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Historia 67888 — capítulo 65
— ¡Eh, Sirius!—le llamaba alguien zarandeándolo con más fuerza de la debida—. ¡Sirius, despierta!
— ¿Qué demonios?—grito abriendo los ojos con pesar, al hacerlo su cara se contorsionó en una mueca horrible, reconociendo el lugar en el que se encontraba tumbado—. ¿Cómo llegue aquí? ¿Qué pasa?
— ¿Quieres tranquilizarte, por favor?
— ¿Regulus?—dijo casi sin detenerse a pensar que eso sería imposible, pero cuando su interlocutor se colocó junto al fuego pudo reconocerlo a la perfección. Ahí estaba su hermano menor, sonriéndole con burla, sentado en uno de los elegantes sillones del salón de Grimmuald Place—. ¿Cómo…?
—Tampoco lo sé—contestó Regulus encogiéndose de hombros, notó que debía tener unos dieciséis, uno menos que él y que le hablaba con toda naturalidad, como si no se odiaran a muerte—. Es raro, ¿no?
— ¿Dónde están mis amigos?—grito poniéndose de pie de un brinco, mirándolo con recelo—. ¡Debí saber que vendrías con tus amiguitos mortifagos! ¿Qué les han hecho?
—En realidad no sé de qué hablas—dijo Regulus colocando ambas palmas para que su hermano se tranquilizara—. De un segundo a otro solo estaba aquí, no recuerdo haber estado haciendo otra cosa… y tú, apareciste, ¿o ya estabas aquí?—preguntó pensativamente—, no lo sé, quizá.
— ¡Yo estaba en Hogwarts!—gritó Sirius sosteniéndose la cabeza en un claro intento por recordar—. ¡En la enfermería con James y Remus! Y luego… luego sangraba…—echo un visto rápido a su torso, por la parte inferior derecha y noto que tenía una herida grande, de forma horizontal pero estaba ya cicatrizada—. Espera, ¿estoy muerto?—inquirió en voz baja, sin emoción alguna.
—Eso me parece—sonrió Regulus fraternalmente.
Sirius sintió como un nudo se le formaba en la garganta y como un cubo de hielo enorme caía estrepitosamente en su estómago, enfriándolo todo, sintiéndose vacío repentinamente.
—Entonces… entonces…—intento acomodar las palabras en su cabeza—, ¿tú también lo estás?
Y fue como si un gigante lo golpeara con su enorme garrote. Porque la mirada honesta que Regulus le regalaba no la había visto desde que fueran un par de niños asustadizos, un par de hermanos unidos contra la frialdad y rechazo de sus padres. Hasta ese momento Sirius sintió el peso de ser el hermano mayor, un peso que había dejado de lado cuando se dio por vencido en la tarea de cuidar de él, de evitar que le lavaran el cerebro con todo tipo de ideas, y ahora ahí estaban las consecuencias, su pequeño hermano estaba muerto.
—Supongo que así es—dijo Regulus sin darle mucha importancia—. La verdad es que desde hace mucho tiempo había tratado de hablar contigo, pero no sabía cómo.
— ¿Cómo es que estamos aquí?—preguntó Sirius con voz patosa, intentando no pensar en que si estaba muerto, entonces Lyra jamás existiría, un pensamiento bastante doloroso.
—No lo sé, solo escucha, Sirius, tengo algo muy importante que decirte.
Sirius ya no le prestaba atención, miraba con interés lo que había sobre la mesita: un curioso guardapelo de oro, enorme y hermosamente elaborado, con una ese brillante y reluciente en el centro, sujeto con una larga cadena de oro también.
— ¿De dónde has sacado esto?
