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Amanecer Por Edward Cullen — capítulo 13
¡Isla Esme…no! El paraíso sí.
Llevé a Bella en brazos hasta la entrada de la casa que yo solo había visto por fotografías.
Me maravillé aun más con la vista a pesar de que Esme me dejó verla en su cabeza.
Era hermosa y acorde con nuestras otras casas, cada detalle en su sitio y los colores danzaban entre sí en perfecta armonía. Luminosa grande y cálida, me recordó a Bella y sentí unas punzadas de pánico escénico, si existía alguna casa que describiera a Bella esta sería sin duda su mejor descripción.
Me llenaba de orgullo ver como mi mujer me decía sin palabras lo hermosa que era tanto la casa como la isla y compartí su alegría.
Dejé a Bella en nuestro dormitorio y le lancé un rápido y nervioso ahora vengo.
En realidad salí de la casa a un ritmo inhumano pues estaba completamente seguro que mi pulso había cobrado vida de nuevo.
Necesité varios minutos inhumanos para volver a entrar con el equipaje y dejé descansar la maleta de Bella sobre la cómoda blanca de la habitación. En contra a mis principios, recé para que Alice hubiera provisto la maleta de cosas nada extravagantes a pesar de que era una tontería pues me ponía nervioso solo de pensar en Bella con algo puesto de la ropa que le regaló mi hermana preferida y fatídica.
Bella miraba maravillada y sorprendida la enorme cama con mosquiteras blancas, ví deslizarse una gota de sudor por su nuca y no resistí el impulso de dejarme llevar por su recorrido e interponerle un dedo antes de que llegara a su espalda fina y blanca.
Necesité de todo mi autocontrol aprendido y me alenté a mi mismo para sonar lo más tranquilo posible.-primero…em démonos un baño en la playa…
-Sí…ahora voy adelántate, -de acuerdo necesitarás unos minutos…
Me acerqué por detrás y dejé que su aroma salado golpeara mi olfato, dejé deslizar mis fríos brazos anudando su vientre y susurrando sugerentemente -No tarde usted señora Cullen.
Bella dio un respingo y se lanzó al baño. Yo salí caminando a paso lento, dejando que mi lado coherente fuera quien monitorizara mis movimientos. Dejé ir los zapatos mojados en la entrada de la casa, y me sumí en la oscuridad de la playa, la fina arena acariciaba mis talones a mí me pareció caminar entre algodones mientras desbotonaba una vez más mi camisa la dejé caer a la arena.
Vi una palmera en la orilla de la playa y se me ocurrió dejar un aviso para que Bella fuera conciente de que había obviado usar bañador esta noche. Puse mis pantalones y la ropa interior colgando de la palmera. Una vez desnudo y con los ojos cerrados no quise concentrarme en lo que hacia Bella en el interior de la casa me sumergí en la calida mar.
Estuve sumergido varios minutos con los ojos abiertos observando la inmensa luna plateada.
Una hermosa luna que se hizo insignificante cuando Bella se acercaba completamente desnuda en mi dirección.
No me di la vuelta, me quedé clavado en el suelo del mar mirando la luna con medio cuerpo ya en la superficie. Las pequeñas olas que colisionaban en su cintura hacían un ruido adorable y era como un reloj que contaba los minutos para sentirme el hombre más dichoso del mundo por segunda vez en menos de 24 horas.
Ya no sabía que hacer ni que decir, por primera vez perdí toda mi capacidad de tranquilidad estaba aterrorizado no me moví ni un milímetro mientras Bella cogió mi mano, la anudé a la mía entrelazando los dedos y ese fue el movimiento que despertó algo en mi cuerpo por primera vez en mi existencia.
Ya no existía mi miedo, solo brillaba el deseo y el amor en mis ojos por esa humana que un día fue mi perdición. - que insignificante se ve la luna y todo lo que nos rodea cuando tú andas cerca Bella.
Solemnemente se acercó y dejo descansar su cabeza contra mi pecho y su espesa cabellera estremeció todo mi cuerpo.-no temas. Me susurró -quiero que seas tú en mi cuerpo…
Dejó ir estas ultimas palabras como un suplica y me sentí completamente humano y sediento, pero sed de su piel de sus labios y su rostro sumido en el placer.
Nos sumergimos lentamente sin romper nuestro beso, un beso distinto a todos los que nos dimos, un beso sin restricciones, un beso que tiró debajo de una sacudida todos los muros que levanté entre su cuerpo y el mío.
Esa fue la primera vez que consumimos nuestro amor, bajo el agua tropical y una enorme luna.
Jamás me explicaré como mi cuerpo supo hacer algo que ni siquiera en mis mejores fantasías con Bella había imaginado.