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Historia 67888 — capítulo 66

—Sirius.

—Hollie—dijo él, usando el mismo tono que ella, sonriéndole coquetamente.

Permitiéndose un momento de alivio, sintiéndose horriblemente contento y satisfecho de volver a ver a la madre de Lyra.

— ¿Qué haces aquí?—espeto ella ignorando por completo el coqueteo.

—Necesitaba un lugar seguro—contesto simplemente—. Sabía que siempre encontrarías la forma de ayudarme, aun cuando lo hicieras de mala gana. No importa, al menos no por el momento.

— ¿Por qué trajiste a tu hermano contigo?—preguntó Hollie con recelo, cruzándose de brazos—. Dijiste que te odiaba y la verdad lo entiendo, eres una persona muy fácil de odiar.

Sirius sonrió irónicamente.

—No deberías saberlo pero ya que él se quedara aquí contigo, es lo menos que te mereces.

—Espera—lo cortó la chica yendo hasta él y sujetándolo por la solapa de la camisa, a lo que él hizo una mueca de dolor pues la herida no sanaba del todo—. ¿Qué quieres decir con qué él va a quedarse aquí?

—Es algo relacionado con la Orden, ya sabes—dijo disfrutando de la proximidad—. Voldemort va a ir detrás de Regulus cuando se dé cuenta que lo ha abandonado. Necesita un lugar donde esconderse, en casa de su madre no puede hacerlo porque será muy obvio. Deja que se quede aquí hasta que hable con Dumbledore y le explique la situación.

Hollie se le quedo mirando, escrutando su cara, como si esperara que las facciones de Sirius le dijeran si era cierto o si todo eran mentiras.

— ¿Cómo sabes que no es un espía?—preguntó mirando de soslayo a Regulus que seguía inconsciente.

—Eso es algo que lamentablemente no puedo decirte, pero si todo sale como lo tengo previsto entonces toda esta mierda va a terminarse y Voldemort verá su fin. Confía en mí, por favor.

Y para respaldar sus palabras, la sujeto por la cintura y la trajo más hacía sí, quedando separados por unos centímetros, teniendo ojos únicamente para sus labios. Aquellos labios que había querido besar en cuanto se dio cuenta de cuanto significaba para él.

—Sirius, no… ya he llorado suficiente—murmuró Hollie, sin apartarse de él.

—Lo sé y…—trago con dificultad, ¿cómo iba a poder hacerlo?  Tomo aire y valor y añadió en voz muy baja—: lo siento, de verdad. Pero si me dejas demostrarte que soy diferente que puedo… que podemos, no prometo que será perfecto pero sí que valdrá cada maldito segundo.

Termino de acortar la distancia con un dulce y casto beso, donde intentaba expresar todo lo que no había dicho y hecho y que quizá jamás podría. Porque después de todo, él era Sirius, solo Sirius.

—Bien—dijo Hollie separándose de él, intentando esconder una sonrisa de satisfacción—. No digas nada más, no prometas más de lo que puedas cumplir—Sirius asintió contento—. De acuerdo, puede quedarse aquí, solo hay un inconveniente.

— ¿Cuál?

—Esta.

Hollie se hizo a un lado en el momento justo en que Regulus se lanzaba contra Sirius, para propinarle golpe tras golpe, mientras la chica se partía de la risa.

— ¡Ya basta!—bramó Sirius molesto, haciendo un escudo entre él y Regulus que respiraba con dificultad y le miraba con creciente antipatía—. Deja de comportarte como un niño malhumorado y así quizá pueda mantener con vida tu trasero.

— ¿Cómo fuiste capaz de sacarme de mi casa y traerme aquí?—reclamó Regulus al borde de la histeria.

—Si no te sacaba de ahí probablemente habrías amanecido muerto, así que preferiría que me lo agradecieras en otro momento—miro a Hollie y le frunció el ceño—. Ella es Hollie Carter y está es su casa, te quedarás aquí hasta que Dumbledore y yo dispongamos un lugar seguro para ti mientras todo se calma.

