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Amanecer Por Edward Cullen — capítulo 5
Horas decisivas. parte I
Una vez que Charlie se sumergió en un profundo sueño, decidí salir del armario de Bella. Esta vez no era tan necesario entrar como lo fueron otras veces, pero era tentativo para mí, ya que por suerte no tendría que volver a hacerlo. ¿Puede un armario de pino hacer tan feliz a un vampiro? Definitivamente sí. Sobre todo si el objeto de mis deseos abre las puertas y me mira como si hubiera perdido el juicio.
Exquisito. -Bella en unas horas pasarás a ser la señora Cullen… en vez de sonrojarse directamente se dejo caer sobre la cama tapándose entera, produciéndome así dolor de no poder ver su cara.
Todavía no sé que me hico hacer lo que estaba por hacer. Pero lo estaba haciendo, sin dejar de mirar el suelo y ante esta ridícula escena, me fui desbotonando la camisa lentamente, mientras mi parte pensante acribillaba la decisión de quitarme la ropa.
Tiré al suelo esa camisa, quedaba bien la imagen de la ropa desperdigada a los pies de la cama de Bella.
Ella no salía del encierro entre sus sábanas. Mi cabeza seguía gacha de un momento a otro me miraría, tenía más vergüenza de la que podía expresar con palabras. Llegó el momento y me volvió a preocupar el giro desenfrenado de su cuello buscándome por la habitación. Clavo su mirada y medité la idea de darle un masaje cardíaco definitivamente no sé que le hacia encontrarme hermoso ¿acaso ella no podía admirar su propia belleza? De tener pulso a mí me lo hubiera parado. Me invitó a su cama con palabras a penas tangibles y yo hipnotizado bajo ese mar de chocolate sus ojos, me dejé llevar a su lado.
Abrazados, respirando con dificultad y Bella envuelta en un abrigo permanecíamos mirándonos como si acabara de tocarnos el premio más grande de la lotería. Si podía molestarme algo de ella sería la manía suya de verme tan "maravilloso" ella probablemente no tenia ni idea de lo que era en realidad, ni tampoco admitía el acto egoísta que le estaba induciendo ha hacer. Me amaba con su corazón humano… Yo le amaba con todo lo que yo era y todavía no era suficiente para un ángel.
-ya te extraño… dijo en un susurro que me sacó de mis cavilaciones
-puedo quedarme le dije con voz soñolienta, realmente pensaba en quedarme
-pero es tu última noche de soltero dijo esto último recorriendo mi torso con sus calidas manos.
La miré como intentaba vanamente leer su mente a ver como demonios ella había relacionado este día como para querer desperdiciarlo por ahí
-Bella… tú… yo… e esperado mucho tiempo este momento no digas tonterías le sonreí conciliadoramente. Su beso se hacia de repente en mis labios como un remolino luchando desesperadamente contra mí… me deje llevar hasta que quise preguntarle algo, algo importante.