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Historia 67888 — capítulo 63

— ¡Mierda!—gritó entonces James de pronto, sobresaltando a Lily que estaba colgada de él, con una expresión ininteligible.

— ¿Qué?—gritó Lily asustada.

— ¡Nuestras predicciones se han hecho realidad!—chilló componiendo una enorme sonrisa de satisfacción—. ¡Sí!

Y entonces, Sirius y él comenzaron a hacer su ridículo baile, con idénticas caras de radiante felicidad, solo que esta vez cogieron a Remus por ambos brazos para obligarlo a hacer lo mismo. El chico los miro, advirtiéndoles algo en silencio.

—No se atrevan—murmuró suavemente.

— ¡Aguafiestas!—le acusó Sirius, y haciendo caso omiso de su expresión, lo movió a su antojo, como una marioneta.

— ¡Eres un niño!—exclamó Remus tratando de apartarse.

Pero Lily se dio cuenta que escondía una sonrisa traviesa.

— ¡Ponte verde entonces!—le dijo James, luego giro su cara petulante hacía Lily que se cruzó de brazos y sopló un mechón de cabello, sabía lo que venía a continuación—. Me parece, mi estimada esposa, que he ganado una apuesta. Me debes algo.

—Compórtate—siseó sonrojándose.

— ¡Oh Merlín, lo sabemos todo!—exclamó Sirius interrumpiendo a James de su objetivo de cobrar su apuesta—. ¡Ya era hora!

— ¡Vaya!—dijo alguien.

Hasta entonces no se habían dado cuenta que estaban justo delante de Lyra y sus ojos sorprendidos, pero complacidos.

—Hey, es bueno verla—de inmediato, la actitud de Sirius cambió a una más bien madura—. Lejos de los gemelos—no pudo evitar añadir con un deje de alivio en la voz.

—Sigo preguntándome con cuál de los dos sale—terció Remus pensativamente.

— ¿Es obvio, no?—dijo Lily satisfecha por el efecto que había causado en los tres chicos—. ¿Van a decirme que no tienen idea?—los tres negaron con la cabeza. Por una fracción de segundo saboreó sus caras de idiotas—. Bueno, primero tienen que saber diferenciar a los gemelos.

— ¿Lo han conseguido?—preguntó Remus, atónito—. ¿Cómo?

—Es más fácil de lo que crees—se encogió de hombros—. Sólo tienes que ver la forma en que se mueven, en que interactúan entre ellos y con los demás.

— ¿Eh?

James sacudió su cabeza.

—Los gemelos son ustedes dos—señaló sonriendo, Sirius y James se miraron con el ceño fruncido—. O ustedes son ellos, no sé. Pero tienen la misma complicidad, la misma mente retorcida.

— ¿Qué?

—Ahora que lo pienso, Lily tiene razón—dijo Remus—. No lo había visto así pero es verdad.

—No comprendo—murmuró James.

—George y tú son iguales—explicó Lily jugueteando con sus pulgares, James arqueó una ceja y miró hacia Remus que asintió con la cabeza—. Merlín, hasta la forma que se mueven. Ambos son divertidos, alegres, entusiastas, optimistas y con el mismo sentido del humor.

— ¿Y Fred y Sirius no?—quiso saber James esforzándose por hacer una pregunta lógica.

—Claro—contestó Lily, miro a Sirius que tenía las manos en los bolsillos, al parecer estaba meditando sus palabras—. Pero la diferencia es que tú y George tienen límites, por así decirlo.

— ¿Limites?—era como sí James probara que tal sonaba aquella palabra en su boca.

—Exacto.

— ¿Qué quieres decir?

—Dime—pidió Lily cogiendo la mano de James entre las suyas—. ¿Quién de ustedes, Sirius y tú, es el que siempre está proponiendo cosas? ¿El qué inicia casitodas sus aventuras? ¿Quién?

—Bueno…—James miró a Sirius y sonrió a modo de disculpa—tú—susurró.

—No siempre—defendió Sirius.

—La mayoría de las veces—intervino Remus—. ¿A quién se le ocurrió la idea de hacerse animagos? ¿Quién fue el que insistió en hacer el mapa? ¿Quién pensó en hacer este viaje?

