Tituladas 16.2% · 32,381 de 199,415 descubiertas
Rescatado 63.6% · 59,982 de 94,296 páginas identificadas · 59,972/60,586 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 6792 · de

Historia 6792 — capítulo 3

Capitulo 3 El Callejon Diagon

En pocos segundos, se encontró, en un lugar, repleto de gente. Todos parecían magos y brujas. Allí se sentía muy bien, al igual que en Hogwarts. Había millones de tiendas, repletas de gente en los escaparates y en su interior. Muchos llevaban unos papeles. Eran las listas del colegio, donde ponía los libros y los materiales que necesitaban, aquel curso.

Enfrente de él, se encontró con la cara de George.

-Te has quedado encantado, mirando el Callejón Diagon, como si nunca hubieras estado aquí.

-Bueno, es que... –pero Harry no hubo acabado la frase, cuando apareció Fred, seguido de Ron con la señora Weasley.

-Primero, iremos a Gringotts, ha buscar el dinero que necesita Harry, para sus libros –anunció la madre de Ron.

Gringotts era el banco de magos y brujas. En éste, en lugar de tener un mago, como banquero... ¡Eran duendes! Quienes eran muy dignos del puesto, ya que no tenían sentimientos hacia los demás, por lo tanto, tampoco tenían compasión de nadie. Gringotts era muy seguro para guardar cualquier objeto de valor.

-¿Podemos ir George y yo ha comprar nuestras cosas, mientras? –preguntó Fred, poniendo cara de inocente.

-Está bien –les apremió, su madre-. ¡Pero portaros bien! –gritó, mientras se alejaban a todo correr.

Cuando llegaron, se dirigieron a una de las ventanillas, pero antes de que pudieran decir palabra, una voz que surgía de su interior preguntó:

-¿Nombre?

-Harry Potter –contestó.

El duende se le quedó mirando, con el entrecejo fruncido, durante un instante y luego prosiguió:

-¿Tiene la llave, por favor?

-Aquí tiene –dijo Harry, dejando una diminuta llave, sobre el mostrador.

-Seguidme –les ordenó, mientras daba un pequeño salto, para bajar de la silla.

Atravesaron una puerta, que conducía una especie de túnel subterráneo. En frente suyo, había una carretilla, donde se metieron, sin dudar ni un segundo y se puso en marcha como por arte de magia. Al poco rato, se paró de repente, frente una puerta donde ponía el número___. Harry sabía que era su cámara, dentro de la cual, guardaba todo el dinero que sus padres le habían dejado de herencia. El duende encajó la llave con la cerradura de la puerta, la hizo girar sobre sí misma, la abrió sin ninguna dificultad y dejó paso a Harry. Éste entró lo más rápido que pudo, ya que no quería que ni Ron, ni la señora Weasley vieran su pequeña fortuna (éstos últimos eran bastante pobres). Cogió unos cuantos sickles y galeones y salió cerrando de golpe la puerta, para dejar ocultas sus posesiones. Harry se sentía muy mal, en aquel momento. Sabía que si pudiera, les daría una parte de los montones de dinero que había en su cámara, pero los necesitaba para pagar los años que le quedaban en Hogwarts.

Una vez estuvieron fuera, Ron empezó ha hablar, sin parar, de lo emocionante que le había parecido, aquella visita al banco de los magos (éste nunca había estado allí, antes).

-¿Te has fijado en la velocidad en la que corría la carretilla? ¡Mola, mucho! ¡Guau! Me gustaría volver, cuanto antes.

Harry disfrutaba, sólo viendo la cara de felicidad de Ron. Sí, en esos momentos, Harry se sentía el chico más afortunado del mundo.

-Bueno, chicos –dijo la señora Weasley, con un resoplido y observando el Callejón Diagon-. Tenemos mucha faena por hacer. Ahora, iremos ha comprar los libros y luego...