—De eso precisamente quiero hablarte, tienes que escucharme, debes de saber que hay una forma…
—Pareciera muy antiguo—comentó mirándolo más de cerca, sin atreverse a tocarlo—. Casi como alguna reliquia de la familia, pero en lugar de una be hay una ese, interesante, me pregunto qué…
— ¡Cállate y escucha!—ordeno su hermano menor fastidiado, tomándolo por los hombros y obligándolo a mirarlo a los ojos, exactamente iguales a los suyos—. ¡Escucha con atención, Sirius, es de suma importancia que recuerdes todo lo que te he dicho! ¿Entiendes?—su hermano asintió lentamente con la cabeza—. Bien, hay una forma de vencer al Señor Tenebroso, no basta con echarle encima una maldición asesina porque probablemente solo le hará cosquillas, eso contando con que te le acerques lo suficiente ¡No, cállate!—repitió al ver que trataba de interrumpirlo—. Él creó *horrocruxes,*es magia negra muy avanzada, dificilísimos de hacer y…
—Ahórrate las explicaciones—lo corto Sirius de mal humor.
— ¿Por qué?
—Por tres razones—dijo dejándose caer perezosamente en el sofá, Regulus alzó una ceja—. Número uno, estoy muerto y no puedo hacer nada; número dos, ya sé que Voldemort tiene horrocruxes y sé lo que son y número tres y más importante, ¡Estoy muerto!—y se tapó los ojos con el antebrazo para no sucumbir a la lágrimas de impotencia.
—Ah Sirius, deja de hacerte la víctima y crece—le riño Regulus apartándole el brazo de la cara con un manotazo, él le miro ofendido—. ¡Esto que ves aquí es un maldito Horrocrux!—exclamó tomando el guardapelo con una mueca de asco, su hermano lo miro escéptico—. Así como lo oyes, por mucho que te cueste creerlo; en cuanto Kreacher me contó lo que había visto…
— ¿Kreacher?—soltó con repulsión—. ¿Qué demonios tiene que ver ese estúpido elfo?
Regulus rodó los ojos con impaciencia
—No lo llames así, de lo contrario no va a ayudarte.
— ¿Ayudarme?—se burló Sirius con una carcajada ruidosa—. ¿Cómo podría ayudarme en algo? Me odia y temo decir que el sentimiento es reciproco.
—Solo tienes que tratarlo con cortesía—a cada palabra, parecía que Regulus perdía los papeles, sacudió la cabeza y suspiro hondamente—. Como estaba diciéndote, el señor Tenebroso necesitaba un elfo doméstico y yo le ofrecí a Kreacher, le ordene hacer lo que le encomendaban y quetenía que volver a casa. Pero cuando lo hizo parecía otro, me contó que algo acerca de una cueva, una barca, una posición y cadáveres reanimados.
—Inferis—murmuró casi sin pensar.
—Exacto, le dije que se escondiera y que no saliera de la casa. Investigue sus palabras y llegue hasta los horrocruxes, entonces lo obligue a llevarme a la cueva, tomamos el original y dejamos uno falso y… tiene instrucciones de destruirlo.
— ¿Qué quieres decir?
— ¿De qué hablas?
— ¿Qué paso contigo cuando fuiste a esa cueva?—pregunto Sirius alarmado—. No estarás diciéndome que ahí fue donde te moriste.
—Eso no importa—atajo Regulus con un ademán muy parecido al que él hacía—. Tienes que ir con Kreacher, pedirle el Horrocrux y averiguar cómo destruirlo, ¿entiendes?
—Pero…
— ¡Es lo que tienes que hacer!—chilló Regulus dando una patada al suelo—. Hasta donde sé pueden haber cuatro más…
— ¿Cuatro?
—Podía jugarme un brazo y una pierna a que uno está en la bóveda de Bellatrix y otro en casa de Lucius.
— ¿Qué?—negó Sirius rotundamente con la cabeza—. ¿Bellatrix y Lucius? ¿Lo dices en serio?
—Muy en serio.
—Suponiendo que tengas razón, no hay nada que pueda hacer, estamos muertos—dijo sonriendo con amargura—. Sin tan solo pudiera hacérselo saber a los chicos…
—Me gustaría decir que hice lo correcto—lo cortó Regulus con las manos en los bolsillos, mirando el fuego que crepitaba en la chimenea—. Me temo que fui demasiado cobarde, nunca valiente como tú como para enfrentarme al rechazo de la familia, creo que al final del día solo pretendía ser igual que tú.
Sirius se le quedo mirando, sin saber que decir. Durante toda su adolescencia se había repetido hasta el cansancio que no podía ayudar a Regulus porque él simplemente no quería ser ayudado. Ahora notaba cuán grande había sido su error.