—Yo—dijo Sirius en voz baja, ruborizándose ligeramente.

—Ahí tienes—sentenció Lily con eficacia—. Eso no quiere decir que James no tenga su dotación de locura, aventura y estupidez. Es tan divertido y atrevido como Sirius, pero de otra forma. ¿Me entienden?

—Sí—dijeron ambos recobrando su actitud usual.

— ¡Oh, entiendo!—exclamó Remus como si una luz lo iluminará de pronto, miro a Lily con complicidad—. ¡Qué idiotas! ¿Cómo no lo notamos?

— ¡Se quedan conmigo!—dijo James reprimiendo una carcajada cuando también lo comprendió—. ¿Cómo…? ¡No me lo creo!—y entonces rompió a reír.

— ¿Qué?—dijo Sirius molesto por seguir sin entender.

—Creo que Weasley estará complacida—dijo Lyra interrumpiéndolos.

Estaba hablando con un chico alto y desgarbado a su lado. Era su amigo Henry.

—Más que eso—contesta Henry sonriendo burlonamente—. No creo poder soportarlo.

—Y eso que tu no compartes dormitorio con ella, yo sin embargo… ¡Oh!—exclamó Lyra abriendo los ojos, maldiciendo por lo bajo.

— ¿Qué?

Se giraron justo a tiempo para ver como Ginny y Harry se separaban, sonriéndose. No habían caído en la cuenta que la sala común estaba hasta el tope, todos en silencio mirando sorprendidos. Solo se oía sus agitadas respiraciones, una que otra risita indiscreta y como un vaso se rompía.

—Joder—dijo entonces James al ver hacia donde se dirigía la mirada de Harry, buscando ansioso entre la multitud.

—Oh, Ron—musitó Lily sintiéndose de repente culpable por algo—. Ojala lo tome con calma…

Entonces, rápidamente hallaron a Ron, quieto como una estatua, con la copa entre las manos. Pestañeando rápidamente hizo un movimiento de hombros y cabeza, fue suficiente.

— ¡Genial!—exclamaron Sirius y James al mismo tiempo.

—Lo acepta, menos mal—dijo Remus con patente alivio.

—Más le vale al señorito hipócrita—siseó Lyra con los ojos entrecerrados, luego rió tontamente y aplaudió con las manos—. Menos mal que se largan.

En efecto, Harry señalaba el hueco del retrato con una sonrisa, mientras salía detrás de Ginny que no podía verse más satisfecha.

—Ha salido mejor de lo que esperaba—confesó James todavía sonriendo—. Me alegro por Harry, no porque sea pelirroja—se apresuró a decir a la cara de Lily—, quiero decir que Ginny es una buena chica y que aunque no fuera pelirroja la aceptaría de buen grado—Lily asintió, y con sus débiles brazos rodeó los suyos, como aprisionándolo—pero menos mal que sí es pelirroja. ¡Auch!

Se quejó cuando Lily frunció el ceño y le pellizco el estómago.

—Suena bien Ginny Potter—dijo Sirius riendo.

—Suena mejor Lyra Weasley—le picó Remus.

James y Lily se tiraron a reír cuando el color desapareció de Sirius para abrir los ojos como platos.

—Tus nietos serán sangre limpia, Canuto, deberías estar contento—se burló James.

—Cierren la boca, no soy su bufón—siseó, apretando los dientes.

Esta vez realmente estaba enfadado. Odiaba la idea, la odiaba.

— ¿Estas bien, Hermione?—preguntó Lyra con la ceja alzada.

Hermione había llegado a su lado, parecía algo apurada. Distrayéndolos momentáneamente del mal humor de Sirius que no se evaporo al dirigir su mirada a la chica.

—Sí, estaba buscando a…—retorció su mirada—, estoy buscando a Ron, ¿Lo has visto?

—Estaba aquí hace un segundo. Por un momento creía que iría detrás de Harry con un bate—rió Lyra, al ver la cara que ponía Hermione añadió—: tranquilízate, mira, ahí está.

Señaló al final de la sala común, junto a la puerta.

