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Historia 67888 — capítulo 62
—Esa es la actitud—sentenció James entrando a la casa detrás de Remus y Tonks que seguían besándose—. No sé porque tengo la ligera impresión de que ella será una buena esposa para ti, Lunático, seguro te devuelve a la realidad cada que lo necesites.
—No ayudas—musitó Remus tratando por todos los medios no ver lo que hacía en un futuro.
Se fijó mejor en el lugar en el que se hallaban. Hasta ese momento (en el pasado) jamás había puesto un pie en esa casa así que lo más probable es que hubiera tenido que mudarse por el peligro de recibir visitas no deseadas. La casa era pequeña, solo tenía dos habitaciones sin contar el baño y la diminuta cocina así que donde se hallaban hacia las mismas de sala y comedor mientras que la recamara solo tenía una cama, un armario angosto y una cómoda con una lámpara que destilaba una luz opaca. Se respiraba un aire más bien tristón, así que Remus supuso que eso se debía a su negativa de aceptar a Tonks. Aunque eso quizá estaba por cambiar. No supo si sonreír o maldecirse.
—Cierra la boca, Remus, lo arruinas—espetó Lily sentándose cómodamente en el sofá raído.
—Sí fuera tú—empezó Sirius con su sonrisa más pilla—: me iba quitando, ¿no crees que lo más lógico es que lleguen ahí?
— ¡Oh! ¿Te imaginas?—exclamó Lily soñadoramente—. ¡Un lindo bebé! ¡Un pequeño metamorfomago!
— ¿Qué?—gritó Remus pasando su cara por todos los colores habidos y por haber.
— ¡Un cachorro!—soltó James contento, más con una sonrisa burlona por la cara de su amigo—. No temas, Lunático, no huyas al compromiso. Al final siempre consigue alcanzarte—y le dio un beso a Lily para confirmar sus palabras.
—Esto… no… esta… bien—decía el otro Remus entre dientes pues Tonks no permitía que sus labios se separaran lo suficiente; él tenía sus brazos fuertemente apretados alrededor de la chica que la alzaba unos cuantos centímetros del suelo—, tienes que irte… no debes estar aquí…
—Sácame a la fuerza—respondió ella sonriendo triunfante.
— ¡Para ya!—gritó Remus enfadándose de pronto, soltándola y alejándose de ella en un abrir y cerrar de ojos—. ¡No podemos seguir así! ¿Qué? ¿Vas a hacer esto cada vez que intente apartarme de ti? ¡Se supone que no debe así!
— ¿Qué diablos te pasa?—soltó Sirius con las manos en la cintura—. ¡Es una dama! ¿Cómo te atreves?
—No sé cuántas rabietas más va a soportarte—le advirtió Lily con una mirada severa—. Espero por su bien que no sean más, porque de lo contrario está perdiendo su tiempo con un necio de lo peor.
— ¿Por qué echármelo a mí en cara?—quiso saber Remus a la defensiva—. ¡Estoy aquí, es él quién está poniendo las cosas en su lugar! Y de todas formas, es lo correcto.
—A veces siento que te gusta hacerte el mártir—confesó James con los labios fruncidos, Remus compuso una mueca de indignación—. No me mires así, sé de tu condición y también sé lo que sientes y lo que piensas. No en balde he pasado tantos años contigo, así que sé perfectamente que estás acostumbrado a dar la guerra por perdida incluso antes de que empiece solo porque te crees débil—respiro hondo para seguir hablando—. Discúlpame, pero ¿débil tú?—Lily negó con la cabeza a la par que Sirius reía irónicamente—Débil ese que no se levanta cuando se cae. no un hombre que sobrelleva excelentemente bien una maldición que no se merecía. Débil quién huye, no quién enfrenta sus problemas con la cabeza en alto. Siento informarte que tú no eres débil, Remus.
Remus bajo la mirada al suelo, sin saber que decir; con las palabras de James haciendo eco en sus oídos como un zumbido que no pudiera apartar.
