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Historia 67888 — capítulo 5
En cuanto abrieron los ojos tuvieron que correr a esconderse.
--¿Dónde nos has traído Cornamenta?—pregunto Sirius mirando alrededor mientras su amigo sacaba la capa invisible.
--Es un parque donde solía venir con mamá—contesto él sacando la capa invisible--¿Estás bien Lily?
La pelirroja seguía llorando, Remus y Sirius le sonrieron y su novio la abrazo.
--Sí, es solo que me ha dolido mucho dejarlo; pensar que es tan chiquito y Petunia lo trata horrible, James prométeme que todo va a salir bien, por favor.
--Calma mi amor, tenemos que seguir viajando, solo así podremos cambiar todo esto. Ahora concentrémonos para decir de nuevo el hechizo.
Los tres asintieron, Lily un poco más tranquila dirigió el hechizo. De nuevo sintieron la sensación de caer desde una altura muy alta, de repente cayeron de bruces unos sobre otros. James fue el primero en reaccionar.
--Corran, hay mucha gente aquí.
Corrieron hasta meterse en un hueco que quedaba entre unas tiendas.
--Es el cajellon Diagon ¿cierto?—inquirió Remus con dificultades para respirar debido a que tuvieron que correr.
--Eso parece, ahora ¿Cuántos años más adelante estaremos?—Sirius saco la cabeza pero Lily tuvo que jalarlo para que no lo vieran.
--Creo que deberíamos salir—dijo Lily limpiándose las ultimas lágrimas de su rostro, los chicos la miraron confundidos—si, como no cabemos en la capa tendremos que usar hechizos desilusionadores.
--Buena idea—acepto James sonriendo de que su chica se mantuviera serena.
--Remus y yo utilizaremos los hechizos, ustedes vayan bajo la capa—Sirius no espero a que sus amigos aceptaran, se apuntó y al instante se hizo del color de la pared, como un camaleón.
Remus hizo lo mismo, James se echó encima la capa y Lily desapareció con él.
--Parece que estamos en el cajellon Knockturn—susurro Remus, su voz provenía de la izquierda de Lily y James—tenemos que saber en qué año estamos y porque estamos aquí.
--¿Quieres que nos mezclemos?—la voz de Sirius se oía a la derecha de la pareja.
--Eso será lo mejor—dijo James—ahora si nos llegáramos a separar, nos vemos aquí en una hora, pero por favor eviten que eso pase.
--¿A dónde vamos?—pregunto Sirius invisible.
rn --A Gringotts—dijeron Lily y James a la vez.
Los cuatro comenzaron a caminar, había mucha gente como de costumbre por lo que James supuso que debía ser inicio de curso.
--Ilústrame—Sirius se escuchaba cerca de donde estaba Remus caminando--¿Por qué vamos al banco?
--Porque ahí los gnomos son muy chismosos—informo Lily que iba tomada de la mano de James—podremos escuchar lo que dicen.
--Tiene sentido—acepto Sirius acariciándose los labios.
--Todo lo que yo digo tiene sentido—aseguro la pelirroja sonriendo, aunque él no pudiera verla.
James y Remus soltaron una carcajada imaginándose el bufido de Sirius; ante esto una niña pequeña se echó a correr al oír sus risas.
--Deberíamos tener más cuidado—dijo Remus.
rn Cuando estaban a unos pasos del banco se quedaron estupefactos; ahí a la entrada del banco estaba Rubeus Hagrid, el semigigante que era guardabosques. Lily sintió una oleada de cariño hacia el hombretón que era su amigo. Y no solo de ella, de hecho, Hagrid había sido cómplice de los Merodeadores en más de una ocasión, incluso llego a darles ideas. Los cuatro lo apreciaban en grado sumo.
rn --Hagrid—susurro Lily emocionada.
rn --Los años no le pesan—sentencio Sirius sonriendo—vamos.
rn Se acercaron a Hagrid y fue cuando se dieron cuenta que no iba solo: un niño delgado, bajito, con el pelo negro y alborotado y con gafas miraba a los gnomos fascinado. Lily tuvo que taparse la boca para no gritar y contenerse para no salir corriendo a abrazar a su hijo. Al parecer Remus y Sirius se quedaron igual, porque una pareja se estrelló con algo que no pudieron ver; James fue el único que no se dejó llevar, tomo la mano de Lily y la llevo con cuidado para no chocar con nada hacia donde debían estar sus amigos.
rn --Es Harry—murmuro Sirius conteniéndose de chillar—es Harry, míralo Cornamenta eres tú, Merlín, esta como tu cuando nos conocimos en el expreso de Hogwarts, entonces…
rn --Entonces estamos en 1991—termino Remus--¿Lily? ¿James?
rn --Aquí estamos—dijo James—creo que van a entrar, sigámoslos.
rn Se metieron corriendo al edificio porque Harry y Hagrid ya no estaban en la entrada, ahora estaban acercándose a un mostrador; los cuatro se acercaron para oír mejor:
rn --…Hemos venido a sacar dinero de la caja de seguridad del señor Harry Potter—decía Hagrid haciéndose notar, algo que no era muy difícil.
rn Lily apretó con más fuerza la mano de su novio que sonrió con ganas; Harry estaba bien, se veía bajito para su edad, pero él también lo había sido, su hijo estaba bien.
rn Sirius bufo cuando Hagrid tardó en encontrar la llave, Remus miraba a Harry que parecía un poco extrañado por aquello. Después que el gigante le diera la llave al gnomo él hablo:
rn --Parece que está todo en orden.
rn Los cuatro se extrañaron cuando Hagrid le entrego una carta, decía que era asunto de Dumbledore y se mostraron más curiosos cuando hablo en clave "es sobre lo que usted sabe, en la cámara setecientos trece"
rn --¿Qué crees que sea?—pregunto Lily a James en el oído lo que hizo que el chico se estremeciera, era muy cosquilludo.
rn --No lo sé, pero si queremos averiguarlo tendremos que ir con ellos al subterráneo.
rn --Tengo miedo, hay contra hechizos y dragones—la voz de Lily temblaba.
rn --No te preocupes, estoy yo.
rn --Eso es lo único que me tiene aquí.
rn --Hey par de tortolos—interrumpió Sirius. Los dos chicos se asustaron y miraron frente a ellos dónde provenía la voz—deberíamos seguirlos, pero la fuente del ladrón anulara los hechizos desilusionadores. Vayan ustedes.
rn --Estoy de acuerdo—acepto James—los esperamos en la entrada.
rn --Bien, le diré a Lunático. Pero parenbien la oreja.
rn --¿Qué es lo que usted sabe en la cámara setecientos trece?—escucharon preguntar a Harry.