—Yo… yo…
—Descuida—dijo Regulus palmeándole el hombro, amistosamente—, no tienes que decir nada, no esperaba que lo hicieras, aun así lo único que te pido es que termines el trabajo por mí.
—No puedo, estoy tan muerto como tú y no…
—No es tu tiempo, hermano, vuelve y hazlo lo mejor que puedas.
— ¿Regulus?—grito entonces Sirius acercándose a él, intentando sujetarlo por la solapa de la túnica—. ¡Regulus!—repitió hasta que una espesa neblina blanca se lo llevo todo, incluido su hermano que le sonrió antes de caer en la inconsciencia.
—… ¡Merlín, creí que lo perdíamos!—dijo James abatido, sentándose a los pies de la cama donde Lily dormitaba, al parecer tranquilamente—. ¿Cómo fue que no nos dijo nada? ¡Es un imbécil!
—Cálmate, James, él se pondrá bien—lo reconforto Remus que sonreía de forma cansada, su amigo dio una seca cabezada y se giró; casi seguro de que lo hacía para que no viera su expresión—. Me parece que en cualquier momento podrían despertar, ¿cómo les diremos todo? A Lily sobre todo, no será fácil.
—Ya lo sé, pero me gustaría saber qué demonios fue lo que le hizo Bellatrix a Sirius, pareciera que todo lo que toca uno no tiene idea. Mira a Tonks, en el ministerio—Remus se sonrojo y bajo la vista al suelo, James sonrió—. Si quieres oír opinión te diré que hiciste lo correcto, nadie más que tú merece darse un descanso de toda esta mierda y ser feliz, lo digo en serio Lunático.
—Sí, como sea, yo…
— ¿James?—dijo entonces Lily abriendo los ojos con dificultad, al acto, los dos chicos se acercaron a ella, con preocupación—. ¿Dónde estamos? ¿Qué paso?
—Tómatelo con calma—le dijo James suevamente, besando su frente—. Todo está bien, estamos en Hogwarts, en la enfermería…
— ¡Sirius!—grito de pronto, sentándose y haciendo una mueca al hacerlo con tanta prisa—. ¿Dónde está Sirius?
—Aquí—musito él, abriendo los ojos, volviendo la cabeza hacia ella ya que estaba acostada en la cama adjunta, haciendo un burdo intento por sonreír.
— ¿Cómo te sientes, Canuto?—se apresuró a preguntar Remus—. Y sabré si mientes.
—Como si un gigante me hubiera pisoteado—confesó con una mano en su herida—. ¿Qué me dices tú, pelirroja?
—Estoy bien—respondió bebiendo con avidez un vaso de agua que James le ayudaba a sostener—. Solo me gustaría devolverle el favor a Dolohov.
—Ni me lo menciones—gruñó James.
—Espero que mis padres estén bien—comentó Lily intentando sonar un tanto indiferente pero al darse cuenta de la mirada de los chicos, supo que había fracasado—. No puedo dejar que nada nuble mi cabeza, necesitamos mantenernos serenos.
— ¿Qué sucedió?—preguntó Sirius—. Después de que me desmaye, por supuesto.
—Ginny tenía razón—dijo Remus algo incómodo, buscando apoyo en James—. La profesora McGonagall los envió a todos aquí—miro dubitativo a Lily y suspiro—. Hay algo que tienes que saber, solo te pido que no te alarmes, ya sabes que estamos aquí para cambiar las cosas y…
— ¿Qué le paso a Harry?—grito de inmediato, llevándose ambas manos al pecho.
—Nada, él esta… está bien—dijo James buscando las palabras correctas—. Es Dumbledore, él…
— ¿Cómo ha pasado?—inquirió Lily en un susurro apenas audible, tragando con dificultad, limpiándose un par de lágrimas que rodaban por sus mejillas.
—Los mortifagos se colaron al castillo—explicó Remus con la vista puesta en sus manos que no se quedaban quietas—. Por la sala de menesteres, con armarios evanescentes—Sirius y Lily escuchaban en silencio, meditando—, fue idea de Draco, ¿saben? Voldemort le encomendó esta misión.