— ¡Se supone que me quieres!—le gritó Tonks a la desesperada—. ¡Se supone que hemos de estar juntos! ¿No lo ves? ¡Eres un egoísta! ¡Solo piensas en ti! ¿Qué hay de mí? ¡No te has tomado el tiempo de sentarte a oír lo que pienso! ¡Lo único que quieres es tu bienestar! Pues ¿Sabes qué? ¡No me importa lo que tu boca diga, por que tus ojos dicen otra cosa! ¡Tus besos me suplican que me quede! ¡Tus manos me ruegan que no haga caso las estupideces que dices! ¡Qué ignore todos los pretextos que pones para no estar conmigo!
— ¿Vas a seguir insistiendo?—preguntó Remus en un tono de voz que daba miedo.
—Puedo decirte que hemos sido afortunados con las chicas que nos tocan—dijo James muy convencido, Sirius inclino la cabeza—. ¡Míralas, Canuto! Lily, Hollie, Tonks… somos un trío de estúpidos con chicas preciosas que soportan nuestras tonterías ¿Qué habremos hecho en la otra vida para merecerlas?
—Me gustaría saberlo—dijo Sirius pensativamente.
Lily se le quedo mirando, sorprendida. Era la primera vez que oía a Sirius aceptar su… ¿Amor? ¿Sentimientos? Lo que fuera, por Hollie. Al parecer aquél viaje no eran solo malas noticias, quizá todos estaban cambiando. Y no era para menos.
—Hasta el día en que ya no me ames—contestó Tonks tragando en seco—. Cuando te mire a los ojos y no vea ese brillo que se te nota cada vez que me regresas la mirada. Hasta ese día no me iré.
— ¿Por qué nadie puede verlo como yo?—quiso saber Remus caminando hacia la puerta, Tonks se balanceaba de atrás hacia adelante, nerviosa—. Todos creen que soy terco, necio. Sirius me tachó de estúpido, pero la verdad es que nadie puede comprender mi postura porque nadie tiene la maldición que yo tengo. ¿Cómo podría atarte a un hombre a quién siempre despreciarán?
—Yo no te desprecio…
— ¡Eso es porque solo me has visto entre los miembros de la Orden o protegido por Dumbledore, Lily!—le cortó Remus—. Pero la verdad es que quienes saben de mi condición apenas si me hablan ¿Cómo hacerle eso a ella?
—Ay, Remus—le dijo Lily abrazando su brazo.
— ¿Cómo convertirte en una marginada?—siguió el otro Remus, Tonks no movía ningún musculo, estaba completamente quieta, esperando el momento oportuno para interrumpirlo—. ¿Y cuándo quieras formar una familia? ¿Cómo haremos? ¡Por Merlín, soy licántropo! No es posible—dijo riendo amargamente—. Y si aprecias en algo mi sentido común, por favor no digas nada acerca de tu metamorfosis. Son suposiciones ¿crees que podría vivir a sabiendas de que he heredado mi condición a un ser inocente? No soportaría la culpa…
—No me importa, Remus, no me importa—dijo Tonks con lágrimas en los ojos que se limpió bruscamente con la manga de su chaqueta, su voz tenía un tinte de súplica que hizo que Remus cerrara los ojos para no sucumbir al llanto—. Juro que no me importa nada más que estar contigo, teniéndote no me hace falta nada. Por favor, deja de tratarme así, me haces daño.
—Sí pudiera volver el tiempo, cambiar lo que te dije…
—Eres malo—le acusó Lily pellizcándolo—. ¡Mira como tienes a la pobrecita! En cuanto volvamos y pasen los años yo me encargo que no la hagas sufrir aunque tenga que darte un filtro de amor…
—Tiene buena mano para las pociones—se inclinó James para murmurarle a Remus al oído—, yo que tú aceptaba de buena gana a Tonks, no quieres conocer la parte malvada de Lily. Es su lado oscuro.
—Yo si lo conozco—dijo Sirius pasándose un dedo por la garganta.
—Pero no puedes—masculló Tonks—. Lo dijiste, asume las consecuencias.
—Vete por favor—pidió Remus señalando la puerta—. Te lo he dicho un millón de veces: soy demasiado grande, demasiado pobre, pero sobre todo, demasiado peligroso. Estarás mejor sin mí.