-¿Dónde vamos ha ir ha comer? –preguntó Ron, poniendo cara de goloso y fijando la vista en una pastelería, que había en el lado izquierdo de ellos.

-¡Ron! –le regañó la señora Weasley-. ¡Acabas de desayunar!

-Lo sé –reconoció, Ron-. ¡Pero es que tengo hambre!

Harry nunca había conseguido entender, la razón por la cual, Ron siempre tenía hambre, pero estaba seguro de que comer era su hobby.

-Comeremos en el Caldero Chorreante –anunció Molly-. De este modo, por la tarde, podremos seguir las compras.

-¡Ron, Harry! –chilló con todas sus fuerzas una voz femenina, que sonaba des de sus espaldas. Éstos se giraron muy alegres, al reconocer que era la voz de Hermione.

-¡Hola, Hermione! ¿Cómo estás? Ya te echábamos en falta, hacía ya tanto tiempo...

-Veréis, es que... ¡Bueno, ya lo sabéis! ¿Qué tal habéis pasado el verano? –se excusó ella.

-Muy bien, ¿y tú? –le devolvieron la pregunta Ron y Harry al unísono.

Pero Hermione no pudo contestar por que la voz de la señora Weasley la interrumpió:

-¡Hermione, querida! ¡Cómo has crecido este verano!

-¡Señora Weasley! No la había visto. ¿Cómo está? Le agradezco su invitación. –la saludó Hermione.

-Sí, pero fe una pena que no pudieras venir... ¡Nos lo hubiéramos pasado muy bien!

Hermione intuyó que la madre de Ron le preguntaría el motivo por el cual no pudo aceptar la invitación, así que seguidamente de que la señora Weasley hubiera acabado de pronunciar esa frase, dijo:

-No lo dudo, señora Weasley. ¿Habéis traído la lista? Es que me la he olvidado... ¡Qué cabeza la mía!

-Eh... ¡Sí! Aquí está... ¡Vamos ha comprar los libros! –se apresuró a decir Ron, para ayudar a Hermione, aunque quedó un poco falso.

La señora Weasley se dio cuenta de que los chicos escondían algo, pero pensó que debía entrometerse, ya que no era cosa suya, así que no le preguntó más a Hermione el por qué de su ausencia, aquel verano en la Madriguera.

-¡Mirad! ¡Han sacado un nuevo modelo de escoba! ¡Vamos ha verla! –chilló Harry, con mucho entusiasmo, porque éste era un fanático de las escobas voladoras y del Quidditch.

-¡Chicos! ¡No os vayáis muy lejos! ¡Yo estaré en la tienda de la señora_________! –gritó la señora Weasley, un poco preocupada por dejarlos solos.

Pero Harry y Ron ya estaban pegados al cristal del escaparate.

-No se preocupe, señora Weasley, estaremos aquí mismo. –la intentó tranquilizar Hermione, que se había quedado junto a la madre de Ron, ya que las escobas voladoras no eran lo suyo. Pero de todos modos, se acercó al escaparate para poder ver el nuevo modelo.

Harry y Ron estaban maravillados: más aerodinámica, de madera buena, más veloz que un rayo, muy confortable y con el nombre grabado en la esquina de la empuñadura, en dorado. Ya se imaginaban montados sobre una de ellas y recorriendo el cielo azul, a una velocidad extremadamente rápida. Pero una voz que arrastraba las palabras les interrumpió sus maravillosos sueños:

-Vaya, vaya.... Mirad a quién tenemos aquí: ¡Potter y su pandilla! –era Draco Malfoy, su peor enemigo al que odiaban con todas sus fuerzas, que siempre iba acompañado por sus dos “gorilas”: Crabbe y Goyle quienes lo seguían a todas partes, parecían su sombra.- No te hagas ilusiones, Weasley, está claro que siendo tan pobre como una rata, nunca conseguirás comprarte esta joya... El dinero no cae del cielo, ¿Sabes?

De repente, Ron, Hermione y Harry se giraron hacia ellos con mucha furia en su interior