rn Sirius estaba por dar media vuelta pero al oír aquello, se quedó en su lugar, sin moverse al igual que Lily y James a quienes el corazón les dio un vuelco.
rn --No te lo puedo decir, es algo muy secreto, de Hogwarts, Dumbledore me lo confió.
rn Lily miro a James con la duda desbordándole por los ojos.
rn --Ya saben lo que tiene que hacer—dijo Sirius sacándolos de sus pensamientos—muévanse que se van.
rn La pareja siguió muy de cerca a Harry, Hagrid y un gnomo. Subieron al carrito con mucho cuidado para que no los notaran; Lily que nunca se había subido se mostró curiosa.
rn --¿Está muy abajo tu cámara?—le pregunto en voz muy baja.
rn --Un poco—dijo James un deje de fastidio en su voz— sujétame fuerte; se nota que eres primeriza en estos carros del demonio.
rn --¿A qué te refieres?
rn Pero su novio no tuvo tiempo para contestarle porque el carrito se puso en marcha, iba a una velocidad asombrosa, la pelirroja se aferró a la mano de James que sonreía la ver las caras que hacia su novia. Iban tan ensimismados que casi se les olvida poner atención a lo que decía Harry.
rn --Nunca he sabido cual es la diferencia entre una estalactita y una estalagmita—preguntaba el pequeño--¿Tú lo sabes?
rn --Las estalagmitas tienen una eme en medio—contesto Hagrid que se estaba poniendo verde—No me hables ahora que estoy a punto de vomitar.
rn James soltó una carcajada y la pelirroja aunque estaba mareada y desorientada le tapó la boca porque Harry se volvió porque le pareció oír algo. Cuando se bajaron, James tuvo que sujetar a Lily para que no se cayera.
rn --¿Te encuentras bien?—le pregunto preocupado.
rn --Sí, es solo que tenías razón: son unos carros horrendos.
rn --A Sirius le encantan—afirmo James sonriendo.
rn --Ya, porque Sirius es un loco adicto a la adrenalina—acoto Lily que aún estaba mareada.
rn James solo sonrió encogido de hombros y se acercaron a la cámara de los Potter donde Harry ya estaba adentro.
rn --Todo tuyo—le dijo Hagrid sonriendo al ver la cara de emoción del chico—Eres iluso si pensaste que tus padres te dejarían en la calle.
rn --Por supuesto que no—dijeron Lily y James al mismo tiempo pero se callaron cuando Hagrid busco de donde provenían las voces.
rn El semigigante le ayudo a Harry a meter el dinero en sus bolsas.
rn --Las de oro son galeones —explicó—. Diecisiete sickles de plata hacen un galeón y veintinueve knuts equivalen a un sickle, es muy fácil, te acostumbraras en poco tiempo. Esto es suficiente para un curso o dos y yo creo que todo lo que sobra te alcanzará para el resto de tu estancia de Hogwarts, hasta va a sobrarte.
rn James nunca se sintió mejor de tener tanto; la verdad que se imaginó disfrutando de ese oro con su esposa (siempre se vislumbró con que sería Lily) y le alegraba y reconfortaba en grado sumo que por ese lado Harry no tuviera problemas. Ye tenía muchos como para sumarle la falta de dinero. Vaya si que el mundo daba muchas vueltas.
rn Lily tuvo que contenerse de acariciar la nuca de Harry cuando paso por su lado para salir de la cámara con una enorme sonrisa. La chica agradeció a Hagrid cuando él pidió ir más despacio en ese carrito.
rn --Me alegra que por lo menos nuestro dinero le ayude—mascullo James cuando se dirigían a la cámara setecientos trece.
rn --¿Nuestro dinero?—se extrañó Lily.
rn --Siempre te dije que lo que era mío era tuyo—contesto como si fuera lo más obvio del mundo.
rn La chica lo beso sonriendo, solo se separaron cuando el carrito se detuvo de nuevo. El gnomo no necesito abrir la puerta con alguna llave, él mismo lo hizo con tan solo tocarla.
rn --Si alguien que no sea un gnomo intenta abrirla, será succionado—comento ácidamente.
rn --¿Cada cuánto revisan para saber que no hay nadie?—quiso saber Harry que parecía algo preocupado.
rn --Cada diez años más o menos—contesto el gnomo malignamente.
rn --¿Cómo se atreve a asustar a mi hijo?—se escandalizo James pero en voz baja—maldito gnomo.
rn --Nunca cambias—susurro Lily mirando con amor la carita asustada de su hijo.
rn El chico iba a contestarle pero en ese momento se abrió la gigantesca puerta, a simple vista parecía vacía.
rn --¿No hay nada?—se extrañó James acercándose más.
rn --Mira allí—dijo Lily señalando un pequeño paquete que estaba envuelto en papel marrón. Hagrid lo guardo en su abrigo—debe ser muy importante.
rn --Y lo es—aseguro James—ya oíste lo que dijo Hagrid, Dumbledore se lo confío, debe ser algo de suma importancia—se subió al carrito—tendremos que ir a Hogwarts.
rn --¿Qué?—inquirió Lily cuando el carrito siguió su camino—no podemos.
rn --Claro que podemos, además Remus de 1982 debió poner al tanto a Dumbledore, así que él director de esta época debe saberlo. Además, le dejamos una nota al Dumbledore de nuestra época, debe saberlo.
rn --Sigo creyendo que no fue muy buena idea hacer eso—acoto Lily mordiéndose el labio inferior, James alzó una ceja—fue muy peligroso, los viajes en el tiempo son complicados de por sí ¿Y si alguien leyó esa nota?
rn --¿Nos crees idiotas?—pregunto James algo ofendido.
rn --¿Qué? ¡Claro que no!—saltó Lily negando con la cabeza.
rn --Ah pues ahí lo tienes—dijo sonriendo, al ver que Lily no captaba, añadió—le hemos puesto unos cuantos hechizos para que solo Dumbledore pudiera ver la nota, él está viejo pero no es estúpido y nosotros somos jóvenes y algo inmaduros pero nunca nos pillaron en alguna broma y mucho menos ahora que se trata de salvar nuestro pellejo.
rn --De acuerdo—lo corto Lily algo asombrada de las medidas que habían tomado esos tres—pero ¿Cómo llegaremos a Hogwarts?
rn --Eso es lo de menos—James hizo un ademán para restarle importancia.
rn
rn En cuanto estuvieron en el vestíbulo corrieron hacia donde Remus y Sirius debían estar.
rn --¿Sirius? ¿Remus?—susurro Lily sintiéndose una boba por hablarle a la pared.
rn --¿Qué pasa pelirroja?—era la voz de Sirius, si no se equivocaba estaba a la izquierda.
rn --Mucho—contesto James—ahora debemos seguir a Harry.
