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Historia 67888 — capítulo 6

--Pelirroja, pelirroja—decía Sirius mirando a la chica que consideraba su cuñada; estaban en la casa de campaña que habían colocado en un parque cercano a Privet Drive. Se habían asegurado de que Harry llegara sano y salvo a la casa; les alegro mucho ver que ya fuera por miedo o por consideración el niño ahora tenía una habitación para él solo y ya no dormía debajo de las escaleras; al descubrirlo James (que estaba tan enfadado que no parecía él mismo) no pudo evitar hechizar el televisor con ayuda de Sirius para que cambiara de canales y se apagara y prendiera solo. Remus y James habían ido de compras porque se morían de hambre después de andar todo el día en la calle y el hecho de que ya fuera de noche acrecentaba su hambre. Por eso era que Sirius y Lily estaban solos en la casa, la chica miraba la luz que parpadeaba dentro de un quinqué y no parecía oír que Sirius le hablara—Lily ¿estás bien?

--¿Eh?—la pelirroja reacciono al ver las señas del chico--¿Qué decías?

--Te ves…rara. ¿En qué piensas?

Lily miro un tanto sorprendida a Sirius, era extraño que él se comportara de una forma seria. Sirius siempre estaba aligerando una atmosfera cargada de tensión o ideando una broma o bien haciendo chistes. Lo cierto era que desde que salieran de Hogwarts, no, desde antes, desde que ella se hiciera novia de James conocía al otro Sirius; al chico que defendía fielmente sus ideales, tanto como para huir de su casa hacía dos años, sin importarle que lo desheredaran o su familia lo negara, al Sirius que se había enamorado y que por una estupidez había dejado ir al amor de su vida…

--En todo—contesto con suspiro—es que es tan horrible todo lo que nos va a pasar que sinceramente me da miedo que no podamos hacer nada.

--Tranquila—Sirius se acercó a ella y la abrazo cariñosamente, como se abrazan los hermanos yes que el chico ya consideraba a la pelirroja como una muy buena amiga, casi como a una hermana. Nunca se imaginó que fuera a tomarle tanto cariño y el hecho de que James, a quien quería como un hermano, la amara hacia que él también quisiera protegerla—no pienses así, Remus, James y yo haremos lo que sea para que tú y Harry estén bien.

--Gracias Sirius, de verdad es que eres una excelente persona—dijo ella recargando su cabeza en el hombro del chico—a pesar de lo que digan, tu eres una buena persona.

--Vaya, gracias—contesto poniéndose rojo—ya puedo decir que son tres las personas que no me creen basura.

--Cuatro—lo corrigió alzando su cabeza para mirarlo, porque sabía que solo mirándolo a los ojos lograría lo que se proponía—somos cuatro.

--¿Cuatro? A menos que no sepa contar son Cornamenta, Lunático y tú. Yo ya no cuento a Peter.

--No me refería a Peter—Sirius seguía sin entender--¿Por qué no cuentas a Hollie?

El efecto fue instantáneo, Sirius pasó de estar rojo a quedarse pálido, dejo de mirar los ojos verdes de Lily y miro en otra dirección poniéndose nervioso.

--No sé porque insistes en eso—dijo atropelladamente—ella no…

--Como tú quieras Sirius—lo interrumpió Lily sonriendo—hablaremos cuando quieras admitirlo, ya lo sabes pero tienes miedo. Te entiendo, no te preocupes.

El chico fue salvado por sus amigos que entraron a la casa sorprendiéndose de ver a Sirius abrazando a Lily, James no dijo nada y luego sonrió.

--Me alegra ver que ya no quieren matarse—comento dejando las bolsas en la mesa.

--¿Matándonos?—dijo Sirius con fingida indignación—Por Merlín Cornamenta ¿Por qué querría yo matar a tu encantadora esposa?

--No soy su esposa—tercio Lily triste.

Remus y Sirius miraron a James que sonreía como cuando acababa de hacer una muy buena broma, miraba a sus amigos en busca de ayuda, los chicos le sonrieron para darle ánimos. La pelirroja miro a su novio con los ojos como platos cuando saco de su bolsillo una cajita plateada, se acercó a ella, se hinco y con una sonrisa torcida encantadora hablo:

--¿Te gustaría casarte conmigo?

