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Historia 67888 — capítulo 64

— ¿Bellatrix?

—Y lo mejor de todo es que, casualmente, vengo del pasado. O quizá debería decir, del presente.

Fue cuando se dieron cuenta que Bellatrix no estaba sola, otros cuatro venían con ella.

— ¿De qué diablos hablas?—terció Sirius tratando de esconder el asombro en su voz; rápidamente se vieron rodeados por los mortifagos al mismo tiempo que James, Remus y Lily enarbolaban sus varitas, adquiriendo una expresión felina—. Deja de decir tantas estupideces.

— ¿Estupideces?—se burló Bellatrix haciendo rodar la varita de Sirius en sus manos—. No creo que pensarás eso cuando la señorita sangre sucia ideo este nuevo hechizo.

— ¡No vuelvas a llamarla así!—bramó James enfurecido.

—Cállate, maldito traidor a la sangre—siseó ella riendo malévolamente—. ¿Acaso crees que podían engañar al Señor Tenebroso? ¡Él tiene ojos y oídos en todos lados! ¿Cómo iba a pasársele algo tan importante? Aunque…—se detuvo para hacer un gesto desdeñoso con la mano—, debemos darle las gracias a esa amiguita suya, fue de mucha ayuda.

— ¿A quién te refieres?—preguntó al acto Remus.

—Hum, creo que he olvidado su nombre—rió divertida—. ¿Cuál era su nombre? ¿Margaret? No, espera, sé que tenía algo que ver con las flores, pero no sé…

— ¿Qué le has hecho a Rose?—chilló Sirius, que fue sujetado por el brazo por Remus, Bellatrix alzó más la varita, dispuesta a tirar a matar—. ¡Suéltame! ¡Voy a matarla!

—Bueno, bueno—terció un hombre a la izquierda de la mujer, a quien no habían prestado atención—, déjate de reencuentros familiares, hagamos lo que venimos a hacer.

— ¿Dolohov?—murmuró Lily en cuanto lo reconoció.

— ¡Sorpresa!—dijo él teatralmente.

Remus lo vio venir justo a tiempo para lanzar un contra hechizo que evitara que el haz de luz salido de la varita de Dolohov diera a Lily. Entonces el pandemonio se hizo presente y todo fueron hechizos, rayos de luz, gritos y maldiciones; Lily se lanzó contra Bellatrix, ante la impotencia de James que hacía lo posible para mantener a dos mortifagos a raya mientras Remus hacía lo mismo con Dolohov y otro a quién no pudieron identificar.

— ¡Eh, aquí!—gritó Sirius corriendo alrededor de Bellatrix—. ¡Aquí!

—Largo de aquí—dijo ella rodando los ojos, lanzándole un hechizo, no así distrayéndose de atacar a Lily—. Deja que los adultos hablen.

— ¡Demonios!—exclamó Sirius yendo hacía un árbol para evitar la pelea—. ¡La maldita tiene mi varita!

— ¡Muévete!—ordenó James, como caído del cielo, lanzándole la varita.

No espero a que se lo dijera dos veces y riéndose ya a carcajadas se lanzó donde Lily (que lo llevaba bastante bien) y lanzó un hechizo a Bellatrix que le rozó el pecho.

—Veo que tienes ganas de jugar, hagámoslo—propuso ella prestándole toda su atención.

Sirius asintió con la cabeza a Lily, contestando su pregunta no formulada. Ella al ver la determinación en su rostro, fue hacía Remus, concentrándose en quitarle de encima a Dolohov, que era quien más estragos estaba causando.

— ¿Quieres que hagamos esto rápido?—preguntó Dolohov con un tonito desagradablemente empalagoso, esquivando los movimientos rápidos y precisos de Lily.

—Dudo mucho que puedas hacerlo mejor—contestó la chica con los dientes apretados.

—Oh, no dijiste eso—siseó él e hizo que el suelo bajo sus pies colapsara, haciéndolos caer a ambos.