rn Los cuatro atravesaron la puerta siguiendo al pequeño Potter y Hagrid. Se extrañaron cuando Harry se dirigió a Madame Malkin y Hagrid a quien sabe dónde. Entraron con sumo cuidado a la tienda.
rn La señora estaba igual que siempre; regordeta y sonriente.
rn --Vaya, todos están iguales, menos nosotros—se lamentó Sirius.
rn --Ni siquiera sabemos dónde estás—le recordó Remus rodando los ojos—no te has visto.
rn --Ya, pero eso es algo malo—acoto Sirius pensativamente, James comenzó a preocuparse; su amigo tenía razón, no existía en la vida de Harry y sabía que si Sirius estuviese bien él jamás se habría alejado de su ahijado y más si ellos estuvieran muertos, Harry era su responsabilidad—yo jamás me quedo fuera del juego.
rn --Bueno…--Remus se rasco la nunca y en cuanto miró a James supo que él ya había pensado lo que él comenzaba a especular.
rn --¿Hogwarts guapo?—le pregunto a Harry que parecía nervioso. James no pudo evitar al escuchar el término "guapo" y aunque no lo supiera sus dos amigos también sonrieron y se sintieron orgullosos; era increíble como sus pensamientos cambiaban radicalmente, hacía dos segundos estaban preocupados por el futuro de Sirius y ahora sonreían contentos--Tengo muchos nuevos aquí, de hecho… un niño está probándose también…
rn Los cuatro miraron al fondo de la tienda donde estaba un chico pálido y de cabello rubio platinado. Unas facciones conocidas, horriblemente conocidas.
rn --Malfoy—dijeron los cuatro, Sirius con asco, Remus con desprecio, James con odio y Lily con desdén.
rn No les agrado mucho que el chico comenzara a hablarle a Harry mientras Madame Malkin les medía las túnicas.
rn --Tiene toda la cara de su padre—observo Sirius amargamente—pero se parece a…
rn —Hola —dijo el niño Malfoy—. ¿También vas a Hogwarts por primera vez?
rn —Sí —respondió Harry.
rn
rn Sirius cada vez trataba de controlarse para evitar que se hicieran amigos; los Malfoy no eran de fiar, si lo sabía él.
rn --Es hijo de Narcissa—dijo entonces James cayendo en la cuenta de que la nariz y boca del chico eran las mismas que las de la prima de Sirius que en su época estaba por casarse con Lucius Malfoy—vaya, Canuto, es tu sobrino.
rn --Qué asco, no me relaciones con ellos—pidió Sirius molesto, James se burló—si a esas vamos también son tu familia, el pequeño Malfoy sería algo así como tu sobrino nieto…
rn —Mi padre ha ido por mis libros y mamá ha ido a mirar las varitas, ya sabes, para ahorrar algo de tiempo—dijo el chico Malfoy. Tenía voz de aburrido y arrastraba las palabras, igual que Lucius—Los llevaré a ver escobas de carreras más tarde. Es una norma estúpida es que dice que los de primer año no podemos tener escoba propia, yo quiero una y voy a molestar a papá hasta que logre sacarle una y entonces la meteré de contrabando como sea.
rn --Que mocoso tan feo—soltó James apretando los puños.
rn --Habla igual que Lucius—declaro Lily también enfadada—mira que estarle presumiendo a mi Harry.
rn --Si logra meter una escoba—tercio Sirius—espero que McGonagall se la confisque. Si yo no pude meter una en mi primer año, entonces él tampoco.
rn Todos sonrieron y pusieron atención a los niños.
rn — ¿Tienes escoba propia? —continuó el muchacho Malfoy--¿Qué modelo es?
rn --Ya va a presumir—comento Remus rodando los ojos.
rn —No —dijo Harry.
rn --Ese Malfoy quiere humillar a mi hijo—exclamo James indignado. Lily le sonrió—pero no podrá hacerlo, nadie pude humillarnos y mucho menos un Malfoy.
rn --Solo yo puedo molestarte, Cornamenta—dijo Sirius alborotándole el cabello, James le aparto la mano de un manotazo, aun cuando seguían siendo invisibles—ay ya, pero que humor. Sabes que es verdad—y esquivo ágilmente un nuevo golpe.
rn — ¿Juegas al menos al Quidditch?
rn —No —dijo de nuevo Harry.
rn --Pero va a hacerlo y muy bien—afirmo la voz invisible de Sirius—después de todo, es hijo de mi Jamie, de algo le tiene que valer ¿no?
rn James sintió una oleada de cariño hacia su mejor amigo, pero también ganas de golpearlo por decirle así. Solo mamá Dorea podía.
rn —Que lastima—dijo Malfoy con una fingida voz de pena—Yo sí, y papá dice que serían muy tontos si no me eligen de buscador en el equipo de mi casa y yo creo que tiene toda la razón, soy realmente bueno—los cuatro bufaron en señal de no estar de acuerdo—Por cierto ¿Ya sabes en qué casa vas a estar?
rn --Si juega igual que su padre—empezó James sonriendo burlonamente—es una basura.
rn --Perfectamente de acuerdo—corroboraron Remus y Sirius.
rn --¿Cómo que en que casa va a estar?—se preguntó James emocionado y dejando de lado el tema de quien era mejor jugando Quidditch aunque no hacía falta que nadie se lo dijera, él sabía lo que valía—En Gryffindor por supuesto ¡Donde habitan los valientes!—y de nuevo, como cuando tenía once años, hizo como que blandía una espada--¡Como mi padre, como toda la familia!
rn --Bueno…--tercio Sirius incomodo—no como toda la familia porque mamá Dorea fue Slytherin…
rn --¡Shhh!—James busco a tientas a su invisible amigo hasta que lo encontró y le puso una mano en la boca--¡Cállate, que nadie debe saberlo, es secreto de estado!
rn --¿Cómo que nadie lo sabe?—pregunto Lily curiosa—yo si sabía…
rn --¿Qué?—soltó James asustado--¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¡Jamás te lo he dicho! ¿Quién fue el chismoso? Ah… ¡Sirius!—James sujeto del cuello a Sirius--¿Por qué se lo dijiste?
rn --¡Mo fui yo!—se defendió Sirius.
rn --James, suéltalo no fue él—intervino Remus calmadamente.
rn --¡Fuiste tú, Lunático!—chillo James tentando el aire para poder localizar a su otro amigo.
rn --No, James ¿Quiere oírme?—dijo Lily algo atareada, James la miro con el ceño fruncido—cualquiera que sepa que el apellido de tu soltera de Dorea era Black puede deducirlo…
rn --Pero…
rn --Además que se supone que Sirius es el primer Black que cae en otra casa que no es Slytherin—dijo Lily con los brazos cruzados, muy satisfecha de su explicación—es fácil amor, pero no tienes por qué avergonzarte.