Lily se quedó como boba, no había expresión alguna en su rostro. Remussonreía con ganas, Sirius miraba la escena con ojos vidriosos y James sonreía esperando la respuesta. Paso un minuto, dos, tres, cuatro, y la chica no decía nada. El pelinegro se temió lo peor y hablo suspirando:

--Me imagine que tal vez no quisieras—empezó con la voz temblorosa—con todo lo que hemos visto no querrás estar conmigo y así evitaras morir y que él te persiga. No sé cómo se me ocurrió pensar que aceptarías. No hay problema, yo…

--¡Cállate James!—exclamo Lily.

Remus le hizo señas a Sirius para que los dejaran solos y James tenía una expresión de profunda tristeza y desconcierto.

--Este…hum, nosotros, vamos a…buscar…--intervino Sirius rompiendo el silencio.

--¿Cómo puedes pensar eso?—soltó Lily mirando intensamente a su novio—Escucha y pon mucha atención: todo esto es una locura, es algo horrible. No me gustaría morir como lo hemos visto, no quiero tener un hijo y dejarlo con Petunia, no quiero que encierren a Sirius, no quiero que excluyan a Remus por ser un hombre lobo, no quiero que nos pase todo esto—los tres chicos no sabían que hacer, se limitaron a escuchar la voz desesperada de la pelirroja—pero…

--Por eso—la interrumpió James cabizbajo—si quieres evitar todo esto, en cuanto volvamos a nuestro tiempo podrás alejarte de nosotros…

--Sin embargo—la chica suspiro y siguió hablando como si él no hubiera dicho ni media palabra—si van a pasar todas estas cosas tanto como si no, me encantaría estar contigo, me encantaría tener un maravilloso hijo contigo como es Harry, me encantaría morir contigo porque no soportaría quedarme aquí sin ti, no podría vivir en un mundo donde no estés tú. Nos costó varios años estar juntos y no voy a permitir que Voldemort nos separe, ni él ni nadie. Y si esto no contesta tu pregunta; si, si quiero casarme contigo James Potter.

El chico la abrazo con fuerza y con una sonrisa de triunfo que ni cuando ganaba la copa de Quidditch, claro, eso no se comparaba con el hecho de que Lily Evans aceptará casarse con él, con su eterno enamorado, James Potter. La pelirroja lo beso con mucho amor y pasión, ahora si Remus y Sirius salieron a hurtadillas de la tienda con una sonrisa dejando que la pareja se "diera amor" como decía Sirius burlonamente.

--No es necesario que se vayan—dijo Lily, su voz denotaba una gran emoción.

--No quiero que mis hermosos ojos vean cosas indecorosas—mascullo Sirius.

--Tus ojos están más mal influenciados que nada—ataco James saliendo de la tienda y tomándolos por el brazo para meterlos--¿No que tenías mucha hambre?

--Pues sí, pero no quiero ver como mancillan la tienda, ustedes no se controlan, primero la cama de Remus…

--¡Sirius!—lo reprendió le pelirroja sonriendo—El que hambre tiene en pan piensa.

--Que graciosa—dijo Sirius enseñándole la lengua.

Los cuatro chicos soltaron una carcajada.

--Venga, vamos a comer que no quiero quedarme viuda antes del matrimonio.

Los tres Merodeadores devoraron la comida en un abrir y cerrar de ojos, después de tomar un poco de té Remus saco un pergamino y un vuelapluma.

--Ahora sí, tenemos mucho que hacer. Primero debemos armar el rompecabezas con las pistas que tenemos hasta ahora.

--En primera apunta nuestra muerte—dijo James—es el 31 de octubre de 1981. Escribe encantamiento Fidelius, Guardián de los Secretos; Peter Petigrwe—el nombre lo dijo con desprecio.

--Aun no entiendo cómo fue capaz de traicionarlos—Sirius sonreía maliciosamente—voy a dejar que mi agudo sentido de humor negro (heredado de mi encantadora madre) divague pensando en posibles cosas para hacerle a esa rata.

--No por favor—pidió Lily—no seas igual que él. Ya te lo dije: eres una buena persona, muy en el fondo pero lo eres.

James y Remus sonrieron.