— ¿Qué?—grito Regulus abriendo mucho los ojos—. ¡Debes estar loco! ¡No voy a quedarme aquí y mucho menos si eso implica estar escondido!

—Lo siento, no tienes otra opción.

—Sirius, piensa en ello, estarán buscándome y…

—Precisamente por eso tienes que quedarte aquí—lo cortó Sirius—. Ya has hecho suficiente, ahora yo me encargaré.

—Pero…

— ¿Por una vez harás lo que te digo?—soltó molesto, Regulus rodo los ojos, en señal de rendición—. Bien, vendré a verte lo más posible para mantenerte informado pero no puedes salir de la casa ni hacer contacto con nadie, ¿entiendes?

—Sí.

—Ahora, dame el guardapelo.

—No lo tengo, se lo quedo Kreacher.

—No me mientas.

Ambos se quedaron mirando un largo rato, sin pestañear, hasta que Regulus se sacó el guardapelo del bolsillo interior de la túnica, de mala gana se lo arrojo a Sirius que lo contemplo a contra luz y se lo guardo.

— ¿Tienes hambre?—preguntó Hollie amablemente a Regulus.

—No, gracias.

—Me voy—anunció Sirius tomando su capa, se despidió con una cabezada de su hermano que se dejó caer en el sofá, tapándose la cara con las manos; Hollie lo siguió hasta el vestíbulo—. Por favor, no le quites los ojos de encima, es posible que intente escapar, haré las cosas lo más rápido posible.

—No te preocupes, sé mantener a un Black bajo control—dijo y le dio un beso en la comisura de los labios, logrando que Sirius sonriera—. Ahora, largo de mi casa.

Con un rápido beso, se despidió de ella, en cuanto hubo cerrado la puerta y Sirius hubiera caminado un par de pasos, giro sobre sus talones y se desapareció. Al abrir los ojos se encontró de nuevo en Hogsmeade, se encamino a las Tres Escobas y ya más tranquilo, entro al bar sonriéndole de antemano a Rosmerta que seguía despierta.

—Perdóname por lo de hace un rato—se disculpó sentándose en la barra—. Pero tenía mucha prisa.

—No te preocupes, querido—dijo sirviéndole un vaso de hidromiel con especias—. ¿Todo salió bien?

—Afortunadamente—contestó bebiendo con avidez—Eh, Rosmerta, últimamente ando un poco ido, ¿me puedes decir que día es hoy?

—Siete de octubre—dijo simplemente.

—De mil novecientos setenta y ocho, ¿verdad?

—Por supuesto—respondió riendo—. Ay, Sirius, ¿en qué mundo vives?

—No lo sé, soy despistado de vez en vez—repuso terminando el hidromiel—. ¿Puede que me dejes usar tu chimenea de nuevo? Te prometo un estupendo regalo de cumpleaños.

—Vale—acepto la mujer guiándolo a la habitación donde horas antes había pedido ayuda a Dumbledore—. Tendrás que venir uno de estos días a comer conmigo y trae a James.

—Gracias, lo haré—tomó un puñado de polvos flu, se metió a la chimenea y gritó—: ¡Hogwarts!—una vez más recorrió montones de chimeneas antes de detenerse en la del despacho del director, pero algo le impedía salir lo que supuso sería una de las muchas medidas de seguridad—. Dumbledore soy yo—dijo con dificultad—. Déjame salir.

Dumbledore apareció, en bata y gorro de dormir, acomodándose los gafas de media luna, agito la varita en su dirección y de ese modo le fue posible salir de la chimenea, quitándose el polvo de encima.

—Por tu cara puedo decir que las cosas te salieron bien—comentó Dumbledore sentándose detrás de su escritorio, invitándolo a hacer lo mismo—. ¿Dónde está Regulus?

—En casa de Hollie Carter—contestó Sirius seriamente—. Pensé que lo mejor era esconderlo de inmediato, quizá podamos resguardarlo en alguna casa con el encantamiento Fidelio. No quiero que corra ningún riesgo.