rn --No me avergüenzo—dijo James con los ojos entrecerrados, algo receloso—solo que no es algo que me gusté, la gente pude creer que soy prejuicioso, como ciertas personas que yo conozco—y le lanzó una mirada de reproche.
rn --Ah…--Lily se sonrojó—sí, bueno…
rn —No —dijo Harry.
rn --Mi pobre niño no sabe nada del mundo mágico—se lamentó Lily dejando de lado el recordatorio nada disimulado que le hizo James.
rn —Bueno, la verdad que ninguno de nosotros sabe hasta que lleguemos, pero estoy completamente seguro que seré un Slytherin, porque toda mi familia ha estado allí—dijo muy digno, los tres chicos hicieron ademanes como que vomitaban, Lily sonrió rodando los ojos— ¿Te imaginas que te toque en Hufflepuff? Yo creo que mejor me largaría, ¿no te crees?
rn James tenía ganas de darle un golpe a ese niño, pero se enfadó más cuando volvió a hablar. Y no fue el único, ese niñato comenzaba a llenarles el buche de piedritas.
rn — ¡Oye, mira a ese hombre! —dijo súbitamente el chico, señalando hacia la vidriera de delante. Hagrid estaba allí, sonriendo a Harry y señalando dos grandes helados, para que viera por qué no entraba.
rn --¡Quiero!—exclamo Sirius estirando las manos, miro al chico Malfoy y dejo de parecer un niño pequeño para componer una cara que daba miedo—Idiota—mascullo enojado.
rn —Él es Hagrid —dijo Harry, contento —. Trabaja en Hogwarts.
rn --¡Ja!—soltó Remus feliz—Harry sabe algo que Malfoy no.
rn —Oh —dijo Malfoy con desdén—, me han hablado de él. Es un sirviente ¿no?
rn --¿Una especie de sirviente?—se escandalizo Lily--¿Cómo se atreve?
rn --Es un Malfoy—contestaron los tres chicos como si eso explicara todo.
rn —Es el guardabosque —dijo Harry que no parecía nada contento.
rn --A Harry no le cae bien este chico—aseguro Sirius orgulloso—por eso es mi ahijado y por eso lo quiero mucho.
rn —Sí, ajá—Malfoy miraba con asco a Hagrid—Dicen que es un salvaje, vive en una cabaña que está en los terrenos del colegio, me han contado que se emborracha de vez en vez—soltaron exclamaciones de desacuerdo—intenta hacer magia y lo único que consigue es quemar su cama.
rn --Se nota que ha sido criado por esos dos—sentenció James indignado por la forma en que hablaba el niño Malfoy de su gran amigo Hagrid—han hecho un gran trabajo—dijo sarcástico.
rn --No sé porque me extraña que sea así—dijo Remus—es hijo de Lucius.
rn —Yo creo que es estupendo —dijo Harry con frialdad.
rn --¡Eso, Harry, ponlo en su lugar!—le instó James, pero Lily le puso una mano en la boca, podrían descubrirlos--¡Defiende a tus amigos!—trato de decir aun con la mano de su esposa imposibilitándolo.
rn --No quieres hacer enojar al hijo de Lily Evans—observo Sirius con algo de miedo—digo, no es que yo le tenga miedo pero… bueno, te deja secuelas—afirmo muy serio.
rn Lily sonrió.
rn — ¿Eso piensas? —preguntó el chico en tono burlón—. Viene contigo ¿no?¿Dónde están tus padres?
rn --Que metiche—sentencio James y al darse cuenta de la expresión de su novia la abrazo--¿A él que le importa?
rn --Es el afán de molestar—dijo Remus con reprobación, él no toleraba ese comportamiento.
rn —Están muertos —respondió Harry en pocas palabras.
rn Los cuatro lo miraron con tristeza, se notaba que le dolía e incomodaba hablar de ese tema. Y a quién no. Era tan solo un niño de once años que empezaba a abrirse camino en ese maravilloso mundo, y si de por sí no era muy fácil que digamos, pues estando sololo sería aún más.
rn —Oh, lo siento mucho—dijo Malfoy, aunque se notaba que no le importaba en lo más mínimo— Pero eran de los nuestros ¿no?
rn --Maldito mocoso—dijo Sirius molesto—debería saber quién es él, hemos oído que Harry es famoso, es mejor que este niño enclenque.
rn --Ya, es mejor pero por la simple persona que es—sentenció Lily tratando de no enfadarse mucho por cómo le hablaba Malfoy a su hijo—además que ni sabemos porque es famoso…
rn --¿Quién se atrevería a pensar que los Potter no eran magos?—la voz de Remus denotaba su creciente enfado--¡Es un escándalo, un ultraje! Y aunque no fueran magos, eso no les quita que sean unas excelentes personas—dijo tan leal como siempre.
rn --Muchas gracias, Lunático—agradeció James palmeándole la espalda, Lily lo busco entre el aire hasta que lo encontró y le dio un beso—ya sé que me quieres mucho—Sirius y él rieron mientras que el licántropo sonreía sonrojado—y yo a ti, pero ya, que odio cuando nos ponemos cursis.
rn —Eran un mago y una bruja si hablas de eso—contesto Harry con una voz que denotaba que estaba deseando dejar de hablar con el chico Malfoy.
rn --Oh James apenas se enteró, no sabe nada de nosotros—Lily volvía a contener el llanto—es tan triste…
rn --¡Ya verás como nosotros le hablamos de ustedes!—le prometió Sirius muy jovialmente—En serio, pelirroja, confía en mí, jamás te he fallado.
rn --Tiene razón—trataron de animarla James y Remus.
rn —Opinó que no deberían dejar entrar a los otros, a los que no son como nosotros—los interrumpió Malfoy con su discurso—No conocen nada de nuestro mundo ¡Imagínate que unos ni siquiera habían oído hablar de Hogwarts antes de recibir su carta!—se burló.
rn --Pequeño enclenque—mascullo Sirius enfadado—parece más bien un periquito que repite todo lo que sus estúpidos padres dicen.
rn --¿Crees que el niño sería distinto si fuese criado por alguien más?—aventuro pensativamente James—nunca me lo habría planteado.
rn --No tanto así—tercio Remus—si eso aplicara siempre entonces Sirius sería como es toda su familia porque fue criado por ellos.
rn --Hum… buen punto, Lunático, buen punto—le felicito James—pero entonces hay de las dos ¿no? Yo digo que si influye quien te críe sin dejar de lado el carácter que uno ya trae de fábrica.