Los cuatro siguieron a Hermione.

— ¿Qué haces Ron?—fue lo primero que le dijo al llegar a su lado, con cautela.

—Hum… nada, nada—se apresuró a decir, carraspeando para deshacer el nudo de su garganta.

—Mira—Hermione cogió bastante aire antes de comenzar a hablar—. Esto no es acerca de ti, ¿Comprendes?—Ron la miro con la cabeza ladeada—. Me refiero a que… Harry y Ginny—se sonrojó pero sacudió la cabeza—. Hace tiempo no veía a Harry como ahora, por favor no lo arruines. Además, tu hermana ya está grande y ella también quiere esto, no lo arruines—repitió esta vez más segura que lo anterior.

—Wow—se asombraron los chicos, Lily asintió hacia Hermione aunque sabía que no podía verla—. Le ha puesto las cartas sobre la mesa, realmente está enamorada de él—continúo James.

—Otra cosa en la que acertamos—le codeó Sirius con arrogancia—. Otra relación de amor apache—y le guiño un ojo a Lily que rodó los ojos sonriendo, tratando de que Sirius no recordará el tema de la sangre limpia.

—Es difícil—dijo Ron lentamente.

—Inténtalo—le sugirió Hermione cariñosamente—. Es tu mejor amigo, Ron, merece la pena una oportunidad, jamás haría daño a Ginny si es lo que te preocupa.

— ¿Qué?—Ron negó enérgicamente con la cabeza—. ¿Preocupado por Ginny?

—Ron—y esa palabra en labios de Hermione sonaba más como una amenaza.

—Jamás—dijo con bastante determinación.

—Eres imposible—murmuró Hermione.

—Quiero cerveza de mantequilla—dijo Ron y se alejó de ella, enarbolando la copa de Quidditch para que todos ahí prorrumpieran en gritos y exclamaciones de euforia y volviera la atmosfera divertida luego del inesperado beso.

—No sé a quién me recuerda—acusó Lily.

—Pero James ha cambiado bastante—dijo Sirius como quién no quiere la cosa—. Tanto que se han casado y ni siquiera tienen dieciocho años…

Las palabras de Sirius quedaron ahogadas, debido a que el hechizo hizo gala de presencia tomándolos completamente desprevenidos, igual que siempre.

— ¿Cuánto hemos adelantado?—preguntó James recargándose en la pared del pasillo de Hogwarts donde habían caído porque se había mareado.

—No hay forma de saberlo—Lily miro hacia la izquierda, cuál fu su sorpresa al ver que Harry y la profesora Trelawney venían caminando—. Qué extraño que este con ella—murmuró frunciendo los labios.

—Recuerdo muy bien mi primera cita con Dumbledore—continúo la profesora Trelawney con voz ronca—. Él quedó muy impresionado, por supuesto, muy impresionado. Yo me alojaba en Cabeza de Puerco; lo cual, por cierto, no se lo recomiendo a nadie porque la cama estaba llena de chinches, querido. Pero, ¿qué podía hacer yo con el poco presupuesto de que disponía? Dumbledore tuvo la gentileza de visitarme a mi habitación de la posada y me formuló una serie de preguntas. He de confesar que al principio me pareció predispuesto en contra de la Adivinación. Y recuerdo que empecé a sentirme un poco mal porque no había comido mucho ese día, pero entonces…

—Es una impostora, todo el mundo lo sabe—dijo Sirius rodando los ojos, impaciente—. No entiendo qué sentido tiene ver todo esto, esta mujer es una charlatana de pies a cabeza.

—No te olvides que fu ella quién hizo la profecía de Harry y Voldemort—dijo Remus apretando los labios—. Y la profecía que hablaba de… Peter y Voldemort.

—Dumbledore debería subirle el sueldo—ironizó James, enfadado—. Sigámoslos.

—… ¡entonces nos interrumpió Severus Snape!

— ¿Qué?—chillaron los cuatro con las mandíbulas hasta el suelo.

— ¿Ah sí?