--Bueno, no soy su bufón—dijo Sirius pero sonrió—ese es otro asunto. Ya está lo de su muerte, ahora el hecho del porque Voldemort los perseguía, Remus y mi otro yo hablaron de una profecía; debemos saber de qué habla.

--La profecía—murmuro Remus a la pluma que escribía rápidamente—sería bueno saber también porque Voldemort no pudo matar a Harry.

--Y de paso investigar los posibles lugares donde podría estar ahora—observo James tomando la mano de Lily y mirando el pergamino.

--Creo que deberíamos ir a ver a Dumbledore—aporto Lily—como bien dicen, Remus ya debía informarle de nuestro pequeño tour en el tiempo. Será bueno verlo, así podemos aprovechar para ver a Harry en Hogwarts.

Todos estuvieron de acuerdo y más por la última parte: ver a Harry en Hogwarts ya que Lily y James no eran los únicos que querían al chico, Sirius y Remus lo veían como su sobrino favorito (¿tenían otro?)

El mes que estuvieron allí se les hizo eterno; la pasaban un poco mal por el hecho de que no podían estar con Harry que al parecer la pasaba mal: los Dursley no le hacían ningún caso, ni para bien ni para mal. Lily estaba furiosa con Petunia por tratar así a su hijo. Solo se turnaban la capa de James para mirarlo, el niño se quedaba despierto hasta tarde, lograron ver que leía los libros del colegio.

--Pues como no—soltó Sirius un día en la comida--¡Es hijo de Lily Evans!

Sus amigos sonrieron pero la pelirroja le dio un pellizco que no logro darle con mucha fuerza. Ella era la que más se la pasaba mirando a su hijo, cuantas ganas le daban de irrumpir en la casa, de llevárselo de ahí y de tratarlo como se merecía.

Sirius era el único que podía pasar tiempo con él. Su forma animaga era muy útil; la primera vez que se le aprecio al niño lo asusto pero cuando se mostró dócil Harry estaba muy contento, de hecho se pasaban la tarde jugando mientras Lily, James y Remus, invisibles, trataban de controlar sus risas cuando hacían algo gracioso.

--¿Sabes?—le dijo Harry una tarde, faltaba una semana para que entrara al colegio—te me haces conocido de algún lugar.

Los cuatro se quedaron helados; la visita que le hicieron cuando tenía dos años.

--¿Es posible que se acuerde?—susurro Lily.

--Puede, no estaba tan pequeño, pero nadie lo sabe, solo él—dijo Remus.

Canuto seguía andando alrededor de su ahijado moviendo la cola.

--A veces tengo sueños, donde un hombre se convierte en un perro idéntico a ti—decía Harry con una sonrisa—ya sé, estoy loco, pero ahora con esto de la magia puede que sea verdad. Aunque bueno sueño muchas cosas, a mis padres por ejemplo—la pareja se estremeció pero de emoción—no sé cómo es mi mamá porque tía Petunia nunca quiere hablar de ella pero siempre me la he imaginado pelirroja, con unos ojos como los míos y muy bonita.

Lily sonreía derramando lágrimas, James quería abrazarla pero era un poco complicado por la capa.

--Es muy inteligente—observo Remus—aunque bueno era de esperarse con semejantes padres.

--Gracias Lunático—su amigo le sonrió.

--Y a mi papá siempre que lo sueño es alto, con gafas como yo—lo decía con un brillo especial en los ojos— ¡y tiene el pelo tan despeinado como el mío!

--Así debe ser—y se alboroto el cabello como siempre su novia y amigo sonrieron—encanto de los Potter.

--Te diré un secreto—Harry se sentó en el pasto y Sirius lo hizo a su lado—tengo una pelotita dorada, tiene alas, no sé para qué es ni quien me la dio, solo sé que nadie debe verla, cuando estoy solo juego con ella. Supongo que tiene un mecanismo interno para que pueda volar. Me encanta.

--Pues es hijo de James Potter—dijo Lily dejando de llorar, feliz.

El resto de la semana se la pasaron mirando a Harry. Una noche antes de ir a Hogwarts estaban preparando su equipaje.

--¿Por qué no pude ser yo el perro?—se lamentó James porque ser un ciervo no le ayudaba para estar con su hijo, se habría asustado.

--Porque aquí tú eres Bambi y yo soy la perfección en persona—dijo Sirius burlonamente.

