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Amanecer Por Edward Cullen — capítulo 8
Gracias por leerme, estoy muy contenta de poder estar escribiendo aqui, este capiulo es especial, y muy laaargo lo siento. se lo dedico a mi hermana Annalice por inspirarme y darme ideas, y a todos vosotros por leer gracias os quiero.
NUESTRO DÍA.
Los invitados iban llegando, podía oír el murmullo de sus pensamientos, Alice, Esme y también la madre de Bella, habían hecho un trabajo muy bueno con la clásica decoración.
En lo único que participó mi futura esposa fue en dejar claro que lo que quería era algo sencillo pero clásico… como yo. Ella quería que la boda hablara de nuestra historia.
Un mensaje subliminal, al que solo Bella podría haber llegado. Demostrándome una vez más que ella era distinta de muchas maneras al resto de cualquier persona.
Mi participación, también fue escasa yo concentré todas mis energías en planear algo inolvidable para Bella justo después de la boda, siendo sincero también lo hacia pensando en mí pues no había nada mas excitante en este mundo que compartir tiempo a solas con Bella.
Pese al miedo que esto me embargaba, mi felicidad hoy no podría ser eclipsada por nada.
Yo estaba recluido en el despacho de Carlise, fui el primero en vestirme ayudado por mis dos hermanos y mi padre otra vez con los ojos llenos de orgullo y pensamientos positivos.
Los Cullen tenemos tradiciones, una de ellas es separar a los novios todo el tiempo posible hasta el enlace, pero conmigo no fue fácil, estaba con ojo avizor. Alice me lo dejó muy claro tanto verbalmente como mentalmente, si se me ocurría acercarme al baño de Alice que es donde estaría Bella era capaz de patalear y enrabietarse como una niña de cinco años.
Eso no me cabía la menor duda.
Pude oír como Bella llegaba a la casa, sin muchos ánimos de someterse a un cambio radical liderado por mis hermanas. Fue mayor a mis fuerzas, aprovechando que mis hermanos se fueron a buscar la cámara de video y mi padre estaba acomodando a los invitados abajo, crucé el despacho en dos pasos, agarré el pomo de la puerta sin hacer ni el más mínimo ruido y mi plan se estampó contra la pared.
Nada más abrir la puerta me encontré a la más irritante de mis hermanas y que no es Rosalie mirándome con el ceño fruncido, pataleando suavemente el suelo y con expresión de pocos amigos. -vale Alice, ¿mejor entro y no salgo hasta que me lo digas no? Más te vale… más te vale.-que no se te olvide el espejo en el jardín, todavía no lo he visto puesto.
Lanzándome una mirada asesina seguida por una tierna, se alejó jurando que era imposible darme una sorpresa. Todavía quedaría escasamente media hora, la media hora más larga de mi existencia. Me dejé caer en el asiento de Carlise, bufando, quejándome.
Así hasta que de nuevo entraron mis hermanos pero como todavía no era la hora de bajar ni me molesté en saludar… -Como Alice se entere me mata. No sé porque Jasper afirmaría eso, no entendía de que iba la charla que mantenía con Emmet…- desde luego Edward pagaría por ver esto ¿eh hermanito? -¿Qué? Al oír mi nombre y ver como se arrinconaban al otro extremo del despacho intenté leer sus mentes, pero en vez de palabras unas cuantas imágenes se amontonaban en sus cabezas, y entonces la vi, Bella sentada en un taburete, mientras mis hermanas trabajaban a un ritmo sobrehumano peinando y maquillando a mi Bella. Después Rosalie dándose la vuelta gruñendo a la cámara de video y saliendo del baño derecha a por Emmet, poco más que unos cuantos gritos y risas sofocadas.
Comprendí que habían grabado un rato a Bella que sorprendentemente parecía estar durmiendo mientras mis hermanas trabajaban. Solo una décima de segundo bastó para empezar una carrera por todo el despacho de Carlise, quería arrebatarles la cámara, quería ver el video por mi mismo, pero este par de miedicas, corrían ahora por todo el pasillo de la planta superior.
Perdónanos Edward, solo era un recuerdo para la posteridad… ¿vale?- Dadme la cámara. Dije sin el más mínimo sentimiento de paciencia.
Jasper agarraba la cámara como si fuera su propia vida, Emmet protegía a Jasper de mí, y yo los cogía a los dos estampándolos contra la pared. Parecíamos tres niños grandes en guerra por un caramelo, nos gruñíamos, como quien ha gruñido alguna vez a sus hermanos,
Era una batalla solemne, una buena manera de liberar tensiones minutos antes de ser oficialmente el "hombre" más feliz del mundo.
