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Amanecer Por Edward Cullen — capítulo 14

Plumas y moratones…

El mar ahora fue testigo de nuestro amor, el que por fin esta mujer fuera mía me hacia crecer el volumen de mi pecho diez veces más.

Estallaba de varías emociones y estallé una vez más contra el cuerpo desnudo y mojado de Bella. Fue mejor que cualquier otra cosa que existía en el mundo y la cosa más grande que experimenté en toda mi larga existencia.

Con una suma delicadeza emergí con ella en brazos dirección a la casa, Bella tenía los ojos cerrados, no hablaba no decía nada pero una sonrisa llena de satisfacción adornaba todo el largo de su cara. Sabía que estaba saboreando el momento y ella me hacía feliz mientras me dejaba hacer.

Entré a la habitación con ella en brazos con suma delicadeza y los temblores de mi cuerpo fueron disminuyendo mientras me parecía que Bella iba durmiéndose.

La dejé sobre la cama contemplando su cuerpo plateado salado y desnudo, no había visión más exquisita ni cualquier comparación.

De nuevo esa fuerza más grande que la sed arremetía contra mí. Sacudí ligeramente mi pelo y cayeron gotitas de mar sobre el rostro de Bella que no dejaba de sonreír.

Quise que de nuevo pasara lo que había pasado en el agua, pero ahora su aroma se concentraba y me hacía arder ligeramente la garganta.

Besé su cuello y sus labios esperando una respuesta o que me dijera que parase, pero en vez de eso me sujetó con ambas piernas y no me pude ni quise deshacer de su abrazo.

Fue mía de nuevo. Pero esta vez con más rudeza y desconsideración por mi parte.

Temía hacerle daño pero ella no emitía más que sonidos de placer. Perdí el control en apenas unos segundo y agarré las almohadas y las despedacé con mis dientes.

Con tal presión que salió una nube de plumas blancas rodeándonos la cama.

Me sentí horrorizado y me aparté de Bella rápidamente antes de que sustituyera una almohada por su cuello. Que quejó ligeramente pero era mayor su cansancio como para discutirme.

Una vez más tranquilo pero sin felicidad alguna por mi comportamiento brutal la acuné entre mis brazos mientras ella se dormía con una sonrisa en los labios.