—No puedes saberlo—espetó Tonks recuperando su tenacidad—. Nadie puede saberlo, yo te quiero hoy y hoy no me voy a dar por vencida. Algún día caerás por tus propias palabras, se te acabaran las excusas o quizá te canses de fingir, no importará la razón si me amas serás tú el que me busque. Me cansé de tener la iniciativa.
Y sin más, Tonks alzó la cabeza (con un aire ligeramente de altanería) abrió la puerta de un jalón y se fue.
—No sé porque presiento que un lobito va a buscar a una chica arcoíris—dijo Sirius, que hasta ese momento se había quedado callado porque estaba pensando en lo que había dicho James, haciendo memoria de sus vidas pasadas—. Bueno, ya sabemos que Remus es más terco que un elfo domestico pero cuando algo se le escapa de las manos va detrás. Y si no, que me corten en pedacitos y me arrojen a una acromantula.
—Es cierto, Canuto—dijo James—, aún recuerdo lo que paso con la clase de Artmancia…
—Ya quería dejarla porque el señor Lupin decía que era muy fácil…
—Pero cuando la cosa se complicó…
— ¿Abandonó la asignatura?
— ¡Claro que no!—soltó James riendo, poso los ojos en Remus que apretaba los labios con fuerza—. Relájate ¿sí?—le dijo dándole una palmada amigable en la espalda—, que si no fuera por estos breves momentos de diversión, ya nos habríamos vuelto locos con tanta cosa que pasa…
—Hagrid no se refería a su forma de cantar—aclaró Harry—. Hablaba de la muerte de mis padres.
—No me he dado cuenta cuando cambiamos de lugar—dijo Lily extrañada—. ¡Oh Merlín! ¡El profesor Slughorn!—exclamó señalando al hombre que yacía junto a Harry.
— ¿Qué pasa aquí?—preguntó Sirius observando todo con sumo cuidado; se fijó en Hagrid que dormitaba roncando sonoramente, en la botella de vino de elfo sobre la mesa, en la actitud de Harry y Slughorn. Ninguna explicación lógica se le vino a la mente.
— ¡Oh!—exclamó Slughorn conteniendo un eructo—. ¡Oh lo siento! Sí, fue… terrible, es cierto. Terrible, terrible…—Como no sabía qué decir, optó por rellenar las tazas—. Supongo que no lo recordarás. ¿verdad, Harry?—preguntó con vacilación.
—No quiero oír esto—sentenció Remus cruzándose de brazos.
—Imposible que lo recuerde—dijo James seriamente—, era solo un niño. No me imagino que un bebé pudiera recordar algo tan espantoso.
—No… Yo sólo tenía un año cuando ellos murieron—contestó el chico contemplando la vela,que parpadeaba por los aparatosos ronquidos del guardabosques—. Pero sé cómo pasó. Me he enterado de muchas cosas. Mi padre murió primero, ¿lo sabía usted?
—Pues… no, no lo sabía—respondió Slughorn con un hilo de voz.
—No me imaginó…
Lily se quedó a media frase. Al parecer todos estaban pensando lo mismo. Porque desde que se hubieran enterado que iban a morir, no se habían detenido a pensarlo con calma. Y la verdad es que era imposible pensar en su muerte con calma; el punto es que ni Lily ni James habían imaginado siquiera como había sido aquella fatídica noche, era como tener un botón en su interior que pudiera presionar para no pensar en eso. Ninguno de los dos quería si quiera sopesar la posibilidad de vivir sin el otro.
—Sí. Voldemort lo mató primero a él, y luego pasó por encima de su cadáver y atacó a mi madre.
—Es impresionante como puede hablar de ello—se sorprendió Remus—. Increíble cómo puede decirlo tan… no tengo palabras para describirlo. Es un gran chico.
—Gracias—murmuraron Lily y James tomándose de las manos, sonriendo tristemente.
—Le ordeno que se retirara—continúo Harry—. El propio Voldemort me dijo que ella no tenía por qué morir. Él me quería a mí. Mi madre habría podido huir.