— ¡Lily!—gritó James aterrado,

Y es que Dolohov había dejado de lado la varita para posicionarse sobre la chica para propinarle golpe tras golpe; ella intentaba zafarse de su agarre, arañando el aire, en un férreo intento por hacerle el mayor daño posible, aun así, era insuficiente. Dolohov había logrado inmovilizarla por completo y disfrutaba cada grito de dolor, rabia y desesperación que Lily profería, mirando a todos lados en busca de algo que la ayudara. Pero no era la única que tenía problemas: aun cuando Remus hubiera dejado inconsciente a uno de ellos, había corrido a ayudar a James que estaba a punto de ceder; Sirius y Bellatrix seguían en lo suyo, ella lanzando crucios a diestra y siniestra y él esquivándolos e ideando la mejor forma de hacerla caer.

Pero cada que cualquiera de los tres intentaba ir hacía Lily, para ayudarla, los otros tres se las arreglaban para retenerlos. James no tenía más remedio que seguir peleando, con todas sus fuerzas para que entre más rápido se deshiciera del mortifago, más rápido pudiera ir con Lily.

Fue entonces que un grito desgarró el aire a su alrededor; los tres se giraron para ver el momento justo en que Dolohov propinaba tremendo golpe en la cara de Lily.

— ¡No!—rugió James corriendo ya hacía Dolohov, sin importarle nada más.

Llegó a él como un bólido, haciéndose de todo su autocontrol para no lanzarle la maldición asesina y en su lugar, haciendo aparecer un montón de cuerdas por todo el cuerpo de Dolohov que le impidieran moverse.

— ¡Vámonos de aquí!—gritó Sirius que llegaba junto a James y lo ayudaba a cargar a una Lily inconsciente y muy golpeada, aparto la vista de inmediato de la chica para no perder los papeles.

— ¡Remus, larguémonos ahora!

— ¡No tan deprisa!—soltó Bellatrix haciendo que retrocedieran de dónde Remus no podía zafarse de su contrincante.

— ¡Remus!—le urgió James haciendo malabares con Lily para poder coger la varita y ayudar a su amigo.

— ¡Desmaius!

Y por obra de algún milagro, el haz de luz lanzado por la varita de Sirius le dio en pleno pecho al hombre, logrando que Remus pudiera reunirse con ellos y en cuanto estuvieron juntos, desaparecerse con Bellatrix chillando de rabia como última imagen.

— ¡Rápido, ayúdenme!—dijo James nada más aterrizar en el frío suelo, para darse cuenta que no estaban en la sala de Menesteres, a dónde él los había dirigido—. ¿Qué pasó? ¿Dónde estamos?

— ¡No lo sé, pensé en la sala de Menesteres!—gritó Sirius haciendo aparecer una camilla sobre la que James recostó a Lily con delicadeza.

Y es que al fijarse mejor, estaban en un granero abandonado.

—Debió haber algún  problema—aventuro Remus sacándole el pequeño bolso a la chica, donde había todo tipo de botellitas—. Eso no importa ahora, hay que curarla, ver lo que le hizo.

Al seguir la vista de Remus, James hizo una mueca entre dolor e impotencia mientras que Sirius apretó con furia los puños porque la cara de Lily estaba casi irreconocible: tenía un buen chichón en la cabeza que estaba poniéndosele morado, el ojo izquierdo estaba palpitándole de forma que sabían que iba a hinchársele descomunalmente, el pómulo derecho tenía un profundo golpe y emanaba sangre al igual que su labio inferior.

—Maldito cobarde—murmuró James sentándose junto a Lily, sujetando su pequeña mano entre las suyas, notó que estaba demasiado fría.

—Solo está un poco magullada—le tranquilizó Sirius al seguir el hilo de sus pensamientos, James asintió lentamente—, estará bien en unas cuantas horas. Iré a buscarle algo de comida porque estará hambrienta.

—De ninguna manera, tú de aquí no te mueves—sentenció Remus pasándole por encima la varita a Lily.

— ¿Por qué no?—preguntó Sirius de mala gana,  haciendo una mueca de dolor.

— ¿Qué te pasa?—inquirió Remus de inmediato.

—Nada—contestó pero al ver que su amigo no le creyó, añadió en un tono altanero—: ¿por qué no puedo ir?

—Lunático tiene razón—terció James frunciendo el ceño, Sirius se dejó caer sobre un montón de paja con los brazos cruzados—. Ahora sabemos que ellos están aquí, hay que tener bastante cuidado.

