alzando del suelo, ambos, con las varitas todavía conectadas por un haz de luz dorada. Se alejaron de la lápida del padre de Voldemort, y fueron a aterrizar en un claro de tierra sin tumbas. Los mortífagos gritaban pidiéndole instrucciones a Voldemort mientras, seguidos por la serpiente, volvían a reunirse y a formar el círculo en torno a ellos. Algunos sacaron las varitas.

--No… no puede ser…--tartamudeo Sirius--¿Cómo…?

--¡Son gemelas!—recordó Remus--¡Sus varitas son gemelas!

--¿Qué…?—entonces Lily se dio cuenta que algo más sucedía y cuando por fin vio, el alma casi le abandona el cuerpo, corrió a donde ahora estaban Harry y Voldemort seguida por los tres chicos que aún no salían de su asombro—Merlín…

El rayo dorado que conectaba a Harry y Voldemort se escindió. Aunque las varitas seguían conectadas, mil ramificaciones se desprendieron trazando arcos por encima de ellos, y se entrelazaron a su alrededor hasta dejarlos encerrados en una red dorada en forma de campana, una especie de jaula de luz, fuera de la cual los mortífagos merodeaban como chacales, profiriendo gritos. Pronto se hallaron en primera fila, viendo todo con los ojos bien abiertos ¿sería que podría salir vivir de aquel lío? ¿Podría ser? ¡Benditas varitas gemelas! ¡Bendito señor Ollivander!

— ¡No hagáis nada! —les gritó Voldemort a los mortífagos.

--¡Desmaius!—chillo Sirius apuntando a uno de los enmascarados, pero sin éxito--¡Con un diablo!

--Vamos, vamos Harry no la sueltes—dijo Lily mordiéndose las uñas--¿Por qué no estoy aquí para ayudarlo? ¿Por qué? ¡Una solo vez! ¡Por favor!

— ¡No hagáis nada a menos que yo os lo mande! —volvió a gritar Voldemort.

--Tú puedes, Harry, tú puedes…--le animaba Remus a la desesperada—no rompas la conexión, no la rompas…

Y, entonces, un sonido hermoso y sobrenatural llenó el aire... Procedía de cada uno de los hilos de la red finamente tejida en torno a Harry y Voldemort.

--¡Fawkes!—exclamo James buscándolo con la mirada, pero la música era obra de la conexión.

--¡No la rompas, no la rompas!—decía Sirius una y otra vez—si puedes, si puedes… vamos Harry, puedes con esto, sé que puedes…

De inmediato, la varita de Voldemort prorrumpió en estridentes alaridos de dolor.

A continuación (los rojos ojos de Voldemort se abrieron de terror) una mano de humo denso surgió de la punta de la varita y se desvaneció: el espectro de la mano que le había dado a Colagusano. Más gritos de dolor, y luego empezó a brotar de la punta de la varita de Voldemort algo mucho más grande, algo gris que parecía hecho de un humo casi sólido. Formó una cabeza... a la que siguieron el pecho y los brazos: era el torso de Cedric Diggory.

--¡Ja! ¡Lo logro, lo logro!—gritaba Sirius con los ojos brillosos--¡Ha vencido su varita! ¡Lo ha hecho!

--Priori Incantatem…--susurraron Lily y Remus al mismo tiempo con idénticas caras de estupefacción.

Y aquella sombra de Cedric se puso de pie, miró a ambos lados el rayo de luz dorada, y habló:

— ¡Aguanta, Harry! —dijo.

--No es posible…--musito James, miraba a Cedric avergonzado… ¿avergonzado? Si, avergonzado de su odio infantil y sin fundamentos, avergonzado porque Cedric había sido un buen chico, hasta el final—lo siento tanto…

Surgieron nuevos gritos de dolor de la varita, y luego algo más brotó de la punta: la densa sombra de una segunda cabeza, rápidamente seguida de los brazos y el torso. Un anciano al que jamás en su vida habían visto… Su espectro, o su sombra, o lo que fuera, cayó junto al de Cedric y, apoyándose sobre su cayado, examinó con alguna sorpresa a Harry, a Voldemort, la red dorada y las varitas conectadas.

—Entonces, ¿era un mago de verdad? —dijo el viejo, fijándose en Voldemort—. Me mató, ése lo hizo... ¡Pelea bien, muchacho!

--El muggle del que nadie se preocupó—hablo Remus con voz distante—claro, era cosa suya, todo lo malo es cosa suya…

Pero ya estaba surgiendo una nueva cabeza... y aquélla, gris como una estatua de humo, era la de una mujer. La sombra de Bertha Jorkins contempló con los ojos muy abiertos la batalla que tenía lugar ante ella.