—Sí, oímos un enorme ruido al otro lado de la puerta, y de pronto ésta se abrió de par en par: allí estaban un burdo camarero y Snape, quién aseguro que había subido por error a la escalera, aunque que reconozco que pensé que lo habían sorprendido escuchando a hurtadillas mi entrevista con Dumbledore. Resulta que él también buscaba empleo en esa época, y sin duda creyó que podría pescar alguna información útil. En fin, lo que pasó después ya lo sabes: Dumbledore se mostró mucho más dispuesto mucho más dispuesto a darme el empleo, y yo deduje, Harry, que lo hizo porque apareció un marcado contraste entre mis sencillos y modestos modales y mi sosegado talento, y la actitud de aquel prepotente y ambicioso joven que no tenía reparos en escuchar detrás de las puertas. ¡Harry, querido!—Volvió la cabeza al darse cuenta de que Harry ya no iba a su lado.

Fue como si un cubo enorme de hielo se deslizara desde su boca hasta el estómago, asentándose y provocando que por todo su cuerpo comenzara a extenderse una sensación de entumecimiento total.

Sirius apretó los puños de inmediato, apretó los labios formando una línea recta, todos sus músculos se tensaron, alerta. La ira y la rabia le hicieron borrosa la vista por un momento, pestañeó varias veces para deshacerse de la molestia ya que le hacía sentirse indefenso. Un solo pensamiento llenaba su cabeza y amenazaba con desbordarse. Quería ver a Snape tendido a sus pies, con sus ojos oscuros ojos sin vida.

Remus sacudió la cabeza un par de veces, intentando en vano asimilar las palabras de otra forma, como si hubiera un doble sentido. Porque sí alguien en este mundo conocía el odio ese sin duda era Snape, sin dudarlo. Pero le parecía, increíble, imposible casi que las cosas estuvieran encajando como lo estaban haciendo en aquel memoraba que era su viaje al futuro. Nunca se imaginó que Snape hubiera sido capaz de tanto y aun así, ahí estaban, siendo testigos, enterándose por fin quién había sido el responsable de toda la mierda de la que estaba rodeados. Vio la expresión de Sirius y supo que sus ansias de venganza acudían a él de forma incontrolable. Y de pronto se sorprendió cuando un pensamiento inusual lo asaltó: frustración. ¿Cómo no se habían dado cuenta? Peor aún, sí Dumbledore lo sabía (que era obvio que sí) ¿cómo permitía que Snape estuviera ahí precisamente? Tan jodidamente cerca de Harry.

—Harry…

— ¡Harry!—insistió la profesora Trelawney—. ¿No íbamos a ver al director?

Los ojos castaños de James revolotearon a Lily, al acto. Su cara era más blanca que el mármol, esa horrible expresión no la había visto jamás en su vida. Sintió miedo, porque casi enseguida supo lo que significaba.

Estaba dolida.

—Quédese aquí—repuso él moviendo a penas los labios.

—Pero querido… Iba a contarle que me han atacado en la Sala de los…

— ¡Siempre fue él!—gritó Remus temblando ligeramente.

— ¡Ese hijo de puta!—gritó Sirius soltando un rugido de furia por sus dientes—. ¿Cómo…?—su respiración era agitada y no podía hablar con coherencia—. ¿Cómo no nos dimos cuenta? ¡Nos ha estado viendo la cara de idiotas! ¡Y Dumbledore!—escupió el nombre como si fuera una grosería.

— ¿Lily?—le llamó James en un susurro que estaba cargado de súplica.

—No—meneó la cabeza, bajó la mirada al suelo—. No lo hagas, James.

— ¿Qué cosa?—preguntó tragando con dificultad. Rogándole a todos los santos que no fuera lo que estaba pensando.

—Lo que estás pensando—suspiró ella cerrando los ojos un segundo para dar paso a un sentimiento más descifrable.

El odio.

— ¡Quédese aquí!—repitió Harry con autoridad.

James suspiro aliviado. Y ya relajado pudo pensar en otra cosa. Mientras corrían detrás de Harry hacía el odio hacía Snape se intensificó, si eso era posible. Un deseo incontrolable de ir detrás de él y acabarlo con un simple hechizo se esfumó cuando pensó en que merecía más que una muerte tranquila. Pensó en todo tipo de castigo, pero sin duda el mejor castigo que se le ocurrió era, ilógicamente, el que ya había infringido sobre él desde hacía más de un año.