— ¿Pudiste sobrevivir?—inquirió Sirius mirando con nuevos ojos a Lily que bajo la mirada al suelo; no supo porque pero le entraron unas ganas tremendas de abrazarla—. Pudiste irte… pudiste…
—¿Cómo vivir a sabiendas que James estaba muerto?—soltó ella ahogando un sollozo—. ¿Cómo dejar que él matara a mi hijo?
—Eres la mejor—fue lo único que supo decirle James depositando un beso en su coronilla.
— ¡Oh mi querido muchacho!—susurró Slughorn—. Ella habría podido… podría no haber… Es tremendo…
—Siempre te quiso mucho—le dijo Remus a Lily con una sonrisa que trataba de subir los ánimos—. Fuiste su favorita.
—Mentira—rió ella limpiándose las lágrimas—. Es solo que me esmeraba en su clase porque era la que más me gustaba. Solo eso.
—Sí lo es—coincidió Harry con voz apenas audible—. Pero no se movió. Mi padre ya estaba muerto, y ella no quería que Voldemort me matara a mí también. Intentó suplicarle, pero él se rió de ella…
Cuando se dio cuenta, James estaba apretando con mucha fuerza la mano de Lily, que soltó al acto. No pudo evitar sentir como el odio, la ira y la impotencia se le trepaban por las piernas. No se explicaba cómo habían llegado a ese punto, se suponía que Peter era uno de sus mejores amigos, que hubiera esperado que Peter le protegiera a él y a su familia del mismo modo que él lo habría hecho por la suya. Pero era duro darse cuenta que las personas no harían ni darían lo que tú esperarías, porque ibas a decepcionarte una y otra vez. Quiso odiar a Peter, formar su cara en su mente y despreciarlo. No pudo.
— ¿Cómo sabe todo esto?—preguntó Sirius a nadie en particular—. No recuerdo, ¿fue la vez del torneo?
Remus asintió con una seca cabezada.
— ¡Basta!—dijo de pronto Slughorn agitando una mano—. De verdad, hijo mío, no sigas… Soy muy mayor y no necesito oír… no quiero oír…
— ¿Por qué Harry hace todo esto?—dijo James—. Él no es así, no le gusta mucho hablar de… estas cosas, es más cerrado. No entiendo a qué va.
—¿Estará borracho?—preguntó Sirius, pero al ver la cara que ponía Lily, corrigió—: digo, no me refiero a que sea un alcohólico o algo así, sino que…
—Mejor ya no digas nada—siseó Lily.
—Sí mejor—murmuró Sirius con una sonrisa tímida.
—Claro, no me acordaba—dijo Harry—. Ella le caía bien, ¿verdad?
— ¿Sí me caía bien?—dijo Slughorn, y los ojos se le llenaron de lágrimas—. Dudo mucho que no le cayera bien a alguien. Era valiente, divertida…Fue espantoso, espantoso…
—Y Harry es igual—musitó James con orgullo—. Menos mal que eso no se perdió.
—Es que no puede existir nadie más arrogante en este mundo que tú, Cornamenta—Remus ya se estaba riendo ante sus palabras—. Es verdad, admítelo.
—Ya no soy tan arrogante—defendió James en un tono propio de un niño pequeño—. ¿Verdad, Lily? ¿Verdad?
—Claro, claro—contestó ella riendo.
—Y ahora usted se niega a ayudar a su hijo—arremetió Harry—. Ella entregó su vida por mí, pero usted no quiere darme un recuerdo.
— ¿Un recuerdo?—repitieron al mismo tiempo, estupefactos.
—No digas eso—susurró Slughorn—. No se trata de que…Si fuera para ayudarte, por supuesto que…Pero no serviría de nada.
— ¿De qué recuerdo hablan?—soltó James—. ¿Qué puede ser tan importante para que Harry lo manipule de esa manera? ¡No entiendo un carajo!
—Debe ser cosa de Dumbledore—aventuró Remus—. Pueda que sea algo tan importante como para… ¡Hey!—saltó repentinamente—. ¿Y sí…? ¡Por los calzones de Merlín! ¿Y sí…?
— ¿Y si qué?—gritó Sirius desesperado—. ¡Completa las frases, demonios!