—Mañana mismo podríamos hacerlo—repuso el director juntando las manos, inspeccionándolo—. Ahora bien, es imprescindible que me digas lo que consiguieron en esta misión. Te agradecería que te ahorraras los detalles, como por ejemplo las muertes que tendrán lugar.

Sirius pudo jurar que Dumbledore había echado mano de la legeremancia para hacer aquella suposición; frunció el ceño pues la sonrisa que su interlocutor le regalaba era más bien de modestia.

—Horrocruxes, ¿sabe lo que son?—Dumbledore asintió sin apartar sus ojos de él—. Pues bien, tiene cinco hasta donde supimos y… y aquí esta uno—dijo sacándose el guardapelo y colocándolo sobre la mesa con sumo cuidado.

Dumbledore lo tomo entre sus manos y lo inspecciono con cuidado, haciéndolo girar, acercándoselo tanto que rozaba con su larga y curvada nariz. Luego lo colocó de nuevo en la mesa y se puso de pie, dirigiéndose a uno de los varios estantes de libros que tenía detrás de sí; Sirius no hizo ningún comentario hasta que el director volvió a sentarse con un libro muy gastado.

—Retire este libro de las estanterías de la Sección Prohibida de la biblioteca hace muchos años—le dijo en tono severo—. Tenía la ligera sospecha de que algún alumno habría dado un mal uso a la información aquí contenida y al parecer no me equivoque en lo absoluto.

— ¿En este libro nos dice como destruirlo?—preguntó Sirius ansioso.

—Por supuesto—contestó Dumbledore sonriendo—. Pero hará falta algo más que una espada.

— ¿Está diciéndome que se puede destruir con… con la espada de Gryffindor?—sus ojos se dirigieron hacía la urna donde descansaba la reliquia de uno de los fundadores de Hogwarts, con enormes rubíes brillando a la luz de la luna.

—Así es—confirmó yendo a la urna, sacando la espada con cuidado y depositándola en la mesa.

— ¡Hagámoslo ahora!

—No tan rápido Sirius—lo cortó negando con la cabeza—. Jactándome de conocer a Lord Voldemort lo suficiente puede decirte que se necesita abrir el guardapelo para destruirlo y me temo que solo será capaz de hacerlo algún hablante de parsel.

—No puede ser—murmuró Sirius pasándose una mano por la mejilla, hasta que una idea se le ocurrió—. ¡Harry puede hacerlo, él sabe hablar parsel!

— ¿Harry? ¿Quién es Harry?—preguntó Dumbledore con interés—. Hasta donde sé, el único hablante de parsel de este siglo es el mismo Voldemort.

— ¡Harry Potter! El hijo de James y Lily…—pero a cada palabra dicha, Sirius iba cayendo en la cuenta de que Harry no podría ayudarle en absoluto dado que aun ni siquiera nacía—. ¿Y ahora?

—Por ahora propongo ponerlo a buen recaudo, sugeriría una cámara subterránea de aquí mismo—dijo Dumbledore—. Custodiado por varios artilugios mágicos, será mejor ponernos en marcha para buscar los cuatro restantes, ¿tienes idea de lo que son o dónde están?

—Creo que sí—dijo, exprimiéndose el cerebro por recordar su charla con Regulus—. No sé lo que sean, pero deben ser algo especial, ¿no? Voldemort no dejaría un pedazo de su alma en cualquier cacharro.

—Te doy toda la razón.

—Me parece que podríamos echar un vistazo en la bóveda de Bellatrix Lestrange—dijo no muy convencido—. Podría entrar sin problemas, solo bastará falsificar su firma en un permiso para poder pasar, después de todo, se supone que todos saben que es mi prima.

—Un plan muy inteligente.

—Gracias—Sirius se sonrojó y continúo—. Y el otro, bien será un tanto más difícil dado que tendríamos que infiltrarnos en la mansión Malfoy.

— ¿Tienes algo en mente?

—Nada preciso, por el momento.

Dumbledore asintió y se puso de pie, Sirius interpretándolo como una despedida, lo imito y camino hasta la chimenea.