—Maldita sea—murmuró él—. ¿Cómo es que ha sido eso? ¡Se supone que habíamos tomado las debidas precauciones! Y ahora no sabemos sí Rose… sí ella…

—Bellatrix solo quería distraernos—opinó Remus pasándole a James un frasco con ungüento, él puso cara de no entender—. Parece que tiene un par de costillas astilladas, con esto deberán sanar pero creo que es mejor que lo hagas tú porque…—se sonrojó y James entendió a la perfección; alzó con cuidado la blusa de Lily y con dedos temblorosos comenzó a esparcir la pomada, en círculos—. Bien, me ocuparé de su rostro.

— ¿Y yo qué?—dijo Sirius.

—Nos vendrían bien un par de hechizos protectores—sugirió Remus, lo cual hizo en menos de dos minutos—. Y no me opondría a que salieras si llevas la capa contigo, sí a James no le molesta, claro.

—Por supuesto que no, no digas tonterías.

Sirius sonrió satisfecho, sacando la capa de la mochila de su amigo.

—Bien, no tardo.

Echándose la capa por los hombros, sonrió a sus amigos para darles seguridad y salió del granero con paso ligero. Por un rato, Remus y James se mantuvieron en silencio, concentrados en lo que hacían; el licántropo no sabía mucho acerca de curaciones pero había pasado demasiado tiempo en la enfermería viendo como madame Pomfrey hacía su trabajo en él mismo y en otros compañeros como para no recordarlo, así que hizo lo mejor posible para que en el rostro de Lily solo quedaran unos pequeños moretones mientras James no dejo de masajearla hasta que la pomada se hubiera absorbido por completo.

—Esto va de mal en peor—dijo al fin Remus dejando de lado todo lo que había usado, James alzó una ceja—. Quiero decir, lo de Snape y ahora esto.

—Siempre supe que Snape me odiaba tanto o más que yo a él—confesó pasándose una mano por la barbilla sin afeitar—. Sé que lo que le hicimos mientras estuvimos en el colegio no fue precisamente de hombres y que sin duda nos merecemos todo su desprecio pero eso no justifica lo que nos hizo.

—Lo sé, también se me cuesta asimilarlo.

—Y yo que pensé que él…—James sonrió tristemente, negando con la cabeza—… parte de mi odio empezó porque él pasaba tanto tiempo con Lily que era difícil no pensar que tenía… sentimientos por ella.

—Nunca te lo dije pero también lo creía—confesó Remus con cierto pesar—. Tan solo imaginarme que debió de estar muy desesperado para probar su valor que los entrego sin importarle nada más, no puedo dejar de pensar que incluso a esas alturas del partido sea nuestra culpa.

— ¿Nuestra culpa?—se sorprendió James.

—Es solo como yo lo veo—se apresuró a decir el licántropo—. De ninguna manera lo justifico, lo que hizo no tiene nombre pero piensa en ello un poco: nosotros (y digo nosotros porque así fue) de cobarde e insignificante no lo bajamos, tal vez eso hizo que… ya me entiendes.

—Ya sé, pero sigo diciendo que uno mismo es quién toma sus propias decisiones. No puedes basar lo que eres y lo que haces solo por tus fantasmas del colegio.

Por la forma en la que hablaba, a Remus no le quedó más remedio que darle la razón a su amigo porque, después de todo, no podía negar que tenía razón y no sabía porque una parte de él quería justificar la actitud de Snape. Quizá quería redimirse de todas las cosas que pudo haber evitado, o quizá solo no quería creer que la maldad en el mundo hubiera llegado tan lejos a tal grado de lo que estaba sucediendo. Solo era… difícil.

—Soy yo—anunció Sirius antes de abrir la puerta, sus dos amigos le miraron con patente alivio—. Encontré cosas bastante interesantes.

— ¿Cómo qué?—preguntó Remus mirando con curiosidad la enorme bolsa que traía consigo.

—Como deliciosa comida—dijo moviendo su varita, al instante en que su bolsa se convertía en un delicioso manjar compuesto por varios platillos.

— ¿Cómo carajos hiciste?—soltó James sintiendo como el hambre se hacía patente en su estómago.