— ¡Puede que sea lo que estamos buscando!—chilló Remus con frenesí—. ¿No lo ven? ¡La forma de destruir a Voldemort!
— ¿Cómo puede saber Slughorn eso?—preguntó James incrédulo—. En nuestra época solo es un profesor de pociones y en este tiempo también lo es. Él jamás se uniría a los mortifagos, es ridículo.
—Todo es posible—rebatió Remus convencido—, además…
—No me siento nada orgulloso…—susurró Slughorn—. Me avergüenzo de… de lo que ese recuerdo muestra. Me temo que ese día cause un gran daño…
— ¿Qué…?
—Si me entrega ese recuerdo compensara todo el mal que hizo—le aseguró Harry—. Sería un acto muy noble y muy valiente.
Entonces, los cuatro se quedaron en silencio, sin moverse. Esperando a que Slughorn o Harry dijeran o hicieran algo, solo hasta que el profesor sacó lentamente una botellita y tocándose con su varita la sien, jalando un hilo plateado, depositándolo en el pequeño frasco.
—Me preguntó qué diablos tiene ese recuerdo—dijo James acercándose instintivamente a Slughorn, como si de esa forma pudiera descifrar lo que tenía ese recuerdo, sin la necesidad de un pensadero.
—A mí nadie me quita de la cabeza que sea nuestra clave—sentenció Remus entre emocionado y nervioso—. Y si es nuestra clave, entonces podremos volver a casa…
—Date prisa, Tom. No conviene que te sorprendan levantado a estas horas, porque, además, eres prefecto…
— ¿Lo oyeron?—preguntó Sirius con una mano en la boca.
— ¿De dónde rayos viene?—saltó James igual de interesado que sus amigos.
—Es la voz del profesor—señaló Lily con la cabeza ladeada—, pero no es él quién está hablando.
Y era cierto, porque el Slughorn que acababa de darle el recuerdo a Harry se había quedado profundamente dormido mientras Harry salía de la cabaña de Hagrid sin hacer ruido.
—Quería preguntarle una cosa, señor.
—Esa voz se me hace conocida—declaró Remus—. Solo que no recuerdo de donde…
—Pregunta lo que quieras, muchacho, pregunta…
— ¿Sabe usted algo acerca de los Horrocruxes, señor?
— ¿Horrocruxes?—dijeron al tiempo, mirándose unos a otros para ver si alguien mostraba signo de reconocimiento, para que Remus continuara—. No me miren, no sé nada. Jamás había escuchado el termino, ¿Lily?
—No, nunca—repuso ella acongojada.
— ¡Hey!—exclamó James de repente—. ¡Lo vimos, lo leímos! ¿No recuerdan?—los otros tres negaron con la cabeza—. Sí, claro en ese libro que no recuerdo como se llama pero solo los mencionaba de pasada porque… porque…
— ¡Era magia oscura muy avanzada!—chilló Remus cayendo en la cuenta de lo que decía James.
Recordaba que en alguna ocasión habían tenido que visitar la Sección Prohibida de la biblioteca para hacer una redacción de Defensa Contra las Artes Oscuras, así que habían tropezado con esa curiosa palabra pero al ver que no se explicaba lo que era, siguieron buscando lo que les importaba. No había tenido ningún significado, hasta ahora.
— ¡Claro, eso debe ser!—dijo Lily—. Aunque no sepamos que sean.
—Bueno—murmuró Slughorn sin dirigirle la mirada y jugueteando con el lazo de la caja de piña confitada—, no va a pasar nada si te doy una idea general, desde luego. Sólo para que entiendas el significado de esa palabra. Horrocrux es la palabra que designa un objeto en el que una persona ha escondido parte de su alma.
— ¿Qué?
Lily se tapó la boca con la mano, horrorizada. Remus abrió la boca, Sirius se pasó una mano por la frente mientras que James se acariciaba la barbilla. Ni en un millón de años se hubieran podido imaginar la magnitud de la maldad de Voldemort. Depositar un pedazo de tu alma en un objeto… no había nombre para esa monstruosidad.
—Madre mía—farfulló Remus saliendo de su trance—. ¿Cuántas de esas cosas habrá hecho?
