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Historia 6792 — capítulo 1

Capítulo 1 ¡Feliz Cumpleaños!

Aquella mañana, a Harry le despertaron unos golpes secos que hacían vibrar el cristal de la ventana de su habitación. Era “Pig”, la lechuza mensajera de su mejor amigo, Ron.

Harry era huérfano desde que tenía cortos meses de edad. Aún recordaba aquella noche (en la que él tenía once años), y un semigigante derrumbó una gruesa puerta, que formaba parte de un pequeño barracón situado en lo alto de una roca en medio del ajetreado mar de aquella noche tan oscura. Éste fue quien le anunció a Harry una gran noticia: él era un mago y estaba invitado a aprender magia en el gran colegio para brujas y magos llamado Hogwarts. Hagrid, el semigigante, le entregó a Harry un sobre amarillento, en el cual, con tinta verde esmeralda ponía: ”señor Harry Potter, El Suelo de la Cabaña en la Roca, El Mar”. Aquella carta y su contenido eran la muestra de que Hagrid no le mentía. Pero des de entonces, ya habían pasado cuatro años inolvidables para Harry. Cuando acabara ese verano, empezaría quinto curso de magia en Hogwarts.

Harry se apresuró ha levantarse y ha dejar entrar a Pig, para que los Dursley, sus tíos, y Dudley, su primo, no se despertaran. Éstos formaban una familia muy desagradable y siempre habían maltratado a Harry, mientras que mimaban a Dudley. Pero desde aquella visita nocturna de Hagrid, Harry había conseguido, como mínimo, que lo ignoraran e incluso que en algunas situaciones lo llegaran a temer.

Desató la carta que la lechuza llevaba atada en su pata derecha, la desenrolló y leyó:

¡Hola Harry!

¿Cómo estás? ¡Yo me lo estoy pasando bomba!

¡Feliz cumpleaños! Seguro que ya pensabas que me había olvidado, ¿no? Pues ya ves que no.

Por aquí, todo sigue iguial que siempre. Percy se encierra en su habitación y no para de enviarle cartas a Penélope (su novia) y cuando lo hace es para seguir con su informe, sobre un tema secreto del ministerio de magia. No para repetir: “Debo acabarlo cuanto antes. Cómo ya sabéis, me han ascendido al puesto del señor Ludovic Bagman y a éste al antiguo puesto del señor Crouch.”(Ya sabes que el señor Crouch murió el año pasado).

¿Cómo te va con los Dursley? Por suerte, no deberás quedarte con ellos, mucho tiempo más, por que te invito ha pasar el resto del verano (un mes) conmigo, ¿qué te parece?

Te envío un regalo de cumpleaños (espero que te guste).

Hasta pronto,

Ron

P. D.: te vendremos ha buscar el domingo, a la una del medio día. Prepara tu baúl y tus cosas. Iremos juntos al Callejón Diagon, para comprar los libros nuevos, de este año.

En aquel momento, Harry se acordó de que ese día cumplía 15 años. Pero había tenido aquel descuido, porque sus tíos nunca le felicitaban, ni le regalaban nada. De hecho, a Harry no le importaba demasiado, ya que odiaba con todas sus fuerzas a los Dursley.

Cogió el paquete, que con mucho esfuerzo había llevado Pig, lo abrió y pudo ver una maravillosa capa, hecha a mano que llevaba el escudo del equipo de Irlanda de quidditch (el deporte de los magos). Se la puso con mucha alegría al ver que, su mejor amigo no se había olvidado de él durante el verano y volvió a releer la carta otras mil veces.

De repente, otra lechuza desconocida para Harry, golpeó la ventana con todas sus fuerzas para que éste le oyera y le abriera la ventana, ya que aquel, era un día muy frío.

Harry desató el paquete que la lechuza transportaba y se dio cuenta de que el remite estaba escrito en tinta verde esmeralda. Pero no ponía “COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA”, sino “HAGRID”. ¡Tampoco el guardabosque del colegio se había olvidado de él! (Harry, Ron y otra chica, llamada Hermione, eran muy amigos de Hagrid). Lo abrió, intentando evitar que se le rompiera la carta y leyó:

Querido Harry:

¿Qué tal te va todo? Tengo muchas ganas de verte a ti y a todos los demás.

¡Muchísimas felicidades! Ya empiezas ha ser todo un hombrecillo, ¿no? ¡15 años! Yo a esa edad, aprendí todo lo que os he estado enseñando hasta ahora, en clase de “Criaturas mágicas”.

¿Cómo están Ron y Hermione? Espero que muy bien.

¿Sabes qué? ¡Han nacido más unicornios! Díselo a Hermione, seguro que se va ha poner muy contenta, ¿no crees?

Un saludo,

Hagrid

P. D: Te envío un pequeño detalle.

El regalo de Hagrid no es que fuera muy pequeño como ponía en la carta, porque abultaba bastante.

-¡OH, no! -exclamó Harry con gran decepción. Eran pastelitos hechos por él. A Harry, a Ron y Hermione jamás les había gustado las comidas caseras de Hagrid, pero aún así se lo agradecía mucho.