— ¡Hola, Harry! Te prometí que te dejaría acompañarme.

—Ese hijo de puta, ese hijo de puta…—decía Sirius sin parar, caminando de un lado a otro de la oficina de Dumbledore una vez que irrumpieron—. No sé cuándo, ni como, pero va a pagármelas, lo voy a matar a golpes, sin varita, sin ayuda…

— ¿Acompañarlo? ¿A dónde?

—Parece tan… tranquilo—siseó Remus—. ¿A dónde van?—preguntó de pronto, no había puesto demasiada atención debido al odio.

—Sólo si quieres, desde luego.

— ¿Sí quiero…? ¿Ha encontrado uno?¿Ha encontrado el Horrocrux?

— ¡Un Horrocrux!—gritaron entre asustados y asombrados.

—Eso creo.

— ¿Dónde?—jadeó Lily—. Merlín, si los destruimos todos…

—Lo destruimos a él—completó Remus asintiendo.

Era más que obvio que apenas asimilaban el poder de aquella información. Información que sí caía en malas manos podría arruinarlo todo, por completo.

—Es lógico que tengas miedo—añadió Dumbledore.

— ¡No tengo miedo!—saltó Harry—. ¿Qué Horrocrux es? ¿Dónde está?

— ¡Miedo!—exclamó Sirius, con ironía—. ¡Miedo! ¡Harry! Imposible.

—Todavía no sé cuál es, aunque estimo que podemos descartar la serpiente, pero creo que está escondido en una cueva que hay en la costa, a muchos kilómetros de aquí. Llevo largo tiempo tratando de localizarla: es la cueva donde un día, durante la excursión anual, Tom Ryddle aterrorizó a dos niños de su orfanato, ¿recuerdas?

— ¿Cómo nos perdimos eso?—preguntó Remus—. ¡Eso era importante! ¡El pasado de Voldemort, por todo lo sagrado!—se pasó una mano por la barbilla—. Podríamos averiguarlo al volver, siempre hará falta información sobre él.

—Que Dumbledore no lo sepa—murmuró Sirius con desdén—. Solo lograría cagarlo todo, como ahora. Quejicus—añadió para sí mismo, con odio.

—Sí. ¿Y cómo está protegida?

—No lo sé. Mis sospechas podrían resultar erróneas. —Dumbledore vaciló un momento y añadió—: Harry, te prometí que me acompañarías y mantengo esa promesa, pero sería una insensatez no advertirte que cabe la posibilidad de que este viaje entrañe graves peligros y…

— ¿Va a llevarlo?—gritó Lily conteniéndose para saltar frente a Harry, protegerlo aunque fuera en vano—. ¿Cómo se le ocurre? ¡Está loco!

—Creo que…—James dudó un segundo—, esto ayudará a Harry a darse una idea del camino que desgraciadamente tiene que recorrer, estará bien.

— ¿Cómo dices eso?—espetó Lily enrojeciéndose—. ¡Va a exponerlo a un peligro innecesario!

—Siempre ha estado en peligro.

James se calló cuando Lily lo fulmino con la mirada.

—Voy con usted—afirmó Harry antes de que el director terminara la frase.

— ¿Qué te ha pasado?

—Nada—mintió Harry.

— ¿Qué te ha disgustado?

—El simple hecho de que sea un viejo idiota—musitó Sirius—. Que sea un mentiroso, un controlador, un arrogante por no querer admitir que se ha equivocado con Snape… la lista es interminable.

En otras circunstancias, Remus habría defendió a Dumbledore a capa y espada, James habría negado con la cabeza, evitando reír y Lily le habría lanzado una mirada severa a Sirius, quizá hasta le habría dado un buen golpe. Pero esta vez no pudieron estar más de acuerdo con él.

—No estoy disgustado.

—Nunca fuiste un gran oclumántico, Harry…

—Oclumántico—la mirada de James se ensombreció.