—No pueden ser muchas—dijo Sirius carraspeando para deshacer el nudo de su garganta—. Porque ¿cuántos horrocruxes puede hacer sin… afectar su alma?
—El problema es que con hacer uno ya está afectando su alma—terció Lily—, y como la maldad de Voldemort no tiene límites, no podremos saberlo hasta que avancemos más en el tiempo.
—Lo que aún no me explico—añadió James cuando ya salían de la cabaña, detrás de Harry—, es ¿Por qué solo oímos el recuerdo? Porque estamos de acuerdo en que lo que oímos era el recuerdo ¿no?—los chicos asintieron—. El hechizo cada vez se comporta más extraño, me pregunto cuando nos regresara a casa, ya tenemos lo que necesitamos…
—El diario, el anillo, el guardapelo, la copa, la diadema, la serpiente… el diario, el anillo, el guardapelo, la copa, la diadema, la serpiente…
— ¿Qué fue eso?—preguntó Lily pegándose más al cuerpo de James—. ¡He oído como alguien me susurraba!
—Lo escuchamos también—dijo Remus, pálido—. ¿Quién anda ahí?
—Nadie puede vernos—le recordó Sirius, pero sacó su varita, apuntando hacia la espesura de la noche.
—Esto no está gustándome nada—murmuró Lily acelerando el paso—, algo no está bien, era una voz… se parecía a la voz del hechizo cuando nos advirtió que ya no podríamos interferir. Decía algo de una diadema y una copa…
—Debemos estar cansados—dijo James sonriendo a Lily para tranquilizarla—. Eso es todo, ha sido un largo día y si mis cálculos no me fallan, llevamos más de doce horas sin dormir. Vayamos a la sala de Menesteres.
—Será lo mejor—convino Remus.
—Yo oí algo de un guardapelo y una serpiente—confesó Sirius cuando ya traspasaban el umbral de la puerta del colegio—, igual y sí, Cornamenta, estamos delirando ya. Me pregunto si podríamos ir a la cocina a picar algo y…
— ¡Hemos ganado!
— ¡Ahhhh!—gritaron los cuatro asustados, echándose hacia atrás cuando pasaron del misterioso silencio de la noche a un escándalo descomunal.
— ¡Hemos ganado! ¡Cuatrocientos cincuenta a ciento cuarenta! ¡Hemos ganado!—bramó Ron dando brincos y enarbolando la Copa de plata.
— ¡La copa de Quidditch!—gritaron James y Sirius, contentos, abrazándose y despeinándose—. Un momento—de pronto, James se puso serio—. ¿Por qué Harry no tiene el uniforme?
—Parece que él no jugo—observó Lily sonriendo al ver la sala común tan abarrotada y feliz.
— ¡No me lo creo!—gritó Remus riendo.
— ¿Qué…? ¡SÍ!
—Por fin—musitó Lily colgándose del brazo de James.
Porque en ese preciso momento, Harry había besado a Ginny.
—La mansión Malfoy, las ruinas de la casa de los Gaunt, la residencia de los Black, la cámara de Gringotts de los Lestrange, Hogwarts… La mansión Malfoy, las ruinas de la casa de los Gaunt, la residencia de los Black, la cámara de Gringotts de los Lestrange, Hogwarts…
— ¿Qué dijiste?—preguntó Lily a James, pero él negó con la cabeza, sin apartar la murada de Harry y Ginny.
—Manifiesta tus intenciones—gruñó una voz.
—Queremos ver a madame Lestrange—contestó una voz masculina, enseñando a la reja su antebrazo izquierdo—Por órdenes del Señor Tenebroso.
La reja se abrió de par en par, dejando entrar al desconocido a sus compañeros.
— ¿Dolohov?—preguntó una mujer cuando hubieron entrado a la mansión—. ¿Qué demonios haces aquí? ¡El Señor Tenebroso te ha ordenado…! ¿Qué te has hecho?
—Tenemos que hablar, no hay tiempo que perder—contestó una mujer deshaciéndose de su capucha que le ocultaba el rostro.
—Pero… ¡No puede ser!
—Cállate y escucha—espetó Bellatrix a su yo futuro que le miraba estupefacta.