—Mañana reuniré a la Orden, para hacer los preparativos sin demora—explico tranquilamente—. Por supuesto entre menos personas conozcan los planes, mejor será.

— ¿Los padres de Lily se encuentran bien?—preguntó de pronto—. ¿Y Rose?

—Nada que lamentar, ¿por qué lo preguntas?

—Porque Bellatrix, Dolohov y otros tres también viajaron en el tiempo—dijo Sirius sintiéndose preocupado desde que hubiera rescatado a Regulus—. Y ahora se han quedado allá con James, Lily y Remus, en cuanto saque el Horrocrux de la bóveda volveré.

—Sé que aunque te dijera que no lo hicieras, lo harás de todas maneras—dijo Dumbledore con una sonrisa de complicidad—. Siendo así nos pondremos a ello para acabarlo lo antes posible, no te preocupes.

—Bien.

Estaba metiéndose a la chimenea, cuando Dumbledore lo llamó.

— ¿Sirius?

— ¿Sí?

—Lo más prudente es que vayas y te quedes en la casa de Remus, Elphias y yo hemos puesto precauciones de más, estarás seguro ya que si Voldemort se entera que has vuelto, irás tras de ti para sacarte la información.

—Estaré bien.

Sonriendo con pereza, se desapareció tras ser tragado por las flamas verde esmeralda.

Para Sirius, aquella noche fue muy inquietante. En cuanto llego al departamento de Remus se fue directo a la cocina en busca de un poco de comida pero todo lo que encontró fueron un montón de barras de chocolate de Honeyducks y una botella medio vacía de jugo de calabaza, así que se arrastró a su  cama comiendo chocolate, quitándose la capa, la playera y los zapatos, tumbándose con cuidado.

Todo lo que había sucedido lo había dejado demasiado exhausto, no solo física sino también mentalmente. Repasar en su cabeza los horrores a los que estaba destinado Harry si no hacían algo, lo hacía sentirse asqueado y con ganas de destrozar a Voldemort con sus propias manos. Por primera vez desde que se hubieran enterado, caía en la cuenta de lo que había hecho Peter, su supuesto amigo; ninguno había dicho nada acerca de cómo lo tratarían al volver, solamente tenía una idea en la cabeza. Y esa era que no lo dejaría estar cerca de ellos a menos de dos kilómetros de distancia, así al menos resistiría el impulso de asesinarlo por traidor.

A la mañana siguiente, se despertó con dificultad ya que había logrado conciliar el sueño bien entrado la noche. Se estiro, soltó un gran bostezo y se dirigió al baño donde lo prolongo bastante, para intentar relajarse y mantener la mente despejada. Esperaba poder entrar ese mismo día a Gringotts para volver lo antes posible al futuro.

Tomando ropa del armario de Remus, escogiendo lo más parecido a su estilo, salió del departamento colocándose la capa; girando la cabeza a todos lados, sin soltar la varita que tenía escondida en el bolsillo, camino a un lugar seguro donde desaparecerse.

Al abrir los ojos se encontraba a las afueras de Valle de Godric, donde las personas ya andaban de aquí para allá, haciendo sus deberes matutinos como recoger el periódico o cortar el césped. Sin detenerse siguió su camino por una de las muchas calles, hasta que estuvo frente a la puerta de una casa en deterioro.

—Sirius Black—dijo tocando a la puerta, un segundo después, se oyeron cerrojos correr y frente a él se topó a un par de magos de aspecto idéntico—. Hola, chicos.

— ¿La contraseña?—preguntó el de la izquierda, sin apartarse para dejarlo pasar.

—Cucuruchos de cucarachas—repuso tranquilamente, ambos hombres le sonrieron—. ¿Cómo va todo?

—Tranquilo—repuso uno de ellos, caminando detrás de él hacia el interior de la casa—. Preguntándonos donde diablos se habían metido ustedes, por cierto, ¿y los demás?

— ¿Sabes, Fabián?—soltó Sirius sonriendo—. Me recuerdas a alguien, un chico llamado Fred.