rn --Dios rompió el molde cuando me creó—aseguro Sirius con arrogancia—soy único e irrepetible, soy la obra maestra de Dios…
rn --Creo que todo el secreto debería quedar entre nosotros, los que somos de familias de magos antiguos—sentenció el niño Malfoy con rotundidad—Y hablando de eso… ¿Cómo me dijiste que te llamas?
rn --¡No le digas!—saltó James—lo que menos quiero es que se Malfoy se le acerque y lo contaminé con sus estúpidas ideas.
rn --No cabe duda que es un mocoso horrible—enfatizo Sirius—apenas tiene once años y ya habla de la pureza de la sangre. Me recuerda a Bellatrix—e hizo como que vomitaba.
rn Los tres miraron al pequeño Malfoy como si fuera una horrible enfermedad que pudiera contagiar a Harry. James y Lily se alegraron de que su hijo no dijera su nombre al chico porque justo llego Madame Malkin con sus túnicas bien arregladas. Salieron de la tienda contentos de alejarse de Malfoy, casi aliviados. Caminaron en silencio detrás de Hagrid y Harry que comían helados, sonrieron cuando escucharon los gruñidos del estómago de Sirius y James, imaginándose las caras de Lily y Remus dijeron:
rn --¿Qué? Tengo hambre.
rn Rodaron los ojos solamente y no dijeron nada más para escuchar la conversación de Hagrid y Harry.
rn — ¿Qué te pasa? —preguntó Hagrid.
rn
rn —Nada —dijo Harry.
rn --Miente—aseguro Lily—es igual que James.
rn Esperaron fuera de la tienda de pergaminos y se alegraron al ver a Harry más animado.
rn —Hagrid, ¿qué es el Quidditch?
rn —Vaya, Harry; sigo olvidando lo poco que sabes... ¡No saber qué es el Quidditch!
rn --¿Quién lo diría?—se quejó James—es mi hijo y no sabe que es el Quidditch—y al final lo hizo con un deje de pena.
rn --Todo cambiara Cornamenta—lo animo Sirius—ya verás que lo sabrá y sacara de quicio a la pelirroja—su amigo trato de animarse sonriendo, pero no fue suficiente.
rn —No me hagas sentir peor —dijo Harry. Le contó a Hagrid lo del chico pálido de la tienda de Madame Malkin.
rn Los cuatro se sintieron mal al ver que Harry se sentía menos por no saber nada del mundo mágico. Todo parecía tan simple, pero no lo era, la felicidad era algo tan inalcanzable… pobre Harry.
rn —... y dijo que la gente de familia de muggles no deberían poder ir...
rn --Hijos de…--soltó Sirius pero se calló pensando en el moretón que le dejaría el pellizco de la pelirroja, se metió una mano a la boca para poder maldecir sin temor a represalias.
rn —Tú no eres de una familia muggle. Si se hubiera enterado de quien eres...—Hagrid hinchó el pecho, orgulloso, fue cuando quisieron más al hombre de lo que ya lo querían—Él ha crecido conociendo tu nombre, si sus padres son magos, claro está. Ya lo has visto en el Caldero Chorreante; eres famoso, Harry.
rn --Ya,pero ¿Por qué?—dijeron James, Remus y Lily al unísono.
rn --La pregunta del millón de galeones—acoto Sirius.
rn --Igual ¿Qué sabe él?—continúo Hagrid—he conocido magos que eran los únicos en una larguísima línea de muggles.
rn Los tres desviaron su vista hacía Lily que fingió no darse cuenta.
rn --¡Mira a tu madre!—exclamo Hagrid moviendo sus grandes manos--¡Y mira la hermana que tuvo!
rn --Hagrid, siempre tan lindo conmigo—susurro Lily sonriendo.
rn --Tiene razón—intervino Sirius—eres la mejor y tu hermana es horrible.
rn
rn --¡Sirius!—lo reprendieron Remus y James.
rn --No, está bien, es verdad—dijo Lily—tiene razón.
rn --Vale, pero te lo dije como un halago—aclaró Sirius—así que sonríe, no te entristezcas, puedes hablar con tu hermana para que ya no tenga envidia—una mirada preventiva por parte de James y Remus—digo, para que se quieran y así-
rn --Gracias, Sirius—dijo Lily sinceramente.
rn —Entonces ¿qué es el Quidditch?
rn --Lo más maravilloso de este mundo—dijo James sonriendo con orgullo--¡Lo mejor de lo mejor, lo máximo de lo máximo…! Pero nada más maravilloso que tu linda madre—se corrigió al detectar la mirada de Lily—nada te supera, cariño, ni el Quidditch.
rn Lily lo miro recelosa.
rn --Mandilón—murmuro Sirius con burla para que solo James lo escuchara, lo fulminó con la mirada.
rn —Es nuestro deporte. El deporte de magos. Es... como tan famoso como el fútbol en el mundo muggle, todos lo siguen. Se juega en el aire, con escobas, y hay cuatro pelotas... Es difícil explicarte las reglas porque son muy complicadas.
rn — ¿Y qué son Slytherin y Hufflepuff?
rn —Casas del colegio. Hay cuatro. Todos dicen que en Hufflepuff son todos inútiles, pero...
rn --Claro que no—mascullo Lily enojada—son los trabajadores y leales.
rn —Seguro que yo estaré en Hufflepuff —dijo Harry desanimado.
rn --¡Vamos Harry!—exclamaron los tres Merodeadores, como para animarlo.
rn —Es mejor Hufflepuff que Slytherin —dijo Hagrid con tono lúgubre—. Las brujas y los magos que se volvieron malos habían estado todos en Slytherin, dicen que es la casa que alberga secretos de magia oscura. Quien-tú-sabes fue un Slytherin.
rn --Estoy totalmente de acuerdo con Hagrid—aseguro Sirius—todos son malos—añadió con un deje de amargura—por eso yo fui Gryffindor porque soy más bueno que el pan, soy más bueno que lo bueno…
rn --No es cierto, eres malo—acoto James riendo—eres más malo que Teresa…
rn --¿Quién diablos es Teresa?—pregunto Sirius confundido, pero James no le contesto y solo seguía riéndose--¿Quién es Teresa?—insistió.
rn — ¿Vol... perdón... Quien-tú-sabes estuvo en Hogwarts?—pregunto Harry con evidente curiosidad.
rn --No debería tener miedo a decir su nombre—dijo Remus de brazos cruzados—solo los cobardes no lo hacen y me sorprende mucho que Hagrid no lo diga.
rn —Hace muchos años —respondió Hagrid.
