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Amanecer Por Edward Cullen — capítulo 7
Un par de ciervos, dos pumas y el oso que Emmet traía consigo para mí, solo tratando de mostrarse amable pues mi recelo y conducta reticente hacia el no había menguado incluso cazando ya por la península de Olympic.
Todavía faltaban un par de horas, para el gran momento y mis ansias por ver a Bella eran ya mayores para controlarlas por mi lado pensante. Sabía que en cualquier momento mi impulsividad me haría aparecer en su habitación sin saber muy bien si esto era lo correcto.
-Edward, perdóname yo solo quería algo divertido para ti, y también que probaras de tu propia medicina, ¿a caso no recuerdas que eres tu quien siempre procura que a mi futura nueva hermana no se pierda ningún momento que pudiera vivir como humana?
-No es lo mismo Emm, yo no pensé que me harías esto, fue un riesgo estúpido. Pero no estoy enfadado contigo. Echando abajo el muro que me caracterizaba me acerqué a el para darle un abrazo.-no es tan malo, así podré ponerme mejor en la piel de Bella.
Riendo por mis palabras y alejándome ya sin pensar coherentemente me alejé de ellos poco a poco. Ahora solo mis ojos volverían a ver una vez que me encontrara junto a Bella me dejo llevar hacia su casa dos horas antes de nuestra boda escuchando de fondo los pensamientos de mi familia. Ni se te ocurra llegar tarde o Alice te matará si no llegas para la hora de vestirte.
Me decía divertido mi hermano Jasper. Sentía que a mi padre se le hinchaba el pecho de orgullo viéndome alejarme, y Emmet se disculpaba una vez más mentalmente. Los amaba, los hombres de mi familia unidos y compartiendo mi alegría, sentí no solo que iba a estallar de nervios y alegría, también sentí que los halagos provenientes de ellos por primera vez sí los merecía.
El alba amenazaba con bañar de nublado el paisaje de Forks, solo una hermana vidente podría conseguirel clima perfecto para una boda al are libre infestada de vampiros. Agradecimiento, nervios, felicidad, demasiadas emociones juntas que nunca había experimentado a la vez.
Fue como volver a respirar
Bella, la mujer que en apenas dos horas se convertiría en mi mujer, estaba hecha un amasijo enredada en la cama. Sabía que hoy no dormiría bien, pero sus ojeras tan pronunciadas me causaban dolor, yo quería darle felicidad, no insomnio. Una gran idea seformaba en mí al principio solo iba a venir para asegurarme de que estaba bien, pero al verla tan mal, sentí la urgencia de hacer que durmiera aunque fuera una hora lo mejor posible.
Entré una vez más quizás la última eso no causaba tristeza a partir de hoy nunca más nos alejaríamos el uno del otro.
Me arrodillé ante ella y recordaba las veces que hacia esto antes de que ella siquiera lo supiera.
Mi cara debía ser la más absoluta felicidad, ella en cambio tenia el rostro abatido, no dormía bien.
Empecé con un sonido ascendente sin a penas poderse oír, acariciando su piel mentalmente.
Su cuerpo se contraía se relajaba, su nana estaba surtiendo efecto, es posible que dentro de un tiempo ya no tenga ella la necesidad de dormir, pero mientras fuera así tal y como yo la quería haría esto de manera rotundamente feliz.
Dejé de cantarle en susurros en cuanto Charlie despertó, comprendí que era la hora, que ya era inminente entonces si antes estaba nervioso ahora podría decirse que estaba totalmente fuera de control.
Me alejé de ella no sin antes darle las gracias por amarme, no sin antes permitirme ojear su espalda desnuda, no sin antes haber deseado que no fuera tan hermosa.
Alice me esperaba de brazos cruzados en el porche. -hasta pronto Bella te quiero.
Más me valía, no hacerme de rogar, me esperaban todavía unas horas que quería hacerlas añicos