¿Cómo era posible que Dumbledore, el hombre más inteligente que hubiera conocido, más amable y valiente pudiera hacer ese tipo de cosas? ¿Cómo podía confiar sin reservas en alguien que no tenía redención? ¿Cómo ver luz en alguien que solo era oscuridad? No le parecía posible, Dumbledore se pasaba de débil raya que dividía la gentileza y la confianza con la estupidez y la ingenuidad.

Ese no era el Dumbledore que conocía.

Pero era obvio, no conocía del todo a Dumbledore.

— ¡Snape!—dijo casi a voz en cuello, y Fawkes dio un débil graznido detrás de ellos—. ¡Se trata de Snape como siempre! ¡Fue él quien le hablo a Voldemort de la profecía! ¡Era él quién estaba espiando detrás de la puerta! ¡Me lo ha contado la profesora Trelawney!

— ¿Cuándo te has enterado de eso?—preguntó por fin.

—No pensaba decírselo—musitó Lily mirando con rencor al director de Hogwarts—. ¿Qué se cree para ocultarle eso?

— ¡Ahora mismo!—respondió Harry—: ¡¡Y usted lo deja enseñar aquí, sabiendo que fu él quién dijo a Voldemort que atacara a mis padres!!

—Harry—dijo el director con serenidad—. Escúchame, por favor.

—Espero que haga añicos todo lo que hay sobre su escritorio—terció Sirius—. Se lo merece el viejo mentiroso. Primero, deja a Harry en casa de sus tíos encerrado, frustrado. Luego hace lo mismo conmigo, haciendo que por su culpa me maten—los otros tres sienten un escalofrío recorriéndoles por todo el cuerpo—. Y la gota que derrama el vaso, esto.

—El profesor Snape cometió un terrible error…

— ¡No me diga que fue un error, señor! ¡Estaba escuchando detrás de la puerta!

—No puedo creer que lo haya considerado mi amigo—dijo Lily con tanta frialdad que Sirius retrocedió unos pasos, alejándose de ella—. No puedo creer que… hubiera llegado a pensar que… se me hiela la sangre solo de pensar que todo hubiera sido diferente…

— ¿A qué te refieres?—preguntó Remus, curioso.

La pesadilla que momentáneamente había nublado el juicio de Lily hacía poco, hizo acto de presencia, atormentándola. Con justa razón, le dijo su subconsciente severamente.

—Te ruego que me dejes terminar. —Dumbledore esperó hasta que Harry inclinó con brusquedad la cabeza, y prosiguió—. El profesor Snape cometió un terrible error. La noche que oyó la primera parte de la profecía de la profesora Trelawney, Snape todavía trabajaba para lord Voldemort. Como es lógico, corrió a explicarle a su amo lo que había escuchado porque le incumbía enormemente. Pero él no sabía (era imposible que lo supiera) a qué niño elegiría Voldemort como víctima a raíz de aquel descubrimiento, ni que los padres sobre los que descargaría su instinto asesino eran los tuyos, a los que Snape conocía.

—Claro y eso hace la diferencia—se burló Sirius—. Ese idiota lo que más desea en la vida es vernos muertos, a todos.

—Me odiaba, igual que yo a él—dictaminó James, giró su cabeza hacia Lily que estaba furica—. Y pensaba que Lily… que Lily era… que…

Pero no pudo continuar porque esas filosas palabras se quedaron atoradas en su garganta.

Harry soltó una amarga carcajada.

— ¡Él odiaba a mi padre tanto como a Sirius! ¿No se ha fijado, profesor, que las personas que Snape odia suelen acabar muertas?

—Tiene tanta razón—suspiró Remus ya sin poder contener su odio a Snape a raya—. Solo falto yo—rió amargamente.

—Oh Lunático, no tienes idea de lo que te haré si dejas que Quejicus te mate—le amenazó James.

—No tienes idea del remordimiento que se apoderó de Snape cuando se dio cuenta de cómo había interpretado a lord Voldemort la profecía, Harry. Creo que eso es lo que más ha lamentado en toda su vida y el motivo de que regresara…

—Pero él sí es un gran oclumántico, ¿verdad, señor?—dijo Harry con voz temblorosa a causa del esfuerzo por controlarse—. ¿Y acaso no cree Voldemort que Snape está en su bando, incluso ahora? ¿Cómo puede estar usted seguro de que él está de nuestra parte?