rn Parecía que Harry quería saber más cosas pero Hagrid no dijo nada más, dando el tema por terminado. Se divirtieron mucho cuando compraron los libros en Flourish y Blotts porque el semigigante tuvo que llevarse a Harry casi cargando para evitar que comprara un libro llamado Hechizos y contrahechizos (encante a sus amigos y confunda a sus enemigos con las más recientes venganzas: Pérdida de Cabello, Piernas de Mantequilla, Lengua Atada y más, mucho más), del profesor Vindictus Viridian.
rn --No necesita ese libro para hacer una buena broma—dijo James sonriendo—es mi hijo, lo lleva en la sangre, es instinto—e inspiro profundamente, como un león que se prepara para cazar.
rn --Hijo de un Merodeador—afirmo Sirius—eso lo dice todo.
rn —Estaba tratando de averiguar cómo hechizar a Dudley—explico Harry encogiéndose de hombros.
rn --Se lo tendría bien merecido—aseguro James alzando la cara muy dignamente.
rn —No estoy diciendo que no sea una buena idea, lo tendría bien ganado, pero no puedes utilizar la magia en el mundo muggle, excepto en circunstancias muy especiales —dijo Hagrid—Igual, aún no podrías hacer la gran cosa porque eres muy joven, tendrás que estar bien instruido antes.
rn --Como ya dije, no necesita un libro—volvió a decir James—tiene…--se puso un dedo en la cabeza—talento—dijo con una vocecita rara.
rn --Eso es más que obvio—dijo Lily para asombro de los tres chicos.
rn Se rieron mucho cuando Harry intento comprar un caldero de oro. Ya tenían todo…
rn —Sólo falta la varita...—dijo Hagrid releyendo la lista—Ah, sí, y todavía no te he buscado un regalo de cumpleaños.
rn --¡La varita, la varita!—canturreaban James y Sirius cogidos de la mano--¡Una varita!
rn —No tienes que...
rn --Es gentil—comento Remus—nada que ver contigo Cornamenta.
rn --¡Hey que soy arrogante pero muy gentil!—defendió el aludido irguiéndose.
rn Todos sonrieron.
rn —Ya sé que no tengo que hacerlo, pero quiero hacerlo. Te diré qué será, te compraré un animal. No un sapo, los sapos pasaron de moda hace años, se burlarán de ti... y no me gustan los gatos, me hacen estornudar además que sueltan mucho pelo. Te voy a regalar una lechuza. Todos los chicos quieren tener una lechuza. Son muy útiles, llevan tu correspondencia y todo lo demás, es muy guay.
rn --Oh si una lechuza—Lily estaba muy contenta de que Hagrid se portara así con su pequeño hijo.
rn ¿Quién no lo estaría? La verdad que todos los padres gustan de las personas que tratan bien a sus hijos, eso era lo único que importaba, Harry.
rn Luego de salir del emporio de la lechuza, Harry sujetaba una jaula con una lechuza blanca, bastante bonita, consejo de Lily que se había arriesgado para acercarse a él y sugerírsela actuando como una voz proveniente de su cabeza. Algo que el niño se reyó muy bien.
rn --Eres muy dulce—susurro James a su oído.
rn --No los veo—empezó Sirius—pero sé que se pusieron de melosos, contrólense.
rn --Envidioso—la pelirroja se olvidó que era invisible y le enseño la lengua.
rn --No pude ver tu lengua Evans—dijo Sirius sonriendo—que asco, pensar que esa lengua le hace un lavado exhaustivo a la boca de mi Cornamenta…
rn --¡Te vas de tema, Sirius!—espeto Lily sonrojada.
rn --Gracias—decía Harry como por décima vez haciéndolo ver tan tierno.
rn —Ni lo menciones —dijo Hagrid con aspereza—. No creo que los Dursley te hagan muchos regalos. Ahora nos queda solamente Ollivander, el único lugar donde venden varitas, y tendrás la mejor.
rn Todos bufaron como corroborando lo que había dicho Hagrid con respecto a los Dursley, solo les alegró ver la cara de felicidad que ponía Harry ante la mención de una varita.
rn --Eso es lo que más quiere—aseguro Remus—todos queremos eso primero.
rn --Y es por lo último que vamos—se lamentó James y Lily asintió con la cabeza—mis padres me tuvieron caminando todo el santo día antes de ir por mi varita.
rn Entraron a la tienda en silencio, Hagrid se sentó y ellos se quedaron de pie junto a Harry, expectantes.
rn —Buenas tardes —dijo una voz amable.
rn Todos, incluidos Harry y Hagrid se sobresaltaron, ahí estaba el señor Ollivander; igual que siempre. Vaya que tenían razón, nadie cambiaba.
rn
rn —Hola —dijo Harry con torpeza.
rn —Ah, sí —dijo el señor Ollivander—. Sí, sí, pensaba que iba a verte pronto. Harry Potter. —No era una pregunta.
rn --¿Cómo nos reconoce?—quiso saber Sirius—es una de las grandes incógnitas de mi vida.
rn --Las grandes incógnitas de tu vida son tres—sentenció James—una, saber cómo te reconoce el señor Ollivander la primera vez que entras a su tienda.
rn --Correcto.
rn --La segunda; saber cómo se llama la señora del carrito de comida del expreso de Hogwarts.
rn --¡Jamás me ha querido decir!
rn --Y tres: porque el cielo es azul.
rn --¡No lo sé!—exclamo Sirius dramáticamente— ¡Wow! Qué bien me conoces, Cornamenta.
rn --Ere tan profundo, Sirius—dijo Lily sarcásticamente.
rn --Ya sé—dijo Sirius abatido.
rn —Tienes los ojos de tu madre—comento el señor Ollivander llamando de nuevo su atención, Lily se sonrojo—Me parece como si hubiera sido ayer el día en que ella vino aquí a comprar su primera varita. Veintiséis centímetros de largo, elástica, de sauce. Una preciosa varita para encantamientos.
rn --¿Cómo es posible que ese viejo chiflado se acuerde?—pregunto Sirius--¡Ja! Y esa es mi cuarta incógnita…
rn --Cállate Sirius—lo reprendió Lily—es la descripción exacta de mi varita—y la aferro con más fuerza—yo también puedo recordar cuando vine, con mis padres y…
rn —Tu padre, por otra parte, prefirió una varita de caoba—decía el señor Ollivander—Veintiocho centímetros y medio. Flexible. Un poquito más poderosa—James, al oírlo saco más el pecho—y excelente para transformaciones. Bueno, he dicho que tu padre la prefirió, pero en realidad es la varita la que elige al mago.
rn --Y que lo diga—murmuro James—es excelente para transformaciones—y sin duda alguna recordaba la primera vez que la uso para convertirse en ciervo, qué tiempos aquellos, parecían tan lejanos…
rn --Siempre con eso de la varita elige al mago—tercio Sirius poniendo los ojos en blanco—no comprendo su punto.