Hermione le envió a Harry, una gran caja de Grajeas Bertie bott de todos los sabores (éstas eran una de las múltiples chucherías de los magos. Podías encontrarte de limón, de verduras, de cola de rata e incluso de vómito). Las abrió para comerse algunas, pero de pronto, una última lechuza atravesó la ventana entreabierta y se posó en el brazo de Harry. La carta que transportaba era muy corta, como si el remitente estuviera en apuros o le estuvieran persiguiendo:

Querido Harry:

¡Feliz cumpleaños! Me gustaría explicarte miles de cosas, pero me parece imposible en este momento.

Espero que tengas un buen curso. Recuerdos a al familia Weasley y a Hermione Granger.

Sirius Black

P. D.: Cualquier problema que tengas, relacionado con Voldemort, alguna sospecha o algún suceso, por favor, infórmame cuanto antes.

Sirius era el padrino de Harry (éste era íntimo amigo de sus padres). Estaba acusado de asesinato contra más de 13 personas, entre las cuales había un mago (Peter Petegrew, el que contribuyó en la muerte de los padres de Harry. Lo creían muerto, aunque no era así. Harry sabía perfectamente, que Peter era un mortífago, es decir, un afiliado de Voldemort). Pero en realidad, no fue Sirius el asesino, sino Peter. El padrino de Harry estaba escondido, porque si lo cogían los dementores (los “guardias” de la cárcel de los magos. Éstos iban siempre encapuchados y no tenían sentimientos. Medían unos tres metros), lo llevarían a Azkaban (la prisión de los magos) y le darían el beso de la muerte (éste consistía en abalanzarse sobre el prisionero, darle un beso y quitarle el alma. Si te hacían eso, quedabas en la media vida y lo pasabas muy mal. La mayoría de personas que eran encerradas en Azkaban se volvían locas. Sirius ya había estado allí una vez, pero raramente (casi nadie lo consiguió) pudo escaparse. Solamente seis personas sabían la verdad a cerca de Sirius: él era inocente.

La carta venía adjunta con un pequeño regalo: era una bola recordadora (ésta se ponía de un rojo vivo si olvidabas algo).

Harry estaba demasiado contento para ser realidad, pues durante el verano (cuando estaba con los Dursley), casi nunca se sentía feliz.

Enseguida empezó a poner sus cosas dentro del baúl, para estar preparado el domingo por la mañana, pero... ¿Y si los Dursley le impedían marcharse con Ron y su familia? ¿Y si lo encerraban en la habitación, como lo hicieron cuando Harry hacía segundo curso? Imposible: tenían demasiado miedo a Sirius, para impedirle una cosa así (ellos sabían que Harry se carteaba con Black, pero Harry no les había contado que era inocente, por eso, cada vez que Harry anunciaba que le iba ha escribir, les temblaba todo el cuerpo).

Poco después, oyó ruidos en la cocina y se dio cuenta que tía Petunia ya se había levantado y estaba preparando el desayuno.

Escondió las cartas debajo de una madera suelta que estaba debajo de su cama (Harry siempre las ponía allí, para que no las encontraran ni las leyeran), se vistió, se puso las gafas y bajó ha desayunar.

Cuando entró en la cocina, tío Vernon no apartó el diario de delante su gorda y grasienta cara, tía Petunia no alzó la vista de la revista “Corazón de Melón” (subtitulada con la frase “cómo ser la madre 10 y mucho más lo encontrarás aquí”) y Dudley no apartó la vista de la nevera, para desearle buenos días. Así que Harry tampoco se molestó en hacerlo.

Tomó asiento al lado de su primo que era tan rubio, que parecía blanco. Harry no había tenido la intención de informarle a su tío sobre su marcha a la Madriguera (así se llamaba la casa de Ron), pero se vio obligado:

-Eh... Tío Vernon, el domingo... Esto... Ron, un amigo, me ha invitado ha pasar el resto del verano con él.

Éste se limitó a pronunciar un seco “mm”. Pero Harry sabía que en el fondo, tío Vernon estaba contento de librarse de él un mes antes de lo previsto. Así que lo tomó como un sí y se lo agradeció:

-Gracias, tío Vernon -y subió corriendo a su habitación, para estar lo menos posible con ese tipo gente.

Cogió su Saeta de Fuego (un tipo de escoba voladora muy veloz), que dos años atrás, en tercero, se la había regalado Sirius y su manual para limpiar escobas (un regalo de Hermione, años atrás) y empezó a sacarle brillo. Luego, dobló con mucho cuidado, para que no se arrugase, su túnica del colegio y la metió en el baúl. Poco después, se puso a releer un poco por encima los libros del año pasado, para tener la memoria fresca, antes de empezar quinto. Pero unos fuertes aletazos le interrumpieron. Era Hedwig, su lechuza, que estaba celosa de las demás y no quería compartir, de ninguna manera, la comida ni la bebida con ellas.

-¡Vamos, Hedwig! ¡No seas así! -le gritó Harry, al comprobar el gran egoísmo de su lechuza. Pero ésta, al ver que su amo iba contra ella, le dirigió una mirada amenazadora y le dio la espalda, decepcionada.