—Dobby—contestó satisfecho.

Para su sorpresa, el elfo apareció de la nada, mirando a su alrededor con desconfianza, aferrándose a la pierna de Sirius que le dio palmadas en la cabeza.

—El amo ha llamado a Dobby de nuevo, Dobby se pregunta que necesita el amo.

—Hola—saludaron James y Remus con idénticas sonrisas amables.

Dobby asintió y sonrió tímidamente, con las manos detrás de su espalda, pero su actitud cambió completamente cuando se fijó en Lily.

—Está bien—dijo Sirius calmadamente—. Por cierto, no creerán donde estamos.

— ¿Dónde?

— ¡Hogsmeade!

— ¿Qué? ¿En serio?

— ¿Te encuentras bien, Dobby?—preguntó James al notar que el elfo temblaba ligeramente—. Lily solo está un tanto…

—No es eso señor—Dobby carraspeó para hacer que su voz chillona no sonará tan temblorosa—. Pero cuando volví al colegio, después de darle la comida al amo Black, sucedían cosas extrañas.

— ¿Cosas extrañas?—se alarmaron los tres—. ¿Qué cosas extrañas?

—Dobby vio varios alumnos en los pasillos y ellos hablaban de la marca de… de la marca de… de él sobre el colegio.

— ¡¿Qué?!

Los tres corrieron hacia la puerta, Remus abriéndola de un tirón. En seguida, sus rostros se volvieron de un verde pantano, reflejando la marca tenebrosa en sus ojos, flotando sobre la torre de Astronomía, burlándose de ellos sin duda.

— ¡Hay que hacer algo!—gritó Sirius a la desesperada.

—No podemos dejar aquí a Lily, no así—dijo James presa del miedo.

—Dobby—Remus señaló con la mirada al elfo que se había acercado a la chica y la miraba con devoción—. Podemos pedirle que se quede con ella.

—No sé.

—Entonces Remus y yo iremos a ver qué demonios está sucediendo—propuso Sirius.

—Dobby—llamó James con determinación, el elfo dio un respingo y fue hacia él a trompicones—. Tenemos que ir a ver si podemos ayudar, ¿puedes quedarte con Lily? Vigílala, que si se despierta no vaya a ningún sitio, por favor.

—El amo James le ha encomendado una misión a Dobby, Dobby jura que la cumplirá y que si no lo hace, planchará sus manos durante siete días seguidos.

— ¡No!—gritaron los tres, Sirius continúo—. No será necesario porque harás un gran trabajo, confiamos en ti.

Dobby casi se echa a los pies de Sirius, llorando tan escandalosamente que temieron despertara a Lily, por suerte, solo hubo que recordarle que tenía una misión por cumplir y así pudieron salir del granero, que en realidad era una casucha vieja y abandonada a las afueras del pueblo.

— ¡Aberforth!—gritó entonces madame Rosmerta saliendo de su pub.

— ¿Qué pasa? ¿Por qué gritas?—contestó el hombre de mala gana.

— ¡Mortifagos!—chilló ella como toda respuesta, señalando la marca tenebrosa resplandeciendo en la oscura noche.

— ¡Ojala pudiéramos aparecernos!—se lamentó Sirius con dificultad.

— ¡Solo corre!—dijo James quien iba a la cabeza, después de todo había pasado los últimos años ejercitándose para el equipo de Quidditch, sí alguien tenía una buena condición de ellos tres, era él.

— ¿Y solo por casualidad ya has llamado a los del ministerio?—reclamó Aberforth a quien parecía no importarle mucho aquello.

—Lo he hecho pero creo que deberíamos ir a ayudar, hace un rato paso por aquí Dumbledore con Harry y no…

— ¡Demonios! ¡Nos hemos perdido la ida por el Horrocrux!—soltó Sirius enojado.

—Eso puede esperar—sentenció Remus sin dejar de correr, mientras Aberforth y madame Rosmerta se iban quedando atrás, aunque podían seguir oyendo las quejas de él y los gritos histéricos de ella.

— ¡Alto!—ordenó James deteniéndose en seco una vez cerca de la puerta del colegio—. ¿Se dan cuenta?

— ¿Qué cosa?