—Debe ser muy guapo e inteligente entonces—dijo Fabián entusiasmado—. Será mejor que entremos, todos están esperándote.

Gideon, el hermano gemelo de Fabián, abrió la puerta del salón, revelando en su interior a un montón de magos. Debían ser al menos quince, entre los que se encontraban Dumbledore, Elphias Dodge, Marlene McKinnon y su hermano Andrew, Emmeline Vance, Ojoloco Moody, Mundungus Fletcher y…

— ¡Sirius, por las barbas de Merlín!—casi grito Jules corriendo hacia él, con la cara descompuesta por la preocupación—. ¡Me has tenido con el alma en un hilo!

—No hagas esto aquí—dijo Sirius dándole palmaditas en la espalda, mirando apurado a los demás miembros de la Orden—. Hay trabajo que hacer, compórtate.

—Idiota—murmuró Jules sonriendo.

—Bien—empezó Dumbledore indicándoles que se sentaran en los lugares correspondientes—. Tenemos una misión a desarrollar, lo antes posible.

— ¿De qué se trata?—preguntaron Gideon y Fabián al mismo tiempo.

—Hay que entrar a la cámara acorazada de Gringotts de Bellatrix Lestrange.

Al instante un murmullo recorrió toda la sala, sin duda alguna no se lo esperaban. Jules interrogaba a Sirius con la mirada pero el negaba con la cabeza, rodándole los ojos con impaciencia; ella era algo así como su contraparte y siempre le había molesta el hecho de que fuera tan insistente como él.

— ¿Para qué?—preguntó Andrew McKinnon.

—Hemos de hacernos con algo que Bellatrix guarda ahí, algo que puede ayudarnos, es todo cuanto sé.

— ¿Tiene algún plan, profesor?—inquirió Jules.

—Necesitamos falsificar un permiso que le permita a Sirius acceder a la cámara, no levantara ninguna sospecha dado que todos sabemos el parentesco que guardan ellos dos.

Sirius gruño por lo bajo, maldiciendo en voz baja. Nadie más dijo nada, todos estaban al pendiente de las palabras de Dumbledore, a la espera de que le asignara lo que tendrían que hacer. Andrew y Marlene tenían que ir con Mundungus a sacar el permiso falsificado con algún malandrín que conocían. Para que luego Emmeline se encargara de que el permiso pasara por el ministerio como fidedigno, así Sirius tendría vía libre para ir a Gringotts con Jules y Ojoloco Moody.

— ¿Y nosotros?—preguntaron al mismo tiempo los hermanos Prewett.

—Hay que montar una casa de seguridad nueva—dijo Dumbledore lanzándole una mirada muy significativa a Sirius—. Los necesitaré en ello.

Ambos se mostraron satisfechos y cuando la reunión se dio por terminada, dispuestos a llevar a cabo lo antes posible lo que les habían encomendado, Jules acorraló a Sirius y lo llevo a la cocina.

— ¿Quieres decirme que demonios está sucediendo? ¿Dónde están James y Remus?

—Es una larga historia y justo ahora hay mucho que hacer—contestó Sirius, pero al ver que Jules no se apartaba de la puerta, añadió de mala gana—: te juro que te lo contaré todo en cuanto ellos vuelvan, necesitaré de su ayuda, han sido tantas cosas.

—Si no lo haces, Sirius Black, yo te juro que te desollaré vivo, ¿comprendes?

—Sí, mamá—dijo echándole un brazo por los hombros—. ¿Dónde están Rose y Helena?

—Han ido a Hogsmeade de incognito, Hogwarts necesita más protección debido a un intento de infiltración por parte de los mortifagos.

Sirius siguió a Jules hacía la sala en dónde ya solo quedaban Dumbledore y Emmeline, está acercándose a él y sonriéndole.

—Remus, ¿está bien?—preguntó con una mano en la boca.