—Oh por dios—murmuró Lily negando con la cabeza—. ¿Hasta dónde hemos llegado? Él solo es un niño… como Harry, como Ron y Hermione y él… ¿cómo pudo matar a Dumbledore?
—Te equivocas—dijo James acariciándole el cabello—. No ha sido Draco Malfoy, ese era su intención, sin embargo al final… al final…
No pudo continuar, las palabras se quedaron atascadas en su garganta.
—Fue Snape—susurró Remus.
Lily simplemente cerró los ojos, como si acabara de recibir otro fuerte puñetazo, pero esta vez no de Dolohov. Los el dolor infringido por los golpes no tenían nada que ver con lo que sentía en aquel momento; a lo largo de todo su viaje había sido testigo una y otra vez únicamente de decepciones por parte de alguien a quien creía conocer. Era triste darse cuenta que el niño bondadoso y aventurero que le había inmiscuido en el mundo de la magia había desaparecido tras la venganza y el odio. En ese momento no podía más que preguntarse si podía haber hecho algo más para evitar que Severus hubiera seguido aquel camino de las Artes Oscuras, aun así, no podía más que sentir desprecio por ese monstruo en que se había convertido.
—Nunca me imaginé que podría hacer algo peor después de descubrir lo que les hizo a ustedes—dijo Sirius rompiendo el silencio—. Bien, no vale la pena llorar y lamentarnos, al volver podremos hacer muchos cambios.
— ¿Qué más?—preguntó Lily recargándose en el pecho de James, agradeciendo el abrazo que él le daba para reconfortarla.
—Hubo una pelea aquí, con los miembros de la Orden—decía Remus con los ojos en la cama que estaba casi frente a ellos, donde un bulto se veía—. Todos resultaron ilesos, suerte quizá por algunos miembros del Ejercito de Dumbledore también participaron.
— ¿Quién está en esa cama?—quiso saber Sirius intentando distinguir algo entre la oscuridad, miro a la ventana, no debían ser más de las tres de la mañana—. ¿Qué es eso? ¿Hay alguien más ahí?
Y es que, podía notar que alguien dormitaba junto a la cama, con la cabeza recargada en el respaldo de la silla, con los brazos cruzados.
—Son Bill y Fleur—explicó James tristemente—. Quiero decir que… Greyback venía con ellos, ¿saben? Y él se puso un poco pesado…—se le hacía casi imposible explicar aquello tan delicado y preocupante—. Ataco a Bill—dijo finalmente.
— ¿Qué?—gritaron Sirius y Lily al mismo tiempo, dirigiendo su mirada a Remus.
—Por suerte no hay luna llena—dijo distraídamente—. Aun así habrá secuelas, sin duda alguna, pero no podría pronosticar nada a ciencia cierta porque cuando te muerden, bueno, es una maldición para toda la vida. Sin embargo, no creo que se vuelva un hombre lobo por completo.
—Pobre Molly—mascullo Lily—. Debe estar pasándosela muy mal, no me imagino.
—Gracias a dios que Fleur resulto estar hecha de una pasta más dura de la que creímos—comentó James sonriendo, para animar a Lily—. Se puso como fiera cuando Molly sugirió que ya no querría casarse con Bill, la hubiera visto, daba miedo.
— ¿En serio?—preguntó Sirius con rastro de humor en su voz.
—Por cierto—dijo James sonriendo anchamente, sonrojando a Remus que se puso de pie y camino hacia la ventana—. No adivinan que ha pasado.
— ¿Qué cosa, James?—inquirió Lily con renovado interés—. ¡Ya dinos!
— ¡Tonks ha puesto en evidencia a Remus frente a todos!—exclamó muy contento, obviamente muriéndose de ganas desde que se despertaran para poder soltar aquella bomba—. ¡Le ha puesto los colores!
— ¡No es cierto!—Sirius soltó una carcajada que tuvo que reprimir al notar un dolor agudo—. Oh por Merlín, ¿por qué no lo vi? ¡Cuéntame con puntos y comas, Cornamenta!