—Estoy seguro, confío plenamente en Severus Snape.

—Bueno, al volver hemos de hacer todo cuanto esté en nuestra mano para evitar que Snape meta sus asquerosas narizotas en nuestros asuntos—dijo Sirius con los ojos brillándole de rabia—. Si algo llegara a fallar, con el simple hecho de que él no vaya de soplón, podremos evitar que Voldemort vaya a por ustedes, aunque es obvio que esta vez yo seré el Guardián Secreto.

—O podríamos decir que eres tú, cuando en realidad seré yo—terció Remus.

—No vamos a llegar a tal punto—dijo Lily rápidamente—. Todo saldrá bien, todo.

— ¡Pues yo no!—afirmó a voz en gritó—. Ahora está tramando algo con Draco Malfoy, en sus propias narices, y usted sigue…

— ¿Tramando algo? ¿Qué?—saltó James, abrumado.

—No ha de ser algo muy bueno—dijo Remus—. Harry tiene una gran intuición y no se ve muy tranquilo. Lo que es peor ya que a Dumbledore para que no le importan sus advertencias.

—Al parecer ser viejo va de la mano con la locura—atinó a decir Sirius ladeando la cabeza.

—Ya hemos hablado de eso—le cortó Dumbledore con tono más severo—. Y ya conoces mi opinión al respecto.

—Este es un hombre realmente frustrante—declaró Lily haciendo rechinar los dientes—. En situaciones como esta, me pone los pelos de punta.

—Esta noche usted se va a marchar del colegio y seguro que todavía no se ha planteado siquiera que Snape y Malfoy podrían decidir…

— ¿Decidir qué?—El director arqueó las cejas—. ¿Qué es exactamente lo que temes que hagan?

—Pues… ¡están tramando algo!—exclamó Harry apretando los puños—. ¡La profesora Trelawney acaba de entrar en la Sala de los Menesteres para esconder unas botellas de jerez y ha oído a Malfoy gritar de alegría, como si celebrara algo! Malfoy intenta arreglar algo peligroso ahí dentro, y por si le interesa, creo que ya lo ha conseguido. Y usted piensa macharse del colegio tan tranquilo sin haber…

Ya no prestaban atención a lo que decían. Porque justo en ese momento. Un extraño ruido proveniente de las escaleras les hizo volverse de inmediato.

— ¿Qué ha sido eso?—preguntó Lily.

—Alguien sube las escaleras—sentenció Remus sacando la varita, sosteniéndola en alto.

—No pueden vernos—dijo la chica.

—No es normal—dijo James asintiendo a Sirius que se puso de un lado de la puerta, en posición de ataque—. Es muy ruidoso, y ellos no lo han oído. ¿Por qué?

—Exagerado—le acusó Lily desechando la idea de inmediato—. Es absurdo—dijo tratando de auto convencerse pero el miedo comenzaba a treparle por los pies.

Sí alguien del pasado hubiera viajado era, sin duda, porque habían ido a casa de sus padres.

—Tiene razón—dijo Remus seriamente—. Son pasos…

—Basta—lo atajó el director. Lo dijo con calma, pero Harry se calló de inmediato, consciente de que esa vez había cruzado una línea invisible—. ¿Crees que alguna de las veces que me he ausentado he dejado el colegio desprotegido? Te equivocas. Esta noche, cuando me vaya, entrarán en funcionamiento medidas especiales de protección. Te ruego que no vuelvas a insinuar que no me tomo en serio la seguridad de mis alumnos, Harry.

De pronto, se vieron absorbidos por un torbellino de colores, el piso bajos sus pies desapareció, haciéndolos caer sin remedio hacia espacio abierto, en caída libre. James trato desesperadamente coger el brazo de Lily pero le fue imposible, mientras veía como ella daba de vueltas sin poder evitarlo, como una muñeca de trapo.

No supieron cómo y cuándo su vertiginosa caída se detuvo.

— ¿Qué rayos fue eso?—chilló Sirius poniéndose de pie de un brinco, sin soltar la varita.