rn --Eso tiene mucha importancia—intervino Remus solemnemente.
rn --¿Crees esa basura, Lunático?—se burló Sirius.
rn Todos se quedaron en silencio cuando el señor Ollivander se acercó a Harry, Remus con la boca ligeramente abierta porque iba a darle pelea a Sirius con su argumento.
rn —Y aquí es donde...
rn El señor Ollivander tocó la luminosa cicatriz de la frente de Harry, con un largo dedo blanco. Lily se extrañó de la actitud del dueño.
rn --Es ahí donde ¿Qué?—pregunto ansiosa, no se habían fijado en la cicatriz del niño y ella no recordaba habérsela visto al Harry de dos años.
rn --Escucha—pidió Remus.
rn —Siento muchísimo decir que yo hice y vendí la varita que le hizo eso, señor Potter—dijo el señor Ollivander amablemente—. Treinta y cuatro centímetros y cuarto. Una varita poderosa, muy poderosa, y en las manos equivocadas... Bueno, si hubiera sabido lo que esa varita iba a hacer en el mundo...
rn --A ver si entendí bien—dijo Sirius—¿Quiere decir que Voldemort trato de matarlo?
rn --No, no puede ser—dijo Lily horrorizada solo de imaginarlo—no, es que ¿Cómo iba a atacar a un bebé?
rn --Todo encaja con lo que nos contó Remus—soltó James de repente—y con lo del letrero de nuestra casa, Lily, nos mataron pero Harry sobrevivió a la maldición asesina ¿Quién más iba a hacerlo?
rn --Pero…--la voz de Lily tembló de pavor—no… no podría hacer.
rn --No hay otra posible explicación—acoto Remus, se había puesto pálido al igual que Sirius—y la cicatriz… sería ahí donde le reboto la maldición…
rn Pero se quedaron en silencio para poner atención.
rn — ¡Rubeus! ¡Rubeus Hagrid! Me alegro de verlo otra vez... Roble, cuarenta centímetros y medio, flexible... ¿Era así?—dijo el señor Ollivander.
rn —Así era, sí, señor —dijo Hagrid.
rn —Una muy buena varita. Pero me supongo que la partieron en dos cuando lo expulsaron —dijo el señor Ollivander, súbitamente severo.
rn --¿Lo expulsaron?—pregunto Sirius, meneando la cabeza tal cual perro, quizá para no pensar que Voldemort hubiera querido matar a Harry teniendo solo un año de edad.
rn --Ay Sirius—dijo Lily suspirando—nunca le pusiste atención.
rn Sin duda ella trataba de hacer lo mismo. Matar de por sí ya era malo, pero ¿matar niños? Esos eran actos de incalificable maldad, eso ya no tenía nombre.
rn —Eh..., sí, eso hicieron, sí —respondió Hagrid, arrastrando los pies—. Sin embargo, todavía tengo los pedazos —añadió con vivacidad.
rn —Pero no los utiliza, ¿verdad? —preguntó en tono severo.
rn —Oh, no, señor —dijo Hagrid rápidamente.
rn Pero no les pasó desapercibido que sujetaba súbitamente con mucha fuerza su paraguas rosa.
rn --¡Por Merlín!—exclamo Remus— ¡Hace magia con su paraguas!
rn James y Sirius sonrieron.
rn --Con razón a veces no le salía—recordó Lily—ya decía yo que no era porque no supiera…
rn —Mmm —dijo el señor Ollivander, lanzando una mirada inquisidora a Hagrid—. Bueno, ahora, Harry. Déjame ver. —Sacó de su bolsillo una cinta métrica, con marcas plateadas—. ¿Con qué brazo coges la varita?
rn —Eh... bien, soy diestro —respondió Harry.
rn —Extiende tu brazo. Eso es. —Midió a Harry del hombro al dedo, luego de la muñeca al codo, del hombro al suelo, de la rodilla a la axila y alrededor de su cabeza. Mientras medía, dijo—: Cada varita Ollivander tiene un núcleo central de una poderosa sustancia mágica, Harry. Utilizamos pelos de unicornio, plumas de cola de fénix y nervios de corazón de dragón. No hay dos varitas Ollivander iguales, como no hay dos unicornios, dragones o aves fénix iguales. Y, por supuesto, nunca obtendrás tan buenos resultados con la varita de otro mago.
rn --Siempre dice la misma basura—comento Sirius tallándose los ojos, cansado--¿Cree que impresiona a alguien?
rn --¡Sirius! ¡Sirius!—se quejó Lily--¿Nunca cambias?
rn --Afortunadamente para ti, no—rió malévolamente.
rn Remus y James se taparon la boca para que sus risas no se escucharan, Lily puso los ojos en blanco. Y aun así, a sabiendas de que Voldemort iría a darles caza, se mantenían allí, de pie… era como si no asimilaran bien las cosas. ¿Eso era malo? ¿Cuánto tardarían en reaccionar? Lily no sabía porque temía la respuesta, ni ella estaba reaccionando como normalmente lo haría. Eso no era bueno.
rn —Esto ya está —dijo el señor Ollivander, y la cinta métrica se enrolló en el suelo—. Bien, Harry Prueba ésta. Madera de haya y nervios de corazón de dragón. Veintitrés centímetros. Bonita y flexible. Cógela y agítala.
rn --No me gusta—confeso Lily angustiada por sus últimos pensamientos.
rn Harry cogió la varita y la agitó, pero el señor Ollivander se la quitó casi de inmediato.
rn --Se los dije.
rn —Arce y pluma de fénix. Diecisiete centímetros y cuarto. Muy elástica. Prueba...
rn --Ni esa—observo James.
rn Harry probó, pero tan pronto como levantó el brazo el señor Ollivander se la quitó.
rn --¿Ven?—pregunto James con arrogancia—yo le tiro a que será de fénix…
rn —No, no... Ésta. Ébano y pelo de unicornio, veintiún centímetros y medio. Elástica. Vamos, vamos, inténtalo.
rn --¿Ébano? Odio el Ébano—murmuro Sirius—y los unicornios son de niñas…
rn --Sirius…
rn --¡Es verdad!
rn --Sirius…
rn --Vale, lo siento, los unicornios no son de niñas…
rn Luego de muchos intentos, de muchas varitas no pasaba nada.
rn --¿No puede quedarse sin varita, verdad?—pregunto con algo de miedo, James.
rn --No seas tonto—dijo Remus dándole un zape—solo que Harry es algo lioso para conseguir varita, pero eso indica que será muy poderoso…
rn --¿Quién dice eso?—quiso saber Sirius preocupado, él había conseguido varita al primer intento.
rn --Yo—contesto Remus sonrojado.
