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Amanecer Por Edward Cullen — capítulo 18
Entonces me lo explicó, pero no con palabras, apretó sus labios fuertemente a los míos y me atrapó con todo su cuerpo. Intenté deshacerme, lo hice y dos segundos más tarde tras un breve gemido fui yo quien ahora buscaba su cuerpo desesperadamente.
No tuve miedo, sencillamente esta necesidad o necedad por mi parte me anuló por completo y la quise ahí justo donde ella lo había intentado segundos antes.
Esta fue la segunda vez que Bella y yo compartimos magia, y por suerte mi conocimiento me hizo hacer las cosas mejor, fui cuidadoso y en ningún momento quise matarla… solo la tomé con el cabecero de la cama…
Tenía a Bella respirando lánguidamente contra mi pecho, eran pasadas las doce del mediodía y juré que nunca había visto a mi esposa dormir tanto. Me pregunté como era posible sentirse así… ¡cuantas cosas existen en este mundo que solo Bella podía darme!
Su respiración se agitó, era la hora de despertarse y me alegré de saber que en breve vería sus enormes ojos clavados en los míos.
Pero… Bella me absorbió anoche y debía hacerle entender que era arriesgado exponer su vida de esa manera por eso endurecí mi rostro y ella miró tímidamente a través de sus rizadas y largas pestañas.
-¿Estoy metida en un buen lió?
-En uno muy grande… quise sonar enfadado pero en realidad estaba encantado y no pude reprimir una media sonrisa.
Bella me miró extrañada y supe que estaba practicándose una exploración física con disimulo, aquello fue como un buen chiste.
-¿Está completo el inventario señora Cullen?
Me miró avergonzada y sonreí abiertamente. Alzó una ceja y se mordió el labio, aquí fue fácil distraerme y sumirme en el recuerdo de ayer.
-¿Por qué estas de tan buen humor? No deberías estar completamente… auto culpable.
-Debería… pero esta vez no te he herido y me temo que lo único que siento es haberte destrozado el conjunto anoche.
Bella miró a los pies de la cama que era donde yo tenía posada la vista y me acusó alzando un dedo. - ¡Oh Edward ese me gustaba de verdad!
Dejé ir un aullido y miré el contorno de su cuerpo cubierto débilmente por las sábanas.
-¡A mí también!
Cuando su rostro cambió del buen humor a la sorpresa, comprendí que estaba mirando el cabecero y su desconcierto me avergonzaba pero también me moría de ganas de contarle que lo había destrozado de puro… júbilo sí.
-¿Pero qué…?
-Eso, ah sí. Le tengo que comprar una cama nueva a Esme.
Intenté quitarle hierro al asunto.
Me acerqué hasta su rostro y envolví este con ambas manos, estaba feliz, ella divertida pero su estomago hizo una advertencia. Definitivamente este lugar despertaba su apetito.
-¡Hora de desayunar para los humanos!
Me levanté de un salto y en dos segundos puse a fuego la sartén para freír unos huevos.
Cuando mi mujer llegó a la cocina ataviada con la sábana pensé en dedicarle un silbido de admiración pero Bella miró el plato de igual forma que yo la estaba mirando a ella.
Engulló todo el contenido del plato y cuando terminó me acerqué a su espalda. No tenía planes para hoy.
-Bella, ¿qué te gustaría hacer hoy?
Sonrió tímidamente y se mordió los labios…
-Bueno, estaba pensando…todavía nos queda un montón de cabecero y…
Quizá fue poco cortés por mi parte pero no le dejé terminar la frase, la levanté y besé sus labios con ansia, a una velocidad muy poco humana la llevé a nuestra habitación azul y pasamos el día sumidos el uno con el otro…