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Amanecer Por Edward Cullen — capítulo 19

¿Y qué más?

Quizá fue poco cortés por mi parte pero no le dejé terminar la frase, la levanté y besé sus labios con ansia, a una velocidad muy poco humana la llevé a nuestra habitación azul y pasamos el día sumidos el uno con el otro…

**

Hoy era el día en el que se cumplían dos semanas desde que llegamos a isla Esme. Estaba sediento pero de una manera apenas perceptible para mí y es que Bella me hacía sentir algo humano… Mientras tenía a mano un bolígrafo y papel, escribí una nota a Bella confiando que la encontraría si se despertaba y no me veía a su lado.

Besé su pelo con suavidad y salí a toda velocidad hacía la oscuridad de la isla. Me zambullí en el mar y en menos de quince minutos llegué al continente que me proporcionaría una variedad exótica de caza.

Un jaguar se desangró rápidamente, a penas notó lo que se le vino encima al animal. No me disgustó su sangre latente y volví a cazar otro consciente de que estaba prohibido en este continente, pero para los humanos… sonreí

Me llené a conciencia. Si había algo que hacía desde que conocí a Bella fue la meticulosidad con la procuraba sentirme más que saciado para asegurarme que así Bella no corría más peligro del que a ella siempre le perseguía.

Me reí entre dientes por mis pensamientos burlones y me juré que ganaría un pulso con la muerte para arrancar a mi mujer de sus frías garras. Me amargué un poco y me apresuré a volver junto con Bella para dejar de sufrir su ausencia…

Atisbé las luces de la casa encendidas, un golpe de felicidad colisionó contra mi pecho y me pregunté si algún día dejaría de emocionarme al saber que vería de nuevo el rostro de mi mujer, pero ya conocía la respuesta. Entré en silencio y sentí como se me hizo añicos el corazón. Bella estaba echa un amasijo en el sofá, durmiendo con dificultad y con la televisión encendida sin reflejar nada en realidad. ¿Cómo pude ser tan descuidado? Debí saber que si yo no estaba cerca Bella pasaría un calor sofocante, mañana mismo haría que instalaran un sistema de aire acondicionado.

La cogí cuidadosamente y la acuné en mis fríos brazos, confiado de que así pudiera dormir mejor.

Me sentí muy mal, mi amargura podía olerse en el aire, en cuanto se despertara me disculparía e iría al continente a proporcionar todo lo necesario para la instalación.

Bella se revolvió en mis brazos pasadas las doce del mediodía.

-Lo siento cariño, hoy mismo haré que instalen un sistema de refrigeración en toda la casa, Bella lo siento perdóname.

-¿Bella?

Me contestó en jadeos.

-¡Perdona!

Saltó de la cama y se metió en el baño tapándose la boca, la seguí sin saber de que iba todo esto y en cuanto llegué empezó a vomitar con fuerza contra el váter.

Me quedé a su lado sujetándole el pelo y ella intentó echarme con unos a penas empujoncitos.

-Vete, no quiero que veas esto.

-Ni hablar. Yo mismo me di cuenta de cuan tensa sonaba mi voz, nunca había visto a Bella tan enferma y entendí la urgencia que media parte de mí deseaba su conversión.

Cuando terminó siguió empujándome débilmente y mojé su rostro con agua fría. La cogí en brazos y volvimos a la cama.

-¿Te ha sentado mal alguna comida?

  • Sí así es, hice pollo anoche y estaba rancio.

Hizo una mueca arrugando la nariz y decidí no forzar una sonrisa, estaba preocupado.

Al cabo de una hora Bella fue recuperándose y yo volví a despreocuparme un poco, cociné unos huevos y pusimos las noticias ya que llevábamos semanas sin saber del mundo…ni falta que me hizo a mí.

Mientras daban el tiempo, Bella levantó su cabeza y empezó a besarme, automáticamente cualquier cosa a nuestro alrededor dejó de ser importante, me distraje con cada segundo y me sumí en sus labios totalmente inconsciente, por eso cuando se revolvió luchando con fuerza por librarse de nuestro beso recobré la compostura y salió disparada hacia la cocina, no llegó al baño.