Sirius sintió un deje de lástima por ella. Era sabido por él y James que Emmeline estaba enamorada de Remus y que si había entrado a la Orden había sido, entre otras cosas, para estar más cerca del licántropo. Algo de lo que Remus siempre hacía de oídos sordos y vista gorda, trataba a Emmeline con amabilidad e incluso cariño. Sin ir más allá. Y ahora ahí estaba ella, preocupándose por él. Sin embargo existía Tonks, o existiría, y no había más que tratar del tema.

—Seguro, Emmeline, todo bien.

Pareció que quería decir algo más, negó con la cabeza y se metió a la chimenea detrás de Dumbledore que le guiño un ojo a Sirius.

—Ella y Remus harían una pareja hermosa—comentó Jules con la vista perdida.

—No lo creo así.

— ¿Y por qué no?

—Yo que sé—dijo intentando desviar el tema—. Quizá hay una chica más adecuada para él, no sé, no me preguntes.

Jules le pellizco el brazo y sonriendo, le contó lo que había sucedido en esa semana que se había desaparecido. Entre otras cosas le dijo que Rose había tenido un problema con el entrenador porque decía que la veía cansada y distraída, mientras que Helena había ido a con Peter porque había tenido algo así como un ataque de pánico. Sirius, al oír esto, apretó puños y mandíbula, intentando tranquilizarse.

— ¿Por qué pones esa cara?—quiso saber Jules—. Es la misma cara que pones cuando hablo de Snape…

Pero sus palabras quedaron ahogadas por los gritos de Andrew, Marlene y Mundungus que salían de la chimenea dando tumbos y tosiendo.

— ¿Qué ha pasado?—preguntó Sirius aproximándose a ellos—. ¿Están bien?

— ¡Todo ha sido culpa de Mundungus!—reclamó Andrew lanzándole una mirada de desprecio al susodicho—. ¡Ha querido timarlo y mira las consecuencias! ¡Tuvimos que huir como si fuéramos unos vulgares ladronzuelos y no hemos conseguido la falsificación!

Entonces fue como si la respuesta hubiera estado ahí todo el tiempo. Sirius se apartó de Andrew que fulminaba con la mirada a Mundungus, evadiendo a Marlene y Jules tomo un poco de polvos flu y desapareció en la chimenea.

— ¿Quién es? ¡Identifíquese!—chilló una voz de mujer, abriendo la puerta del salón con violencia.

Sirius salió de la chimenea, guardándose la varita en el bolsillo, mostrando sus manos para que no lo atacara.

—Soy yo, Sirius Black—dijo acercándose lentamente—. ¿Cómo estás, Andrómeda?

Andrómeda Tonks bajo la varita enseguida, pero mirándolo con recelo, incluso con desconfianza.

— ¿Qué haces aquí?

—Necesito hablar contigo—dijo sencillamente—. ¿Puedo sentarme?

— ¿De qué? No creo que tengamos mucho en común, quedo bien en claro cuando tu madre me borró del árbol genealógico.

— ¿Olvidas con quién hablas?—se burló Sirius componiendo una sonrisa altanera—. ¿Acaso no supiste que me uní a tu club? Yo también fui borrado del árbol, algo que me tiene sumamente sin cuidado.

Andrómeda compuso una sonrisa y se sentó a su lado.

—Disculpa este recibimiento pero como después de que me casará con Ted no vi ninguna señal de tu parte, pensé que también me rechazarías. El pensamiento me dolió más que si viniera de mis hermanas.

—No te preocupes, de ahora en adelante estaremos más en contacto, ¿vale?—le propuso pensando en lo mucho que se divertiría con Remus acerca de Tonks—. ¿Dónde está tu hija? ¿Cuántos años tiene ya?

—Está en el jardín con Ted—contestó contenta—. Acaba de cumplir cinco.

Sirius estuvo a punto de echar la cabeza hacia atrás para soltar una carcajada perruna, pero se contuvo al recordar el porqué de la visita.

—Escucha, esto te sonará bastante raro pero necesito que me ayudes en algo.

—Claro, ¿qué necesitas?

—Quiero entrar en mi cámara—dijo, con la voz impregnada de asco y repulsión.