No tuvo tiempo de soltar su carcajada habitual porque una almohada se estampo contra su cara.

--Mira Lazzie—ataco James sonriendo—no soy Bambi.

--¿Lazzie?—pregunto Remus conteniendo la risa--¿Bambi? Son mejores esos apodos que los que tienen.

Remus, que ya se esperaba aquella reacción logro esquivar las dos almohadas, lo que provoco (ante la mirada incrédula de Lily) una pelea de almohadas, la chica estaba sumida en un libro cuando un ataque dirigido a James por parte de Sirius le dio de lleno en la cara y se le cayó el libro.

Los tres chicos pararon su juego infantil, Sirius miro asustado a Lily que sin previo aviso tomo otra almohada y lo golpeo en el estómago.

--¿Quieren jugar?—pregunto luego de sacarle el aire a Sirius.

--¿De dónde has sacado tanta fuerza?—se extrañó James sonriendo.

Pero no obtuvo respuesta porque su novia le dio un almohadazo en la espalda que lo tomo por sorpresa y lo tiro.

Remus sonreía, parecía asustado ¿asustado? ¿De una chica?

--Lily, yo no…tu no quieres…

Mal movimiento porque la almohada que dio en su estómago también le saco el aire. Los tres la miraban desde el suelo. Lily soltó una risita de victoria, movió la almohada como si fuera una experta y con un gesto añadió:

--¿Quién quiere más?

Remus miro a Sirius y él a James que sonrió y asintió. En un segundo James se abalanzo sobre su prometida que se escabullo y lo rodeo con los brazos para finalmente besarlo.

--¡Eso es trampa!—exclamo Sirius--¡No se vale!

--En la guerra y en el amor todo se vale—lo contradijo Lily sonriendo.

Los tres sonrieron como rindiéndose.

Luego de ese poco usual juego se fueron a dormir, a la mañana siguiente tenían que acompañar a Harry a la estación de trenes y encontrar una forma de ir a Hogwarts. A las ocho en punto Lily se encargó de despertarlos, de diferentes maneras pero lo logro: a Remus lo llamo varias veces, más bien tuvo que gritarle y moverlo un poco, a James, solo tuvo que darle un beso en los labios para que abriera los ojos y la abrazara para darle unos besitos más. Pero a Sirius, con Sirius tuvo que esforzarse; primero le grito, no funciono, lo movió como si fuera un terremoto, nada, solo hasta que lo colgó del tobillo con un hechizo despertó.

A las diez la tienda ya estaba recogida y bien guardada, los Dursley ya se habían ido en su auto, ellos se aparecerían a unas calles del lugar. Llegaron a King's Kross a las diez y media justo a tiempo para seguir a Harry, a todos les pareció raro que Vernon tuviera la amabilidad de llevar el carrito con el baúl del chico hasta que supieron la razón.

—Bueno, aquí estás, muchacho. Andén nueve, andén diez... Tú andén debería estar en el medio, pero parece que aún no lo han construido, ¿no?—dijo Vernon burlándose.

--Imbécil—mascullaron los tres chicos invisibles.

—Que tengas un buen curso--dijo con una sonrisa aún más torva.

Se fue sin decir nada más, los tres Dursley caminaban riendo. Harry se quedó ahí parado sin saber qué hacer.

--Cruza la barrera—murmuro Lily mordiéndose el labio para no aparecer e indicarle como entrar al andén de Hogwarts—vamos.

El niño se acercó a un guardia y le pregunto por el andén, pero él no sabía, le pregunto por Hogwarts pero el señor nunca había oído hablar de ese lugar y cuando le pregunto en donde quedaba y el niño no supo que decirle se desesperó y lo dejo ahí solo.

--Faltan diez minutos—observo Remus nervioso—debemos hacer algo.

--Tengo una idea—dijo Sirius, se metió en una pequeña salita pero en vez de salir un hombre salió un perro negro.

--Genial—James sonreía con ganas.

El perro se acercó a Harry que no se movía y tenía una expresión de estar asustado. Pero antes de que el chico se percatara del perro paso un grupo de personas, captaron algunas palabras.

—... lleno de muggles, por supuesto...

Lily sofoco un gritito.

--¿Los Weasley?—inquirió Remus.