—Como te decía—empezó James sin hacer caso de la mirada irritada que Remus le lanzaba—. Cuando Fleur le paro los pies a Molly, Tonks saltó hacia Remus, le tomo por las solapas del saco y le grito que a ella no le importaba un carajo, igual que Fleur. Hubieras visto, Canuto, la cara que puso, inventando un montón de excusas, pero Molly y McGonagall también le dijeron unas cuantas palabras.
— ¡Siempre me pierdo lo bueno!—chilló Sirius con una voz infantil, muy diferente a la suya.
—Espero que reacciones, Remus y me alegro mucho que Tonks haya hecho lo que hizo—dijo Lily sonriendo un poco, luego se giró a James y su gesto se ensombreció— ¿Qué ha pasado con Harry? ¿Cómo lo lleva?
—Ya te imaginarás, venía con Dumbledore, ambos volvían de ir por el Horrocrux…
Al oír aquella palabra, algo dentro de la cabeza de Sirius se accionó y entonces lo recordó todo, algo más que un sueño, una advertencia…
— ¡El Horrocrux!—grito entonces Sirius como loco, cayéndose de la cama al enredársele los pies con la sabana, sobresaltándolos—. ¡Regulus!
— ¿De qué hablas? ¡Acuéstate, no tienes que moverte, Sirius, te moriste por un minuto!—grito también Remus intentando devolverlo a la cama—. ¡Tienes que guardar reposo!
— ¡Tengo que volver!—dijo apartándose de Remus a quien se le había unido un James bastante inquieto—. ¡Tengo que hacer algo! ¡Regulus está muriéndose!
— ¡Eso es imposible!—dijo Lily caminando hacia él—. ¿Cómo puedes saberlo? Cálmate, Sirius, piensa las cosas…
— ¡Devuélveme, devuélveme ahora!—grito, pero sonó más a una súplica llena de dolor—. ¡Tengo que volver y ayudarlo! ¡Es mi hermano pequeño!
James y Remus intercambiaron una mirada. Jamás habían oído a Sirius hablar así de Regulus, desde que lo conocieran hablaba poco de su familia y cuando se veía forzado a hacerlo, solo tenía frases despectivas e insultos que casi siempre caían en lo vulgar. Pero esta vez era distinto; el rostro de Sirius estaba crispado por el dolor, la culpa y la impotencia.
—Aun cuando pudiera devolverte no sé si podrías volver a este tiempo, con nosotros—explicaba Lily rápidamente—. Si te vas es probable que ya no puedas volver.
— ¡Debo volver, se está muriendo!—chillo a la desesperada.
— ¿Cómo lo sabes?
— ¡Lo vi, me lo dijo! ¡Está en la cueva donde debía estar el horrocrux, fue por él! ¡El horrocrux es un guardapelo, lo tiene Kreacher, vayan por él y destrúyanlo!—grito tan rápido que tuvieron dificultades para entenderle por completo.
— ¿Kreacher? ¿Qué tiene que…?
— ¡No puedo dejar que se muera!—Lily miro a James y Remus, sin saber que hacer—. ¡DEVUÉLVEME AHORA!
— ¡Hazlo!—gritaron al unísono James y Remus.
Lily cogió su varita, vacilando apunto a Sirius y entonces, recito el hechizo con voz firme:
—Es dum qui quae que quod omnino regrese a quo pertenece qui quae que quod regrese lo qui quae que quod sese ha movido en el dum itaque el capacitas
Sirius se vio rodeado por una luz blanca, que los cegaba y un instante después, desapareció con ella, dejando de tras de sí un montón de motitas de polvo suspendidas en el aire.
—Dios mío, ¿qué hemos hecho?—soltó de pronto James, como cayendo en la cuenta.
Sirius no abrió los ojos hasta que sintió el suelo debajo de sus pies de nuevo. Dio un rápido vistazo, para ver donde había caído, fue hasta que distinguió a lo lejos las altas torres de Hogwarts que supo de inmediato que estaba en un callejón de Hogsmeade. Sin detenerse a pensar nada más hecho a correr hacia las Tres Escobas.