— ¡No sueltes! —le gritó, y su voz retumbó al igual que la de Cedric, como si llegara de muy lejos—. ¡No sueltes, Harry, no sueltes!

--¡Bertha!—saltó Sirius conmocionado, después de todo había sido una compañera de colegio—Oh pobre Bertha…

--¿Sabes lo que sigue, no?—pregunto Remus girándose hacia Lily que tenía una gran sonrisa; le tomo la mano con delicadeza.

--Solo una vez…--dijo reprimiendo un sollozo—solo quiero ayudarle una vez… una solo vez, Remus ¿lo comprendes?

--Creo que sí.

Ella y los otros dos fantasmas comenzaron a deambular por la parte interior de la campana dorada, mientras los mortífagos hacían algo parecido en la parte de fuera... Las víctimas de Voldemort cuchicheaban rodeando a los duelistas, le susurraban a Harry palabras de ánimo y le decían a Voldemort cosas que no alcanzaban a oír muy bien.

Y entonces otra cabeza salió de la punta de la varita de Voldemort... La sombra de humo de una mujer joven de pelo largo cayó al suelo tal como había hecho Bertha, se levantó y lo miró...

--¡LILY!—señalo James llevándose una mano a la boca para contener el llanto por la sorpresa, ver el fantasma de su esposa no era cualquier cosa, Sirius actuó con rapidez y lo sostuvo para que no se cayera, el chico tenía los ojos llenos de lágrimas.

--Lo sé… solo… una vez… ayudarlo por una vez—dijo Lily abrazándose a de Remus—todo irá bien, James; estamos aquí…

—Tu padre está en camino... —dijo la otra Lily en voz baja—. Quiere verte... Todo irá bien... ¡ánimo!...

--Pelirroja…--susurro Sirius con los ojos cristalinos sin quitarle el ojo a ese Lily que se veía solo unos años mayor que ella, era increíble la valentía que podía llegar a mostrar la chica estando allí, junto a Remus viendo la escena como si la hubiera estado esperando desde que llegaran al cementerio—ya llegó la artillería pesada—comento a James que alzo la vista.

Y entonces empezó a salir: primero la cabeza, luego el cuerpo, alto y de pelo alborotado como Harry. La forma etérea de James Potter brotó del extremo de la varita de Voldemort, cayó al suelo y se puso de pie como su mujer. Sirius tuvo que hacer otra cosa más que morderse el labio para no llorar, ver el fantasma de tu amigo… Sí que le estaba costando uno y la mitad del otro aquella situación. Se acercó a Harry, mirándolo, y le habló con la misma voz lejana y resonante que los otros, pero en voz baja, para que Voldemort, cuya cara estaba ahora lívida de terror al verse rodeado por sus víctimas, no pudiera oírlo:

—Cuando la conexión se rompa, desapareceremos al cabo de unos momentos... pero te daremos tiempo... Tienes que alcanzar el traslador, que te llevará de vuelta a Hogwarts. ¿Has comprendido, Harry?

--James…--Lily le extendió la mano para él que la cogiese, cosa que hizo al acto, así se sentían mejor, estaban ayudando a su hijo y eso… la satisfacción que sentían no se podía ni explicar.

—Sí —contestó éste jadeando, haciendo un enorme esfuerzo por sostener la varita, que se le resbalaba entre los dedos.

—Harry —le cuchicheó la figura de Cedric—, lleva mi cuerpo, ¿lo harás? Llévales el cuerpo a mis padres...

--¡Salgamos de este maldito lugar cuanto antes!—grito Sirius dando una palmada al aire dejando que unas lágrimas rebeldes se le escaparan de sus ojos grises, pero aun así sonreía, iban a lograrlo, Harry iba a lograrlo--¡AHORA!—y de nuevo saco a la luz su desquiciado gen Black.

—Lo haré —contestó Harry con el rostro tenso por el esfuerzo.

—Prepárate —susurró la voz de su padre—. Prepárate para correr... ahora...

— ¡YA! —gritó Harry.

Y Harry corrió como nunca lo había hecho en su vida, golpeando a dos mortífagos atónitos para abrirse paso. Corrió en zigzag por entre las tumbas, notando tras él las maldiciones que le arrojaban, oyéndolas pegar en las lápidas: fue esquivando tumbas y maldiciones, dirigiéndose como una bala hacia el cuerpo de Cedric. Los cuatro corrieron detrás de Harry, trataban con todas sus fueras empujar a los mortifagos y hacerlos caer pero no… no les hacían ni cosquillas, maldito hechizo…

— ¡Aturdidlo! —oyeron gritar a Voldemort.