rn —Qué cliente tan difícil, ¿no? No te preocupes, encontraremos a tu pareja perfecta por aquí, en algún lado. Me pregunto... sí, por qué no, una combinación poco usual, acebo y pluma de fénix, veintiocho centímetros, bonita y flexible.
rn --Me gusta—dijeron los cuatro a la vez.
rn En cuanto Harry toco la varita comenzaron a salir chispas rojas. Lily y James se emocionaron mucho. Remus y Sirius estallaron en aplausos silenciosos.
rn — ¡Oh, bravo! Oh, sí, oh, muy bien. Bien, bien, bien... Qué curioso... Realmente qué curioso...
rn --Ahí vamos otra vez—se quejó Sirius— ¿Qué es curioso?
rn —Perdón —dijo Harry—. Pero ¿qué es tan curioso?
rn --Es mi ahijado—se mofo Sirius sonriendo—por eso lo quiero tanto al condenado…
rn —Jamás olvido ninguna varita que he vendido, Harry Potter—dijo el señor Ollivander seriamente—las recuerdo todas y cada una de ellas, sin excepción—Sirius alzó una ceja que denotaba su incredulidad—y da la casualidad que el fénix que dio la pluma que reside en tu varita dio una más, dio dos. Y es bastante curioso ver que la varita te eligiera a ti precisamente, cuando fue su hermana la que te hizo esa cicatriz.
rn --¡La otra la tiene Voldemort!—dijo Lily sorprendida y atemorizada.
rn --¡Maldito!—dijeron los chicos al mismo tiempo.
rn Harry se quedó callado.
rn —Sí, veintiocho centímetros. Ajá. Bastante curioso… nunca olvides que es la varita la que escoge el mago, jamás al revés. Es obvio que estas destinado a hacer grandes cosas, Harry Potter, después de todo El-que-no-debe-ser-nombrado hizo grandes cosas… terribles, muy terribles sí, pero grandiosas…
rn --Se los dije, está loco—afirmo Sirius—pareciera que admira a Voldemort.
rn --¿Cómo crees?—dijo Remus riendo, parecía una risa de nervios—el señor Ollivander sería incapaz…
rn --Desconfía y acertarás—dijo hábilmente Sirius.
rn El chico le pago y con la cara de confundido salió de allí. Los cuatro los siguieron por el cajellon. Salieron al Caldero Chorreante y luego se dirigieron al metro. Los cuatro miraban preocupados a Harry que no había abierto la boca para nada.
rn —Hay tiempo para comer algo antes de que salga el tren—dijo Hagrid.
rn Le compró una hamburguesa a Harry y se sentaron a comer en unas sillas de plástico que había por ahí. Harry miró a su alrededor. Sirius y James miraron con envidia la comida de Harry, y es que ninguno de los dos aguantaba más de dos horas sin probar bocado. Pero reprimieron ese pensamiento al recordar lo sucedido hacia cinco minutos.
rn — ¿Estás bien, Harry? Te veo muy silencioso —dijo Hagrid.
rn Lily se moría de ganas de preguntarle ella misma a su hijo que le pasaba, se imaginaba pero no le gustaba suponer nada.
rn —Todos creen que soy especial —dijo Harry finalmente—. Toda esa gente del Caldero Chorreante, el profesor Quirrell, el señor Ollivander... Pero yo no sé nada sobre magia. ¿Cómo pueden esperar grandes cosas? Soy famoso y ni siquiera puedo recordar por qué soy famoso. No sé qué sucedió cuando Vol... Perdón, quiero decir, la noche en que mis padres murieron.
rn Para ese momento Lily lloraba en silencio abrazada de James; Sirius y Remus sentían mucha pena por el pequeño hijo de su mejor amigo. Y es que Harry hablaba con tanta inocencia, con tanto miedo reprimido… era en esos momentos cuando Remus y Sirius se preguntaban dónde diablos estaban cuando los necesitaban.
rn --Él no tendría que pasar por todo esto—aseguro Sirius—haremos todo para evitarlo, te lo juro Lily—la chica asintió débilmente.
rn --Te apoyo compañero—dijo Remus sonriendo, James les agradeció con una mirada.
rn —No te preocupes por eso, Harry. Aprenderás muy rápido. Todos son principiantes cuando empiezan en Hogwarts. Vas a estar muy bien. Sencillamente sé tú mismo. Sé que es difícil. Has estado lejos y eso siempre es duro. Pero vas a pasarlo muy bien en Hogwarts, yo lo pasé y, en realidad, todavía lo paso.
rn James se alegró mucho de que el hombretón tratara así a su hijo y se prometió agradecerle cuando volvieran. Era genial darse cuenta que estaban rodeados de gente maravillosa y eso no tenía precio. Beso la coronilla de Lily que ya solo hipaba en silencio.
rn Caminaron junto a Harry al subirse al tren.
rn —Tu boleto para Hogwarts —dijo Hagrid—. El uno de septiembre, en Kings Cross, no se te olvide. Está todo en el boleto. Cualquier problema que tengas con los Dursley y solo me envías una carta con tu lechuza, ella sabrá encontrarme... Te veré pronto, Harry.
rn Los cuatro se sentaron junto a Harry en el tren, el chico se pegó a la ventanilla para ver a Hagrid pero ya no estaba. Fue cuando el tren se puso en marcha y Harry miro sus paquetes, con una tímida sonrisa.
rn --¿A dónde vamos nosotros?—pregunto Sirius dejando de mirar a su ahijado, era como un James en miniatura, por el simple hecho de que se pareciera tanto a su amigo lo hacía quererlo como si fuera su propio hijo, incluso daría su vida por él. Vaya.
rn --Tenemos que hablar de lo que hemos averiguado, ir atando los cabos sueltos—afirmo Lily a su pesar.
rn --Podríamos acampar cerca de la casa de tu hermana—sugirió Remus más que nada para mantenerse cerca de Harry y poder ayudarlo si se necesitaba.
rn --Estoy de acuerdo—acepto James sonriendo de lado.
rn --Entonces esperemos a montar la tienda para hablar—dijo Sirius sentándose junto a Harry que no podía verlo gracias a su encantamiento.
rn Lily y James miraban a su pequeño hijo jurándose a sí mismos que harían todo cuanto estuviera en sus manos para evitarle ese futuro espantoso. Lo que fuera.
rn Y no eran los únicos. Tío Sirius y tío Remus no eran ningunos inútiles.
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rn Tal como prometi actualizar lo antes posible! Espero que les guste!!!!! es un poco largo ojala no se les haga tedioso n___n
rn Miles de gracias por los comentarios, y a las 55 personas que la tienen como favoritos!
rn Wow! Pocos capítulos y tiene muchas lecturas y muchos comentarios, mas de los que merezco!!!!
rn Sigan comentando por fis!
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