— ¿Tiene usted la llave, señora Lestrange?—preguntó el duende que la atendía.

—Sí la tuviera no estaría aquí parada contigo—espetó Bellatrix de mala gana—. Creo que la he perdido y no tengo tiempo para buscarla, necesito mi oro.

—Ya—dijo el duende con un brillo de maldad en los ojos—. ¡Bogrod!—grito volviendo la cabeza—otro duende apareció, con la misma actitud hosca—. Haz el favor de llevar a la señora Lestrange a su cámara.

Bogrod asintió y dirigió a Bellatrix a través del vestíbulo hacía los carritos. Espero a que se montara para imitarla y poner el carro en marcha. Pasaron a través de montones de cámaras, yendo hacía las más escondidas y profundas; antes de pasar por una cascada, Bellatrix se apuntó a sí misma con su varita y al instante apareció Andrómeda Tonks.

—Pero, ¿Qué…?

El duende no termino la frase ya que pasaban justo debajo de la cascada y en cuanto la hubieron pasado, su cara se descompuso y volvió a formarse en una mueca, con la vista al frente, sin inmutarse de lo que acababa de ver.

— ¡Sirius! ¿Qué le has hecho?—preguntó Andrómeda bajándose del carrito cuando se detuvo frente a la cámara de los Lestrange.

—Está confundido—contestó él que hasta antes de la cascada se había mantenido bajo el encantamiento desilusionador—. Bien, necesitaremos que abra la puerta—condujo al duende hasta la puerta, lo obligo a colocar la mano para abrirla, dejando pasar primero a Andrómeda para luego seguirla—. Debo felicitarte, habría jurado que eras ella.

—Sí, bueno, solo tuve que hacerme unos cuantos cambios y recordar la forma en que habla para imitarla—dijo con una mueca horrible—. No entiendo como la cascada no nos delato.

—Sencillo—dijo escudriñando todo, buscando algo que no encajara en el lugar, lo que pudiera ser el Horrocrux—. Te quitaste el hechizo de la cara antes de que el agua te lo lavara, al igual que yo. Al pasar debajo de la cascada no ocultábamos nada.

—Eres un genio—alabo Andrómeda sin dejar de buscar—. Te agradecería si me dieras una pista.

—Pues, no tengo la más remota idea, yo solo…—lo supo antes de que su cabeza lo procesara. En una estantería a su derecha estaba colocada sobre un montón de monedas de oro una pequeña copa con una delicada H a relieve—. ¡Aquí, la tengo!

— ¡Espera!—chilló Andrómeda interceptando su brazo, justo antes de tocar la copa—. Seguramente tendrá algún hechizo, déjame a mí.

— ¿Por qué?

—Quizá haya hecho que solo su familia pudiera tocar las cosas—aventuro no muy convencida—. Por sí alguna vez no podía venir y tendría que hacerlo Narcissa.

—Es tu hermana, la conoces mejor que yo, afortunadamente—se atrevió a decir, recibiendo un golpe en el brazo—. ¿Qué esperas? ¡Cógela!

Andrómeda asintió y se estiro para coger una de las asas de la copa. Lo hizo rápidamente, cerrando los ojos, como a la espera de que algo malo sucediera. Pero nada sucedió, ni malo ni bueno. Ella tenía razón.

—Bien, ahora, larguémonos de aquí antes de que nos descubran—dijo con un largo suspiro.

Guiando a Bogrod hacia el carrito, ninguno de los hizo ningún hechizo hasta que hubieron pasado la cascada. Así que salieron al vestíbulo de Gringotts, con paso veloz, intentando no llamar la atención, al llegar a la calle, corriendo a un lugar seguro para desaparecerse.

— ¡Lo hemos logrado! ¡No puedo creer lo fácil que ha sido!—exclamó Sirius al llegar al patio dela casa de Andrómeda que volvía a su apariencia normal—. ¡Y todo gracias a ti! ¡Eres la mejor!

La mujer sonrió radiante, entregándole la copa al entrar a la casa.