— ¡Rosmerta, Rosmerta!—entró gritando como un poseído al abrir la puerta, el pub estaba casi vacío a excepción de un par de brujas que se escondían en una esquina—. ¡Rosmerta!
— ¡Santo cielo! ¿Qué son esos gritos? ¡Ah, Sirius, eres tú!—dijo ella con patente alivio cuando salía de detrás del mostrador, abrochándose la bata—. ¿Qué te pasa? ¿Necesitas…?
— ¡Tu chimenea, ahora, con polos flu!
Rosmerta se sorprendió del tono que había usado el chico, sobre todo porque siempre se dirigía a ella con galantería pero aun así no dijo nada y le indico que la siguiera a la habitación contigua donde el fuego proveniente de la chimenea inundaba el lugar, reconfortándolo un poco de la presión que sentía contra el pecho.
—Aquí tienes—dijo entregándole un tarro con polvos flu—. ¿Necesitas algo más?
—Nada, gracias—ella asintió y espero hasta que salió de la habitación para poder lanzar un poco al fuego y volver las llamas de un verde esmeralda, hincándose y metiendo únicamente la cabeza—. ¿Dumbledore?—pregunto una vez que su cabeza viajo y aterrizó en el despacho del antiguo director, buscándolo con la mirada—. ¡Dumbledore!
— ¿Sirius?—preguntó el anciano acercándose a él, acomodándose las gafas. Era reconfortante verlo con vida luego de contemplar su cadáver—. ¿Qué haces aquí? ¿Ya han terminado la misión?
—Nada de eso—se apresuró a decir cuando un dolor insistente apareció en sus rodillas—. He vuelto por Regulus, está en peligro, tengo que ayudarlo.
—Puedo que no sea demasiado tarde, entonces—repuso sonriendo—. Dime, ¿qué necesitas?
— ¿Sabes algo acerca de una cueva que tenga que ver con Voldemort?—intentaba recordar su extraña charla con Regulus y algo más que había oído de sus encuentros con Harry—. ¡Ya, cerca de la costa!
—Tenemos suerte—dijo Dumbledore con expresión de concentración—. Resulta que me enteré de ciertas cosas de la infancia de Voldemort y si no mal recuerdo, todos los años, la gente del orfanato donde estaban los llevaban de paseo, a una isla ciertamente cerca de la costa…
— ¿Dónde está?
—Espera, aun cuando no lo creas, mi memoria parece fallar…
Cinco minutos después, Sirius salía pitando de la Tres Escobas sin despedirse siquiera de la pobre Rosmerta que esperaba un trato más amable. Sin embargo, el chico corría lo más posible para poder desaparecerse cuanto antes, al llegar al límite del pueblo, se detuvo y giro sobre sus talones, respirando con dificultad y rogando por no llegar demasiado tarde.
Al aparecer, una ráfaga de viento lo obligo a plantarse con más precisión sobre lo que era una enorme roca en un acantilado; debía de ser casi media noche y sin detenerse a pensarlo un segundo, se arrojó al agua. Quizá se debía a la adrenalina o a los nervios pero al caer, se sintió más seguro de lo que tenía que hacer; se sumergió y comenzó a nadar lo más rápido que podía, dándose ánimos a sí mismo. Una vez que hubo traspasado un túnel, el cual pensó que solo se llenaba con la marea alta, salió a toda prisa, sin inmutarse del frío que sentía, buscando la entrada a la cueva. No tardó mucho en dar con ella, solo detenerse un momento y dirigirse hacia donde se sentía magia; pudo pasar gracias a una fisura, dando paso a la enorme cueva de la que Regulus le había hablado.
Pero ni en sus peores pesadillas se imaginó un lugar como ese. Todo lo que podía ver era un lago extenso, de un verde sepulcral y más allá…
— ¡Kreacher!—grito entonces al divisar a la criatura en una pequeña isla a la mitad del lago, meciéndose sin parar—. ¡Kreacher!—grito de nuevo, con su voz resonando por todo el lugar—. ¡Ven aquí, es una orden!
Con un débil crac, el elfo domestico se apareció a sus pies, llorando sin parar.