—Huele a quemado—dijo Remus olfateando el aire, girando la cabeza hacia la izquierda—. ¿Qué hay ahí?

—Espera, creo que solo el Bosque Prohibido…

— ¡Hagrid!—gritó entonces Sirius con inspiración divina, corriendo en esa dirección—. ¡Sí, es eso, su cabaña se está incendiando!

Nada más llegar para darse cuenta que las llamas ya estaban cediendo, dejando ver lo que habían dejado a su paso; James se acercó lo suficiente para comprobar, con un poco de miedo, que no hubiera nadie dentro.

—Será mejor ir al castillo—dijo Remus, pero de repente algo llamó su atención—. ¿Qué demonios…?

— ¿Qué?—preguntó Sirius siguiendo la mirada de su amigo—. ¡Por Merlín, creo que alguien se ha caído de la torre! ¡Sí, ahí!—señaló con la mano.

Los tres se acercaron con el corazón latiendo en sus oídos, con la adrenalina a todo pulmón. Alrededor de quien fuera el que se había caído, ya se había formado un corro, lo cual les impedía darse una primera imagen.

—Hagrid, gracias a dios—murmuró James más para sí mismo que para sus amigos cuando distinguieron la enorme silueta del semi gigante.

—Si hay tantos chicos fuera, eso quiere decir que los profesores ya se han hecho cargo de todo—dijo Remus con patente alivio—. Hagrid no estaría aquí si no fuera así…

—Remus.

—Creo que deberíamos separarnos e investigar lo más que podamos…

—Remus.

—Intentemos probar si podemos hacer algo de magia…

—Remus.

—Hasta podríamos tratar de traer a Lily a la enfermería, estaría más cómoda aquí y  podríamos robarle algunos remedios a madame Pomfrey…

— ¡Remus!—gritó James a la desesperada.

— ¿Qué?

James no dijo nada, señaló con la cabeza hacía el suelo; habían llegado lo suficientemente cerca del pie de la torre, solo para darse cuenta que quién estaba tirado en el suelo, era Dumbledore. Muerto.

Ver el cuerpo inerte del anciano profesor sirvió para que todas las razones que los habían llevado a hacer ese peligroso viaje, temblaran bajo sus pies, desmoronándose como una enorme montaña de cosas inservibles. Porque en ese preciso momento en que contemplaban el cadáver de su mentor, su guía, alguien que había sido más bien un amigo y un apoyo, que la seguridad que los embargaba hasta entonces, se hacía añicos a su alrededor sin nada que pudieran hacer.

—Esto… ¡debe haber una explicación!—gritó Remus apartándose para no mirar más.

— ¿No estás viéndolo?—dijo Sirius componiéndose del shock—. ¡Está muerto!

— ¡Cállense los dos!—siseó James sacudiendo la cabeza—. El Dumbledore de este tiempo lo está, pero eso no quiere decir que todo este perdido, podemos hacer algo. Simplemente hay que mantenernos firmes sobre lo que venimos a buscar.

—Yo… tienes razón—Remus cerró los ojos y los abrió solo hasta que se serenó—. Hay que esperar a que Lily se recupere para movernos.

—Apoyo tu idea de traerla a la enfermería—dijo James—. Será mejor y más rápida su recuperación.

—Vamos Harry, la profesora McGonagall nos ha mandado a la enfermería—murmuró Ginny.

—Vaya, ni siquiera me fije en Harry—dijo Remus inexpresivamente—. Debe estar pasándola muy mal.

—La tiene a ella—sonrió James débilmente, agradecido de que su hijo tuviera a Ginny para pasar aquel mal rato—. Vamos por Lily.

— ¡Espera!—saltó Sirius de repente, con el pánico tatuado en el rostro.

— ¿Qué?—James y Remus alzaron sus varitas al acto, en busca del peligro.

— ¡Debo comprobar que Lyra esté bien!

—Tienes razón—combino James palmeándole el hombro amistosamente—. Remus y yo traeremos a Lily y te veremos en la enfermería, ¿vale?

—Vale.