La que hablaba era una mujer pelirroja y regordeta, se dirigía a cuatro chicos que llevaban baúles como Harry y lechuzas.

Sirius aprovecho y le jalo el pantalón a Harry para que lo mirara.

--¡Hola!—saludo el niño contento--¿Cómo has dado conmigo? eres muy inteligente.

Los tres pusieron los ojos en blanco cuando el perro ladro, pero parecía más bien una risotada. El perro se encargó de que Harry siguiera a la familia de pelirrojos, se detuvieron atrás de ellos. Estaban lo suficientemente cerca para poder oír lo que decían.

—Y ahora, ¿cuál es el número del andén? —dijo la madre.

— ¡Nueve y tres cuartos! —dijo la voz aguda de una niña, también pelirroja, que iba de la mano de la madre—. Mamá, ¿no puedo ir...?

—No tienes edad suficiente, Ginny Ahora estáte quieta. Muy bien, Percy, tú primero.

Miraban a la familia de magos, conocían a Molly y Arthur Weasley, habían tenido la desdicha de acudir al funeral de los Prewett, hermanos de ella que habían sido miembros de la Orden del Fénix.

El mayor de los chicos se adelantó a la carrera y se perdió tras unos turistas, Harry no entendía que tenía que hacer. Rogaban para que el chico se apurara y no perdiera el tren.

—Fred, eres el siguiente —dijo la mujer regordeta.

—No soy Fred, soy George —dijo el muchacho—. ¿De veras, mujer, puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das cuenta de que yo soy George?

—Lo siento, George, cariño.

—Estaba bromeando, soy Fred —dijo el muchacho, y se alejó.

El perro ladro, se estaba riendo al igual que James que miraba a los gemelos desaparecer.

--Son graciosos—dijo aun sonriendo.

Sirius hizo que Harry se acercara a la mujer.

—Discúlpeme —dijo Harry a la mujer regordeta.

—Hola, querido —dijo—. Primer año en Hogwarts, ¿no? Ron también es nuevo.

Señaló al último y menor de sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una larga nariz.

--¿Todos los Weasley son pelirrojos?—cuestiono James.

--No todos—contesto su novia sonriendo—deberíamos estar nosotros aquí con él.

--Y van a estarlo—le aseguró Remus.

—Sí —dijo Harry—. Lo que pasa es que... es que no sé cómo...

— ¿Cómo entrar en el andén? —preguntó bondadosamente, y Harry asintió con la cabeza.

—No te preocupes —dijo—. Lo único que tienes que hacer es andar recto hacia la barrera que está entre los dos andenes. No te detengas y no tengas miedo de chocar, eso es muy importante. Lo mejor es ir deprisa, si estás nervioso. Ve ahora, ve antes que Ron.

—Hum... De acuerdo —dijo Harry.

--Nunca voy a olvidar el miedo que tuve—comento Lily.

Su novio le dio un beso.

Su hijo corrió con los ojos cerrados hacia la barrera, y en un parpadeo desapareció.

--Vamos con él.

Los tres cruzaron la barrera sin miedo y sin ningún problema, el perro se volvió a meter a la salita, se hizo un encantamiento desilusionador y fue a encontrarse con sus amigos en el andén de Hogwarts. Les encanto ver la carita de Harry que miraba todo con mucho interés, camino buscando un asiento vacío, se toparon con una mujer y lo que parecía ser su nieto, los cuatro se quedaron de piedra al ver mejor a la señora:

—Abuelita, he vuelto a perder mi sapo.

—Oh, Neville —oyó que suspiraba la anciana.

--¿Es Augusta Longbottom?—pregunto Sirius mirando el estrambótico sombrero con un ave disecada.

--Creo—dijo James.

--Entonces, ¿será ese niño hijo de Frank?—inquirió Remus.

--¿Y de Alice?—la pelirroja se acercó para verlo mejor—se parece a ella, y miren tiene la nariz y los ojos de Frank.

Mientras veían si era o no un Longbottom perdieron a Harry de vista. Lo encontraron al final del tren donde tenía dificultades para subir su baúl es que él era muy delgado y bajito, lo asociaron al hecho de que no vivía como era debido. Se alegraron cuando uno de los gemelos se le acerco.

—¿Quieres que te eche una mano? —pregunto amablemente.