— ¡Kreacher, dime donde esta Regulus!—ordeno con voz potente, buscando a su hermano en cada rincón visible—. ¿Dónde está? ¡Dímelo!
— ¡Se lo han llevado, se lo han llevado…!
Y con una temblorosa mano, señaló al lago.
Sirius vio con horror como un montón de inferis se arremolinaban alrededor de algo que cada vez se hundía más y más. Su grito de rabia quedo hundido al meterse de nuevo en el agua. Una voz en su cabeza le decía que si lo había visto era porque estaba muerto, porque no había nada más que hacer…
Siguió nadando, ignorando el dolor en los brazos y las piernas, manteniendo los ojos fijos en una única mano que no parecía cadavérica, la mano de Regulus…
Estaba a punto de cogerla cuando algo tiro de su pierna. Se volvió y el terror estuvo a punto de apoderarse de él, porque una manada de inferis se acercaba a él, con claras intenciones de no dejar que saliera con vida; apretó con fuerza su varita y aferrándose a la esperanza de ver a Lyra de nuevo, hizo que de su varita salieran unas llamas descomunales, ahuyentando a los inferis, dejándolos inmóviles. Siguió su camino hacia Regulus y cuando estuvo cerca notó que aún tenía los ojos abiertos, pero por alguna razón no hacía nada para liberarse, con una punzada de júbilo y alivio notó que parpadeaba, signo de que seguía vivo. Utilizó el mismo hechizo para deshacerse de los inferis que lo sujetaban, jadeando por el esfuerzo y tragando agua, lo tomó por las axilas y nado con él hacia la superficie.
Al salir, tomo una enorme bocanada de aire, sus pulmones recibiéndola agradecidos, luchando por mantenerse a flote y llegar lo más rápido posible a la orilla, antes de que más inferis se acercaran. Pero la orilla estaba demasiado lejos, no se creía capaz de nadar hasta allá…
— ¡Kreacher!—volvió a gritar y esta vez no tuvo que repetirlo porque entonces el elfo apareció a su lado, graznando y chillando al ver a Regulus—. ¿Puedes sacarnos de aquí?—pregunto, viendo como una nueva horda de inferis se acercaban—. ¿Puedes?—Kreacher asintió—. ¡Pues hazlo, AHORA!—y tomándolos a ambos desapareció.
Sirius todavía sentía el pavor de ser perseguido cuando abrió los ojos. Antes de que pudiera reaccionar, oyó la voz que menos hubiera querido oír.
— ¡Regulus!—gritó al pie de la escalera, Walburga Black, corriendo hacia ellos.
Estaban tendidos sobre la lujosa alfombra que vestía el vestíbulo de Grimmuald Place; Sirius dando arcadas, escupiendo agua mientras depositaba a su hermano sobre el sillón más cercando y Kreacher llorando sin parar.
— ¡Cállate!—dijeron Sirius y su madre al mismo tiempo, está última mirándolo sin dar crédito a sus ojos, lo fulmino antes de acercarse a Regulus—. ¿Qué demonios le has hecho? ¿Qué has hecho?—grito como una fiera al echar un vistazo a su hijo menor, que seguía como en trance, apuntando a Sirius con su varita.
— ¡No he hecho nada!—se defendió Sirius sacando también su varita—. ¡Fui yo quien lo saco de un lago lleno de inferis, vieja bruja y en vez de intentar atacarme, deberías ayudarme a averiguar qué demonios le sucede!
Walburga apretó los labios, se guardó la varita y se dirigió a Regulus.
— ¡Kreacher, ven aquí!—el elfo se acercó a ella corriendo, dando trompicones—. ¿Qué ha pasado? ¿Le han echado alguna maldición? ¡Te ordeno que me lo digas!
—El a-amo… el amo ha b-bebido u-una p-poción…
— ¿Qué poción?
—N-no s-sé…
— ¿Cómo que no sabes?—grito Walburga tan enojada que Kreacher retrocedió—. ¡Dímelo ahora!
— ¿Regulus?—lo llamó Sirius titiritando de frío mientras hacía aparecer unas mantas por arte de magia, tapando a su hermano con una de ellas—. ¿Puedes oírme?