Le dirigieron una última mirada al cadáver de Dumbledore y siguieron su camino. Sirius iba dando grandes zancadas, sin poder evitar no acordarse de su madre, quién le había dicho desde pequeño que debía tener un paso rápido y elegante. Sus pies lo llevaban a través del castillo casi en automático, lo que le daba tiempo para procesar lo que acababa de ver. Siempre que pensaba en Dumbledore lo veía como un ser todo poderoso, se había acostumbrado a verlo viejo que había olvidado que realmente lo era y ahora él estaba muerto. Igual que él. Trago en seco: James tenía razón, nadie tenía porque morir si tenían las metas bien fijadas y la verdad lo que menos necesitaba ahora era detenerse a llorar una muerte que estaba decidido a evitar, igual que todas las demás.

—… no lo sé, Lyra, lo siento, tienen que ir todos a la sala común. Son órdenes de la profesora McGonagall.

Sirius se volvió hacía la voz autoritaria de Hermione quien no permitía que ningún estudiante de Gryffindor bajara por las escaleras de mármol. Tenía que admitir que la chica tenía presencia pues a quienes no les parecía solo hacían muecas de disgusto pero nadie hacía más al respecto.

—Entonces ven tú con nosotros—soltó Lyra cruzándose de brazos.

—No puedo, tengo que ir a la enfermería para recibir instrucciones, por favor vayan, el castillo está asegurado.

—Ah esto es patético—dijo Lyra alzando los brazos detrás de su cabeza, abriéndose paso entre sus compañeros.

—Ahora vuelvo—dijo Hermione componiendo una sonrisa tranquilizadora.

Sirius fue detrás de Lyra que iba murmurando incoherencias e insultos que solo resonaban por las paredes de los pasillos fríos y desiertos.

De repente, ambos se detuvieron al oír pasos apresurados, acercándose a donde ellos estaban.

— ¿Quién…?—iba diciendo Sirius, con el ceño fruncido, sacando la varita igual que Lyra.

— ¿Quién anda ahí?—gritó Lyra con decisión.

— ¡Merlín, estás aquí!—saltó uno de los gemelos Weasley envolviendo a la chica en un fuerte abrazo, cargado de alivio.

— ¿Qué diablos haces aquí? ¿Cómo has entrado?—preguntó Lyra separándose de él.

—La Orden—explicó él encogiéndose de hombros, sonriendo de lado—. Tenía que asegurarme que estabas bien, solo recibimos un rápido mensaje de Bill y mi madre no quería dejarnos salir.

— ¿Has venido solo?

—No, ¿por qué? ¿Esperas a alguien más?

Lyra rodo los ojos y le propinó un fuerte golpe en el pecho, lo que hizo que el chico hiciera una mueca de dolor.

Dentro de todo, Sirius no pudo evitar soltar una carcajada perruna.

—Sí solo vienes a prolongar la estúpida pelea que tenías, puedes irte yendo.

—Teníamos—corrigió el chico, divertido.

—Tenías, tú solo—enfatizó Lyra, pero ante la insistente sonrisa del pelirrojo no le quedó más remedio que imitarlo—. Bien, puede que te perdone si te comportas.

—Yo siempre me comporto.

—Cierra la boca, Weasley.

—Oblígame.

Con horror, Sirius se dio cuenta demasiado tarde como para alejarse corriendo, lo hizo pero con una sola imagen en los ojos: el de Lyra y el gemelo comiéndose a besos, recargados en la pared, ella de puntitas para alcanzarlo y él con una mano en su cintura y la otra sobre la pared. Sirius solo se apartó esa imagen sustituyéndola con el recuerdo más feliz de su vida.

—Tardaste demasiado—le reprocho James en cuánto Sirius entró a la enfermería—. ¿Pudiste ver a Lyra? ¿Está bien?

—Más que bien—respondió molesto, Remus se movía de aquí para allá, buscando algún remedio para que seguía inconsciente—. No le digan que lo dije pero ella tenía razón, Lyra sale con uno de los gemelos.

— ¿En serio?

— ¿Con cuál?

—No sé, no los distingo, pero… se ve feliz.

James y Remus sonrieron y  sonriendo él también, bajo la mirada hacia su costado izquierdo, se alzó el suéter y la camisa para darse cuenta que tenía una cortada profunda, que sangraba copiosamente. Lo último que vio antes de desmayarse fue a James correr hacía él.