Volvía a empaparle el rostro con agua y me sentí impotente, ahora sí sentía manar una tensión punzante y a sabiendas que Bella no soportaba verme así no pude reprimirme sentirme mal.

-Quizá deberíamos volver a que te viste un médico.

-No, estoy bien

Me lo dijo entre jadeos involuntarios y por eso no me convenció.

-Me sentiré mejor cuando me lave los dientes.

Se tambaleó hasta el baño y la seguí con la mandíbula en tensión, no soportaba verme así de impotente.

Cerró la puerta tras mis pies y me quedé allí como una estatua cinco largos minutos.

-Bella, ¿puedo pasar?

Oí como algo colisionó contra el suelo.

-Bella… ¿por favor?

-Va…le

Entré en una décima de segundo y me quedé observando su postura al lado de la maleta, tenía las piernas cruzadas y el rostro totalmente pálido.

-¿Qué pasa?...

-¿¡Cuánto tiempo llevamos aquí!?

-Diecisiete días. Contesté con la voz robotizada y en susurros.

Esperé y esperé.

-¡Bella me estas volviendo loco!

Alzó un dedo y rebuscó entre la maleta, me enseñó una cajetilla azul y me miró aterrorizada.

-¿Qué? ¿Se trata de un trastorno menstrual?

Sabía que eso podía ser posible debido al cambio y curso de las cosas…

-¡No! Me gritó claramente con dificultad

Me miró confundida y se le formó una mueca que nunca había visto en ella, caviló y me miró de nuevo aterrorizada.

-¡Edward intento explicarte que se me a retrasado el periodo cinco días!

Abrí los ojos desmesuradamente, sentí como me aletearon las aletas de la nariz y respiré pesadamente. Ahora estaba viviendo el momento de otro hombre…uno humano sí. Se me olvidó pestañear, bueno lo obvié y clavé mi mirada en Bella que no hacía más que susurrar

-Imposible, imposible…

Tenía que hacer un esfuerzo, vamos mover una pierna y luego la otra, abrazar a Bella y asegurarle que todo iría bien pero me fue imposible no me moví un mililitro seguí allí de pie y me dio la sensación de que no volvería a moverme nunca más.

Bella se apostilló frente al espejo y vi mi rostro con la mirada perdida, como si fuera un hombre incrédulo en un circo y escéptico de la farándula.

Claramente un golpecito emanó del vientre de mi mujer, moví una mano a penas unos centímetros en su dirección, Bella dio un respingo pero sin poder moverme noté como si las piernas me pesaran quilos y quilos y la fuerza de la gravedad me tuviera literalmente inmovilizado…

Conocía esa sensación, la había visto antes sí.

Cuando daba caza a mis presas, sobre todo los ciervos, simulaban estar muertos entre mis brazos antes de que lo estuvieran…eso era exactamente lo que me estaba pasando a mí.

Bella se llevó una mano hay justo donde ese golpe hizo su aparición. Desde que mi padre me convirtió, comprendí que nunca tendría la oportunidad de dejar en estado a ninguna semejante... ¿Pero y a una humana? Eso nunca me lo había replanteado, creo que ningún vampiro jamás de los jamases hasta mi existencia se lo había podido si quiera imaginar.

-No es posible. Bella canturreó y seguía recorriendo su vientre con ambas manos ahora, de nuevo todo se vino encima como un torrente de lava hirviendo, me hirvió literalmente cualquier rescoldo de vida que hubiera en mí, era un asesino y lo seguía siendo aún cuando creí que no.

Fue el amor lo que salvó la vida de Bella de mis manos pero también este le ha condenado, no sabía nada, absolutamente nada de esto.

Solo una vocecita me susurró la más absoluta verdad, la has matado, si Bella estaba embarazada de mí…obviamente, no podía haber salvación, a no ser que…

Sí eso. A no ser que me diera tiempo a matar la cosa que llevaba dentro…

Ring, ring. Ring ring.

Tenía que contestar al teléfono que sonaba insistente en mi bolsillo, pero estaba totalmente inmovilizado, no podía reaccionar ¡quería hacerlo!

Era como estar atrapado bajo tierra y vivo…

Ring ring…

Bella se acercó y dijo mi nombre en voz alta varias veces, yo la oí lejos, muy lejos…