—Sí, por favor —jadeó Harry.

—¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!

Con la ayuda de los gemelos el baúl yacía en el tren.

—Gracias —dijo Harry, quitándose de los ojos el pelo húmedo.

—¿Qué es eso? —dijo de pronto uno de los gemelos, señalando la brillante cicatriz de Harry

--Oh oh—dijeron los cuatro al mismo tiempo temiendo la reacción de los chicos.

—Vaya—dijo el otro gemelo—. ¿Eres tú...?

—Es él —dijo el primero—. Eres tú, ¿no? —se dirigió a Harry.

--Espero que no se asusten—dijo Lily.

--¿Asustarse porque?—se extrañó Sirius.

--Se supone que derroto al mago más peligroso de todos los tiempos siendo solo un bebé—recordó James con amargura.

--Ah, entiendo.

—¿Quién? —preguntó Harry.

—Harry Potter —respondieron a coro.

—Oh, él —dijo Harry—. Quiero decir, sí, soy yo.

Sonrieron ante la expresión de los chicos; los gemelos se quedaron con la boca abierta y Harry se sonrojo.

--Se ve tan dulce—susurro Lily.

--Es un niño, no se ve dulce—Sirius puso los ojos en blanco—en todo caso se ve guapo.

--Cierto—dijeron Remus y James al unísono.

— ¿Fred? ¿George? ¿Estáis ahí?

—Ya vamos, mamá.

Con una última mirada a Harry, los gemelos saltaron del vagón. Sirius, James, Remus Y Lily subieron al vagón y se quedaron en la ventana mirando a los Weasley. Mientras que Harry se sentaba y miraba a la familia con disimulo.

—Ron, tienes algo en la nariz.

El menor de los varones trató de esquivarla, pero la madre lo sujetó y comenzó a frotarle la punta de la nariz.

—Mamá, déjame —exclamó apartándose.

--Recuerdo cuando tu madre hacia eso—comento Sirius mirando a James—nos ridiculizaba.

--Lo sé pero nunca aprendió—dijo su amigo encogiéndose de hombros.

— ¿Ah, el pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita? —dijo uno de los gemelos.

—Cállate —dijo Ron.

— ¿Dónde está Percy? —preguntó la madre.

—Ahí viene.

El mayor de los muchachos se acercaba a ellos. Ya se había puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y Harry notó que tenía una insignia plateada en el pecho, con la letra P.

--Reconozco esa insignia de algún lugar—James miraba a su novia y a Remus que se sonrojaban.

--¿Te refieres a la pareja de los perfectos prefectos?—inquirió Sirius en tono burlón.

—No me puedo quedar mucho, mamá —dijo—. Estoy delante, los prefectos tenemos dos compartimientos...

—Oh, ¿tú eres un prefecto, Percy? —dijo uno de los gemelos, con aire de gran sorpresa—. Tendrías que habérnoslo dicho, no teníamos idea.

—Espera, creo que recuerdo que nos dijo algo —dijo el otro gemelo—. Una vez...

—O dos...

—Un minuto...

—Todo el verano...

—Oh, callaos —dijo Percy, el prefecto.

--Me agradan estos chicos—aseguro Sirius nostálgico—imagínate Cornamenta, todo lo que hubiéramos hecho si hubiéramos sido gemelos.

--¿Dos Sirius Black?—se horrorizo Lily—Merlín no puede castigarnos así.

--O dos James Potter—intervino James.

--No—dijeron Remus y Lily divertidos

—Y de todos modos, ¿por qué Percy tiene túnica nueva? —dijo uno de los gemelos.

—Porque él es un prefecto—dijo afectuosamente la madre—. Muy bien, cariño, que tengas un buen año. Envíame una lechuza cuando llegues allá.

--Los Weasley tiene más hijos de los que pueden mantener—comento Sirius tristemente—pobre de los gemelos.

La mujer se despidió de su hijo y se volvió a los gemelos.

—Ahora, vosotros dos... Este año os tenéis que portar bien. Si recibo una lechuza más diciéndome que habéis hecho... estallar un inodoro o...

— ¿Hacer estallar un inodoro? Nosotros nunca hemos hecho nada de eso.

—Pero es una gran idea, mamá. Gracias.