—No te corro, pero según tus propias palabras, tenías mucha prisa.

—Así es, de nuevo, muchas gracias, no lo habría logrado sin ti.

Le planto un beso en cada mejilla y de nuevo se escabullo por la chimenea. Dumbledore ya lo esperaba en su despacho, con la espada en la mano.

—Me has sorprendido gratamente—comentó sonriendo—. Siempre supe que eras un muchacho de gran talento pero ahora me doy cuenta de cómo te las arreglas.

—Bueno—dijo Sirius modestamente—. La mayoría de las veces cuento con ayuda y esta no ha sido la excepción. Puedo decirle que es la primera vez que cuento con alguien de mi familia. ¿Todo listo?

—Hagámoslo.

Sin embargo, ofreció la espada a Sirius que le miro confundido.

— ¿Yo? ¿Por qué?

—Estoy convencido que te corresponde, además, espero poder contribuir de otra forma más adelante.

Sirius asintió, tomo la espada con expresión firme, la mantuvo en alto y con fuerza la estrelló contra la copa.

En el momento en que la copa emitía chillidos y un espeso humo negro, Sirius sintió que le faltaba el aire y que un par de manos invisibles tiraban de él hacía abajo; cuando se fijó ya no estaba en la oficina con Dumbledore, sino que caía sin remedio a lo que parecía la nada, intentaba sostenerse de algo, de alguien pero no había nada a su alrededor.

Fue entonces que cayó de bruces contra el suelo, dándose un buen golpe en el costado en que tenía la herida.

—… la evacuación será llevada a cabo por el señor Filch y la señora Pomfrey. Prefectos, cuando les avise, organicen a sus casas y lleven a los estudiantes a su cargo de forma ordenada al punto de evacuación.

Se puso de pie con dificultad y se dio cuenta que estaba en el Gran Comedor, atiborrado de gente, en su mayoría estudiantes pero para su sorpresa también miembros de la Orden, distinguió a Remus a lo lejos y supo que había vuelto al futuro.

— ¿Sirius?—dijo una voz a sus espaldas, sobresaltándolo.

— ¡James que alegría!—exclamó yendo a él—. ¿Qué demonios te ha pasado?—preguntó alarmado al ver que su cara estaba llena de cortes.

— ¡Un montón de cosas!—grito James, llevándolo consigo al otro lado del Gran Comedor—. ¡Tienes que saber! ¡Remus se ha casado con Tonks y tienen un bebé!—soltó más que encantado.

— ¿Qué?

— ¡Sirius!—gritaron Remus y Lily al unísono.

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D:

xD

Ustedes dirán: pero, ¿qué carajos…?

Y yo diré: ¡Oye, tranquilo viejo!

Jajaja ya sé que me merezco todo por haberlos abandonado tanto tiempo, ¿la razón? Simple: trabajo y estudio. Resulta que hace dos años debí haber entrado a la universidad pero entre una cosa y otra no lo había hecho u__u algo que me tenía mal, así que desde noviembre me puse a estudiar como nunca lo había hecho en todo mi corta (muy corta) existencia. Quemando las pestañas por aprenderme todo el programa de Historia D: y ¿cuál fue el resultado? Que el domingo salieron los resultados del examen y me alegra comentarles que el próximo 22 de abril comienzo mi primer  trimestre de la licenciatura de Administración "aplausos por favor" xD Así que me temo que cuando entre no tendré muchas oportunidades de actualizar, por lo menos una vez cada dos semanas o no sé. Así que mientras eso sucede espero subir capítulos cada dos o tres días**J

¿Qué me dicen? ¿Está gustándoles? A mí en lo personal, bastante. Ya verán las de ideas que tengo para que esto termine u__u en fin, aún falta un buen tramo por recorrer. Solo una cosa más, no se desesperen, se verá todo lo que no se ha visto y se verán las consecuencias de lo que cambio Sirius en el pasado, o ¿debería decir, en el presente? xD

Recuerden que dejar un comentario no muerde xD

¡Gracias por seguir aquí, esperando a su atolondrada escritora!