—S-sí—murmuró en voz tan baja que fue un milagro que le escuchara, Walburga se congeló en su lugar.
— ¿Quién te ha hecho esto?—chilló su madre, llorando.
— ¿Qué fue lo que bebiste?—preguntó Sirius intentando no perder los papeles, igual que su madre—. ¿Sabes lo que era?
Negó con la cabeza, haciendo un esfuerzo por recordar; intento sentarse pero Sirius y Walburga se lo impidieron, lanzándose miradas encolerizadas.
—Necesito ir al baño—dijo Regulus débilmente, lanzándole una significante mirada a Sirius—. ¿Me ayudas?
—Claro—dijo ofreciéndole un brazo para que se apoyara, Walburga los siguió con la mirada—. ¿Qué?—preguntó hoscamente.
—En cuanto vuelvas, quiero que te largues de mi casa—repuso con odio—. Traes la deshonra a esta casa cada que respiras, no quiero volver a verte.
—No te preocupes, tampoco quiero volver a verte.
Y salió del salón con Regulus.
— ¿Cómo sabías donde estaba? ¿De qué va todo esto?—preguntó Regulus soltándolo, mirándolo con desconfianza, casi con desdén.
—Sé más de lo que te imaginas, sí—confirmo al ver la expresión de horror de Regulus—. Sé lo de los horrocruxes.
—Pero… ¿Cómo? ¿Me has seguido?
—Por supuesto que no—repuso ofendido—. Tú también dejaste muy claro que no querías nada que ver conmigo y captó a la primera, ¿sabes?
—Entonces, ¿por qué me ayudas? ¿Qué ganas de todo esto, Sirius?—preguntó Regulus con curiosidad—. ¿Acaso quieres volver aquí? ¿Con nosotros? ¿Estas arrepentido?
— ¿Qué? Claro que no—saltó mirando a su alrededor con repulsión—. ¡Déjate de idioteces! He venido ayudarte, ¿no te das cuenta? Digas lo que digas y actúes como actúes, cambiaste de opinión, lo que estabas haciendo era para que Voldemort caiga, así que podría decirte que eres tú quien está arrepentido—Regulus bajo la vista al suelo, sonrojándose, lo cual era bueno ya que estaba más pálido que un fantasma—. Me di cuenta que no luchabas por tu vida, estabas dispuesto a morir, ¿no es así? ¿Por qué?
—Prefiero morir de forma rápida y sencilla a que si él se entera—contesto pesadamente—. La prima Bellatrix disfruta mucho la maldición cruciatus.
—Por lo que veo hay solo una opción.
— ¿Cuál opción?
—Esta—y le soltó tremendo golpe que lo noqueó, cogiéndolo a tiempo para que no se cayera, reuniendo todas sus fuerzas, se lo echo al hombro y salió de la casa antes de que su madre se diera cuenta, se apresuró a la placita y se desapareció, con una única puerta en la cabeza—. Abre—dijo aporreando la puerta en cuanto estuvo frente a ella—. Soy yo, Sirius Black, tengo diecisiete años, mis mejores amigos son James Potter, Remus Lupin y…—se detuvo, más que molesto—… y Peter Pettigrew. Comenzamos a hablarnos a principios de séptimo año y en la fiesta de Halloween nos escabullimos y nosotros…
—Cállate—dijo entonces una chica tirando de él, dentro de la casa—. ¿Qué demonios haces aquí? ¿Y quién es él? ¡Merlín! ¿Es Regulus? ¿Qué le pasa, está… muerto?
—No, solo inconsciente—contestó dejándolo sobre el sillón que ella le mostraba—. Por un momento creí que no abrirías.
—Tuve que hacerlo, de lo contrario media calle se habría enterado de lo que tu estúpida bocaza estaba a punto de decir.
—Nada más que la verdad.
—Sirius.
—Hollie—dijo él, usando el mismo tono que ella, sonriéndole coquetamente.
Permitiéndose un momento de alivio, sintiéndose horriblemente contento y satisfecho de volver a ver a la madre de Lyra.
QEPD Richard Griffiths, siempre te recordaremos con mucho cariño, hasta siempre tío Vernon :')
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