A tres metros de Cedric, Harry se parapetó tras un ángel de mármol para evitar los chorros de luz roja. La punta de una de las alas del ángel cayó rota al ser alcanzada por las maldiciones. Agarrando más fuerte la varita, salió corriendo.

— ¡Impedimenta! —gritó, apuntando con la varita por encima del hombro a los mortífagos que lo perseguían.

--¡Vamos, ya casi lo has hecho, Harry!—le animaba James arrastrando de la mano a Lily--¡Podemos salir de aquí, podemos…!

— ¡Apartaos! ¡Lo mataré! ¡Es mío! —chilló Voldemort.

La mano de Harry había aferrado a Cedric por la muñeca. Entre él y Voldemort se interponía una lápida, pero Cedric pesaba demasiado para arrastrarlo, y la Copa quedaba fuera de su alcance.

--¡Salgamos de aquí!—chillo Remus cubriéndose la cabeza, no sabían si las maldiciones o los escombros que caían podían afectarles; vio a Lily y James que estaban junto a Harry y Sirius que llegaba corriendo apenas porque se había detenido a "golpear" a unos cuantos enmascarados--¡AHORA!

Los rojos ojos de Voldemort destellaron en la oscuridad. Lo vieron curvar la boca en una sonrisa, y levantar la varita.

--¡Accio!—dijeron Harry y Lily al mismo tiempo apuntando hacia la copa.

La Copa voló por el aire hasta él. Harry la cogió por un asa. Sin saber bien lo que hacía, James cogió la pierna de Harry, Remus tomó la mano que le ofrecía Lily pero Sirius…

Sintieron esa desagradable sensación debajo del ombligo tras un torbellino de colores y una última sacudida cayeron de bruces contra el frío y duro césped.

--¡LO LOGRAMOS, LO LOGRAMOS!—grito James dando pataletas en el suelo sin siquiera levantarse--¡SALIMOS DE ALLÍ CON VIDA! Merlín, gracias, muchas gracias…

A su alrededor Harry parecía mareado y confundido, se aferró a la copa de los Tres Magos, parecía a punto del colapso nervioso; habían gritos, llantos y pisadas aquí y allá. Lily se paró con dificultad y logro atisbar a Remus que se abrazaba con James y se daban la mano, felicitándose…

--Sirius…--farfullo la pelirroja tratando de enfocar mejor su vista pero no veía unos ojos grises ni un cabello negro ondulado con elegancia natural—Sirius… ¡Sirius! ¿Dónde está Sirius? ¡SIRIUS!

Las caras de felicidad de ambos chicos se esfumo.


¿Qué tal todo?

Hey primero que otra cosa… lo que Harry dice, eso de que morirá de pie como su padre no lo invente, eso piensa Harry en el libro, es un pensamiento pero a mí me gusto ponerlo en voz alta, que James se sintiera importante, ya saben porque le tiene un poquito de celos de Sirius…

Y bueno el tan esperado capitulo… ¿les gusto? ¿Si, no, porque? ¿Esperaban más? En mi defensa diré que era una mera forma de mostrarle a James que Lily no es tan débil como él cree… en particular me gusto la parte donde dice que solo ella puede tratarlo de orgulloso xD y además, tenemos que apartar el drama para el séptimo libro…

Dios con esa declaración me sentí como David Yates cuando quito la pelea del sexto libro alegando que habría muchas en las Reliquias de la Muerte… y como yo odio a ese señor diré ¡prepárense para lo que se viene!

He decido que como faltan siete comentarios para el numero 1000 (me muero, pero es verdad y no saben que feliz me hacen) y la que sea el comentario numero mil, bueno pues creo que podrá preguntarme algo, una sola cosa que quiera saber de cómo terminare esta historia podrán preguntarme lo que sea, que les contestare n__n y bueno para que sea un poco más justo también la primera que comente este capi y la numero 1010  :) serán tres ¿vale? El comentario 994, el 1000 y el 1010 ¿zaz?

Me harán la pregunta vía correo, para que no se filtre información; en la respuesta de su comentario les dejare mi correo y así me envían su pregunta :)

Gracias a todos y todas las que leen y hacen de esta una gran historia. El próximo capi será el último del cuarto libro w

Besos con sabor a Merodeador.

P.D. Iba a subirlo desde anoche pero el servidor de la página se cayó u__u