— ¡Desmaius!—gritó una voz femenina.

La varita de Sirius saltó de sus manos, resbalándose de sus dedos sin poder evitarlo, siguió el viaje de la misma y sus ojos grises fueron a parar a quién la sostenía en alto. Con una sonrisa llena de maldad y júbilo.

— ¿Bellatrix?

—Y lo mejor de todo es que, casualmente, vengo del pasado. O quizá debería decir, del presente.

Fue cuando se dieron cuenta que Bellatrix no estaba sola, otros cuatro venían con ella.


¡Hola mis queridos lectores!

Siento el silencio de los últimos días, no he escrito mensajes largos y aburridos xD ni he contestado sus preguntas, ¿la razón? He estado un poco abrumada con mi vida muggle, lo típico ya saben. Y sobre todo porque en los últimos días me he tenido leyendo la trilogía de Cincuenta sombras de Grey.

¿Quieren mi opinión?

Bueno… ese libro, de pies a cuello, es Crepúsculo. Así de fácil.

Aunque debo admitir que te sugestionas incluso antes de leerlo porque sabes que la autora lo inció con fics de Crepúsculo, así que de todas formas, Anastasia Steel es Isabella Swan. Al derecho y al revés, aunque quizá Ana tiene un poco más de dignidad y es un tanto (solo un tanto) menos idiota. La idea en general es la del típico amor imposible que acaba siendo posible. Christian Grey es el caballero andante que todas (todas) deseamos que venga, nos salve y nos haga la mujer más feliz de este mundo. En lugar de ser Christian un vampiro con remordimientos de haber asesinado a gente y creer que no tiene alma, Grey es un hombre con muchos (muchos) traumas, tantos que es imposible que no lo internaran en una clínica… y piensa que su alma es oscura. ¿Coincidencia? No lo creo, es solo que el personaje es más llamativo porque no es vampiro, en mil años quizá exista un hombre así. Es interesante su personalidad y su pasado, sin duda.

No pude evitar, en mis ensoñaciones, enamorarme un poco de él y eso es porque se parece en carácter a alguien que conocí xD

Como sea, si no tienen nada que hacer y quieren enamorarse de un hombre que es imposiblemente real, lean la serie. Vamos, si quieren se las paso por correo, si les interesa.

Ahora sí… pasando a mi queridísimo y modesto fic, ¿Les gusta cómo va? Oh mí… (Es una frase que se me ha quedado de la señorita Steel xD) me agrada el rumbo que va tomando, no quiero que sea como otro típico fic de viaje en el tiempo :3 así que hay que atenerse a las sorpresas**J

Les prometo contestar sus comentarios, lo juro es más. Quiero dar gracias a todos aquellos que me siguen en mi twistter, animándolos a que me hablen, no muerdo. Pueden constatar que he twitteado con MCL y no he ido a secuestrarla**J

*Bueno, ¿Qué más decir? Infinitas gracias a todos los que leen, aunque no se animen a comentar, con el número de usuarios que aumenta cada actualización me doy por bien servida. Al parecer las cosas van a ir más allá con los mortis viajando con ellos, ¿se imaginan que puede llegar a suceder? ¿Qué estará pasando en el pasado?*J

Esperemos que todos salgan vivitos y coleando xD

*Solo decirles que una chica,*TaylorS_WeasleyMellark, ha pedido mi permiso expreso (me sentí Regulus, mi cuñado xD) para publicar mi fic en su página del "feis" no puedo sino más que agradecerle lo tenga en consideración diciéndole directamente, que sí. Puedes hacerlo con derechos de autor , aunque me gustaría editarlo un poco, por la ortografía y signos ortograficos**J

La página se llama 394 sino mal recuerdo, chéquenla, es entretenida.

Sin más que decir, los leo en los comentarios.

Un beso de merodeador acorralado.

P.D. ¡TEAM JAMES! xD perdón pero odio como los muggles odian a mi James. De todas formas, te quiero igual Snape aunque hayas sido un hijo de puta**J te veo en la sala común.

*P.D. ¿Podría este capi tener más de 50 comentarios? ¿O se están reservando para las Reliquias de la Muerte?*J