Alice salió de la nada, propinándole un buen cachete a Emmet, mirando a Jazz con una inexpresión, que hizo que este le diera la cámara automáticamente. Con los ojos cerrados y bloqueándome cualquier recuerdo de Bella me amenazó seriamente con convencer a Bella de que no se casara conmigo si no parábamos de comportarnos como crios.
Carlise entró, mientras nos avisaba de que el cura y mi futuro suegro ya habían llegado se quedó a medias, contemplando el caos que habíamos desatado en cuatro minutos.
Se reía mentalmente, al igual que los demás, por un momento temía estar exagerando mis nervios. Jasper dejó caer ambos brazos sobre mis hombros y me envolvió un sentimiento de paz y tranquilidad inigualables, Emmet sonreía a cara ancha. Carlise se limitaba a observarnos desde el silencio mientras su cabeza gritaba de orgullo, Alice desapareció en saltitos haciendo que su vestido vaporoso formara una neblina de colores en la habitación.
Ya lo entendía, ahora los pensamientos gritaban de sorpresa, admiración, envidia… todos estaban en sus respectivos lugares, Bella estaría a punto de desmayarse.
Le pedí a Jasper que fuera a insuflarle lo mismo que a mí a Bella, sonreí a Emmet y me acerqué a mi padre-¿me acompañas al altar Carlise? -Oh Edward, creí que nunca me lo pedirías.
Así fue como bajé a la sala ceremonial, acompañado por mi padre y Emmet que era el padrino
Al entrar todo quedó en silencio, pero no estaba feliz, ahí no estaba Bella.
Admiración, jubilo, sentimientos hostiles, todos los pensamientos estaban cargados hoy.
Saludé como pude a todos los invitados dándoles las gracias por venir.
Me coloqué frente al cura en el extremo derecho, mi padre y Emmet estaba detrás de mí.
Presioné los dientes, estos rechinaban de una manera agobiante *cálmate hermanito, o te vas a desmayar antes de que Bella ponga un pie en el altar.*Que ganas tenia de girarme y gruñir un poco a Emmet, pero dentro de mí se estaban librando sentimientos de todo tipo, aunque mi expresión era solemne, no parecía nervioso, por dentro era un tornado que sacudía violentamente mis pensamientos.
La música empezó a sonar, una melodía deliciosa cada nota era una representación de nuestro compromiso, la música, tan especial para mí no tenia el mas mínimo sentido comparado con la voz de Bella.
Es hermoso…*que bien le sienta el traje, que suertudas son algunas .*Los pensamientos de Jessica Stanley y los de Tanya era incómodos, pero soportables. Posiblemente en cuanto viera Bella ya nada más podría incomodarme.
Alice y Rosalie irrumpieron la sala de manera imponente, pero sus pensamientos eran de felicidad, me deseaban lo mejor, los hombres admiraron la gracia y belleza con la que estas se movían dejando a su paso pétalos de rosas rojas. Se abrió la puerta blanca que daba a la estancia.
Me quedé mudo, no quiero decir sin palabras, quiero decir que no escuché nada solo contemplaba un halo de luz blanca al fondo de la habitación, no pensaba de manera lógica, ni me molesté en respirar, mis ojos escocían, mis piernas temblaban en el suelo, la mano de Carlise sujetaba con firmeza mi hombro, sin darme cuenta había dado un paso en dirección a esa hechizante luz.
Estaba algo de mí fuera de mi cuerpo, yo solo era un monigote al final del pasillo de pié y sin expresión, admiré esa luz, un vestido blanco moviéndose con dificultad por el pasillo, un ramo hermoso cogido por una delicada mano, un velo largo anudado a un cabello espeso y castaño no veía el rostro, pero sus ojos parecían estar cerrados cuando en verdad estaban mirando el suelo
Un hombre acompañaba a esa luz que lentamente se acercaba a mí, era como si vieras venir tu felicidad dirigirse en pequeños pasos hacia ti mismo.
Mágico.
No recobré el sentido cuando la portadora de esa luz se detuvo ante mí, levantó con vergüenza su rostro y se me encogió el corazón hasta hacerlo añicos, una pequeña lágrima se derramó por el rostro de ese ángel sin alas, Bella… yo no me lo podía creer.
Caí de nuevo en la realidad cuando escuché al insolente de Newton imaginándose a el en mi lugar. Agarre sus pequeñas manos, le sonreí como pude, temía doblarme ahí frente a todos, aunque sé que había más gente en la habitación, tuve que comprobarlo rápidamente con mis ojos, pues sentía estar en las puertas del cielo.
El cura anunció el comienzo de la ceremonia, a mi me harían falta muchos años par llegar a creerme esto. El cura se dirigió a mí antes de decirle que esto era todo lo que había soñado limpié como pude otra lágrima de su bello rostro, cogí aire, sonreí y me dispuse a decir mis votos nupciales.