--¡Ja!—estallo Sirius y James en carcajadas que tuvieron que reprimir--¿Por qué nunca se nos ocurrió eso James?

--No lo sé pero serán la sensación si lo logran—contesto James aun riendo.

—No tiene gracia. Y cuidad de Ron.

—No te preocupes, el pequeño Ronnie estará seguro con nosotros.

—Cállate —dijo otra vez Ron.

--Pobre chico—se compadeció Lily, los chicos la miraron confundidos—es obvio que se siente inferir a sus hermanos.

—Eh, mamá, ¿adivinas a quién acabamos de ver en el tren?

Harry se agachó rápidamente para que no lo descubrieran. A los cuatro no les pasó desapercibido el gesto.

— ¿Os acordáis de ese muchacho de pelo negro que estaba cerca de nosotros, en la estación? ¿Sabéis quién es?

— ¿Quién?

— ¡Harry Potter!

--Siempre quise que el nombre de un hijo mío causara ese efecto—confesó James triste—pero no por esos motivos.

La niña pelirroja hablo emocionada.

—Mamá, ¿puedo subir al tren para verlo? ¡Oh, mamá, por favor...!

—Ya lo has visto, Ginny y, además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico. ¿Es él realmente, Fred? ¿Cómo lo sabes?

--Tiene razón—tercio Remus—no es que para que lo miren como bicho raro.

—Se lo pregunté. Vi su cicatriz. Está realmente allí... como iluminada.

—Pobrecillo... No es raro que esté solo. Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén...

--Habla de él muy dulce—soltó Lily conmovida—que linda.

—Eso no importa. ¿Crees que él recuerda cómo era Quien-tú-sabes?

--¡Por Merlín!—se escandalizaron los cuatro.

—Te prohíbo que le preguntes, Fred. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo así en su primer día de colegio.

—Está bien, quédate tranquila.

--Espero que le hagan caso—murmuro James.

Se oyó un silbido.

—Daos prisa —dijo la madre, y los tres chicos subieron al tren. Se asomaron por la ventanilla para que los besara y la hermanita menor comenzó a llorar.

—No llores, Ginny, vamos a enviarte muchas lechuzas.

—Y un inodoro de Hogwarts.

— ¡George!

—Era una broma, mamá.

--¿Imaginas la cara de mi madre si le hubiera enviado un inodoro a Regulus?—Sirius tenía dificultades para no reírse sonoramente.

--Hubiera pagado para ver eso—afirmo James un poco más animado.

--¿Llegaremos a Hogwarts en el tren?—pregunto Lily.

--No, será mejor aparecernos en Hogsmeade; podemos utilizar el pasadizo de Honeydukes—dijo Remus.

Los cuatro bajaron del tren dejando a Harry solo en su compartimiento. No esperaron a que el tren comenzara a caminar, salieron del andén y de ahí se dirigieron al callejón donde se habían aparecido, se tomaron de las manos y con un crack desaparecieron. Al abrir los ojos estaban en Hogsmeade, se dirigieron con disimulo a Honeydukes que gracias a Merlín no estaba atiborrada de gente. James ayudo a Lily a bajar al túnel y caminaron en silencio.

--No sé porque no me sorprende que sepan de este túnel—comento Lily.

--Somos los Merodeadores—dijo Sirius simplemente.

Caminaron alrededor de una hora, salieron por la estatua de la bruja tuerta, aun invisibles se dirigieron al despacho del director.

--¿Cómo demonios vamos a saber la contraseña?—pregunto Sirius.

--Bombas de chicle—dijo Lily.

La gárgola los dejo pasar.

--¿Cómo lo hiciste?—inquirió James subiendo los escalones de dos en dos.

--Era prefecta tenía que aprendérmelas, aprendes a adivinar.

--¿Crees que nos crea?—Remus miraba indeciso la puerta del despacho.

--Lo averiguaremos—dijo James girando el pomo de la puerta.

--Ah chicos—dijo Dumbledore sentado en su silla los miraba radiante—los estaba esperando, siéntense hay mucho que hablar.

Los chicos se sentaron, dispuestos a decir todo cuanto sabian.


Bien, espero que les guste mucho mucho! Y que comenten mas!!!!!!!!!

n.n

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Ahhhh no me la creo!!!!!!

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